Mi esposa se dejo hacer el anal por mi compadre

 



Pues bien como ya le conte en otro relato de como encontre a mi esposa cojiendo por el culo con su primo y como vi que lo disfrutaba mucho cuando se la metia toda. quise ver si se podria comer la verga de mi comprade que mide como 23 cm y6.5 de grues con una cabesa que parece hongo.mi esposa tiene una panochita bien rica y un culo bien paradito ella es de estatura bajita, 152cm. bueno pero volviendo a mi relato yo maquine un encuentro entre ellos, para esto un dia invite a mi compadre , yo me daba cuenta que el le veia mucho las nalgas cuando hiba a la casa, un dia invite a mi compadre a tomar unos tragos a mi casa. compramos dos botellas de brandy y nos fuimos a la casa, al entrar mi esposa estaba arriba en la recamara, le hable y le dije que mi compadre venia conmigo y me dijo ahorita bajo cuando bajo tria una faldita corta y una blusita con escote que casi se le veian sus pechos se sento enfrente de nosotros y me di cuenta que tria una tanguita rosita al sentarse se le vio gran parte de la tanga y mi compadre no perdio oportunidad de vele la tanguita. estuvimos tomando lo tres.




Pasado unas horas al poco rato mi esposa dijo que hiba por hielos, fue al refri y fingio que buscaba algo en la parte baja fue cuando se le vio ese culo tan rico que tiene con su tanguita entre las nalgas, asi estuvimos hasta com a las 11.00 y me hice que estaba bien tomado y me dormi ellos sigieron tomando como 20 min mas, entonces mi esposa le dice a mi compadre esperem que voy al baño, subio al segundo piso y mi compadre se fue sguiendola sin que mi esposa se diera cuenta, cuando mi esposa salio del baño ahi estaba mi compadre en la puerta mi esposa le dijo va a entrar al baño, y mi compadre le dijo no comadre quiero entrar e n otro lado y la agarro de la cadera para besarla en la boca mi esposa le dijo que esta haciendo y el le dice, no se haga comadre que se que le gusta la verga si no para que me estuvo provocando todo el tiempo, y mi compadre le agarro las nalgas y le metio una mano entre sus piernas y le dijo mire como tiene la panocha bien mojada mi esposa entonces se paro de puntitas y lo beso le dijo si papi me gusta mucho la verga y mas como la tuya que esta bien grande y le agarro el paquete encima del pantalon pero mi esposo se puede dar cuenta el le dice esta bien dormido:


 


"vamos a tu cuarto" y se metieron al cuarto, yo subi lentamente para ver hasta donde era capaz mi esposa de comerse la verga de el cuando llegue me asome en la puerta que no habian cerrado completamente ya mi mujer tenia esa verga en su boca y el le metia los dedos en la panocha ella le decia asi papi meteme tus dedos en mi panochita que te vas a comer. si mami te voy a comer tu panochita y tambien tu culito le beso la panochita y le bajo la tabga el le decia abrete bien porque te va adoler ella le dijo no creo que me duela mas que cunado me desquintaron el le empezo a meter la verga sin bajarle su tanguita nadamas la hizo a un lado cundo sintio la cabeza que le entro le dijo hijo de puta la tienes enormeel dijo tu agunta y se metio hasta la mitad ella decia asi cabron desquintame otra ves assssssiiii metala toda aaagggghhhdesgraciado ya me rompiste toda pero ssssiiiigggue papiiiii deeessstttrrrrooozzaammme con esa verga papi ella se vino en un orgasmo fenomenal y ella le dijo ahora rompeme el culo el le dijo eso es lo siempre he querido y la volteo de espaldas para ver ese culo tan rico le abrio las nalgas se mojo la verga en su panocha y se la puso en la entrada del culo ella le decia si papi rompeme el culo y se la empezo a meter y le dijo ya tienes el culo bien abierto se ve que no soy el primero. no papi ya me han cojido otras veces pero quiero que rompas con tu verga, se empezo a meter y ella nadamas pujaba, 



Cuando la tuvo toda dentro le dijo mendigo la tienes como a mi me gustan asi papiiii mmmeeteemmmelllaaa tooooooddddaaaa y se la metio enterita aaasssiiii pppuuuutttttaaaaa qquuueee bbbien coje con tu culo te gusta papi como te la aprieto si mami asi te queria cojer yyyyyaaaaa mmmmmmmeee vvvveeeeeengo, toma pinche zorra te voy a llenar el culo de mocos ssssssiiii llleeeennnaaammmeee eel ccuulito con tu mocos ahita van puta y se le enterro hasta el fondo ella paro mas las nalgas y recibio toda la leche en su culito ella le dijo que bien cojes cabron, te gusto si me gusto y quiero que me sigas cojiendo yo baje y hice ruido abajo entonces bajo mi compadre y me dijo ya me voy nadamas fui al baño le dije y mi esposa el me dijo ya tiene rato que se fue a dormir se fue y subi a mi recamar encontre a mi esposa que se hizo la dormida meti mi mano entre sus nalguitas y estaban todas mojadas despues le cuento que paso esa noche.

Ignoraba la hotwife que tengo por esposa

 



Mi esposa es realmente muy puta. No es fácil confesar algo así en público, pueden creerme. Aún menos cuando la he visto gozar como una perra mientras era follada por otros ante mis propios ojos. Y que he disfrutado con ello. Pero permítanme que les cuente.
Todo comenzó hace ya unos meses, cuando le dio por andar por la casa, fuera cual fuera la hora del día, en ropa interior, en general con provocadora lencería, pequeños tangas que apenas le cubrían los labios del coño y dejaban al descubierto todo lo demás. Más tarde, un buen día, se depiló completamente el pubis, dejándose el coñito liso y pelado como el de una lactante. Si bien he de admitir que con el tiempo me he acostumbrado e incluso ahora lo prefiero y disfruto mucho de ello, cuando la vi así por primera vez me sorprendió que hubiera sido capaz de hacer tal cosa, algo que (al menos eso pensaba yo en aquella época) solo hacen las prostitutas y las actrices porno. A partir de ahí la situación fue degenerando poco a poco. A veces, nada más llegar a casa de vuelta del trabajo me recibía eufórica y mimosa, vestida con solo un minúsculo tanguita y un camisón transparente en el que se marcaban puntiagudos sus excitados pezones. Mientras me preguntaba qué tal me había ido el día se me echaba encima, se frotaba sensualmente contra mí, me lamía el cuello y me besaba. Yo solía contestar evasivo, me la quitaba de encima alegando estar agotado tras la jornada laboral y me dirigía a la habitación para cambiarme de ropa.

También comenzó a entrar al cuarto de baño mientras me duchaba y meterse desnuda conmigo en la cabina. En general comenzaba con jueguecitos inocentes, tonteando como una niña, restregando los senos contra el vello de mi pecho y agarrando juguetona mi pene con una de sus manitas para con la otra frotármelo con la esponja. Pero en otras ocasiones era más directa, se arrodillaba directamente delante de mí y comenzaba a darme lametones en la verga y en los huevos, me agarraba sin remilgos la polla y se la introducía entera en la boca para proceder a mamármela con verdadera ansia. Casi siempre contrariado, la hacía salir de la cabina, regañándola por ser tan pesada, estar malgastando el agua caliente y alegaba el no caber ambos en la exigua ducha. Y claro, casi cada noche quería sexo. Ya antes de irnos a la cama acudía a mi lado en el sofá, muy ligera de ropa, mientras me encontraba viendo la televisión y comenzaba a tocarme, a besarme buscando mi boca y queriendo meter en ella su lengua ágil. Cuando la empujaba de lado y le pedía que me dejara tranquilo ver el programa se marcha que, tras hundirle dos dedos en el coño y comenzar a pajeárselo al tiempo que con la yema del dedo pulgar le apretaba y masajeaba sobre el clítoris, explotara en un fuerte orgasmo que le arrancaron irrefrenables gritos de placer. Esos son algunos de los síntomas a los que me refería antes. Pero yo, al menos durante los primeros meses, no les daba mayor importancia. Atribuía todo eso a un simple deseo de llamar la atención, a algún calentón momentáneo, quizás un desarreglo hormonal transitorio o una necesidad de afirmar su feminidad en un momento de su vida en el que se planteaba ciertas dudas. Tonterías propias de las mujeres, me decía. Además, por mi parte, estando ya metido en mi quinta década de vida, tras casi veinte años de matrimonio, con la rutina diaria y los problemas en el trabajo he de admitir que últimamente mi libido estaba, digamos, un tanto adormecida. Dulce, mi esposa, es ocho años más joven que yo, una linda mujer, coqueta y muy femenina. Aunque es más bien bajita y físicamente puede no parecer espectacular a primera vista, tiene un bonito rostro, con una boca de labios sensuales y ojos de pícara mirada, y un cuerpo muy deseable que a pesar de su edad ya madura se conserva firme y prieto. Quizás el hecho de no haber tenido hijos haya propiciado el que sus senos, sus piernas o su lindo trasero puedan todavía rivalizar con los de cualquier veinteañera.

