Hice cornudo a mi marido en la luna de miel.

 



Este es un relato de una fantasía que surgió hace un tiempo…

Espero lo disfruten.


Era nuestra Luna de Miel, un lugar soñado, una playa hermosa con una asistencia baja donde se podía descansar sin problemas, y lo mejor poder hacer topless tranquilamente.

Digo tranquilamente porque debido a mis grandes atributos siempre fue algo llamativo el poder estar sin la parte de arriba de la bikini, si bien a mi me gustaba y calentaba ser mirada no quería incomodar a mi pareja. Soy de estatura media, tez blanca, ojos y pelo castaños, gordita pero con dos tremendas tetas, 130, que siempre captan miradas por lo enormes y gordas que son. Como ya dije al disfrutar mostrarme siempre uso de esos bikinis de triangulitos que no dejan nada a la imaginación, mis aureolas son tan grandes como una hamburguesa, por lo que siempre a través del bikini podía verse sobresalir un poco de ellas.

Elegimos como destino una bonita playa del caribe donde además de descansar y disfrutar del paisaje, también podríamos recrear la vista mirando algunos bultos o en el caso de mi esposo algún buen culo o par de tetas, ya que el tema de los celos no es un problema para nosotros. Al llegar a la playa nos dispusimos a relajarnos, contando con la suerte de que encontramos un pequeño lugar con poca concurrencia cercano a unas rocas que formaban una especie de caverna, obviamente había elegido un diminuto bikini color rojo, del que muy pronto me deshice dejando mis enormes ubres colgando lo que empezó a capturar numerosas miradas de las personas que pasaban caminando.

Al pasar de un rato noto que cerca de las rocas había 3 hombres parados quienes entre si hablaban y se reían sin sacar sus ojos de mis bolas de carne al aire. Dos de ellos eran mulatos lo que hizo que mi cabeza volara imaginando que tendrían enormes pijas largas y gordas, cosa que al mirar sus bultos creí con mayor seguridad, y el tercero sin dudas no se quedaba atrás ya que traía un pequeño traje de baño que marcaba una tremenda verga gorda que despertaba la humedad de mi conchita viciosa.

Mi esposo me noto algo inquieta y me dijo “ te noto algo molesta, pasa algo queres que volvamos al hotel o te olvidaste de algo?”

 Nada me molestaba ya que lo único que me inquietaba eran esos terribles tres machos pijudos que no dejaban de mirarme, pero no quería hacer nada que arruinara mi feliz luna de miel y que dejara como un cornudo a mi esposo.

Pero mis instintos de putita pudieron mas a lo que luego de un rato respondí : “si amor perdón me olvide el bronceador y los lentes de sol, podrías ir a buscarlos al hotel, mientras voy a refrescarme al mar y al volver puedo recompensarte por ser tan dulce” le dije mientras terminaba la frase dándole un buen beso de lengua y apretando su pija por encima de la bermuda.

Con él el sexo es el mejor, somos muy liberales en todo respecto a lo que nos gusta y nunca le molesta que me muestre cuando estoy a su lado, pero mi hambre por la pija es algo que nunca se termina.

Al irse mi esposo me asegure que estaba lo suficientemente lejos y corrí la manta un poco mas cerca de los tres hombres que me observaban, va que no paraban de mirar mis tetas… ellos se acercaron riendo y conversando, y uno de ellos, uno de los mulatos, me dijo : “ que lindas tetas tenes hace rato que estábamos mirándote y hablando de las ganas de chupártelas todas que nos dieron, y ahora que estas solita y que escuchamos que tu esposo se fue por un rato vamos a sacarnos bien las ganas con vos tetona”.

Sin dudas ese cruce de miradas surtió efecto, pero trate de hacerme la desentendida porque los 3 me intimidaban bastante, asi que les dije “ disculpen pero estoy casada y no tengo intenciones de engañar a mi esposo” 

Ellos me miraron y se rieron contestando “ quien dijo que ibas a engañarlo, los tres nos vamos a aprovechar de vos, vamos a violarte toda hasta que nos seques los huevos tetona”

 Sin dejarme responder se abalanzaron sobre mi y empezaron a manosearme toda, intentaba zafarme pero era en vano eran fuertes y era inútil tratar de escapar, así que decidí no forcejear mas y dejarlos actuar, ya que en el fondo quería probar esas pijas.

Me levantaron y me llevaron cerca de las piedras para que según ellos pudiéramos estar en un lugar mas intimo, donde decían que querrían violarme por todos los lugares posibles… acomodaron la manta en el piso y me tiraron sobre ella y sin demorarse uno de los mulatos se prendió de una de mis tetas y empezó a chuparla con una voracidad sorprendente, sus manos recorrían mi culo a lo que otro de ellos se unió diciéndole “ espera deja algo para nosotros que pensas que vos solo comes”, se arrodillo y comenzó a meter su mano por debajo de la bombacha del bikini, abriendo con sus dedos largos y anchos mi conchita.

Al lograr introducir un par le dice al otro mulato “ no te quedes ahí mirando veni súmate que no sabes lo mojada que esta esta puta, seguro estaba deseando verga desde la primera vez que nos miro mientras estaba el cornudo delo marido, porque sabias que lo vamos a hacer bien cornudo no?”

El mulato se prendió de la teta que quedaba libre y no podía hacer otra cosa que gemir como una puta que se entrego a tres machos vergudos… se intercambiaron lugares hasta que no pude aguantar y desenfunde las pijas de los mulatos, sin dudas esos pensamientos que había tenido se habían quedado cortos al lado del tamaño real que tenían esas dos tremendas pijas negras, una era bien larga y cabezona, mientras que la otra apenas mas corta pero ancha, eran verdaderas morcillas que me urgía tener en la boca y en los demás orificios. Uno de ellos dijo “acuéstenla ya que quiere pija va a empezar a recibirla”, pero uno de los mulatos dijo ” por ahora solo por la boca hay que prepararla bien a pesar de que sea una puta tetona no deja de ser una dama” sin esperar uno de los mulatos se acomodo al lado de mi boca mientras el segundo me arrancaba el resto del bikini y comenzaba a comerse la conchita totalmente depilada que terminaba de descubrir, su lengua no terminaba de recorrer cada espacio de mi conchita, clítoris, labios y cada lugar, sorbía todos los jugos que mi conchita al rojo vivo producían, estaba en llamas mientras esos tres machos hacían conmigo lo que se les antojaba…

Había perdido la noción del tiempo y mi esposo había llegado al lugar llevándose la sorpresa que ya no estaba, preocupado comienza a caminar cuando se topa con la escena…

Estaba acostada en medio de los 3, uno me chupaba la conchita, mientras otro no paraba de chupar y comerme las tetas y uno de los mulatos me daba en la boca su verga enorme la cual devoraba con muchas ganas, mi esposo se acomodo al costado de las piedras para no ser visto, y con la pija paradisima por esa escena que lo dejaba como el mas cornudo, pero sin dudas eso era algo que lo enloquecía a full…

Enseguida me arrodille y pedí que los 3 se pararan rodeándome para poder chupar cada una de esas hermosas vergas que iba a tener dentro de mi concha y mi culo en breve, chupe, lamí y engullí cada una de ellas, deseando dejarlas bien duras para pedirles que me llenaran de pijazos y asi poder acabarme toda.

Lo próximo que sucedió fue acostar a uno de los mulatos y montarlo, no iba a perderme de cabalgar una de esas vergas negras, me subí y comencé a saltar clavándome en la concha esa pija negra y cabezona mientras mis tetas enormes no paraban de sacudirse y rebotar para todos lados, sin perder el tiempo otro decidió cogerme la boca, no paraba de gemir, gritar pidiendo que me garcharan toda para hacer bien cornudo a mi marido, pero además pidiendo que me disculpara por amar tanto la pija y haberme entregado a esos tres machos…

Cambiamos de pose y de macho, ahora los dos mulatos me cogían… uno sobre mi, levantándome bien las piernas, me bombeaba sin piedad mientras el otro me acomodaba en su regazo haciéndome tragar la pija hasta la garganta, mi esposo se pajeaba sin piedad ya que no podía creer como su reciente esposa se dejaba enfiestar por tres machos pijudos y calientes en plena luna de miel.

El otro macho que había quedado descolgado propuso que me pusieran de costado ya que el deseaba prepararme el culo para poder rompérmelo todo, así que sin mas se acomodo entre los cachetes de mi culo gordo y comenzó a lamerlo todo, no daba mas de tanto placer, era usada por esos tres machos y pedía que no dejaran de penetrarme, cuando uno de ellos ve a mi esposo y lo llama : “veni dale cornudo ya que estas veni a la fiesta y mírala de cerca, ahora vas a apreciar como nos cogemos a tu esposa que por cierto bien tetona y petera resulto ser, veni quédate acá con la cara bien cerquita y mira como disfruta de la verga, se hacia la fiel pero en cuanto vio nuestras vergas se entrego la putita”. Mi esposo me miro y me dijo “ amor que haces es nuestra luna de miel, hace días me prometías que me ibas a ser fiel y ahora soy un cornudo porque te enfiestas con estos tres pijudos”.

En medio de esa sensacional cogida que me estaban dando solo lo mire y le dije: “ perdona amor pero amo mas las pijas, me vuelve loca que me enfiesten dos vergones negros y otra pija gorda, ahora se buenito y mira como me terminan de enfiestar estos machos que conseguí por estar exhibiendo mis tetas gordas”. Después de decir esto los pijudos siguieron cogiéndome mientras el ultimo de ellos comenzó darme la culeada mas rica que podía imaginar, y ahí estaba en mi luna de miel, observada por mi marido, y siendo garchada en la boca, la concha y el culo por 3 pijas enormes, era el sueño de toda puta. No podía parar de acabarme, había tenido tantos orgasmos que no paraba de gritar y pedir ser bañada por la leche de esos tres machos calientes. Obvio después de tremenda cogida no se negaron a mi pedido, procedieron a arrodillarme a mi y a mi esposo, nos pusieron juntos y mirándolo desde arriba le dijeron a mi esposo : “ves estas pijas que te refregamos por la cara, están todas acabadas por la hembra que tenes de esposa, viste como la garchamos toda, eso se hace con las putas como ella”.

Mi esposo solo asintió con la cabeza y solo pudo ver como me prendía a chupar como desesperada cada una de las vergas que había encontrado aquel día. Pedía y suplicaba leche hasta que ellos se acercaron y dijeron que nos preparemos porque nos iban a dar el baño de leche de nuestras vidas, al terminar la frase saltaron los primeros chorros a nuestras caras, no podía parar de tragarla con ansias de mas, mientras mi esposo no solo tomaba sino se acababa todo después de la paja que se había hecho… pronto uno de los mulatos me acerco la pija y con la mano empujo mi cabeza bombeándome la boca y rebalsándola de leche caliente y pronto siguieron los otros dos, quienes no se quedaron atrás llenándome la cara y la panza de leche, los chorros también habían quedado en la cara de mi esposo.

Al terminar de limpiar con mucha eficiencia cada una de las pijas, los machos se despidieron y se alejaron caminando… quedando los dos bañados en leche caliente después de una maravillosa enfiestada.

FIN

Mi primera vez como cornudo :)

 




La siguiente historia me tiene como protagonista, me llamo Martín (32) y vivo en Buenos Aires con mi mujer Roxana (35); somos pareja hace 6 años ya con una hija en común. Todo comenzó con la rutina constante de toda pareja al convivir, desgaste, rutina, cansancio… derivando en una intimidad poco regular y aburrida. Tanto así que me llevó a pensar estrategias para volver a prender la llama, y de repente descubrí que me excitaba la idea de ver a mi mujer con otro.


Al charlar sobre el tema con ella, su negativa fue contundente, pues para ella una pareja es dos personas y nada más. Los meses pasaron, y fui intentando comerle la cabeza con la idea en los momentos de intimidad; como quién dice un trabajo de hormiga. Una noche ella estaba viendo un programa en la tv en el cual aparece un muchachito jovencito, muy fachero por cierto. Su cara se transformó y sin decir nada pude darme cuenta de que internamente estaba pensando “que bueno que está”, su expresión facial la delataba.