Cuando llegaba el fin de semana hacíamos el amor. Reconozco que de manera rutinaria y sin excesivo morbo. Las sesiones solían durar pocos minutos y ser muy similares: Unos besitos, masturbarnos mutuamente mientras yo le chupaba un poco los pezones, en ocasiones unos segundos de sexo oral y colocarme encima de ella para penetrarla, agitarme hasta correrme y caer derrumbado a su lado para quedarme dormido rápidamente. Reconozco que muy insuficiente para satisfacer a alguien como Dulce. Con el paso del tiempo y viendo que su comportamiento lejos de volver a la normalidad empeoraba y que los períodos de calentura se hacían cada vez más frecuentes e intensos, comencé a hacerme preguntas. Observé que pasaba mucho tiempo sentada frente al ordenador y que muchos de esos momentos de ardor y ansia sexual se presentaban después de haber estado tecleando. Me picó la curiosidad y una noche, alegando estar especialmente cansado, me fui a la cama muy temprano y simulé dormirme enseguida. Como sospechaba, al rato de haberme acostado Dulce se metió en el despacho y la oí conectar el ordenador. Esperé unos minutos y me levanté. Descalzo y en silencio, avancé despacio por el pasillo y me acerqué a la puerta entreabierta del pequeño trastero que nosotros llamamos, pomposamente, el despacho, para mirar en el interior. ¡Me quedé pasmado! Veía a mi esposa de espaldas, desnuda, sentada en la silla frente a la pantalla, la cual ocultaba casi por completo con su cuerpo. A cada lado de la silla se veía una de sus piernas. Estaba completamente despatarrada, con las piernas exageradamente abiertas. Una de sus manos se veía manipular el ratón y la otra adiviné, por la posición de su brazo, que la tenía en la entrepierna y también en movimiento. Mi mujer se estaba masturbando mientras miraba algo en la pantalla, probablemente imágenes de sexo, sin duda pornográficas, y estaba gozando, gemía con sincero placer y al cabo de unos minutos oí sus gemidos convertirse en gruñidos y su cuerpo sacudirse al correrse.

No daba crédito a lo que acababa de ver. ¡Mi querida esposa haciéndose pajas como una furcia viciosa, excitándose y dando rienda suelta a sus bajos instintos mirando guarradas en una pantalla! Confieso que supuso un choque para mi y que, sin saber como re había consultado y de qué y con quién había hablado en los chats. Muy amable y competente, Arturo me explicó como consultar los históricos de Internet, en que lugares se almacenan los documentos procedentes de la red, donde se graban los diálogos mantenidos en el chat y como activar la opción de grabación de los mismos. Pero, lo más interesante, me instaló en el ordenador portátil y me explicó como utilizar un programa espía que, cargándose en memoria al encender el equipo y haciéndose invisible, va grabando en un archivo todas las teclas que se van pulsando durante la sesión, absolutamente todas, de manera que permite saber, entre otras cosas, qué nicks se utilizan, qué direcciones de correo se han abierto e incluso la clave de acceso a las mismas.

Esa misma tarde instalé el programa en el ordenador de casa. Tres días después, alegando en el trabajo sufrir mareos y una fuerte jaqueca, volví a casa a media mañana y me dispuse a controlar el fruto de mi trampa cibernética. Lo primero que busqué fueron las grabaciones de las conversaciones en el chat, pero no encontré nada. Comprobé que mi esposa había desactivado la opción de grabación. Eso ya era muy sospechoso y me animó a seguir buscando. Continué consultando el histórico de las páginas de Internet visitadas. Esta vez la cosecha resultó mucho más interesante y fructuosa. Estaba la lista, día por día, de todas las visitadas desde hacía dos semanas. Casi todas eran, como sospechaba, de sexo, puramente pornográficas. Y de ellas la mayoría tenían como tema central el sadomasoquismo y los juegos de dominación y sumisión. Con increíbles fotografías de hombres y sobre todo de mujeres atadas, amordazadas, azotadas, folladas por uno o varios individuos e incluso por animales, violadas, humilladas, golpeadas, con los rostros con frecuencia inundados de esperma. Una vez más, no lo podía creer. ¡Mi Dulce atraída por ese tipo de prácticas! También encontré referencia diaria a éste sitio de relatos al que al final he decidido enviar esta anónima confesión. ¡Maldita cerda! me dije a mi mismo, comenzando a enfurecer- Seguramente las pajas que se hace sentada en esta misma silla son producto de la excitación que le provocan todas esas páginas,

esas fotografías de prácticas extremas y la lectura de historias en las cuales sus autores describen con todo lujo de detalles sus perversiones sexuales. Inspeccioné el disco duro buscando fotografías u otros documentos de ese tipo, pero no encontré nada de interés. Entonces abrí el archivo que produce el programa espía que contiene el registro de todas las teclas pulsadas. La cantidad de texto que figuraba era inmensa y desordenada, pero Arturo me había explicado algunos trucos para encontrar rápidamente la información que me interesaba.

Buscando direcciones de correo electrónico encontré la que utiliza con su nombre y apellido y que conozco muy bien, ya que es a la que suelo enviarle chistes y copias de artículos desde mi trabajo. Como la clave de acceso figuraba al lado de la dirección y de manera clara y visible pude acceder a los mensajes, pero comprobé que no había nada raro en los pocos correos que conservaba. También encontré otra dirección cuyo nombre de usuario no me decía nada y me dejó muy mosqueado: <CINNAMONHOT>. En esa cuenta la cantidad de correos almacenados era mucho mayor que en la oficial. Y la inmensa mayoría de los corresponsales eran, por supuesto, hombres. Observé que últimamente el intercambio de mensajes era especialmente interesante: fantasías de sexo con todos esos hombres. Exclamé en voz alta- Con frecuencia en sus mensajes repetía ese tipo de deseos. Comprendí que se trataba de sus dos fantasías sexuales más intensas y deseadas: ser utilizada como un objeto sexual, tratada como una vulgar puta y… ¡ser follada por un negro!



Encima su amante virtual alimentaba dichas fantasías enviándole diariamente vídeos en los cuales solían aparecer mujeres gozosas siendo sometidas como perras, con frecuencia recibiendo en el rostro abundantes eyaculaciones mientras los hombres, agarrándolas del pelo o del cuello, les follan la boca y la cara. Y también otros en los cuales aparecen hombres de color dotados de increíbles trancas follando con mujeres a las que parece que van a reventar a pollazos. También intercambiaron fotos propias. Las de mi esposa me eran familiares ya que, salvo las que estaban tomadas en su oficina, las había hecho yo todas. Pero las de su amigo… ¡menudo cerdo el tal Antonio! En la mayoría de ellas estaba desnudo, en algunas con la pija completamente tiesa, había incluso algunos primeros planos de esa verga empalmada. La rabia y los celos se apoderaron de mí. Ese cabrón, bastante más joven que yo, si bien no es un top-model se ve cuidado, esbelto y de aspecto viril, y además posee una polla de buen tamaño y que luce fuertes erecciones. Imaginaba a mi esposa masturbándose, clavándose los dedos en el coño imaginando gozar de esa polla, sentirla recorrer su cuerpo, follarle las tetas y la boca mientras ese Antonio la trataba de sucia puta y derramaba su semen por su cara, como ella misma confesaba… …me encantaría disfrutar en este preciso momento de tu verga erecta, y antes que nada de una comida de coño tan rica como las que describes, ¡ay!, que bárbaro, me estoy humedeciendo más cada momento… …quiero saborear tu semen, sentirlo llenarme la boca e inundarme la garganta, en verdad que me sacas esta puta que llevo dentro….

Nunca hasta ese momento había padecido semejante ataque de cuernos. Estaba furioso, una avalancha de sentimientos se agolpaban en mi cabeza. Se mezclaban los celos de esos hombres por los que Dulce expresaba deseo, la ira por sentirme traicionado, la vergüenza y la frustración al comprender que mi esposa es una mujer insatisfecha y yo el culpable de ello, que no soy lo bastante hombre como para satisfacerla. Se me acababan de romper todos los esquemas, de quebrarse los pilares que sostenían mi hasta entonces rutinaria vida y que yo creía estable e inmutable. Permanecí durante toda la tarde y la noche en ese estado confuso, como hipnotizado sentado frente al televisor. Argumentando estar enfermo y sin ni siquiera cenar ignoré más que nunca a mi esposa y evité su conversación, con la mirada fija en la pantalla y la cabeza dándome vueltas a mil por hora. Recuerdo un momento en que en las noticias mostraban imágenes de Francia, donde bandas de vándalos tomaban impunemente las calles de las principales ciudades quemando coches y saqueando a sus anchas. Y otras en las que un famoso ex futbolista, corrupto, egocéntrico y drogadicto, con un QI equivalente al de un botijo, era invitado a una cumbre de jefes de estado y se erigía como nuevo ídolo político de masas con sus patéticos gestos y topicos argumentos antiimperialistas. ¿Qué está pasando? Me pregunté- ¿es que estamos volviéndonos todos locos? La rabia y el ansia de venganza fueron ganando terreno hasta que finalmente, en plena noche, sobre las 4 de la madrugada, tomé una decisión y comencé a urdir un plan que me dispuse a poner en práctica inmediatamente. Soy dirigente en una gran empresa de distribución de conservas y congelados, responsable de los almacenes de mercancías y de la contratación de per chicos se miraban extrañados y permanecían en silencio, con expresión de no entender nada. Les indiqué que podían guardarse ese dinero como pago por la jornada del día, a pesar de no haberla trabajado. Los billetes desparecieron rápidamente en sus bolsillos. Seguidamente les coloqué delante el portarretratos con la fotografía de mi esposa (en la que era unos cinco años más joven) y otra suma de dinero equivalente a la anterior multiplicada por cinco, es decir, una semana de jornal. Entonces les expliqué mi plan.

-Si aceptáis mi proposición, cumplís lo pactado al pie de la letra y cerráis la boca, además de divertiros como os he explicado podéis ganaros ese dinero. Y tenéis mi palabra de que cada vez que haya trabajo seréis los primeros elegidos.

Los muchachos, a pesar de no terminar de salir del todo de su asombro, aceptaron y acabamos de ultimar los detalles del plan para ese mismo día. Me cité con ellos en hostal donde residen sobre las ocho de la tarde.

Cuando regresé a casa me encontré a mi esposa de nuevo puteando en bragas por la casa y caliente como un horno. Respondí a sus arrumacos con pasión, aceptando sus besos y respondiendo con íntimas caricias. Mientras introducía mi mano por dentro de la braga y le acariciaba el coño con los dedos le propuse una cena romántica en un nuevo restaurante tailandés del que le dije me habían hablado muy bien. Añadí que más tarde podríamos terminar lo que estábamos comenzando. Se mostró encantada, aunque el estado de calentura en el que se encontraba le hizo rogarme no cesar mis caricias y continué dedeándole el coño hasta que allí mismo, de pie y abrazada a mi, se corrió como una cerda empapándome los dedos y la mano con sus flujos. Tras esto corrió a la habitación a prepararse. Evidentemente, tuve que esperar más de una hora, pero pasé todo ese tiempo sintiendo mi excitación crecer imaginando todo lo que iba a suceder esa noche. Cuando finalmente estuvo lista nos marchamos y conduje el coche hasta un barrio del extrarradio, próximo a los muelles del puerto, donde aparqué delante de la puerta de un viejo edificio.



-¿Por qué nos paramos aquí? Preguntó extrañada mi esposa.

-Es solo un minuto, cielo. Voy a aprovechar que nos pilla de paso para recoger unos contratos que les di a firmar a unos empleados que viven aquí contesté-. Ven cariño, acompáñame, no quiero que te quedes sola en el coche, este barrio puede ser peligroso.

Me acompañó, un tanto recelosa, y entramos juntos en el edificio en cuya entrada lucía un descolorido cartel que anunciaba el Hostal Marina. Nada más pasar la puerta sentimos ese olor a humedad, suciedad y miseria propio de los edificios antiguos y abandonados al deterioro desde décadas. Subimos la estrecha y oscura escalera hasta el primer piso y llamé a la puerta numero 14, situada al lado del cuarto de baño comunitario del cual se escapaba un repugnante olor a orines rancios.

Se abrió la puerta y Basilio, de un movimiento de cabeza y sonriente, nos invitó a entrar. Era una habitación de unos 20 metros cuadrados, con una única bombilla colgando del techo y cuyo mobiliario se resumía a una vieja mesa, dos sillas dispares, un par camas de una plaza ambas con las sábanas (que imagino algún día fueron blancas) revueltas, un pequeño frigorífico y una antigua y mugrienta cocina de dos fogones en una de las esquinas, bajo la cual había una bombona de butano, cerca de la única ventana del cuarto. Junto a la cocina había también un lavabo o fregadero, conteniendo una palabra y observándonos de manera extraña. Manera que, quizás influenciado por el entorno, sentía incluso un tanto amenazante. Comenzaba a preguntarme si no habría sido un error venir cuando mi esposa, aferrándose a mi brazo, me susurró al oído: -Por favor cariño, pídeles esos papeles y marchémonos.

Entonces, al volver la cabeza para mirarla, recordé la razón por la que estábamos allí. Rememoré el contenido de sus correos, aquellas obscenas frases y la humillación que sentí cuando las leí. Se desencadenó mi furia y, agarrándola de un puñado del pelo y tirando de él hacia atrás, le dije con voz rabiosa al oído: -¿Ya te quieres marchar? No tengas tanta prisa, mujer. Dime una cosa, tesoro ¿no es cierto que en el fondo no eres más que una vulgar puta que ansía ser follada por una buena polla negra? ¿No deseabas tanto ser tratada como una sucia perra, como una asquerosa ramera barata? Pues esta noche tus sueños se van a realizar, maldita cerda. Tirándola de un empujón sobre uno de los mugrientos colchones y volviéndome hacia los chicos, añadí con autoridad: -¡Vosotros! Venga, espabilad y joderos esta puta como os de la gana, podéis hacerle todo lo que queráis.

-¡Pero qué haces amor!, ¿es que te has vuelto loco? Exclamó sinceramente sorprendida, paralizada, con los ojos abiertos como platos y sin saber como reaccionar.

Cegado por la ira y tras soltarle una sonora bofetada (nunca antes le había levantado la mano, jamás), comencé a arrancarle la ropa a tirones, tratándola de muchas cosas, de las cuales puta era la mas delicada.

Mientras, los chavales se acercaban y comenzaban a animarse. Basilio se bajó de un tirón el pantalón, la única prenda que vestía, y apareció colgando una verga de buen tamaño y bastante gruesa, cuyo capullo, gordo y marrón, atrajo inmediatamente la mirada de mi esposa. El chico comenzó a reír con una risa burlona y estúpida, emitiendo un ridículo ji, ji, ji, ji. Sin ningún recato se colocó entre las piernas de mi mujer, le remangó la falda hasta la cintura y comenzó a sacarle las bragas. Cuando se las hubo quitado le separó las piernas y, sin más preámbulo, le metió un dedo en el coño, entero, hasta el fondo. Comenzó entonces a girar esa mano, frotando y empujando el puño contra el sexo abierto de Dulce, comentando divertido y sin dejar de reír como un idiota lo mojada que estaba ya esa vulva. Seguidamente y ante la reacción de la guarra de mi esposa, la cual había cerrado los ojos y gemía ya de puro gusto adelantando y levantando el coño, hundió la cabeza entre sus muslos y comenzó a darle largos e intensos lengüetazos por toda la raja.

-¡Qué sabroso coño de puta blanca! Exclamó divertido levantando la cabeza unos segundos, mirándome burlón y volviendo a hacernos oír su estúpida risita, para seguidamente continuar con la comida de coño que le estaba metiendo a mi mujer, la cual gemía con una intensidad muy superior a la que lo hace cuando yo le prodigo ese tipo de caricias, aunque he de reconocer que nunca lo hice con la misma intensidad y vicio que lo hacía el muchacho.

Entonces Nicanor, hasta entonces mero espectador, se colocó a su vez junto a Dulce y se quitó el pantalón y el bóxer, liberando así una impresionante verga, un enorme rollo de carne negra que colgando como una trompa entre sus piernas le llegaba a más de medio muslo.

-¡Joder pensé sinceramente sorprendido- menuda tranca tiene el cabrón!Y no fui el único sorprendido. Dulce, al despatarrada, con la cabeza de un hombre metida entre los muslos abiertos y comiéndole los huevos y la polla a otro. Y esa mujer, esa furcia ¡era mi esposa, la mujer a la que durante tantos años creí conocer tan bien! A pesar de ser yo el único culpable de que nos viéramos en esa situación, no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Me sentía a la vez engañado, insultado, humillado y también excitado, notaba las mejillas arder de la rabia de saberme cornudo y de no poseer, como esos chicos, una verga grande y potente, joven y vigorosa.

La de Nicanor se comenzó a hinchar y crecer hasta quedar tiesa paralela al suelo. La boca de mi esposa, abierta al máximo, apenas conseguía engullir esa polla. Los labios tensos abarcaban con dificultad el ancho tarugo, cuya tercera parte, es decir, unos diez centímetros, le entraban y llenaban la boca. Encajaba el miembro con los ojos desorbitados y respirando sonoramente y con dificultad por la nariz. Por un momento me preocupé pensando que se iba a ahogar, pero me tranquilizó ver que sin cesar de mamar esa verga y con lágrimas resbalando por sus mejillas comenzó a gemir, a mover y empujar el coño lascivamente contra la boca del chico que se lo estaba follando con la lengua. Mi mujer se corría ante mis ojos, estaba gozando como una gorrina, se corría en la boca de Basilio mientras la tranca de Nicanor le llenaba la suya. Entonces Basilio, emergiendo de entre los muslos de mi esposa, con la boca brillante por los fluidos vaginales y la pija erecta y dura como un bastón, la agarró de los tobillos, levantó y separó sus piernas al máximo y con un par de embestidas le clavó la polla en el coño, tras lo cual comenzó a bombear fuerte. El cabrito estaba tan excitado que en menos de un minuto se corrió, gruñendo de gusto y eyaculando dentro del coño de mi esposa. Cuando sacó la verga, de su ancho glande brotaban las últimas gotas de semen que el chico fue a derramar y restregar contra las tetas de Dulce. La tranca de Nicanor se erguía tiesa delante de la carita de mi esposa, y desde la gorda bola oscura del glande hasta los aún más negros huevos se veía en toda su magnitud brillante y empapada de las babas de Dulce, la cual la seguía mamando con adoración, recorriéndola de arriba abajo con la lengua mientras la pelaba con ambas manos, soltando salivazos sobre el glande y embadurnando con la lengua toda la polla. Basilio seguía frotándole la verga contra las tetas cuando Nicanor comenzó a gruñir con furia, como un animal rabioso. Sin ningún miramiento volteó a mi mujer colocándola bocabajo. La agarró de los riñones, le levantó el culo colocándola a cuatro patas, como una perra, y arrimó la punta de la polla a los babosos labios vaginales para comenzar a empujar. No se anduvo con romanticismos, en cuanto tuvo metida la gorda cabeza comenzó a embestir con rabia metiéndole en cada golpe esa pollaza casi en su totalidad. Nada más sentir esa gorda morcilla penetrar en su cuerpo Dulce comenzó a gemir de puro gusto y con las primeras embestidas del negro se corrió de nuevo gritando sin pudor.