De repente me mira con nerviosismo, roja como tomate y me pregunta que me pasa que porqué la estaba mirando... Y yo le respondo, “no, nada… pero te conozco… je”. Ella me pregunta que de qué estaba hablando, haciéndose la desentendida y yo le retruco... “¿está interesante la tele no?”… mirándome sorprendida porque creyó que ni cuenta me di. Me responde que no sabe a que me refiero, y yo hago un silencio seguido de una sonrisa. Yo me seguía haciendo el tonto mientras veíamos el programa y de repente cuando enfocan a este chico la miro, su boca estaba levemente abierta, solo le faltaba que se le caiga la baba por más que quisiera disimular, era evidente lo que estaba pensando.


Esa noche las cosas se dieron para tener intimidad y fue en ese entonces que se me ocurrió vendarle los ojos, y mientras se lo hacía de perrito le dije que se imaginara que la estaban penetrando duro mientras yo la observaba. Fue en ese momento de calentura que le dije… “imaginate que soy el pibito ese que estabas mirando en la tele… asi acabás como una putita...”. Entre sus gemidos, uno mas intenso surgió al decir estas palabras, dándome la respuesta que necesitaba, sin decirlo su excitación me demostró que este muchachito la dejó completamente caliente, y no la culpo... Ya quisiera tener ese lomo.


La cosa se puso intensa, mis embestidas en su enorme trasero eran más fuertes, sus gemidos más intensos, asi que comencé a decirle cosas zarpadas para llegue al orgasmo, tales como: “oh si… te gustó el pendejito mi amor”... Ella tímidamente me respondió sí, y acto seguido le dije cosas como “Oh Roxana, que lindo orto… ¿ te gusta que te coja toda delante de tu marido?” O que se imagine como me masturbaba observando como la estaban penetrando. Finalmente acabó en un intenso orgasmo muy caliente.




Los días pasaron, y de repente algo inesperado sucedió. Es aquí cuando debo mencionar que su profesión es la de docente de Escuela primaria. Y ustedes se preguntarán porqué aclaro esto, es que a raíz de su profesión es que sucede lo que les voy a contar. Ella comenzó a dar clases particulares en mi domicilio, el tiempo pasó y un día la madre de uno de los chicos le preguntó si no podía ayudar con matemáticas a su hijo mayor, que estaba haciendo el ingreso a la universidad.


Ella accedió por conveniencia económica y coordinaron un día para que venga en la semana. Tal es así que una tarde regresé del trabajo y estaba este chico, al entrar mil cosas pasaron por mi cabeza, se respiraba un aire inusual en el ambiente, mi intuición no falla porque al abrir la puerta vi a ella demasiado cerca suyo “explicándole” una cosa, lo cual me dio un no se qué por dentro… este muchacho era de contextura atlética, alto y morocho… tenía toda la facha y encima estaba bien vestido. Mi mujer se sorprendió al verme entrar, me saludó con normalidad, yo salude al chico y me fui a la habitación, desde la puerta de la misma se puede observar el living, asique dejándola entreabierta los observé.


Ella se había levantado a buscar algo y ante una pregunta del chico, se acercó hacia su lado para explicarle. En un momento le hace un chiste y noto una mirada cómplice entre ellos. Quería ser bien pensado, pero a su vez por mi mente pasaban pensamientos más perversos, como que a ella le parecía atractivo y estaban coqueteando... Imaginándome unos cuernos de alce.

Cuando el chico se fue hablamos de cómo estuvieron nuestros días y eso, y ahí ella me comentó sobre este chico, lo que le estuvo enseñando, que se llama Gustavo y demás. Yo solo pensaba internamente en las ganas de que tenía de hacer mi fantasía realidad, y no pude dejar de pensar en eso durante días. Cada noche que teníamos relaciones siempre trataba de jugar con imaginar esta idea del cuckolding… logrando que ella se soltara y deje llevar su imaginación. Pero yo ya no aguantaba la situación, y empecé a pensar de qué forma podría convencerla. Asique tomé cartas en el asunto y pensé en un plan, una tarde que vino a clases se quedó un rato más, ya había oscurecido y me ofrecí a acompañarlo a la parada del colectivo (autobús) con la excusa de había muchos robos en el barrio.


Ahí aproveché para charlar con el, preguntarle de su vida y averiguar que era soltero. Me tiré a la pileta y me la jugué, entablando una cierta confianza le pregunté si alguna vez había estado con una mujer más grande. Su reacción fue de sorpresa, no se imaginaba que yo le hiciese esa pregunta, a lo que respondió “No... Por?” Y yo le dije que tenía una propuesta para hacerle, pero que aunque su respuesta fuese negativa debía prometerme como pacto de caballeros que quedaría entre nosotros.




Asique le dije: “¿te parece atractiva mi mujer?”


El chico me miró atónito y respondió… “con todo respeto te digo, sí… es linda tu mujer.”


Entonces no perdí tiempo y le dije: “tengo la fantasía de incluir alguien más… te animás”


Gustavo hizo silencio, y aunque algo dubitativo me dijo “no sé… dejame pensar… ella es mi maestra particular… no se que decirte”. Le dije que lo entendía, pero que si se animaba tenía pensado un plan y necesitaba de su colaboración, su curiosidad fue grande y me dijo que le explicara mejor cual era mi idea. Asique le expliqué que lo que yo quería es que hiciera todo lo posible para seducirla cada vez que viniese a casa, que tenía todo mi permiso y le pasé mi número de teléfono para estar en contacto.


Pasaron mas o menos tres semanas, hablábamos seguido por whatsapp con Gustavo, al cual agendé como alguien del trabajo para no levantar sospechas. En complicidad yo regresaba tarde a casa para dejarlos solos, de repente empecé a “trabajar de más”. Fui notando un cambio de actitud en ella, vi como de repente empezó a cuidar más su imagen y a estar más “arreglada” en casa, cosa que no es normal ya que no le suele dar importancia y le gusta estar cómoda.


Parecía que el plan marchaba a la perfección, Gustavo me contaba la complicidad que había entre ambos, lo bien que se llevaban y hasta cierta tensión sexual entre ambos, obligadamente disimulada por ella. En paralelo yo seguía con mi plan pero llevándolo a una fase B… en la cual comencé a mandarme mensajes hot durante mi estadía fuera de casa, casi siempre con cosas relacionadas al cuckolding, como por ejemplo una imagen de una mujer montando un hombre en una situación de infidelidad, con mensajes como “esto me gustaría hacerte mi amor…”. Ella solo se dedicaba a responder con emojis, pero parte de mi plan era justamente que recibiera estos mensajes en presencia de este muchacho.


Pasó un tiempo, el plan seguía en marcha, y como siempre recibo un mensaje de Gustavo para avisarme que ya podía volver a casa, pero ese día me puso “ya está” con el emoji de la carita guiñando el ojo. Obviamente le pedí que se explaye, y me respondió con un audio explicándome con detalles como se dio todo, con una mirada tensa y un beso que le robó. Mi mujer reaccionó sorprendida por el atrevimiento, pero quedándose callada cuando recibió piropos por parte de Gustavo.





La cadena se soltó, mi mujer por fin dio el paso… se abalanzó sobre él besándose apasionadamente. Le preguntó que si la deseaba, poniéndose muy caliente al recibir una respuesta positiva. A partir de ahí, ella puso primera y arrancó, rápidamente se dirigieron hacia el sofá. Ella dio rienda suelta al placer confesandole que le parecía un chico muy lindo que estaba para comérselo todo. Comenzaron con ella montada encima besándose, quitándose la remera y el corpiño para que Gustavo le chupe las tetas.


Luego sentado en el sillón y con las piernas abiertas y ella arrodillada, le realizó sexo oral, haciéndosele agua la boca cuando sacó tremendo pedazo de verga de adentro del bóxer. Luego de mamársela un poco lo desnudó por completo, todavía tenía puesta la calza, con lo cual parada frente a él y de espaldas se la fue bajando mientras le realizaba un baile sexy, para luego hacerle un “perreo” con ese enorme culo entangado. Aquí es cuando cabe destacar como es ella físicamente; es de tez morena (no negra), ojos café y pelo lacio largo negro, físicamente parecida a la periodista del sorteo Qatar 2022 (Samantha Jonhson); de contextura rellenita y con una cola enorme.


Ella ya se había soltado por completo, y luego de quitarse la tanga se sentó en el sillón para que Gustavo le haga lo que más le gusta… comerle toda la conchita. Así fue como él hizo caso a su pedido, y ella entre el placer y los gemidos le confesó que hace rato su marido le pedía a gritos iniciar en el mundo del cuckolding, y que ella se venía negando hasta ese momento, en que ya no pudo resistir la tentación de por fin hacerlo cornudo y cumplirle el deseo.


Gustavo le comió toda la vagina haciéndola tener un orgasmo intenso, para luego obsequiarle otro consecutivo dándole de perrito en nuestra cama matrimonial. Tras contarme todo esto en aquel audio de whatsapp, Gustavo me dijo que tenía un video como prueba pero que prefería no arruinar el momento y dejar que sea ella quién me lo cuente al regresar a casa. Me apresuré a llegar a casa, al entrar ella no estaba en el living, asique me dirijo hacia la habitación, no sin antes percatarme de que había ropa suya tirada en el piso.


Al entrar me saludo, me dijo que me estaba esperando para contarme algo… se encontraba en la cama acostada con la luz apagada, apenas se veía con la poca luz de aquel atardecer nublado. Estaba boca abajo desnuda y solo tenía su tanga negra, me pidió que me acerque y me dijo:


-Amor... ¿te acordás de eso que tanto me estuviste pidiendo hace meses?


-Si


-Bueno… hoy ese deseo se te hizo realidad…


Mi verga estaba completamente dura y le pedí que me cuente con lujo de detalles lo sucedido, asique me contó que tuvo relaciones con su alumno, que es un pendejo muy lindo con una pija enorme y que se la garchó durante una hora haciéndole de todo. Me dijo que observara la evidencia, y ahí pude divisar 4 preservativos usados tirados en el piso, y una de sus tangas también toda llena de semen.





Me dijo que Gustavo se la garchó como nunca antes la garcharon, que la vuelve loca el tremendo pedazo de pene ancho y largo que tiene, y que su virilidad le hizo acabar 4 veces en una hora… pareciendo un toro embravecido. Me confesó que nunca la hicieron sentir tan puta… y que el saber lo mucho que yo deseaba esto más caliente la puso.


Así fue como me dijo que era oficialmente cornudo… y que a partir de ahora Gustavo iba a ser su amante y mi corneador. Yo excitado completamente me masturbé mientras la escuchaba, sabiendo que la próxima vez iba a poder presenciar el encuentro. Además de que tenía ya la fantasía de sentir el sabor de su pene, su semen y sentir ese pedazo de carne dentro de mi orto, ya que también deseaba ser garchado. 


Cornudo en el caribe... fantasia cumplida

 


Una cosa es la fantasía y otra totalmente diferente la realidad. La verdad, en el matrimonio, con el paso de los años, de repente, se despierta la curiosidad y los impulsos para buscar aventuras y atreverse más allá de lo convencional. ¿Por qué no?


Con mi esposa fantaseábamos muchas veces sobre la posibilidad de tener aventuras sexuales con otras personas. Muchas veces ella, en medio de desinhibidas conversaciones, reflexionaba, ¿por qué si los hombres tienen libertad para buscar aventuras y coger con varias mujeres a lo largo de la vida, las mujeres no?


Bueno, decía yo, creo que ambos tenemos el mismo derecho. El tema es que nosotros nos atrevemos más abiertamente y ustedes no. Tal vez el deseo existe, pero pasar del dicho al hecho requiere cierto atrevimiento y valentía, sobre todo cuando la mujer ha sido educada de manera conservadora y tradicional, donde ella debe dedicarse a su marido y hogar. Cualquier cosa que se haga fuera de ese principio puede juzgarse como inapropiado y fuera de lugar.


Las conversaciones fueron haciendo mella y, con el tiempo, hicieron que, tal vez, un tanto liberados de las responsabilidades del hogar porque los hijos ya estaban crecidos, la fantasía pasara a otra dimensión y surgiera la posibilidad de dejar la atrás la imaginación para pasar a la acción. Me causó curiosidad ver cómo, de un momento a otro, mi esposa empezó a referirse al tema con más insistencia y asiduidad. No pasaba semana donde no se tocará el tema, por uno u otro motivo.


Al fin, un día, ante tanta insistencia, surgió mi reto. Ya que tienes metida la idea en la cabeza, ¿serías capaz de llevarla a cabo? Sí, contestó con total convicción. Bueno, seguí el juego. Ya que andamos en estas, tenemos que ponernos de acuerdo en la manera de cómo volver realidad la fantasía y para ello tenemos que definir cosas concretas. ¿Qué es lo que quieres? Estar con otro hombre, contestó. Y ¿para qué? Para experimentar lo que se siente. He sido mujer de un solo hombre y quisiera probar cómo es estar con otra persona.