-¡Ábreme el coño, puta blanca, y muévete! Continuó imperturbable Nicanor, sin duda cerca de correrse a su vez.

Era una follada violenta, increíble, ambos gruñían como animales. Yo los observaba joder como hipnotizado. No sabría definir con exactitud mi estado en ese momento. Se mezclaban en mi la humillación de ver a Dulce (esa mujer con la que he compartido los últimos veinte años de mi vida) allí tirada encajando esas pollas y gritando desbocada de placer, gozando como una perra viciosa, con la excitación y una perra. Con todo eso su orgasmo fue el más intenso y salvaje de la noche, a juzgar por sus gritos y sus obscenas palabras, tratándonos de cerdos, de putos cabrones y gritando a Nicanor que la follara más fuerte, que dejara de meterla como un maricón y le reventara el coño de una puta vez. Yo también estaba como loco. La agarré del pelo y levanté su cabeza.

-Toma mi polla, asquerosa puta, trágatela entera y sácame toda la leche, cerda, trágatela toda. ¡Puta, que no eres más que eso, una asquerosa ramera! Seguí gritando rabioso, al tiempo que le metía entera la verga en la boca, ya loco de deseo y perdiendo todas las composturas.

Basilio, que seguía con su risita idiota y volvía a tener la verga tiesa, se había arrodillado al lado de Dulce y, juguetón, le pegaba golpecitos en las tetas y en el rostro con la polla, la cual se agarraba y utilizaba como si fuera una porra de carne. Mientras, ella se tragaba entera mi pija, me la follaba con la boca con las idas y venidas que animaban su cuerpo consecuencia de la salvaje follada que le estaba metiendo Nicanor, al tiempo que me apretaba con fuerza los huevos y me empujaba un dedo dentro del ano, provocándome una mezcla de dolor y placer tan increíble que gozando como un cabrón, gritando de puro gusto como nunca antes lo había hecho, eyaculé abundante y directamente en su garganta, algo que también era la primera vez en mi vida que sucedía. Quedé agotado y tembloroso por el enorme placer, las piernas apenas me sostenían y me dejé caer en una silla. Gozoso y cansado contemplé pasivo el alucinante final de la orgía. Nicanor, que había detenido el bombeo y sacado la polla del coño de mi esposa, tras voltearla de nuevo procedió a colocar una rodilla a cada lado de su pecho para quedar sentado sobre él. Gruñendo como un cerdo restregaba furioso la polla y los cojones sobre sus tetas, la pasaba entre ellas follándolas mientras esa furcia las apretaba con las manos contra la verga, y buscaba golosa el glande con la boca para mamarlo cada vez que este llegaba hasta su cara. El moreno no tardó en correrse gritando como un animal. Las dos primeras lanzadas de esperma cruzaron toda la cara de Dulce para ir a aterrizar en su pelo. La muy puta, al ver esa polla escupiendo leche, no dudó en agarrarla, pajearla fuerte con ambas manos y llevarla de nuevo hacia su boca, por lo que algunos chorros de semen le cayeron sobre los labios e incluso dentro de la boca abierta, dejándole la lengua, que siguió relamiendo la verga, blanca y lechosa.

Basilio observaba la escena y continuaba pelándose la polla. Viendo como la cerda de mi esposa seguía mamando la verga de su amigo, como queriendo ordeñarle con la boca hasta la última gota de leche, se arrimó a ella y comenzó a cascarse la verga con furia.

-¿Te gusta tragar leche, eh blanca nieves? Toma cerda, cómete esta, vamos puta, ¡mámamela!Obediente, mi esposa se giró hacia Basilio y comenzó a darle chupetazos en el glande mientras el chaval continuaba cascándosela. No tardó en enviar una nueva y abundante eyaculación por toda la cara de Dulce, la cual acabó inundada, los chorros resbalaban por ella, caían sobre su pecho y por ambos lados de la cara goteaban sobre el asqueroso colchón. Tras unos minutos, cuando cesaron por completo los gemidos, se instaló un silencio embarazoso. Los chicos se levantaron y se dirigieron al pequeño frigorífico, del cual sacaron unas latas de cerveza, pero solo para ellos, sin invitarnos. Dulce ofrecía una imagen patética: Sudorosa, con el pelo revuelto, desnuda solo con la falda enrollada en la cintura, y los muslos, la cara, el pelo y el pecho chorreantes de esperma, sin patrón, ¡menuda zorra está hecha tu mujer! ji, ji ,ji ,ji- Podéis volver cuando queráis, ya sabéis donde estamos ji, ji, ji, ji-.

Cuando salimos del hostal ya era noche cerrada. Casi no se veía gente por la calle, solo en las esquinas y bajo las farolas había algunas putas proponiendo sus servicios a los hombres que deambulaban por allí. Regresamos a casa, ambos en silencio durante todo el trayecto. Me sentía gozoso, pero también algo confuso. Tenía sentada a mi lado a mi esposa y sabía que su cuerpo estaba manchado, inundado del esperma eyaculado por las tres pollas que esa noche la habían follado y con las que había gozado como una auténtica furcia, como la puta que tanto deseaba ser y en lo que se había convertido ya definitivamente, mucho más puta, por lo viciosa, que aquellas que se veían en las esquinas vendiendo su cuerpo por dinero, haciendo de mi con ello un maldito cabrón, un puto cornudo consentido. Desde ese día soy otro hombre, veo a Dulce con otros ojos y, como pueden imaginar, nuestra vida de pareja ha cambiado. Estuve cierto tiempo muy confuso, sin saber que hacer ni que pensar, pero ahora que he conseguido tragarme el orgullo y aceptar el peso de los cuernos en mi cabeza, estamos viviendo un período excepcional de nuestro matrimonio. Cuando la tengo cerca, cuando la veo andar por la casa puteando, vestida con sus tanguitas y camisones transparentes, ya no me preocupa que sea martes o sábado, los problemas que haya podido tener en el trabajo, qué programa estén poniendo en la televisión, ni la hora que pueda ser o la temperatura que haga. Simplemente me precipito sobre ella como un poseso y la desnudo, la acaricio, le dedeo y lamo el coño y el ano, la beso (pero no como lo hacía antes sino metiéndole la lengua en la boca y mamando la suya), le clavo con rabia la polla, a veces tirados en el mismo suelo de la habitación de la casa en la que nos encontremos. Y cuando lo estoy haciendo por mi mente desfilan las imágenes de mi esposa gritando de gozo mientras era follada sin miramientos por aquellos brutos, con esas enormes pollas taladrándola y vertiendo esperma sobre ella, recuerdos que me excitan como un loco y precipitan al orgasmo.

Nuestra vida sexual se ha vuelto mucho más intensa y variada. Pero sé que para ella sigue siendo insuficiente. Hace un par de días al llegar a casa la sorprendí tirada en el sofá, despatarrada y masturbándose con un vibrador mientras miraba un video porno, machacándose el coño con rabia y corriéndose gimiendo como una posesa, a pesar de que esa misma mañana habíamos follado en la cama nada más despertar. Si, sé que mi Dulce necesita más, que merece más. Que sueña con volver a ser poseída por otros hombres, por otras vergas más jóvenes, grandes y vigorosas que la mía.

Y, porque la amo, estoy dispuesto a permitirle satisfacer tales deseos, incluso a facilitárselo.

Siempre y cuando esté yo presente, claro está.

Vamos a follarnos a mi esposa

 



No es una ocasión extraña, no llevo la cuenta, pero ya es un puñado de veces las que se me presenta una oportunidad como esta, un hombre me conoce un poco más por estar trabajando juntos y luego de contarle como me gusta vivir mi vida se intriga y entre tragos me dice estar interesado en compartir a su esposa en una noche degenerada y llena de placer.


Yo no puedo juzgarlo, también tengo esos momentos donde yo también comparto a mi esposa con algún hombre cuyo temperamento y dotes me parecen indicados para hacer pasar un rato inigualable. Pero en esta ocasión no narraré eso, se trata de la vez en que Gerardo, el socio de negocios de mi jefe vino a ofrecerme.


Luego de un mes estando en mi oficina asesorándose de estrategias económicas y fiscales que por evitar aburrirlos prefiero omitir, poco a poco se fue dando la plática donde las aventuras fueron el punto más acertado… “Si, en alguna ocasión tuve un trio con mi esposa y otro hombre, pero ya hace mucho tiempo y creo que ya va siendo hora de uno más.”


Esas fueron las palabras que, luego de varios whiskies Gerardo me dijo. –Se lo voy a plantear a ver qué me dice, seguro luego de esto ella va permitirme muchas cosas. –Dijo con entusiasmo.


 Y aquí estoy ahora, en la sala de su casa con un vaso de whisky en la mano, la camisa abierta sentado junto a Gerardo medio desnudo, solo con el bóxer en las piernas con la verga de fuera contemplando como su esposa se quita la ropa mientras baila como una zorra de burdel.


Amelia es una mujer hermosa, delgada y un poco alta, con la piel moreno muy claro y preciosos pechos pequeños, unos pezones finos junto con una cintura pequeña y un abdomen donde todos quisieran venirse luego de hacerla gemir como una perra. Tiene 29 años y unos ojos grandes y castaños, unas pestañas largas y aunque no son naturales, la hacen ver aún más sucia de lo que ya se ha vuelto, el cabello negro lacio que le llega a la cintura, se ha despojado de ese vestido rosa entallado y ahora solo nos baila en una tanga transparente que escurre en fluidos ya que, previamente, luego de desinhibirnos con el tercer whisky Gerardo la sentó en medio de nosotros, ella con maestría nos abrió las piernas para que pudiéramos contemplar su vagina deliciosa y apretada. Completamente depilada y ya escurriendo un poco en líquidos brillosos, Amelia comienza a tocarse mientras Gerardo y yo tomamos una de sus pequeñas tetas para mamarlas, ella gime mientras siente pequeñas mordidas en sus pezones, sus dedos se movían frenéticos haciendo que su cuerpo se alterara mucho, finalmente luego de que yo con mis dedos frotara delicioso su clítoris, ella entre gemidos y gritos nos regaló su primer orgasmo, pero ahora era su turno.


Se acomoda frente a nosotros y mientras se va sobre la verga de su esposo me comienza a desabrochar el pantalón, yo no pierdo tiempo y me desnudo en el acto, Amelia tiene ya en sus manos la verga pequeña aunque un poco gruesa de su esposo, también comienza a mamar una verga larga y gorda que no conocía, se inclina de lado para meterse mi verga completa hasta su garganta, al parecer ya llevaba tiempo sin una tan grande pues su garganta no estaba tan ensanchada, Gerardo se acomoda para mamarle la panocha a su esposa, Amelia está encantada con una verga tan rica (según ella) en su boca, mientras que su esposo le receta unas mamadas deliciosas en su clítoris, se nota que Gerardo conoce a su esposa pues no tarda mucho en meter sus dedos y moverlos fuertemente para provocarle un segundo orgasmo, Amelia aprieta mi verga con fuerzas y por momentos y entre sus gemidos me la muerde producto de su locura al sentir que se viene de lo lindo, su mano vuela masturbándome y entre jadeos ella se escurre en la cara de su esposo, es delicioso escucharla gemir como puta mientras se mete una verga en su boca, hasta ese punto y estando así de caliente, es como Amelia se traga toda mi verga en la garganta, con fuerza ella misma empuja su cabeza hasta sentir que tiene toda mi verga en su garganta. Yo miro al techo exclamando de placer, Gerardo esta vuelto un loco mientras Amelia expulsa un chorro de fluidos en la cara de su marido, es increíble, Amelia deja de mamarme la verga y recoge sus piernas tambaleantes para retorcerse un momento en el sillón gimiendo sin parar.


-Me tienen bien caliente, ya no aguanto más, quiero que me cojan al mismo tiempo.


En ese momento ambos nos ponemos de pie como para decidir cómo se va a proceder, la esposa no duda en hincarse y llevarse ambas vergas a la boca nos masturba y gime mientras también escurre de fluidos. No tardamos mucho y los tres nos ponemos de pie tomo sin pensarlo la pierna de la esposa y teniéndola de frente le meto la verga por su vagina extremadamente empapada, me comienzo a mover de lo lindo mientras ella gime  y gime, Gerardo se coloca detrás de ella y esta con su mano lo comienza a masturbar, es obvio que él también quiere cogerla de modo que le saco la verga a la esposa y ahora ella se inclina parándole el culo y de un solo golpe le mete su verga para chocarla como un maldito loco.


Amelia es penetrada por su marido mientras a mi me está dando tremenda mamadota y luego de un rato todos nos incorporamos para ir a la habitación, caminamos desnudos detrás de Amelia que se ve deliciosa con esa piel moreno claro, esas tetas y ese culo delicioso que ya quiero mamar.


Llegamos a la cama y me recuesto boca arriba para que Amelia se monte pero Gerardo la jala para que sea a él a quien se la chupe, entonces acomodo a su esposa en cuatro y me voy sobre ese culito delicioso que ya le tenía muchas ganas. Lo chupo delicioso y abro sus nalgas para saborearlo ella grita y gruñe mientras su esposo es succionado por la puta de su esposa.


-Métesela en el culo David, que no ves que ya está bien caliente.


No tardó mucho en ensalivar mi pene y comenzarlo a clavar en ese culo delicioso, poco a poco entre gritos y fuertes nalgadas mi verga entra completa para comenzar a cogerla, en eso siento como la espalda de Amelia choca en mi pecho y siento que su culo se aprieta y es que Gerardo estando de frente a su mujer, también la está penetrando por la vagina.


Teniendo libertad, entre él y yo nos movemos, el por delante y yo por detrás, haciendo gemir a su puta y besándola y mordiéndola en cada parte, nos movemos más rápido y se escucha cómo Gerardo está gimiendo y sintiendo que se viene.


En efecto Gerardo comienza a venirse dentro de la vagina de su esposa y entre gemidos se va saliendo de ella que escurre en leche.


Continuará…

Entregando a mi esposa por primera vez .

 




Me llamo Pablo, tengo 44 años, físicamente normal en todo, incluida mi polla, muy normalita pero le daba buen uso. Mido 1m 75. Juego todas las semanas a fútbol, para que la tripa no se me eche a perder. Los de mi alrededor dicen que soy un tío abierto, simpático y un punto bromista.


Mi esposa se llama Begoña y tiene 42 años. Mide 1m 70. Físicamente muy bien y no es que lo diga yo solo, cuando muchas veces viene a recogerme después del fútbol, me hago el loco pero veo cómo la miran el culo y si lleva escote el mostrador que enseña, que es magníficamente hermoso y grande. Se quedó así después de un parto doble.


Soy un consumidor ávido de relatos y videos porno. Poco a poco se me metió en la cabeza que quería ver a mi mujer bien follada, pero no por cualquiera, por un tío que estuviera bien y que tuviera un señor POLLÓN. Soy persistente y tenía que conseguir que mi mujer aceptara ir a un local de parejas, a un sex shop o con alguien a la aventura.


Empecé con suavidad, conocía a mi esposa y no quería que se asustara. Quise que leyera relatos, que viera alguna película conmigo pero pasaba. Teníamos baches de convivencia, no que nos peleáramos, nuestros trabajos eran muy normalitos, algunas veces aparecían gastos imprevistos, la ponían de los nervios y había pocas ganas de juerga, además estaban los niños, que ya se enteraban de todo y eso a Begoña la cortaba muchísimo.


De todas maneras empecé a introducir en nuestros encuentros sexuales, pinceladas de que alguien que la había visto me había dicho que cada día estaba más buena. Que era una pena que con ese cuerpo nada más la pudiera follar yo. Que se imaginara que otro tío mientras me la estaba follando le acercaba un pollón a la boca. Me decía que no le gustaba que dijera esas cosas, pero se ponía chorreando y sus orgasmos eran mayores que cuando lo hacíamos normal.


A los tres meses ya la tenía en el bote y un fin de semana dejamos a los niños con la familia. Fuimos a un sex shop, fue un desastre porque a ella no le gustó, decía que se sentía un trozo de carne. Jugué bien mis cartas y fuimos a un local de parejas, según internet el mejor valorado de donde vivimos. Otro fracaso y lo paso mal, no se quedó bien.


Sin decirle nada me puse a buscar por anuncios a un tío que reuniera las condiciones, me llovieron los correos y todos dispuestos a follar ya, eso fue lo que me mosqueo, nada de preámbulos ni nada. Sabía que no le gustaría a Begoña. Mis intentos eran un paso hacia delante y dos o tres hacia atrás. Porque Begoña tampoco quería que nadie se enterase, tenía muchos miedos. Lo bueno es que todos los tíos aceptaban sin rechistar mis condiciones y las de mi esposa.


Para situarnos lo que voy a contar sucedió cuando tenía 39 para 40 años y mi esposa 38 recién cumplidos. Al equipo de fútbol uno de los amigos trajo a un chavalote imponente, un armario empotrado. Se llama Ángel y era más joven que todos nosotros. Estaba haciendo el MIR, me pareció entender que el primer año. La edad exacta no la sabía, pero quien lo trajo nos comentó que era un cerebrito, que aprobó todo a la primera y con unas notas acojonantes. En principio parecía seco hasta decir basta y jugando, en las entradas, cuando te chocabas con él, era como darse contra un muro.