¿Hay alguna preferencia en especial? De momento, no. Pero, dije, entonces, ¿cualquier hombre estaría bien? Sí, dijo ella. ¿Tienes a alguien en mente? No. ¿Un conocido, un amigo, un compañero de trabajo, alguien en quien hayas puesto la atención? No, no, no sabría decir. Creo que, decía ella, tomada la decisión, en su momento, el hombre elegido aparecerá. Y ¿cómo saberlo? No lo sé. Llegado el momento, lo sabré.


¿Cómo crees que vamos a llegar a ese momento? No lo sé. ¿En dónde buscamos o cómo lo vamos a encontrar? No lo sé, repetía. Entonces, replicaba yo, ¿Cómo empezamos? ¿Cómo vamos a encontrar algo que no sabemos muy bien qué es? Salgamos, dijo ella, vamos a discotecas y sitios para adultos, a dónde van otras parejas, quizá allí encontremos algo. Y con esa propuesta, así inició todo.






En un principio fuimos a bares y discotecas, pero nada raro pasaba. Aparecían hombres que la cortejaban, bailaba con ellos, una que otra tocadita, uno que otro beso, pero nada pasaba porque quizá mi presencia los inhibía, tanto a ella como al posible candidato. Me propuse que ella tuviera encuentros a solas con ellos, pero manifestaba que si yo no estaba presente ella no se sentiría segura y, aunque hubo más de una oportunidad, por alguna razón nunca se concretaron.


La verdad, las salidas nos dieron la oportunidad de conocer muchos lugares de entretención, pero, pasado el tiempo, nada pasaba. Alguna noche nos atrevimos a visitar un prostíbulo. Era un lugar bastante sombrío y, ya estando allí, quise abandonar la aventura, pero ella me convenció de no hacerlo. Está bien, dijo. Podíamos ver a las muchachas y sus clientes en acción, sin ningún recato ni reserva, y mi esposa quiso conversar con ellas para saber cómo manejaban las situaciones con sus clientes. Después, pasado un tiempo, comentaba que aquella experiencia había sido provechosa.


Llegué a pensar que lo que ella quería era un romance y así se lo planteé. Me da la impresión, dije, que tú lo que quieres es un novio. Un tipo del cual enamorarte y que al final, como en toda relación, el cariño y la atracción termine manifestándose en la cama. No, decía ella. No sé, todavía no ha aparecido la persona. Tal vez nunca aparezca, llegó a decir. Bueno, reflexionaba yo, y sí así es, ¿qué es lo que estamos buscando? No lo sé, era su respuesta.


Busqué en páginas calientes y encontré un sitio que ofrecía hombres. Había sitio de encuentro y se podía ir a conocer los muchachos, así que, un tanto engañada, la convencí de acompañarme a hacer alguna diligencia y llegamos al mencionado sitio. Nos ubicaron en una sala, frente a una especie de tarima, donde los hombres disponibles desfilaban desnudos frente a nosotros. Vimos de todo, altos y bajos, acuerpados y delgados, de pene grande y penes no tan grandes, apuestos y no tan apuestos. En fin, variedad. Pero, tal vez la sorpresa y la impresión fue tanta, que no se concretó nada.


Después fuimos a conocer los bares y sitios swinger, donde también vimos de todo, pero tampoco concretamos nada. Estaba todo tan a la mano, pero parecía que nada era lo suficiente. Algo faltaba. Así que solté la idea de seguir buscando y dejé que todo se diera naturalmente. Tal vez, pensé, estoy presionando las cosas y en vez de propiciar el ambiente para que aquello funcione, lo que hago es forzar las cosas y actuar en contra de la voluntad de ella. Tal vez estoy decidiendo yo y no la dejo a ella tomar la iniciativa. Y así se lo hice saber.


Tú has sido la de la idea de llevar esto adelante, pero siento que haces muchas cosas para complacerme y no necesariamente para hacer lo que tú quieres. Hemos visto muchas cosas, conocido mucha gente, pero la verdad pareciera que la fantasía se quedó en eso y que la realidad está lejos de ser alcanzada. A estas alturas ya te hubieras acostado con más de uno si hubieras querido, pero por alguna razón las cosas no se dan. Así que, si sigues con el fin en mente, serás tú quien tome la iniciativa y hagas que las cosas pasen. En adelante, yo no voy a intervenir más. Me parece bien, contestó ella; de acuerdo.


Pasó el tiempo y las cosas parecieron enfriarse. No volvimos a hablar del tema. Seguimos saliendo, pero sin expectativa alguna. Aparecían las personas y las oportunidades, pero nada sucedía. Una noche, incluso, un señor dominicano, bastante guapo, puso los ojos en ella y le propuso, muy atrevidamente, llevarla a su habitación. Yo los esperaría en el bar del hotel según lo acordado. Y se fueron. Imaginé de todo y la espera se hizo angustiante. Casi dos horas después aparecieron de nuevo, pero nada había sucedido. Se habían ido a caminar, a charlar, a conocerse un poco más sin mi intrusa presencia, pero nada había pasado. Y yo, imaginándome de todo.


¿Qué pasó, pregunté después, acaso el tipo no te excitaba con su sola presencia? Sí, pero el tipo es un caballero. Nunca forzó las cosas. Pues, como el tipo propuso que te llevaba a la habitación y me comprometió a que los esperara, estaba convencido que esta vez sí iba a pasar algo. No, contó ella, me dijo que quería estar a solas conmigo y me invitó a pasear por la playa, pero nada más. Tal vez quiso darte celos. No sé. Vaya pendejada, dije yo.


Después de aquello, la verdad, me desinteresé del asunto. Le propuse que exploráramos páginas de contactos, donde quizá pudiera aparecer lo que quería. Podía pasar tiempo mirando y mirando candidatos, charlando desinteresadamente, sin presión y sin apuro. Era ella, al fin y al cabo, quien decidía si algo iba a pasar.


No pasó mucho tiempo cuando me propuso que le tomará unas fotos sugestivas para compartir en la página con los contactos que iban apareciendo. Bueno, decía yo en aquel entonces, ¿no tienes bastantes fotos tuyas para compartir? De esas que a ustedes les interesan no. ¿Y cuáles son las que a nosotros nos interesan? Ya tú sabes, decía, esas donde uno muestra todo. Es que, si no muestras la mercancía, difícilmente te vas a promocionar en ese medio, le decía yo riéndome.


Así que, a petición de ella, le empecé a tomar fotos en diferentes poses, con diferentes atuendos, semidesnuda, desnuda, de frente de espalda, de lado, en poses sugerentemente sexuales. En fin, todo un catálogo. Al parecer aquello le estaba gustando e imagino que su página se estaba llenando de fans. Me contaba que había hablado con uno, con otro, alguien de aquí, alguien de allá y la cosa parecía marchar bien. Poco después insistió en que al computador le hacía falta una cámara de buena resolución. Vaya, vaya, y como para qué, preguntaba yo. A veces piden activar la cámara y no siempre se ve bien.


Pasaba el tiempo y ella parecía estar conforme con lo que venía haciendo. El tema de las fotografías nos había llevado a visitar sex shops para comprar ropa sexy y diferentes atavíos, de manera que pudiera tener variedad en su catálogo. Creo que eso la fue empoderando y haciéndole tomar más confianza. Todos, como podía ver en los comentarios, querían conocerla y darse la oportunidad de darle verga en cuanto hubiera chance. Y creo que eso la calentaba al máximo, así que la posibilidad de tener un encuentro con alguien parecía estar muy cerca.


Y la oportunidad, ciertamente apareció. Un día me mostró la foto de un muchacho, un hombre relativamente joven, bastante moreno él. Me dijo que se llamaba Andrés, que vivía en el centro de la ciudad y que habían contemplado la posibilidad de conocerse muy pronto. Creería, dije yo, que si llegamos a esto es porque el tipo te mueve la aguja. Me parece un tipo atractivo, no lo puedo negar, y tengo la curiosidad. Además, habiendo hablado con él, supongo que ya le conoces la vida, obra y milagros, así que no debe haber muchos secretos.


Es un tipo joven, casado, vive con su mujer, tiene un hijo, trabaja en un negocio de internet de su propiedad y por eso el contacto y la frecuencia en la comunicación. Me imagino, dije yo, que, con aquello de la cámara y demás, ya se conocen bastante y no solamente el rostro. Sí, dijo ella. Bueno, supongo que él quiere tener sexo contigo. ¿O me equivoco? No. Eso es lo que quiere. ¿Y cuál es su fantasía? Quiere tener sexo con una señora casada en frente del marido. Y con nosotros tiene esa posibilidad. ¿Y tú lo ves probable? Sí. Él sabe que tú tienes que estar ahí. Es la condición. Y ¿cuándo va a ser? Pronto.


Ese pronto llegó muy rápido. Una semana después, un sábado en la noche, ella quedó de encontrarse con él en una discoteca en el centro de la ciudad, cercana a su sitio de trabajo. Llegamos muy puntuales al lugar, pero él no había llegado. Mi esposa estaba vestida de manera muy provocativa, muy sugestiva. Toda una puta diría yo y eso, además de excitarme, me pareció bastante inusual en ella. Creo que estaba mental y físicamente dispuesta a hacer realidad su fantasía. Los hombres que había allí no dejaban de echarle el ojo y, creo, ella se sentía a gusto con el impacto que estaba causando.


El hombre llegó casi una hora después. Llegué a pensar que nos había dejado metidos, pero finalmente apareció. Era un mulato joven, bastante apuesto, de buen cuerpo y un tanto más alto que ella. Contrastaba el color moreno de su piel con el color blanco de la piel de mi mujer y, como diría yo después, hacían juego. Muy respetuoso se acercó a nuestra mesa, intuyendo que éramos nosotros, desconociendo yo que ya se conocían de antes por aquello de la cámara, las fotos que compartían a través del internet y quién sabe qué otras cosas que para mí eran secreto en ese momento.


El hombre saludó a mi mujer como si se conocieran de toda la vida y se dirigió a ella con mucho respeto y delicadeza. Supuse que aquellas citas en internet habían sido algo más que charlas, pero, el hombre, para qué, de entrada, me agradó. Era un mulato joven, de contextura atlética, de seguro practicaba algún deporte y, como todo hombre en una situación de estas, se le notaban las ganas de follarse a mi mujer. Y ella, por lo visto, también le tenía muchas ganas. Sin embargo, siendo la primera vez que andábamos en estas aventuras, se mostraba reservada y bastante tímida.





Pasaban los minutos y, aunque la música estaba provocativa para bailar, aquellos conversaban y conversaban, nada más. Al parecer, el más excitado con la posibilidad de ver a mi mujer montándose a aquel tipo era yo. De un momento a otro, ella se levantó para ir al baño según dijo y nos dejó solos. Así que seguimos conversando, pero yo fui más directo. Bueno, joven, ¿cómo ve a la señora? Pregunté. Está bien, me dijo. ¿Qué es lo que más le agrada de ella? Sus tetas, me respondió sin vacilar. Y, ¿se la va a culear? Si usted está de acuerdo, sí, respondió.


Déjeme preguntarle algo, continué. ¿Acaso esta cita no era para eso? Pues, sí, dijo él, lo habíamos hablado, pero una cosa es fantasear a la distancia y otra distinta cuando las personas están frente a frente. ¿No era lo que esperaba? No, no dije eso. No sé, su presencia, de alguna manera no me deja ser como soy. Entiendo, respondí. Y ¿cómo es usted? Yo ya estaría en la pista, bailando con ella, manoseándola, calentándola. Y si la hembra da pie, de una para un motel. Bueno, y ¿qué espera? Que vuelva a la mesa, respondió.


Al llegar ella, fue evidente que se había retocado el maquillaje y se había perfumado. El tipo no esperó más y la invitó a bailar, así que ambos se levantaron de la mesa y se dirigieron a la pista de baile, que estaba atestada de gente. Les vi alejarse y empezar a bailar, pero, con el paso del tiempo, se perdían entre la multitud. Aparecían de cuando en vez y volvían a perderse. Y en esas duraron como un ahora y media. Llegué a pensar que ya se habían ido a hacer los deberes y que no me habían tenido en cuenta.