Una vez que nos conocimos y vimos que era un cachondo y a todos nos caía bien. No era de nuestra ciudad y no la conocía bien. Por mi trabajo yo era como un taxista, no me hacía falta GPS, conocía la ciudad como la palma de mi mano. Todos se cambiaban en los vestuarios menos yo, que como no vivía lejos, prefería darme la ducha en mi casa. Hasta que un día por cuestión de prisas, me tuve que duchar en los vestuarios porque luego no me iba a mi casa.


Ese día vi a Ángel desnudo de espaldas, un culo perfecto, unas patorras musculadas y se metió en la ducha, cuando salió me quedé atónito, su polla en flacidez era más del doble de la mía y el primer tío que veía con los huevos depilados. Esa visión me trastorno porque me vino a la mente Begoña. Hasta que llegue a mi casa no deje de pensar en esa polla empalmada que mediría.


Desde ese día a mi esposa no dejaba de hablarle de Ángel y del pollón que tenía el pájaro. Me pregunto la edad y cuando le dije lo que creía, me soltó que ni de coña se iba a acostar con alguien 14 años más joven. Se cerró en el no. De todas maneras mi persistencia la convencería y había que tener todo preparado para cuando ella accediese por lo menos a conocerlo. Cada vez me fui acercando más a Ángel que eso por mi profesión es fácil y tengo un don. Pensaba que ya era el momento de tener esa conversación con él.


Un día le comente que a la hora de comer estaría cerca del hospital donde trabajaba y me dijo que le avisara para comer juntos, que así era menos aburrido. Lo que quedamos le llame, me dijo en el bar donde esperar y allí me fui a coger mesa. Estaba bien y era un sitio de los que había menú del día, mejor imposible. Escogí la mesa más apartada. En los postres ataque y eso que estaba muy nervioso, pero la excitación me daba el valor suficiente.


+ Lo que te voy a contar te parecerá una locura. Lo único que te pido que la conversación quede entre nosotros dos solos.


+ Adelante, seré una tumba.


+ No quiero que piense que no amo a mi mujer, ni que estoy loco. Mi mujer ha disfrutado poco del sexo, aparte de mí. Quiero que lo pase bien con alguien más y se me ha ocurrido pensar en ti.


+ No me esperaba que fuera esto, creía que era un préstamo o algo parecido. Pues me halaga pero no sé qué pensar, qué contestar. Porque tengo mis gustos o manías en el sexo y lo mismo no coinciden con las vuestras.


+ Eso se puede hablar. Pero qué opinas de la propuesta.


+ Sinceridad por sinceridad. No sería la primera vez que participo con una pareja. Antes tendría que ver cómo es tu mujer, porque por el primer sitio que entran las personas es por la vista.


Para ese momento había preparado en mi móvil unos juegos de fotos de Begoña, con ropa, insinuando y alguna desnuda, casi todas esta de la visión de su culo. Ángel no disimulo le gusto lo que vio. Vino la parte en que me pregunto la opinión de mi mujer y le dije la verdad, que todavía no estaba todo bien cocido. Ángel se quedó pensativo, quería decir algo, pero se lo pensaba, no quise interrumpir sus pensamientos.


+ Pablo vamos a suponer que todos estamos de acuerdo. ¿ Hay alguna condición?


+ Si claro.


+ Pues expón esas condiciones.


+ Si Begoña dice en algún momento de parar se acabó. Nada de llamadas a ella sola. Para cualquier cosa que se haga tenemos que estar los tres presentes. Una vez acabo el sexo, si nos encontramos en la calle, como si no hubiera pasado nada. Siempre preservativo. Como ella y yo lo tenemos todo muy hablado, no nos ocultamos nada, digamos que soy el maestro de ceremonia y quien indica cómo se van haciendo las cosas. Nada de secretos hablando bajo, todos nos enteramos de todo. Ahora me dices que te parece?


+ Estoy de acuerdo contigo al 100% en que si ella dice se acabó, se acabó sin ninguna réplica. En el resto poco o nada de acuerdo y a lo que me niego es a que tu seas quien dirija.


+ Podemos hablarlo y buscar un punto de acercamiento.


+ Ahora sí creo que es vuestra primera vez. Para mí ya te he dicho que no lo es. Con los principiantes y no te molestes, ocurre siempre más o menos lo mismo. Os envalentonáis permitiendo a vuestras mujeres follar con otro, pero controlando hasta el milímetro y eso no lo hace un cornudo, porque amigo eres un cornudo a falta de la titulación.


+ Yo no lo veo así. No hay que ser intransigentes, podemos hablarlo, tú cedes yo cedo y nos encontramos a mitad de camino.


+ Tienes mucha labia y se te da bien. Pero no hay encuentros a mitad de camino. Si lo tienes fácil, tu sigue buscando y ya verás cómo el 99,99% de los que encuentres te dirán si a todo y luego cuando estéis enrollados acabáis medio peleados o peleados enteros. Tu mujer se ve que está muy buena y tú la quieres ver conmigo, por ejemplo, es porque ves en ella algo que te indica que le va más la marcha y que la necesita. Es como una botella de champán, está contenido y cuando sueltas un poco el tapón, estalla y eso es lo que tú quieres ver. Pero no lo vas a ver actuando así.


+ Entonces qué propones tú?


+ No propongo nada, eres tú quien te tienes que dar cuenta de lo que en realidad quieres, pero si quieres mi participación, los dos seréis dóciles, haré lo que quiera de vosotros para que hagáis como el tapón de champán y sobre todo tú serás muy obediente, eso sí participando en todo momento.


+ Es que no creo que mi esposa aceptase esos términos.


+ Pues a seguir jugando al fútbol y tomarnos una caña cuando se tercie y esta conversación se queda entre nosotros.


A la semana de esta conversación me vino a recoger Begoña y se lo presenté, aunque disimulo a Begoña le gusto, algo normal. Aunque Ángel no le presto mucha atención o me pareció así. A partir de ese día en nuestras sesiones amatorias, Ángel estaba siempre presente y ella ya no se molestaba. Acabábamos exhaustos y como no me gusta tener secretos con mi esposa, le conté toda la conversación con Ángel. Ella me apoyo en todo. Porque éramos lo que habíamos hablado siempre.


Ángel tuvo una temporada sin aparecer pero era por acumulación de trabajo, hablábamos de vez en cuando por WhatsApp, nos dábamos algún tirito y no mucho más. Me corría por mi cuerpo mucha rabia, un tío que estaba muy bien, que tenía experiencia, que eso era importante y aun estando cerca era un imposible. Pasaba el tiempo y mi firmeza en las condiciones iban mermando. Me retumbaba lo de que los dos seriamos dóciles y además tendría que ser muy obediente. Sabía dónde vivía y no correspondía un sitio así con lo que se gana de MIR, hice indagaciones con el amigo que nos lo presentó. Su padre murió no hacía mucho y le quedó una buena parte de la herencia. Lo suficiente para vivir a todo tren. La vida que hacía no era de todo tren, trabajo, estudiar, deporte y casa. Tenía la teoría de que cuando acabase el MIR se iba a dar la gran juerga, que iba a durar meses. Se veía que era responsable. Durante varios días trate de hacerme el encontradizo, hasta que por fin lo conseguí un día. Me invitó a subir a su casa, que por cierto la cocina era como toda mi casa. Me ofreció una cerveza y nos sentamos a hablar.


+ Ángel todo eso que me cuentas me parece muy interesante, pero quiero saber una cosa, has cambiado en tu opinión?


+ Si te refieres a lo que hablamos, no he cambiado y es una pena porque mira, los resultados de una analítica que dicen que estoy de puta madre y sin ninguna ETS.


+ Hay algo de lo que hablamos que me martillea en la cabeza, eso de ser dóciles y sobre todo que yo sería obediente.


+ Pues porque te haría entrar de lleno en tu papel de cornudo participativo.


+ Eso qué quiere decir?


+ Amigo, eso no lo sabrás nunca, perdiste tu oportunidad de saberlo y yo de enseñártelo.


 



Retomo la conversación anterior y prácticamente no le estaba escuchando, hasta que no pude aguantarme más, tuve que decírselo, ya en mi se había convertido en una necesidad que no quería reconocer.


+ Has ganado, accedo a que se haga como tú dices.


+ Y tu mujer?


+ Tratare de convencerla aunque no sé cuánto me llevará.


+ Sé sincero y será más fácil.


Begoña cuando se entere me iba a montar un pollo de mucho cuidado, por decidir sin ella. En un mes era mi 40 cumpleaños un día especial y un fiestón de cuidado. Coincidía en que era sábado el día perfecto. Comida por la mañana con familia y quería hacer un fiestón por la noche pero solo para tres. Soy transparente, nada más llegar Begoña me preguntaba qué me pasaba, que me encontraba raro. Le hice una seña por estar nuestros hijos y que después hablábamos, ella lo único que quiso saber si era un problema preocupante, le dije que no era ningún problema.


+ A ver qué has hecho esta vez.


+ He hablado con Ángel y le he propuesto que podemos intentarlo sin condiciones.


+ Pero estas tonto o que. Yo no pinto nada? Cómo te atreves a tomar una decisión así por ti mismo.


+ Espera no te precipites. Le he hecho la propuesta pero con el aviso que eres tú la que tienes que dar el sí.


+ Da igual, antes lo tenías que haber hablado conmigo y no quiero hablar más me voy a dormir.


Se marchó muy cabreada y me quede viendo la tv, para dejarla tranquila y no hacer más gorda la pelota. Me quede dormido en el salón sin darme cuenta y me desperté por la mañana cuando Begoña me despertó. No estaba cabreada, estaba como cualquier otra mañana, metiéndonos prisa a todos que llegábamos tarde. Había que dejar pasar unos días y retomar todo. Me sorprendió esa noche cuando después de acostar a los niños, pasó de su programa favorito de la tv y quiso hablar detenidamente.


+ Creo que es hora de dejarse de niñerías y hablar de todo, no como siempre lo hacemos, sacando lo que llevamos más adentro de nosotros, porque no valen ya las tonterías. Qué es lo que quieres de verdad?


+ Pues quiero verte con otro, quiero que disfrutes lo que nunca has hecho de verdad. Quiero hacerlo por ti.


+ Ves Pablo, así no hay manera, coño, que parece que soy una ninfómana que necesita que le den caña. Es como si me estuvieras haciendo un favor y no es así. No te he pedido nunca nada de eso, ni tampoco te lo he insinuado. Y así no, Pablo.


+ Es la verdad, es así, no te miento.


+ Pues si es así, esto se acabó y no se hable más. Pero no se hable más ni ahora ni en la cama, porque en el momento que en la cama hagas cualquier insinuación a Ángel o a quien sea, se acabó. Lo tienes claro? Porque hablo muy en serio y ya sabes que conmigo pocas tonterías.


Me parecía oír a mis tripas. Nos pusimos a ver la tv y dejamos la conversación, en mis adentros sabía que tenía mucha razón en algunas cosas, me sentía fatal y sabía que era el mejor momento, había abierto ella la conversación, dijera lo que dijera no se podía poner peor. Tragué saliva y me decidí.


+ Tienes razón Begoña. No es que no haya sido sincero, pero no lo he sido del todo. Es verdad que quiero verte feliz, pero es verdad, soy injusto lo necesito tanto como tú o más. Solo pensar en verte con otro me pone muy burro.


+ Ves así me gusta que seas de verdad un hombre valiente y sobre todo que no nos tengamos secretos. Te lo he dicho y preguntado muchas veces, va bien, lo hacemos y luego? Porque debemos tener la mente fría y saber que puede abrir una fisura en nuestro matrimonio.


+ Lo he pensado mucho, no te imaginas cuánto. Estoy preparado.


+ Has pensado en que si lo hiciéramos al verme te podrían dar celos? Que puedes pensar que él es mejor en el sexo? Que esas comparaciones pueden hacer más daño.


+ No lo dudes sé que el primer impacto será de un poco de celos pero igual que se eso, sé que lo otro será más, mucho más. Mira solo de pensarlo estoy empalmado ahora mismo.


+ Jejejejeje, siempre igual. Me da algo de miedo y tus condiciones? ¿Ya las has aparcado?


+ Serán nuestras condiciones.


+ Pablo con la mano en el corazón, eran tus condiciones y yo pues mas o menos he estado de acuerdo.


+ Es que no estás de acuerdo con ellas?


+ En la que sí coincidimos en la de que si digo ALTO, se acabó, ni Begoña piénsatelo, Begoña un poco más, NADA. En las demás una vez que se está metida en el follón, no se puede estar pensando en esto, no lo voy a hacer, esto no lo voy a decir, a ver qué hace este tío, todo para que tú no te enfades. De esa manera es imposible porque no se puede pasarlo bien. En el sexo hay que liberarse dejarse llevar.


+ ¿ Y por qué no me lo habías dicho?


+ Porque sabía que no iba a pasar nada con esas condiciones, porque no.


+ Y entonces qué?


+ Pero Pablo tú tienes asumido que si lo hiciéramos pasarías a ser un cornudo, con consentimiento o no.


+ Ya está bien, entérate, es que quiero serlo.


+ Nunca te he oído decirlo tan serio y convencido.


+ ¿ Tú quieres? ¿Te gusta alguien para estar con él?


+ Pues claro que no me importaría si tú lo tuvieras tan claro y es verdad si no fuera por ser tan joven, Ángel sería un buen candidato.


+ Qué más da la edad, está bien físicamente, tiene educación, saber estar.


+ ¿ Y si no le gusto?


+ Jejejejeje, no dudes de que le gustas.


+ ¿ Y qué tienes pensado?


+ Qué mejor regalo por mi cumpleaños.


+ Jejejejeje, nos tendríamos que poner un lacito de regalo? Jejejejeje.


+ No hace falta lacito. Lo que sí debemos tener claro, si lo hacemos, es que él será el que mande.


+ Por mí no hay problema, con decir ALTO, se acabó pero si te manda a ti hacer algo, ya sabes, imagina.


+ Estoy abierto a todo y salvo que tú protestes de momento voy con mente abierta.


+ Si que me sorprendes y a mí no me va a molestar nada, mas me pondría, Jejejejeje, lo mismo te lo mando yo.


+ Mientras llega el día, lo que tenéis que hacer es hablar entre vosotros y ver si tenéis feeling y para que veas, ni te preguntare que habláis ni espiare, de hacer algo, solo será preguntarte como va vuestros avances, sin detalles.


Quedamos de esa manera, tuvimos esa noche, una de las mejores de sexo y me quede muy a gusto en todos los sentidos, me relajo la conversación. (lógicamente la conversación no es textual porque no la recuerdo bien, pero fue más larga y se aproxima lo más fielmente posible) El siguiente paso fue hablar con Ángel, le pareció muy bien y empezó ya mandando, quiso que Begoña se pusiera en contacto con él. A Begoña no le pareció muy bien pero lo hizo, tal vez por curiosidad y mucho por satisfacerme a mí.


Mientras me dedicaba a preparar el día de mi cumpleaños, sobre todo la noche. Porque hubo más problemas para hacerlo, porque mis amigos y parte de mi familia querían venir, les convencí diciendo que había reservado un sitio muy especial para Begoña y para mí, no sabiendo nada ella, que me tenían que guardar el secreto y eso calmó las ganas de juerga de mis amigos.


Durante esos días no paramos de follar, ya no era hacer el amor, era FOLLAR como adolescentes. Era por las conversaciones seguro. Cuando le preguntaba que si avanzaban, me devolvía una sonrisa excitante porque estaban los niños por los alrededores. Lo que sé es que estaba todo el día mojada y predispuesta a hacer lo que fuera. Claro le decía cómo era el desnudo y le contaba lo que le íbamos a hacer y ya llega el día que mi mujer iba a ser entregada a otro hombre.


Mi mujer se fue a la peluquería y llegó con el tiempo justo, no la notaba nerviosa y lo cierto es que yo tampoco. Ángel hizo amistad rápidamente con algunos invitados y a los del fútbol los conocía a todos. Cercanas las 6 de la tarde nos despedimos y nos fuimos. Habíamos quedado a las 9 de la noche y nada mas despedirnos, me note mas que nervioso con ansiedad y a Begoña si la note nerviosa. Quería llegar a casa y follar, me tachó de loco, porque se tenía que arreglar. Me queje porque ya estaba arreglada y me dijo que era tonto. En mi casa hay un baño en nuestra habitación y uno en el pasillo. Se metió en el de la habitación y que no la molestase.




Yo iba vestido igual, ella a las 8,30 salió de la habitación ya arreglada. Me dejó sin respiración. Llevaba un maquillaje perfecto. La boca era más apetecible. Un vestido que me encantaba, negro, espalda descubierta, sin sujetador y por delante un escote que la hacía fascinante. Porque se le veían parte de los pechos, pero no se veían al completo, aunque daba la sensación de que se le iban a ver. Su cara era de mujer fatal. Estaba previsto de que si ella me hacía una señal en concreto, nos iríamos a un hotel. Ya íbamos a salir, cuando se levantó el vestido y llevaba unas medias que nunca había visto, no llevaban liguero, pero era como si lo llevaran, porque eran como de una pieza, quedando si no llevara el tanga que llevaba, el coño al aire, no era necesario quitar las medias. Se dio una vuelta y por detrás se le veía todo el culo, llevaba una cinta metida entre las nalgas.


Quien se puso nervioso ahora era yo. No sabía cómo se iba a desarrollar la noche. Todo lo que sabía era que íbamos a cenar a un sitio a las afueras y a tomar una copa a un sitio que había buscado Ángel al igual que eligió el restaurante. Nos retrasamos un poco por el mierda del GPS, pero llegamos y Ángel que no era de aquí, había llegado antes que nosotros, el truco estuvo en que fue en un UBER, así cualquiera. El lugar era muy bonito, pero donde Cristo perdió las sandalias. Lo hizo para que nos sintiéramos más cómodos de alguien que nos pudieran conocer, todo un detalle. Si adulando y halagando, era igual follando iba a ser un éxito. Porque no paro de hacerlo con mi esposa y a ella no tenía que preguntarle, porque sus ojos brillaban.