Pero, al rato, finalmente aparecieron. Bueno, le pregunté al tipo, ¿la hembra si dio pie? No dijo nada; solo asintió afirmativamente con su cabeza. Creo que ya se está haciendo tarde le dije a mi mujer. Si, dijo ella, el tiempo pasó volando. Entonces, pago y arrancamos. Al fin qué, ¿sí o no? Sí, respondió, a eso vinimos ¿no? Entonces ¡vamos! ¿Conoce algún sitio por aquí cerca donde podamos ir? Si, respondió él. Toca tomar un taxi, pero es bastante cerca.


Así que salimos los tres de allí. Tomamos el taxi, como aquel dijo, dirigiéndonos a yo no sé dónde. Es caso es que, como a los cinco minutos de recorrido, llegamos al lugar. El hombre, al parecer, frecuentaba el sitio, porque lo atendieron con familiaridad. El hizo los arreglos y, mostrándonos las llaves, nos guio por las escaleras hasta un tercer piso, llegando a la habitación 307. Un cuarto común y corriente, modestamente decorado, nada especial, cama y espejos; apenas lo necesario para concretar la aventura.


Mi mujer se sentó en el borde de la cama y él se situó frente a ella, de pie, esperando que tomara el control. Ella, así lo hizo. Desabrochó el cinturón, desabotonó sus pantalones, bajo la cremallera de su bragueta y lentamente le fue bajando la prenda hasta exponer su pene, que estaba ya erecto. Se vio el rostro de gusto de mi mujer cuando tuvo aquel pene en sus manos. ¡Qué esperaba ella? No lo sé, pero se mostraba fascinada con lo que tenía entre manos. Lo frotaba y frotaba, como hipnotizada, y, sin más vueltas, se lo llevó a la boca.


Empezó a chupar aquel miembro con mucha avidez, poniendo mucho énfasis en lamer con su lengua el glande de aquella reluciente y deliciosa verga. Chupaba y chupaba sin descanso, al parecer, sin querer acabar. Una de sus manos acariciaba las nalgas de aquel supuesto desconocido y su miembro se paraba y endurecía más y más. Ocupada su boca en mamar y mamar, mi esposa utilizó sus manos para acariciar la parte interna de los muslos de aquel hasta llegar a sus testículos. El tipo estaba feliz y no se la creía.


Pero, quizá consciente de su papel, en un momento dado la detuvo. Terminó el mismo de desnudarse frente a ella y la hizo levantar para ayudar a desnudarla él mismo, con todo el cuidado y detalle. Su falda, su blusa, su brasier, sus pantis. Quedando solo vestida con sus medias negras veladas y sus zapatos de tacón. No perdió la oportunidad para acariciar todo el cuerpo de mi mujer, sin dejar ningún rincón vedado. Amasaba, por decirlo así, los glúteos y senos, que ya mostraban la excitada que ella estaba.


La hizo acostar en la cama, abrió sus piernas y le devolvió el favor propinándole una extensa mamada a su sexo. Ella, encantada, gemía tímidamente cada vez que aquel iba más profundo con su lengua mientras introducía sus dedos en su vagina. La estaba pasando bien. Movía sus piernas, apretando la cabeza de aquel deseado intruso, que la estaba haciendo pasar un momento inolvidable.


El tipo se levantó, le mostró a mi esposa su miembro erecto y, abriendo sus piernas, se acomodó para penetrarla. ¿Puedo? Le preguntó, a lo que ella, ansiosa como estaba, respondió que sí. ¡Por supuesto! Vi como aquel inmenso tronco, poco a poco, desaparecía dentro del cuerpo de mi mujer. Y ella, quizá idealizando aquel momento, parecía disfrutar aquella intromisión a plenitud.


El tipo empezó a bombear, al principio muy suavemente, acelerando el ritmo a medida que ella se mostraba más y más excitada, apretando las nalgas de aquel y atrayéndolo hacia sí. Los dos se habían acoplado perfectamente. El hombre empujaba y ella respondía el movimiento. Quería disfrutar cada centímetro de ese miembro y se besaban apasionadamente mientras copulaban armónica y rítmicamente. Nunca la había visto a ella en ese trance de gozo y excitación. Esa verga, sin duda, le estaba tocando puntos sensibles de su cuerpo, que yo tal vez no había llegado a descubrir.


Pasado un tiempo, él se recostó a su lado, y ella entendió que era su turno para tomar el control. Mi mujer se montó sobre él y tomando su pene con la mano, lo dirigió hacia su vagina, dejándose caer sobre él, Empezó a moverse de un lado para otro, de adelante para atrás, como nunca quizá lo había hecho antes. Al menos no conmigo. Parecía estar poseída, en otro cuento, en otro mundo, totalmente desconectada del entorno. Yo no pesaba para nada en ese momento. Ella estaba en lo suyo.


Agitó y agitó su cuerpo encima de aquel, gimiendo una y otra vez. De seguro alcanzó, no uno sino varios orgasmos, que se hacían evidentes cada vez que emitía un sonoro y profundo alarido. Mami, te doy por detrás, preguntó él. Sí, papi, si… te siento rico. Vaya, vaya, pensé yo, y hasta me dio un poco de celos. Conmigo eso no pasaba. ¿Cómo así que papi? Ellos, ignorándome totalmente, se fueron acomodando. Mi esposa, que en ese momento era la puta de otro hombre, se puso en cuatro, dejó caer su torso sobre la cama y expuso sus nalgas para que aquel hiciera lo suyo.


Y así lo hizo. El tipo, ni corto ni perezoso, la penetró de nuevo con mucho brío y empezó a bombear dentro de ella con renovadas fuerzas. La penetración tuvo que ser muy profunda, porque mi mujer empezó a gemir casi que de inmediato, mostrando en su cara gestos de placer infinito. Mi hombre, ahora sí, teniendo sometida a mi esposa, alardeaba mostrándome cómo la tenía y lo bien que ella se sentía. Empujaba y empujaba, y sonriente me miraba.


Yo me sentía raro. Por un lado, disfrutaba de aquellas escenas, pero, por otro, me sentía un tanto intruso. ¿A cuenta de qué iba a reclamar algo a mi mujer si yo mismo había propiciado el momento y había hecho de todo para que finalmente se diera? Ciertamente, verla a ella disfrutar con aquel como nunca antes lo había visto en nuestra relación, me despertaba ciertos celos e inseguridades. Y es que ella, en medio de su aventura, ni me miraba. Estaba fascinada con su macho.


El tipo acabó sacando su pene, eyaculando todo su contenido en la espalda de mi mujer, que, al parecer, no se dio por enterada. Había experimentado muchos orgasmos y se mostraba un tanto agotada, así que, volteándose hacia él, le dijo, ¿descansamos un ratico? ¡Imagínense! Supongo que ella no quería que aquello terminara. El tipo se sentó en un sillón, frente a la cama, mientras ella, aún recostada, se recuperaba del ajetreo.


Se pusieron a conversar sobre todo y nada. Ella le preguntaba si frecuentaba aquel sitio, a lo cual él le respondía que había venido algunas veces, pero que el lugar era lo más cercano a donde estábamos. Ella volvía a preguntar que si conocía otros. Él contestaba que en el centro de la ciudad había varios, pero que este lugar, sin ser algo del otro mundo, era de los mejorcitos. Ella volvía a interrogarle que si venía muy seguido. El respondía que no mucho. Cuando se podía.




Pasado el tiempo, el miembro de aquel se volvió a despertar y poco a poco, sin esfuerzo, se volvió a poner erecto. El hombre, tal vez ya imaginaba a mi mujer entre sus brazos, y la sola idea le despertó el apetito. Oye, preguntó a mi mujer, ¿lo hacemos otra vez? Y ella, por supuesto, contestó afirmativamente. Yo estoy cansado, dijo él. Te toca a ti dirigir la orquesta. Así que ella se levantó de la cama, se dirigió a él, y ahí, sentado en el sillón, como estaba, se acomodó sobre su pene para volver a activar la faena.


Volvieron las contorsiones de su cuerpo, volvieron los gemidos, volvieron los orgasmos, no lo dudo, y volvió a disfrutar de su macho como nunca. Se la veía suelta, liberada, desinhibida totalmente, entregada al momento sin importarle nada más. Quizá había desfogado todos los deseos sexuales reprimidos por largo tiempo. Y habiendo la oportunidad para resarcir el pasado, ¿por qué no? Retozó y retozo encima de aquel, que la manoseaba a placer sin oposición alguna, hasta que, por fin, el clímax la alcanzó de nuevo, ahora sí poniendo punto final al encuentro.


Se vistieron y salimos de nuevo a la calle. ¿Por qué no nos tomamos algo antes de despedirnos? Sugirió ella. Así que nos metimos en el primer lugar que encontramos y pedimos unos tragos de ron. Hicieron un repaso de la velada y hablaron de lo bien que se habían sentido el uno con el otro. Fue un momento espectacular, decía mi mujer, habrá que repetirlo. Y, cómo no, aquel propuso vernos de nuevo a la siguiente semana. ¡Claro! Respondió ella encantada. Nos conversamos durante la semana y nos ponemos de acuerdo.


Yo, apenas los miraba. No podía creer que aquella aventura hubiese desembocado en eso y que, dado lo que veía, constituía mi bautizo como cornudo consentidor. ¿Cuándo me habría yo llegado a imaginar que mi recatada y conservadora mujer estuviera cuadrando con este macho, con toda naturalidad y sin vergüenza, una cita para tener un nuevo encuentro sexual? ¿Y frente a mí, sin ningún reparo o consideración?


Creo que nos vamos a ver más seguido de lo que imaginé, comenté. Y ahí mismo, aquel me suelta otra bomba emocional. Creo que sí, compa, me respondió. Me gustaría sacarla y estar a solas con ella. ¿Me da permiso? Me quedé mudo por unos segundos. Bueno, respondí, el tema no es si yo doy el permiso sino si ella está dispuesta a hacerlo. Voy a pensarlo, respondió ella, que estaba atenta a nuestra conversación. Al fin, pensé, como que las cosas volvieron a estar como al principio y me relajé. De todos modos, la despedida fue con beso apasionado, tanto, que llegue a creer que volverían a empezar.


Ya me metí en esto, reflexioné, así que me toca manejarlo como mejor pueda. No dudo que ella va a querer repetir con este señor y tal vez, liberada como se debe sentir, quiera explorar otras posibilidades. Amanecerá y veremos. Por ahora, tendré que ver cómo nos va la otra semana.

Oficialmente cornudo por primera vez... con un mulato.

 



Una cosa es la fantasía y otra totalmente diferente la realidad. La verdad, en el matrimonio, con el paso de los años, de repente, se despierta la curiosidad y los impulsos para buscar aventuras y atreverse más allá de lo convencional. ¿Por qué no?


Con mi esposa fantaseábamos muchas veces sobre la posibilidad de tener aventuras sexuales con otras personas. Muchas veces ella, en medio de desinhibidas conversaciones, reflexionaba, ¿por qué si los hombres tienen libertad para buscar aventuras y coger con varias mujeres a lo largo de la vida, las mujeres no?


Bueno, decía yo, creo que ambos tenemos el mismo derecho. El tema es que nosotros nos atrevemos más abiertamente y ustedes no. Tal vez el deseo existe, pero pasar del dicho al hecho requiere cierto atrevimiento y valentía, sobre todo cuando la mujer ha sido educada de manera conservadora y tradicional, donde ella debe dedicarse a su marido y hogar. Cualquier cosa que se haga fuera de ese principio puede juzgarse como inapropiado y fuera de lugar.


Las conversaciones fueron haciendo mella y, con el tiempo, hicieron que, tal vez, un tanto liberados de las responsabilidades del hogar porque los hijos ya estaban crecidos, la fantasía pasara a otra dimensión y surgiera la posibilidad de dejar la atrás la imaginación para pasar a la acción. Me causó curiosidad ver cómo, de un momento a otro, mi esposa empezó a referirse al tema con más insistencia y asiduidad. No pasaba semana donde no se tocará el tema, por uno u otro motivo.


Al fin, un día, ante tanta insistencia, surgió mi reto. Ya que tienes metida la idea en la cabeza, ¿serías capaz de llevarla a cabo? Sí, contestó con total convicción. Bueno, seguí el juego. Ya que andamos en estas, tenemos que ponernos de acuerdo en la manera de cómo volver realidad la fantasía y para ello tenemos que definir cosas concretas. ¿Qué es lo que quieres? Estar con otro hombre, contestó. Y ¿para qué? Para experimentar lo que se siente. He sido mujer de un solo hombre y quisiera probar cómo es estar con otra persona.


¿Hay alguna preferencia en especial? De momento, no. Pero, dije, entonces, ¿cualquier hombre estaría bien? Sí, dijo ella. ¿Tienes a alguien en mente? No. ¿Un conocido, un amigo, un compañero de trabajo, alguien en quien hayas puesto la atención? No, no, no sabría decir. Creo que, decía ella, tomada la decisión, en su momento, el hombre elegido aparecerá. Y ¿cómo saberlo? No lo sé. Llegado el momento, lo sabré.


¿Cómo crees que vamos a llegar a ese momento? No lo sé. ¿En dónde buscamos o cómo lo vamos a encontrar? No lo sé, repetía. Entonces, replicaba yo, ¿Cómo empezamos? ¿Cómo vamos a encontrar algo que no sabemos muy bien qué es? Salgamos, dijo ella, vamos a discotecas y sitios para adultos, a dónde van otras parejas, quizá allí encontremos algo. Y con esa propuesta, así inició todo.


En un principio fuimos a bares y discotecas, pero nada raro pasaba. Aparecían hombres que la cortejaban, bailaba con ellos, una que otra tocadita, uno que otro beso, pero nada pasaba porque quizá mi presencia los inhibía, tanto a ella como al posible candidato. Me propuse que ella tuviera encuentros a solas con ellos, pero manifestaba que si yo no estaba presente ella no se sentiría segura y, aunque hubo más de una oportunidad, por alguna razón nunca se concretaron.


La verdad, las salidas nos dieron la oportunidad de conocer muchos lugares de entretención, pero, pasado el tiempo, nada pasaba. Alguna noche nos atrevimos a visitar un prostíbulo. Era un lugar bastante sombrío y, ya estando allí, quise abandonar la aventura, pero ella me convenció de no hacerlo. Está bien, dijo. Podíamos ver a las muchachas y sus clientes en acción, sin ningún recato ni reserva, y mi esposa quiso conversar con ellas para saber cómo manejaban las situaciones con sus clientes. Después, pasado un tiempo, comentaba que aquella experiencia había sido provechosa.


Llegué a pensar que lo que ella quería era un romance y así se lo planteé. Me da la impresión, dije, que tú lo que quieres es un novio. Un tipo del cual enamorarte y que al final, como en toda relación, el cariño y la atracción termine manifestándose en la cama. No, decía ella. No sé, todavía no ha aparecido la persona. Tal vez nunca aparezca, llegó a decir. Bueno, reflexionaba yo, y sí así es, ¿qué es lo que estamos buscando? No lo sé, era su respuesta.


Busqué en páginas calientes y encontré un sitio que ofrecía hombres. Había sitio de encuentro y se podía ir a conocer los muchachos, así que, un tanto engañada, la convencí de acompañarme a hacer alguna diligencia y llegamos al mencionado sitio. Nos ubicaron en una sala, frente a una especie de tarima, donde los hombres disponibles desfilaban desnudos frente a nosotros. Vimos de todo, altos y bajos, acuerpados y delgados, de pene grande y penes no tan grandes, apuestos y no tan apuestos. En fin, variedad. Pero, tal vez la sorpresa y la impresión fue tanta, que no se concretó nada.


Después fuimos a conocer los bares y sitios swinger, donde también vimos de todo, pero tampoco concretamos nada. Estaba todo tan a la mano, pero parecía que nada era lo suficiente. Algo faltaba. Así que solté la idea de seguir buscando y dejé que todo se diera naturalmente. Tal vez, pensé, estoy presionando las cosas y en vez de propiciar el ambiente para que aquello funcione, lo que hago es forzar las cosas y actuar en contra de la voluntad de ella. Tal vez estoy decidiendo yo y no la dejo a ella tomar la iniciativa. Y así se lo hice saber.


Tú has sido la de la idea de llevar esto adelante, pero siento que haces muchas cosas para complacerme y no necesariamente para hacer lo que tú quieres. Hemos visto muchas cosas, conocido mucha gente, pero la verdad pareciera que la fantasía se quedó en eso y que la realidad está lejos de ser alcanzada. A estas alturas ya te hubieras acostado con más de uno si hubieras querido, pero por alguna razón las cosas no se dan. Así que, si sigues con el fin en mente, serás tú quien tome la iniciativa y hagas que las cosas pasen. En adelante, yo no voy a intervenir más. Me parece bien, contestó ella; de acuerdo.


Pasó el tiempo y las cosas parecieron enfriarse. No volvimos a hablar del tema. Seguimos saliendo, pero sin expectativa alguna. Aparecían las personas y las oportunidades, pero nada sucedía. Una noche, incluso, un señor dominicano, bastante guapo, puso los ojos en ella y le propuso, muy atrevidamente, llevarla a su habitación. Yo los esperaría en el bar del hotel según lo acordado. Y se fueron. Imaginé de todo y la espera se hizo angustiante. Casi dos horas después aparecieron de nuevo, pero nada había sucedido. Se habían ido a caminar, a charlar, a conocerse un poco más sin mi intrusa presencia, pero nada había pasado. Y yo, imaginándome de todo.


¿Qué pasó, pregunté después, acaso el tipo no te excitaba con su sola presencia? Sí, pero el tipo es un caballero. Nunca forzó las cosas. Pues, como el tipo propuso que te llevaba a la habitación y me comprometió a que los esperara, estaba convencido que esta vez sí iba a pasar algo. No, contó ella, me dijo que quería estar a solas conmigo y me invitó a pasear por la playa, pero nada más. Tal vez quiso darte celos. No sé. Vaya pendejada, dije yo.


Después de aquello, la verdad, me desinteresé del asunto. Le propuse que exploráramos páginas de contactos, donde quizá pudiera aparecer lo que quería. Podía pasar tiempo mirando y mirando candidatos, charlando desinteresadamente, sin presión y sin apuro. Era ella, al fin y al cabo, quien decidía si algo iba a pasar.


No pasó mucho tiempo cuando me propuso que le tomará unas fotos sugestivas para compartir en la página con los contactos que iban apareciendo. Bueno, decía yo en aquel entonces, ¿no tienes bastantes fotos tuyas para compartir? De esas que a ustedes les interesan no. ¿Y cuáles son las que a nosotros nos interesan? Ya tú sabes, decía, esas donde uno muestra todo. Es que, si no muestras la mercancía, difícilmente te vas a promocionar en ese medio, le decía yo riéndome.


Así que, a petición de ella, le empecé a tomar fotos en diferentes poses, con diferentes atuendos, semidesnuda, desnuda, de frente de espalda, de lado, en poses sugerentemente sexuales. En fin, todo un catálogo. Al parecer aquello le estaba gustando e imagino que su página se estaba llenando de fans. Me contaba que había hablado con uno, con otro, alguien de aquí, alguien de allá y la cosa parecía marchar bien. Poco después insistió en que al computador le hacía falta una cámara de buena resolución. Vaya, vaya, y como para qué, preguntaba yo. A veces piden activar la cámara y no siempre se ve bien.


Pasaba el tiempo y ella parecía estar conforme con lo que venía haciendo. El tema de las fotografías nos había llevado a visitar sex shops para comprar ropa sexy y diferentes atavíos, de manera que pudiera tener variedad en su catálogo. Creo que eso la fue empoderando y haciéndole tomar más confianza. Todos, como podía ver en los comentarios, querían conocerla y darse la oportunidad de darle verga en cuanto hubiera chance. Y creo que eso la calentaba al máximo, así que la posibilidad de tener un encuentro con alguien parecía estar muy cerca.


Y la oportunidad, ciertamente apareció. Un día me mostró la foto de un muchacho, un hombre relativamente joven, bastante moreno él. Me dijo que se llamaba Andrés, que vivía en el centro de la ciudad y que habían contemplado la posibilidad de conocerse muy pronto. Creería, dije yo, que si llegamos a esto es porque el tipo te mueve la aguja. Me parece un tipo atractivo, no lo puedo negar, y tengo la curiosidad. Además, habiendo hablado con él, supongo que ya le conoces la vida, obra y milagros, así que no debe haber muchos secretos.


Es un tipo joven, casado, vive con su mujer, tiene un hijo, trabaja en un negocio de internet de su propiedad y por eso el contacto y la frecuencia en la comunicación. Me imagino, dije yo, que, con aquello de la cámara y demás, ya se conocen bastante y no solamente el rostro. Sí, dijo ella. Bueno, supongo que él quiere tener sexo contigo. ¿O me equivoco? No. Eso es lo que quiere. ¿Y cuál es su fantasía? Quiere tener sexo con una señora casada en frente del marido. Y con nosotros tiene esa posibilidad. ¿Y tú lo ves probable? Sí. Él sabe que tú tienes que estar ahí. Es la condición. Y ¿cuándo va a ser? Pronto.


Ese pronto llegó muy rápido. Una semana después, un sábado en la noche, ella quedó de encontrarse con él en una discoteca en el centro de la ciudad, cercana a su sitio de trabajo. Llegamos muy puntuales al lugar, pero él no había llegado. Mi esposa estaba vestida de manera muy provocativa, muy sugestiva. Toda una puta diría yo y eso, además de excitarme, me pareció bastante inusual en ella. Creo que estaba mental y físicamente dispuesta a hacer realidad su fantasía. Los hombres que había allí no dejaban de echarle el ojo y, creo, ella se sentía a gusto con el impacto que estaba causando.


El hombre llegó casi una hora después. Llegué a pensar que nos había dejado metidos, pero finalmente apareció. Era un mulato joven, bastante apuesto, de buen cuerpo y un tanto más alto que ella. Contrastaba el color moreno de su piel con el color blanco de la piel de mi mujer y, como diría yo después, hacían juego. Muy respetuoso se acercó a nuestra mesa, intuyendo que éramos nosotros, desconociendo yo que ya se conocían de antes por aquello de la cámara, las fotos que compartían a través del internet y quién sabe qué otras cosas que para mí eran secreto en ese momento.


El hombre saludó a mi mujer como si se conocieran de toda la vida y se dirigió a ella con mucho respeto y delicadeza. Supuse que aquellas citas en internet habían sido algo más que charlas, pero, el hombre, para qué, de entrada, me agradó. Era un mulato joven, de contextura atlética, de seguro practicaba algún deporte y, como todo hombre en una situación de estas, se le notaban las ganas de follarse a mi mujer. Y ella, por lo visto, también le tenía muchas ganas. Sin embargo, siendo la primera vez que andábamos en estas aventuras, se mostraba reservada y bastante tímida.


Pasaban los minutos y, aunque la música estaba provocativa para bailar, aquellos conversaban y conversaban, nada más. Al parecer, el más excitado con la posibilidad de ver a mi mujer montándose a aquel tipo era yo. De un momento a otro, ella se levantó para ir al baño según dijo y nos dejó solos. Así que seguimos conversando, pero yo fui más directo. Bueno, joven, ¿cómo ve a la señora? Pregunté. Está bien, me dijo. ¿Qué es lo que más le agrada de ella? Sus tetas, me respondió sin vacilar. Y, ¿se la va a culear? Si usted está de acuerdo, sí, respondió.




Déjeme preguntarle algo, continué. ¿Acaso esta cita no era para eso? Pues, sí, dijo él, lo habíamos hablado, pero una cosa es fantasear a la distancia y otra distinta cuando las personas están frente a frente. ¿No era lo que esperaba? No, no dije eso. No sé, su presencia, de alguna manera no me deja ser como soy. Entiendo, respondí. Y ¿cómo es usted? Yo ya estaría en la pista, bailando con ella, manoseándola, calentándola. Y si la hembra da pie, de una para un motel. Bueno, y ¿qué espera? Que vuelva a la mesa, respondió.


Al llegar ella, fue evidente que se había retocado el maquillaje y se había perfumado. El tipo no esperó más y la invitó a bailar, así que ambos se levantaron de la mesa y se dirigieron a la pista de baile, que estaba atestada de gente. Les vi alejarse y empezar a bailar, pero, con el paso del tiempo, se perdían entre la multitud. Aparecían de cuando en vez y volvían a perderse. Y en esas duraron como un ahora y media. Llegué a pensar que ya se habían ido a hacer los deberes y que no me habían tenido en cuenta.


Pero, al rato, finalmente aparecieron. Bueno, le pregunté al tipo, ¿la hembra si dio pie? No dijo nada; solo asintió afirmativamente con su cabeza. Creo que ya se está haciendo tarde le dije a mi mujer. Si, dijo ella, el tiempo pasó volando. Entonces, pago y arrancamos. Al fin qué, ¿sí o no? Sí, respondió, a eso vinimos ¿no? Entonces ¡vamos! ¿Conoce algún sitio por aquí cerca donde podamos ir? Si, respondió él. Toca tomar un taxi, pero es bastante cerca.


Así que salimos los tres de allí. Tomamos el taxi, como aquel dijo, dirigiéndonos a yo no sé dónde. Es caso es que, como a los cinco minutos de recorrido, llegamos al lugar. El hombre, al parecer, frecuentaba el sitio, porque lo atendieron con familiaridad. El hizo los arreglos y, mostrándonos las llaves, nos guio por las escaleras hasta un tercer piso, llegando a la habitación 307. Un cuarto común y corriente, modestamente decorado, nada especial, cama y espejos; apenas lo necesario para concretar la aventura.


Mi mujer se sentó en el borde de la cama y él se situó frente a ella, de pie, esperando que tomara el control. Ella, así lo hizo. Desabrochó el cinturón, desabotonó sus pantalones, bajo la cremallera de su bragueta y lentamente le fue bajando la prenda hasta exponer su pene, que estaba ya erecto. Se vio el rostro de gusto de mi mujer cuando tuvo aquel pene en sus manos. ¡Qué esperaba ella? No lo sé, pero se mostraba fascinada con lo que tenía entre manos. Lo frotaba y frotaba, como hipnotizada, y, sin más vueltas, se lo llevó a la boca.


Empezó a chupar aquel miembro con mucha avidez, poniendo mucho énfasis en lamer con su lengua el glande de aquella reluciente y deliciosa verga. Chupaba y chupaba sin descanso, al parecer, sin querer acabar. Una de sus manos acariciaba las nalgas de aquel supuesto desconocido y su miembro se paraba y endurecía más y más. Ocupada su boca en mamar y mamar, mi esposa utilizó sus manos para acariciar la parte interna de los muslos de aquel hasta llegar a sus testículos. El tipo estaba feliz y no se la creía.


Pero, quizá consciente de su papel, en un momento dado la detuvo. Terminó el mismo de desnudarse frente a ella y la hizo levantar para ayudar a desnudarla él mismo, con todo el cuidado y detalle. Su falda, su blusa, su brasier, sus pantis. Quedando solo vestida con sus medias negras veladas y sus zapatos de tacón. No perdió la oportunidad para acariciar todo el cuerpo de mi mujer, sin dejar ningún rincón vedado. Amasaba, por decirlo así, los glúteos y senos, que ya mostraban la excitada que ella estaba.


La hizo acostar en la cama, abrió sus piernas y le devolvió el favor propinándole una extensa mamada a su sexo. Ella, encantada, gemía tímidamente cada vez que aquel iba más profundo con su lengua mientras introducía sus dedos en su vagina. La estaba pasando bien. Movía sus piernas, apretando la cabeza de aquel deseado intruso, que la estaba haciendo pasar un momento inolvidable.


El tipo se levantó, le mostró a mi esposa su miembro erecto y, abriendo sus piernas, se acomodó para penetrarla. ¿Puedo? Le preguntó, a lo que ella, ansiosa como estaba, respondió que sí. ¡Por supuesto! Vi como aquel inmenso tronco, poco a poco, desaparecía dentro del cuerpo de mi mujer. Y ella, quizá idealizando aquel momento, parecía disfrutar aquella intromisión a plenitud.


El tipo empezó a bombear, al principio muy suavemente, acelerando el ritmo a medida que ella se mostraba más y más excitada, apretando las nalgas de aquel y atrayéndolo hacia sí. Los dos se habían acoplado perfectamente. El hombre empujaba y ella respondía el movimiento. Quería disfrutar cada centímetro de ese miembro y se besaban apasionadamente mientras copulaban armónica y rítmicamente. Nunca la había visto a ella en ese trance de gozo y excitación. Esa verga, sin duda, le estaba tocando puntos sensibles de su cuerpo, que yo tal vez no había llegado a descubrir.


Pasado un tiempo, él se recostó a su lado, y ella entendió que era su turno para tomar el control. Mi mujer se montó sobre él y tomando su pene con la mano, lo dirigió hacia su vagina, dejándose caer sobre él, Empezó a moverse de un lado para otro, de adelante para atrás, como nunca quizá lo había hecho antes. Al menos no conmigo. Parecía estar poseída, en otro cuento, en otro mundo, totalmente desconectada del entorno. Yo no pesaba para nada en ese momento. Ella estaba en lo suyo.


Agitó y agitó su cuerpo encima de aquel, gimiendo una y otra vez. De seguro alcanzó, no uno sino varios orgasmos, que se hacían evidentes cada vez que emitía un sonoro y profundo alarido. Mami, te doy por detrás, preguntó él. Sí, papi, si… te siento rico. Vaya, vaya, pensé yo, y hasta me dio un poco de celos. Conmigo eso no pasaba. ¿Cómo así que papi? Ellos, ignorándome totalmente, se fueron acomodando. Mi esposa, que en ese momento era la puta de otro hombre, se puso en cuatro, dejó caer su torso sobre la cama y expuso sus nalgas para que aquel hiciera lo suyo.


Y así lo hizo. El tipo, ni corto ni perezoso, la penetró de nuevo con mucho brío y empezó a bombear dentro de ella con renovadas fuerzas. La penetración tuvo que ser muy profunda, porque mi mujer empezó a gemir casi que de inmediato, mostrando en su cara gestos de placer infinito. Mi hombre, ahora sí, teniendo sometida a mi esposa, alardeaba mostrándome cómo la tenía y lo bien que ella se sentía. Empujaba y empujaba, y sonriente me miraba.


Yo me sentía raro. Por un lado, disfrutaba de aquellas escenas, pero, por otro, me sentía un tanto intruso. ¿A cuenta de qué iba a reclamar algo a mi mujer si yo mismo había propiciado el momento y había hecho de todo para que finalmente se diera? Ciertamente, verla a ella disfrutar con aquel como nunca antes lo había visto en nuestra relación, me despertaba ciertos celos e inseguridades. Y es que ella, en medio de su aventura, ni me miraba. Estaba fascinada con su macho.


El tipo acabó sacando su pene, eyaculando todo su contenido en la espalda de mi mujer, que, al parecer, no se dio por enterada. Había experimentado muchos orgasmos y se mostraba un tanto agotada, así que, volteándose hacia él, le dijo, ¿descansamos un ratico? ¡Imagínense! Supongo que ella no quería que aquello terminara. El tipo se sentó en un sillón, frente a la cama, mientras ella, aún recostada, se recuperaba del ajetreo.


Se pusieron a conversar sobre todo y nada. Ella le preguntaba si frecuentaba aquel sitio, a lo cual él le respondía que había venido algunas veces, pero que el lugar era lo más cercano a donde estábamos. Ella volvía a preguntar que si conocía otros. Él contestaba que en el centro de la ciudad había varios, pero que este lugar, sin ser algo del otro mundo, era de los mejorcitos. Ella volvía a interrogarle que si venía muy seguido. El respondía que no mucho. Cuando se podía.


Pasado el tiempo, el miembro de aquel se volvió a despertar y poco a poco, sin esfuerzo, se volvió a poner erecto. El hombre, tal vez ya imaginaba a mi mujer entre sus brazos, y la sola idea le despertó el apetito. Oye, preguntó a mi mujer, ¿lo hacemos otra vez? Y ella, por supuesto, contestó afirmativamente. Yo estoy cansado, dijo él. Te toca a ti dirigir la orquesta. Así que ella se levantó de la cama, se dirigió a él, y ahí, sentado en el sillón, como estaba, se acomodó sobre su pene para volver a activar la faena.


Volvieron las contorsiones de su cuerpo, volvieron los gemidos, volvieron los orgasmos, no lo dudo, y volvió a disfrutar de su macho como nunca. Se la veía suelta, liberada, desinhibida totalmente, entregada al momento sin importarle nada más. Quizá había desfogado todos los deseos sexuales reprimidos por largo tiempo. Y habiendo la oportunidad para resarcir el pasado, ¿por qué no? Retozó y retozo encima de aquel, que la manoseaba a placer sin oposición alguna, hasta que, por fin, el clímax la alcanzó de nuevo, ahora sí poniendo punto final al encuentro.


Se vistieron y salimos de nuevo a la calle. ¿Por qué no nos tomamos algo antes de despedirnos? Sugirió ella. Así que nos metimos en el primer lugar que encontramos y pedimos unos tragos de ron. Hicieron un repaso de la velada y hablaron de lo bien que se habían sentido el uno con el otro. Fue un momento espectacular, decía mi mujer, habrá que repetirlo. Y, cómo no, aquel propuso vernos de nuevo a la siguiente semana. ¡Claro! Respondió ella encantada. Nos conversamos durante la semana y nos ponemos de acuerdo.


Yo, apenas los miraba. No podía creer que aquella aventura hubiese desembocado en eso y que, dado lo que veía, constituía mi bautizo como cornudo consentidor. ¿Cuándo me habría yo llegado a imaginar que mi recatada y conservadora mujer estuviera cuadrando con este macho, con toda naturalidad y sin vergüenza, una cita para tener un nuevo encuentro sexual? ¿Y frente a mí, sin ningún reparo o consideración?


Creo que nos vamos a ver más seguido de lo que imaginé, comenté. Y ahí mismo, aquel me suelta otra bomba emocional. Creo que sí, compa, me respondió. Me gustaría sacarla y estar a solas con ella. ¿Me da permiso? Me quedé mudo por unos segundos. Bueno, respondí, el tema no es si yo doy el permiso sino si ella está dispuesta a hacerlo. Voy a pensarlo, respondió ella, que estaba atenta a nuestra conversación. Al fin, pensé, como que las cosas volvieron a estar como al principio y me relajé. De todos modos, la despedida fue con beso apasionado, tanto, que llegue a creer que volverían a empezar.


Ya me metí en esto, reflexioné, así que me toca manejarlo como mejor pueda. No dudo que ella va a querer repetir con este señor y tal vez, liberada como se debe sentir, quiera explorar otras posibilidades. Amanecerá y veremos. Por ahora, tendré que ver cómo nos va la otra semana.

La fiesta de cumpleaños de Bety. Termino en Gangbang

 



Nos llamó José para invitarnos al cumpleaños de su esposa el día 08 de agosto, le pidió el muy cabrón a mi mujer que si se podía poner el mismo vestido negro de la noche en que fuimos a la boda. Mi esposa le respondió melosamente; pero no me puedo poner ropa interior con ese vestido se me marca toda, ¿te importa?... ¡Al contrario mucho mejor!! Me vas a tener toda la noche con la verga dura. Jejeje.


Pepe y su mujer quieren ser muy elitistas van a un exclusivo club deportivo con profesor de tenis, tan pronto como sale el móvil más caro corren a comprarlo. Tienen una camioneta lujosa y un auto deportivo (claro todo a crédito) José tiene buenos ingresos, pero aparentan mucho más de lo que realmente tienen, les fascina andar de lambiscones de la gente rica gastando lo que no tienen en ir a esquiar a Aspen, dicen que es por tener buenas relaciones.


Recordé que la última vez que vino Pepe a “saludarnos” me comento que le gustaría que me cogiera a su esposa. Mi cochina mente empezó a recorrer el cuerpo de Beatriz la esposa de José, la recuerdo que es alta morena clara, pelo lacio en color negro, con unos ojos grandes muy bonitos en color negro. Empecé a recordar a Pepe la noche de la boda que clase cogida le dio a mi esposa en el asiento trasero de mi coche, le metió unos ricos “piquetes” hasta tuve que dar una vuelta a la manzana, para darle tiempo a que se corriera dentro de la panocha de mi esposa. También estaba recordando la noche que me ofreció a su esposa a cambio de que lo dejara coger con Gaby, (espero que no sean mentiras) Pinche Pepe que buena cogida le metió a mi esposa Gaby esa noche.


Al fin nos preparamos para ir a la fiesta, mi esposa se estaba vistiendo con el vestido negro de seda muy entallado por eso no puede usar sostén y pantaletas pues se marcan en el vestido, solo usaba un par de medias negras de las que se ajustan solas en los muslos. Al verla se me paró la verga solo de recordar que no usaba nada abajo del vestido, para comprobarlo le metí la mano por la parte de atrás sintiendo sus nalgas desnudas, por el frente tenía un buen escote que oprimía sus tetas si se le paran los pezones van a ser muy visibles.


Gaby me comenta; Papi ¿no se nota la mancha en mi vestido?... lo mostraba por el frente entre su pelvis y la parte media, le respondí; no se nota nada, entonces lo sube  lo voltea por atrás y me enseña una mancha blanca me dice; es lechita de Pepe pero no se la quise quitar al vestido para tenerlo como recuerdo, al subir el vestido también me mostraba su panocha recién depilada. Por eso adoro a mi esposa me confía todos sus secretos y con la vista de la mancha de leche de otro cabrón junto a su conchita desnuda casi hace que se me salga la leche.


Nos citaron temprano a la fiesta, íbamos muy nerviosos de salir pues estamos encerrados desde el mes de marzo, se supone que vamos a ser pocos invitados por cuestiones de corona virus. Mi esposa le compró de regalo un Baby Doll muy sexy. Cuando subimos al auto para ir a la fiesta empezó la madre de las tormentas, la zona donde viven tiene calles con subidas y bajadas, había ríos de agua, llegamos a casa de Pepe y la tormenta no paraba nos quedamos en el auto como veinte minutos, al fin bajó la intensidad de la lluvia  corrimos a la puerta, entramos a la fiesta, todo muy elegante había meseros música en vivo, mi amigo se desvivía en atenciones a mi esposa, se acercó Beatriz a saludarnos le dimos su regalo y su abrazo, uff sentí sus tetas duras puntiagudas como se clavaron en mi pecho sus labios rozaron la comisura de mis labios, la vi muy sexy con su minifalda sus nalguitas se marcaban muy ricas.


Las copas corrían con todo, Gaby bailaba con Pepe, la festejada conversaba con un grupo de amigos, yo tomaba cuba tras cuba pensando que era imposible que esa noche pasara algo pues había algunos invitados, mujeres bellísimas que no dejaba de echarles ojo. Los músicos tomaron un descanso, Gaby se acercó a mí y le comenté ¿que cuenta Pepe?... No pierde oportunidad de estarme echando flores, que estoy muy guapa me platica de lo rico que cogimos en la cocina de la casa, me pregunto si estoy usando el vestido como la noche de la boda, le respondí que sí, no traigo nada abajo le brillaron los ojos y me rozaba su verga dura en mi panocha.


¡Ya me contó lo de los pecados de Bety su esposa!, me comentó que sorprendió a su esposa cogiendo con su profesor de tenis en el club. Claro, el cabrón de Pepe sobornó al profesor para que se la cogiera, estuvo como dos meses cogiendo con ella cuando los “sorprendió” pero ella no sabe que su esposo la entregó, el muy cabrón me comentó; invite al profesor de tenis esta noche por si te lo quieres coger.


Pepe le comenta a Gaby: Hablé con mi esposa que por mí no había problema que siguiera cogiendo con su profesor, por eso lo invité está noche, si me dejaba coger contigo, bueno fue mucha negociación pero tengo permiso de coger contigo.


¿Le comentaste algo de nosotros?...


Sí le dije que ustedes son de mente abierta y no se espantan de nada, que tengo muchas ganas de coger contigo y si ella quiere se puede coger a tu esposo.


Me quedé girando con lo que me contó Gaby, con razón Bety nos recibió con tanto cariño, pasó un mesero le dio una copa de champaña a mi mujer, conviene que le hagas plática a Bety para ver si te cuenta algo, al fin yo ya tengo con quien coger la noche de hoy. Jejeje. Salieron deliciosos bocadillos y seguían las copas la música tocaba un jazz lento, sorpresivamente la esposa de Pepe me saca a bailar, ya en media pista se me abraza con fuerza y me pregunta:


Gaby y tu ¿son muy abiertos de mente?...


Me quedé pensando, mejor le respondo fuerte y sin tapujos al fin ella también tiene sus pecaditos.


Sí, y la pasamos muy bien, me gusta mucho ver como coge con otros tipos.


¿Te deja coger con otras mujeres?...


Sin problema nos llevamos muy bien y no tenemos secretos. A mi esposa la he visto coger con tres tipos al mismo tiempo como si fuese actriz porno, luego me fascina cogérmela con su panocha llena de leche de otros.


La cara de lujuria de Bety era sorprendente se me pego más a mi cuerpo me rozaba su concha en mi verga que la tenía bastante dura por la plática, seguía callada bailando bien apretada a mi cuerpo se notaba que estaba muy caliente, busqué a mi esposa con la mirada y no la encontré, así que seguí bailando con Beatriz, le comenté al oído como me gustaría darte tu abrazo de cumpleaños desnuda, ella se estremeció seguí a la carga ¿Te gustaría coger conmigo?...


No lo sé… Tal vez, es muy impactante lo que me has dicho de cómo se llevan tu esposa y tú.


Así se deberían de llevar todos los matrimonios, mira Bety las infidelidades son riquísimas pero luego te remuerde la conciencia puesdes tener problemas graves, pero cuando tienes el apoyo y la participación de tu cónyuge son deliciosas. ¿Le has sido infiel a Pepe?... Se puso roja como tomate y asintió con la cabeza, ¿te gustaría hacerlo conmigo?... Sí.


Con esa respuesta la verga no me cabía en los pantalones afortunadamente usaba traje y no se notaba, bailamos otras piezas terminó la música, la llamaron para partir el pastel, Gaby se acercó a mi lado se veía preciosa y radiante, le pregunte; ¿Y… esa carita feliz de que es?...


Fíjate que me dieron ganas de ir al baño, había una enorme fila en el baño de visitas, entonces recordé el baño que hay en la recamara de ellos, subí las escaleras entré a su recámara al baño, pero cuando salí estaba José esperándome sin decir más me tiro en la cama me subió el vestido y me dio una mamada riquísima luego se abrió el pantalón y me metió una cogida muy caliente y rápida nos besamos todo el tiempo pero él estaba muy acelerado y me dio verga a toda velocidad, apenas alcancé a tener un orgasmo cuando el me llenaba de leche caliente, nos recompusimos y salimos cada quien por su lado. ¿Se me nota algo?... Solo la cara de cogida que traes. Jajaja. Pinche Pepe tan mañoso.


En eso le cantaban las mañanitas a la festejada encendieron las velas del pastel le dijeron pide tres deseos, le digo a mi mujer ya me incluyó en uno. Jajaja. ¿De qué hablas?... Parece que me da chance de coger con ella, en lo que cogías con Pepe yo bailé con Beatriz, me empezó a insinuar que le había dicho Pepe que somos de mente abierta, entonces agarré al toro por los cuernos le dije que sí, que me gustaba verte coger con varios tipos, que no había problema.


¡¿Eso le dijiste?!!...


Sí, le comenté como me gusta verte coger con tres amigos al mismo tiempo. 


¡No la chingues va a pensar que soy muy puta!! ellos tan elegantes que son.


Pues mira que funcionó la calentada que le puse, me preguntó que si había algún problema contigo, le respondí que no hay problema, estuvimos raspando sexos mientras bailamos.


Todo mundo abrazaba a la cumpleañera nos formamos en la fila de los abrazos y le deseamos feliz cumpleaños con un fuerte y mañoso abrazo mientras besamos sus mejillas la hicimos sándwich, mientras mi esposa le acarició las


nalgas, Bety me susurró al oído, me esperas en mi recámara, claro que sí con mucho gusto le respondí. Le pregunté a mi esposa que cual era la recámara de ella, subes la escalera es la segunda puerta a mano derecha.


Bety sopló a las velas. Se acercó Pepe a ella y le exclamó; ¡mordida, mordida, mordida!!! cuando ella se acercó a morder el pastel Pepe le empujo la cabeza le metió la cara en la tarta, tenía la cara salpicada con la blusa manchada, se disculpaba con sus amistades diciendo que se iba a cambiar de ropa. Subió a su recámara ya la estaba esperando, en cuanto me vio cerró la puerta con el seguro, volteo hacia mí y me preguntó:


¿Me ayudas a cambiarme de ropa?... con todo gusto mi amor le desabrochaba rápidamente su blusa y su falda, le desabroche su sujetador ella me decía ese no se ensució no importa quiero verte tus chichis, mientras tanto ya tenía sus pezones en mi boca, ella se bajó su tanga quedó completamente desnuda con su panocha depilada, me quité rápidamente el saco y los pantalones ella me bajó los bóxer se fue directo a mi verga me daba una mamada tremenda con mucha succión que me elevó a los cielos.


De inmediato se recostó de espaldas en la cama con las piernas separadas se le veían sus labios rojos esperándome, me exclamo; ¿Me coges?... tenemos poco tiempo, con todo gusto mi amor. Se la metí de un golpe estaba muy lubricada, gemía con la garganta ahogada para no hacer ruido, le daba lentamente, Bety se movía como culebra sabe coger muy rico, pero no está tan sabrosa como mi esposa.


Estaba metido en mis comparaciones cuando la esposa de mi amigo empezó a tener un orgasmo muy fuerte, le daba a toda velocidad gritaba muy fuerte. ¡Aaaghhg!! ¡Me estoy viniendo mucho!!! Yo le tapaba la boca para que no la oyeran, las nalgas se le movían de lado a lado yo aproveché para llenarle a fondo su coño de leche. De inmediato nos desenchufamos corrió al baño a asearse, me limpiaba el pito con unas toallitas húmedas que me encontré pero me empezó a arder el glande me puse los calzones y los pantalones, entré al baño a mear y revisarme la verga pues me seguía ardiendo el glande.


Ella se cambió rápidamente de ropa, me dio un besote de fuego en la boca y salió corriendo con sus invitados, yo esperé unos cinco minutos bajé la escalera sin que me vieran, me uní a la fiesta bebiendo apresuradamente una cuba, vi a Gaby feliz bailando con un cabrón desconocido, Bety bailaba con su esposo cerca de mi mujer. Muchos de los invitados ya estaban ebrios, una pareja homosexual se besaba en la boca con mucha pasión, otra pareja discutía acaloradamente, para ese momento ya eran como las dos de la mañana, un momento después la música dejó de tocar los músicos empezaron a recoger sus instrumentos.


Los meseros nos servían copas a una velocidad tremenda, tenía uno el vaso a la mitad y ya estaba servida la otra, pues querían terminar rápido para irse, muchos de los invitados ya se estaban despidiendo. Mi mujer seguía tomando champaña platicando con su nuevo galán. Yo me sentía muy sabrosón con las cubas saboreando unos sabrosos bocadillos. Había un sonido ambiental padrísimo con música satelital lenta y cadenseosa creo que estaba mejor que la música en vivo.


Mucha gente se despedía, nosotros también nos íbamos a despedir de ellos pero Pepe no nos dejó ir, nos pasó a su bar para que tomáramos otra copa, el bar está impresionante con una gran barra negra con seis bancos altos además en un rincón un sillón en forma de L dos mesas redondas pequeñas con una decoración muy moderna con una luz tenue con algunos detalles de luz morada de neón, en lo que se despedían algunas personas me dijo eres el cantinero sirve copas a todos. Había todo lo necesario vasos hielo y un sinfín de botellas en la contra barra, atendía a algunas personas me pedían tragos mientras mi esposa hablaba con mucho entusiasmo con el joven, Se veía muy guapo con un cuerpo muy fuerte el cabrón muchacho.


Bety se levantó de su lugar entrando atrás de la barra para servir unas copas, mientras se las servía su mano me acariciaba mi paquete, ¡yo no lo esperaba y casi aviento la botella que tenía en la mano!! entonces le devolvía las caricias en sus nalgas. Me confió; parece que mi profesor de tenis y tu esposa hicieron química, salió caminando muy sexy les llevó la copa a mi esposa y al galán que la acompañaba, regresó junto a mí de nuevo, de inmediato le metí mano por debajo de su falda y le acariciaba sus nalgas, ella se dejaba hacer inclinando sus codos en la barra sacaba lo más que podía las nalgas, para ese momento le metía un dedo en su coño y estaba a punto de ensartarle mi verga cuando regresó Pepe.


Me pidió dos Wiskis en las rocas se los serví y se fue, por poco me sorprende fajando a su esposa. Gaby ya estaba medio tomada platicando alegremente con su nuevo galán que no la soltaba, su vestido había subido bastante no se si recordaba que no traía ropa interior, cruzaba sus piernas y casi enseñaba las nalgas, estaba seduciendo a su galán, luego fugazmente las descruzó y le dio un flash de su panocha depilada y las volvió a cruzar para el otro lado, el galán estaba feliz diciéndole que está muy bella. Bety viendo la escena de mi esposa y su galán me bajó el zipper del pantalón metió una mano mientras platicaba con mi esposa me hacía una lenta paja; ¡Verdad que es muy simpático Andrés!... Mucho le respondía Gaby.


Me hinqué un momento le quité la tanga la guardé en un bolsillo de mi saco, le di varios lengüetazos rápidos en el culo y me puse de pie, Bety puso sus brazos en la barra recargó su barbilla en sus manos mientras sacaba las nalgas lo más que podía de inmediato le metí la verga en su puchita, me movía muy lentamente para que no se dieran cuenta que estábamos cogiendo.


En eso regresa Pepe, ¡de inmediato me desenchufé de su esposa!! guardé mi verga y exclamó; ¡al fin se fueron los borrachos!! Estamos solos. Me sirves un Wiski por favor, aproveche para rellenar los vasos de todos. Pepe preguntó; ¿Cómo está la festejada?... ¡Muy bien he disfrutado mucho de la fiesta!! Bueno pues salud… Ahora nos toca a nosotros divertirnos, el galán que estaba con mi esposa le brillaba los ojos viendo a mi mujer, el joven tenía una mano en el muslo de mi esposa. Perdón no los he presentado, él es Andrés mi profesor de tenis.


Mucho gusto soy el esposo de Gaby, Mucho gusto señor ya su esposa me lo había comentado.


Empinamos las copas, y servimos otras, Pepe se sentó a un lado de mi esposa le empezó a meter mano bajo el vestido, Pepe le confió a Andrés está buenísima ¿verdad?... Andrés le respondía si me gusta mucho, volteé a las nalgas de Bety las tenía a la vista pues tenía su minifalda enrollada en la cintura con una mano en su coño, viendo sin parpadear a su esposo y a su “novio” como seducían a mi esposa.


Pepe le decía a mi mujer enséñanos tus nalgas, mi esposa riendo movía su cabeza en forma negativa, No cómo crees que va a pensar tu esposa. Bety la animó no te fijes amiga conmigo no hay problema. Pepe me pregunta, ¿le puedo quitar el vestido a tu esposa?... ¿no te importa?... Por mí no hay problema yo estoy muy agusto. Mi amigo no le importó las negativas de mi esposa le bajó el zipper subió el vestido se lo sacó, la panocha de mi mujer quedó a la vista de todos, ella en forma muy sexy se cubría su sexo con una mano con la otra se tapaba los pezones, mí se me reventaba la verga con la vista de mi esposa desnuda entre dos cabrones.


Mi esposa con más confianza dejaba que Andrés y Pepe le tomaran de las manos se las subieran por arriba de su cabeza, mostrándoles todo su cuerpo sin ningún recato, una mano de Andrés le acariciaba el coño mientras la mano de Pepe le estrujaba las chichis con fuerza, Gaby estaba bastante caliente. Las nalgas de Bety se movían muy rico de lado a lado, tenía toda la verga dentro, nos movíamos lentamente, yo sin moverme le dejaba hacer todo el trabajo, las nalgas de Bety fueron retrocediendo la golosa quería más, ella reclino su cara en la barra y empezó a ondular sus nalgas, era muy difícil contenerse pues nos estábamos pegando una cogida lenta reprimida pero muy sabrosa y morbosa, viendo el espectáculo que teníamos enfrente.


Pepe estaba de pie atrás de la silla de mi esposa estrujando las tetas con todo, Andy se metió entre las piernas de mi mujer a darle una mamada de coño, Gaby jadeaba con todo por la experta mamada que le estaba pegando Andy.  Bety empezó a jadear, Pepe seguro que la escuchó pues inesperadamente entró atrás de la barra y de plano nos encontró cogiendo.


Mira Gaby; ¡el cabrón de tu marido se está cogiendo a mi esposa!!...


Mi mujer le respondió ¡Hace muy bien!!...


Les respondí: usando las mismas palabras de Pepe la primera vez que se cogió a mi esposa ¡Mi amor, solo le estoy dando unos “piquetes” muy ricos!!


Entonces Bety empezó a jadear con todo moviendo sus nalgas muy rápido. Pepe se las acariciaba se asomaba por todos los ángulos posibles para ser testigo de cómo le metía la verga a su mujer, es la segunda vez que la veo coger con otro, ella le exclamaba: Gordo, ¡me está cogiendo muy rico!! ¡Hhaagghh me estoy viniendo mucho!! Al mismo tiempo que Gaby tenía un orgasmo en la boca de Andrés que le estrujaba las chichis con desesperación.


Pepe no sabía qué hacer, si cogerse a mi esposa o seguir viendo cómo me cogía a Bety, pues ya en confianza le había desabrochado el sostén y le oprimía los pezones, Pepe me ayudó a quitarle la blusa y el sostén, seguía hincado frente a la panocha de su esposa viendo como le entraba y salía mi verga, Pepe le empezó a besar el coño sentía el rose de los labios de mi amigo en la verga, me entró mucho morbo cuando sentí su boca abierta jalé las nalgas de Bety se la encajé toda, de inmediato me empecé a correr dentro del coño caliente de la esposa de mi amigo, Bety aullaba de placer de sentir como me corría dentro de ella, Pepe seguía en shock  besaba el coño se tragaba todo lo que salía, ya conocía esa faceta de mi amigo, lo que si les puedo decir por experiencia es que las primeras veces que las esposas cogen con otro cabrón cuando uno las ve se vuelve uno loco, es una mezcla muy extraña de placer con morbo y celos.


Cuando volteamos a ver a Gaby y su galán, resulta que mi esposa lo estaba cabalgando, veíamos claramente como el cabrón de Andrés le abría las nalgas a mi esposa para mostrarnos la verga gruesa y venosa que le estaba metiendo, los movimientos de nalgas de mi esposa eran alucinantes, Andy se tragaba los pezones mientras le estrujaba las nalgas con mucha fuerza.


Pepe que presume de seguro de sí mismo se quedó pendejo viendo como sacaba la verga llena de jugos del coño de su esposa, estaba pasmado, de inmediato Bety se centró la verga de su esposo en el coñito parece que le agradó la posición de recargar la cabeza en su brazo mientras su esposo le daba unos “piquetes” tremendos en la vagina. Yo le amenizaba el momento a mi amigo diciéndole; tu esposa coge riquísimo, le abría las nalgas a Bety mira que sabroso culo tiene tu mujer se antoja mucho, cómo sientes mi leche en el coño tu mujer, se siente muy rico cogerse un coño recién usado, está muy caliente como que te hace cosquillas la leche ajena se siente muy sabroso ¿Verdad?... Bety tenía un sonoro orgasmo, Pepe gritaba; resoplaba le arrancaba las nalgas a su mujer mientras se corría como adolescente en el coño de su esposa.


Mi esposa tomó su clásico movimiento rápido y corto para aplicar su perrito en la verga de su galán, de inmediato Andrés empezó a jadear mi esposa lo acompañaba con un fuerte orgasmo los dos se cimbraban en un orgasmo simultaneo Andy gritaba; ¡qué rico me oprimes la verga!! Aahhhghhag mientras le oprimía con fuerza los pezones de mi esposa.


Apenas se desenchufaban mi esposa y Andy, empezamos a pedirle a la festejada que posara desnuda junto a mi esposa y su galán, Andrés se puso de pie tomó las manos de las dos chicas, las abrazó estrujándoles las nalgas besándose los tres al mismo tiempo, luego Andy me dice; señor su esposa está buenísima!!... Mi esposa y Bety platicaban muy animadas de lo bueno que está Andrés, Bety se inclinó junto a Andrés que traía su garrote medio parado, le empezó a dar una mamada de campeonato, le decía a mi esposa. Pruébalo que rico está, Bety dirigía la verga a la boca de Gaby, mi esposa le puso un chupete profundo y se la trago toda le rozaba las anginas en el glande mientras le hacía un tratamiento con su lengua en la verga.


Pepe estaba junto a mi mujer, le chupaba los pezones viendo fijamente la verga de Andy como se iba de nuevo a la boca de su esposa, Pepe de inmediato puso a Gaby en posición de perrito y lentamente se la empezó a coger, luego le daba con fuerza un mete y saca tremendo con unas sonoras nalgadas, los ojos de plato de Bety no daban crédito al ver a su esposo cogiendo con mi esposa, Bety se sentó en la verga de Andy y se le fue toda como cuchillo en mantequilla, me llamó volteó hacia mí y me beso con mucha lujuria mientras su galán se la cogía lentamente, sentía como su lengua se trenzaba con la mía. 


Bety tomó mi verga flácida me la empezó a mamar con mucha pasión, luego le plantaba unos besotes de lengüita a Andy, yo estaba estrujándole las tetas, la verdad es mucho morbo voltear a un lado y ver a tu esposa bien ensartada por un cabrón, la esposa de mi amigo cogiendo a nalga suelta mostrándome todos sus atributos. Me fui a preparar una cuba para disfrutar del espectáculo que tenía enfrente.


Andrés le pedía; Gaby ¡te quiero coger!! ¿Cambiamos?...  De inmediato Pepe se desenchufó de mi mujer puso a su mujer en cuatro junto a mi esposa, Andy se fue como imán a las nalgas de mi esposa se la dejó caer toda de un golpe, Pepe se la metió con todo a su esposa se veía perturbado, como que traía la mente volando, Andrés estaba feliz como niño con juguete nuevo, mi esposa le pegaba de punzadas en el pito, ¡que rico tu coño me da de pellizquitos!!! Uff ¡esta señora tiene sacapuntas en su coño!! me aprieta muy rico la verga ¡me voy a correr!!... Mi esposa movía las nalgas como baile hawaiano mientras gritaba; ¡que rica está tu verga déjala adentro!! Quiero sentir tu leche caliente


Bety me hizo una seña para que me acercara a ella, tomo mi verga medio dura y le puso un chupete muy fuerte, los empujones que le metía Pepe servían para que su boca se tragara mi verga. Tenía los ojos de Pepe clavados en mi verga veía incrédulo la mamada que me daba su mujer, lo que tiene Bety es que mama con mucha succión te hace ver estrellitas de colores con esa potencia de mamada, una vez más volví a la carga con Pepe; ¡Uff amigo que mamadas tan ricas da tu esposa!! Al oír mi comentario Bety ¡tenía un orgasmo tremendo, sus nalgas se le movían como baile de Lambada!! A ese ritmo no vamos a durar mucho.


Andrés resoplaba como ballena y le llenaba de leche el coñito a mi mujer, yo estaba a punto de correrme, no dije nada le empecé a llenar la boca de leche a la esposa de mi amigo, ¡seguía mamando con todo!! Seguía pegada, no me soltaba la verga. De pronto pasas de la sensación de estar en el cielo, a estar en el infierno pues sientes que se te salen los riñones y que te vas a orinar en su boca. La aparté y salí corriendo al baño a orinar.


Cuando regresé a la cantina mi esposa estaba sentada reclinada en el pecho de Pepe que le acariciaba las tetas y los pezones, entre su panocha asoma la verga media parada de Pepe que mi esposa pajeaba lentamente por un momento parecía que mi esposa tuviera verga que se está pajeando. Bety sentada en las piernas de Andrés besándolo con picoretes en la boca. Le pregunté a Gaby ¿Nos vamos?... son las cinco veinte.


¡Huuy sí es tardísimo!! Gaby se puso su vestido nos despedimos de los anfitriones que no nos dejaban ir. Les comentamos que nuestros hijos están solos en casa, no les quedó otra que dejarnos ir, al fin salimos subimos al auto. ¿Cómo te fue con Andrés?... muy bien es muy simpático y guapo, tiene el pito muy rico está muy venoso como que te raspa rico. Por lo que se ve la pasaste muy bien con Bety ¿Verdad?... La verdad sí coge muy rico, la señora Bety y pega unas mamadas que Dios guarde la hora.


Cómo anécdota estaba en el trabajo y siento un pequeño bulto en el saco, meto la mano a la bolsa y va apareciendo la tanga blanca de Bety, discretamente la puse en mis narices y la aspire conservaba muy bien el aroma del coño de la esposa de mi amigo, se me paró la verga y seguí trabajando.