El tío no se cortaba, cada dos por tres miraba en dirección a las tetas de mi mujer, que tenía que estar muy burra, porque los pezones empezaban a marcarse, aunque no se le veían bien por el pañuelo que cubría sus hombros y que caía sobre sus pechos. Durante la cena, estaba pendiente de ver si Begoña me hacía alguna indicación que me dejara saber lo que quería, pero no hacía nada, se limitaba a sonreír, a reír y hablar por los codos. Acabamos y como él no llevaba coche se vino en el nuestro. Se sentó detrás, a pesar de que Begoña le ofreció ir delante. Se sentó exactamente detrás de ella y se apoyó en su respaldo echándose hacia adelante y hablando con nosotros. Trataba de verle cuando podía, no todo lo que quería, porque había metido la dirección que me dio en el GPS y tenía que estar pendiente.


No habíamos estado nunca por esa zona, se veía un sitio como muy bohemio y las personas que entraban eran más de la edad de Begoña y mía que de la de Ángel. Había más parejas que hombres solos. Mujeres solas solo vi a dos. Había un quinteto tocando en directo y la vocalista era una mujer, cantaban lo que es música melancólica. Se podía hablar entre nosotros sin necesidad de gritar, estaba bien. Los lugares para sentarse eran como herraduras, y una mesa redonda y un asiento corrido que tenía una pequeña abertura, para poder entrar a sentarse. Como es razonable Begoña quedó sentada entre los dos, si quería salir a algo, uno de los dos nos teníamos que salir antes. Se quitó el pañuelo del cuello y cómo estaban sus pezones. Eso me indicaba que había muchas posibilidades. Había varias parejas bailando al son de la música, muy pegaditas. Ángel sin que nos lo esperáramos, invito a mi mujer a bailar. A Begoña le gusta bailar más que a mí.


Begoña siempre tan segura, dudo, me miro y esperaba que dijera algo, pero me pasaba como a ella, me quedé en blanco. La cogió por su mano y se la llevó. Esa fue la primera sensación de celos y de excitación, sensación cruzada. Porque me la imaginaba pegada a él y ella notando como iba empalmándose y ella notándolo, porque si crecía en proporción a lo que vi, se notaría mucho. Aunque el sitio de por si era oscuro, se les podía ver. Al principio Begoña tenía colocado sus brazos de tal forma, que era imposible pegarse a ella y además veía los labios de ambos moverse, por lo que hablaban. Poco después ya no hablaban y estaban muy pegados. Trataba de fijarme en las manos de él, que empezaron a mitad de la espalda y ya estaban en el inicio de sus nalgas. De un poco de celos pase a estar con una erección de caballo. Volvieron a la mesa y Begoña pletórica. Mi mujer sin hacerme ninguna señal.


Podía ser que se estuviera calentando y luego simplemente vuelta a casa y desahogarnos entre nosotros. Pedimos otra consumición y quien le hizo la seña a mi mujer fui yo y ella no se dio por aludida. Hasta que por fin Ángel dijo que iba al aseo, sería mi oportunidad de hablar con Begoña, no sé si Ángel lo hizo a posta, pero me venía muy bien.


+ Que pasa, ¿todavía no tienes claro lo que vamos a hacer?


+ No lo tengo muy claro, aunque el sí.


+ ¿Estas segura de que el sí?


+ A ver cómo te lo cuento, en el coche ha pasado su mano derecha por detrás y me ha estado tocando el pecho derecho sin darte cuenta y aquí bailando, se ha puesto muy contento y se le ha notado algo muy duro.


+ ¿Entonces qué?


+ Pues creo mejor esperar a una segunda salida.


+ Te dije que no insistiría, pero, vale lo que tu digas.


+ Por eso será mejor que nos vayamos cuanto antes. Hazlo por mí por favor.


Pues otra vez seria, me sabia muy mal, porque ya me había ilusionado. Ángel venía tan sonriente y el pobre no sabía lo que le esperaba. Me levante a pagar y los deje solos, por si mi mujer cambiaba de opinión y no me daba prisa por pagar. Los vi hablándole Ángel al oído, ella sonriendo, con la mirada un poco perdida y en cuanto me vio, le dio un manotazo, cariñoso, para que se apartara. Y me tocó decir que nos íbamos. Mientras caminábamos a donde estaba el coche aparcado, iba pensando cómo decir, sin que sonase brusco, que cada uno se iba a su casa y tratando de que entendiera que quedaba una puerta abierta.


Begoña de nuevo le ofreció ir delante y ella detrás, esta vez aceptó. Abrió muy gentilmente la puerta a Begoña mientras yo abría la mía y una vez que Begoña se sentó él se metió con ella. Me quedé asombrado y no dije nada. Por el retrovisor vi la cara de Begoña que denotaba el mismo asombro. Arranque y cuando iba a echar marcha atrás y de paso preguntarle a Ángel que donde le dejábamos, se besaba con Begoña, que al principio hizo amago de no dejarse y al final lo atrapaba bien con sus brazos. les deje y sin quitar ojo empecé a conducir lentamente y esperando que pararan para preguntar. Oía a Begoña jadear profundamente y aunque no podía verlo estaba seguro que la estaba metiendo mano.


Hice una pregunta tontísima si lo pienso ahora. Les pregunté que a donde íbamos y jadeando Begoña, casi enfadada me respondió, “a donde vamos a ir mi amor, qué preguntas tienes, a casa, a casa que te voy a regalar unos buenos cuernos por tus 40 años” estaba fuera de sí, la conozco bien y lo sabía, segunda pregunta incorrecta por mi parte y contestación que casi me hace correrme, le pregunte si íbamos a un hotel mejor, “que hotel ni que tontería, a casa, a nuestra cama, que el regalo sea por todo lo grande, en nuestra propia cama” acelere porque tenía la necesidad de llegar cuanto antes.


Veía a mi mujer recostada contra el respaldo, los ojos cerrados, haciendo gestos con la boca, bien la abría o la cerraba apretando sus labios, mordiéndoselos, dejándolos abiertos, su pecho que subía y bajaba cada vez más acelerada. Hasta que estando cerca de nuestra casa estalló en un resonante orgasmo, que aunque quiso ser comedida, en un habitáculo tan pequeño, hizo que resonara en mis oídos y estuve a punto de perder el control del coche, de cómo me puse. A Begoña no era fácil hacerla tener un orgasmo con los dedos y mucho menos en tan poco tiempo, por lo que quería decir o que yo era muy torpe o Ángel tenía mucha experiencia con las manos. Menos mal que nos metemos en el parking de la casa, porque ver a mi mujer salir sería un poco sospechoso.


Subimos en el ascensor muy formales y sin hablar, aunque Begoña llevaba la cabeza medio agachada. Estaba nerviosa y muy cachonda. Ya estábamos en nuestra casa, Begoña me mandó al salón con Ángel, mientras ella iba al baño y a despejar la habitación, que era verdad, habían quedado cosas por encima de la cama. No sabía ni que decirle a Ángel, lo que se me ocurrió para entablar conversación, “bueno que tal” y Ángel muy expresivo y señalándose a la bragueta, “pues mira cómo me ha puesto tu mujer, menuda mujer que tienes, vaya suerte, tocarla ha sido un placer, que bien lo vamos a pasar si no se echa atrás en este rato” mire su bragueta y me aturdí, porque parecía que tuviera un tubo metido en sus pantalones, que se marcaba hacia su lado izquierdo, pero de una manera exagerada.


Al ver que Begoña tardaba, me disculpé con Ángel mientras le servía una coca cola que es lo que pidió y fui a la habitación. Ya salía Begoña, la pare y no la deje salir, la bese y le metí mi mano para tocarla y estaba más mojada que nunca. “Me tenéis como un burro, ¿lo sabías? Y le he visto la montaña que marca su pantalón y parece más grande de lo que pensaba, tengo ganas de verla en tu boca” Begoña, me acarició la cabeza, “lo veras, lo veras, como veras como te crecen los cuernos de golpe y ya sé que estás cachondo se te nota, que guarro estas empalmado, esta noche descubriremos si vas a ser un buen cornudo o es todo de boquilla” le respondía mientras me tocaba mi polla, con más sinceridad y complicidad que nunca “te voy a amar más y quiero hacer todo lo que te haga a ti más feliz y todo lo que te ponga mas cachonda” me remato al punto de que casi me corro cuando me dijo, “pues no hagamos esperar a mi nuevo macho”


No la había visto así nunca, tan suelta y resuelta, con ese lenguaje que en vez de molestarme me gustaba. Ángel estaba sentado en el sillón de tres piezas, Begoña se sentó junto a él y cuando me iba a sentar en el mismo, Ángel me dijo que en el otro tendría mejor visión. Poco tardó Ángel en empezar a besar a Begoña, que le respondía como una quinceañera, al principio nerviosa y después como una puta desorejada. Ella solo le tocaba el pecho, mientras él la acariciaba por todas las partes. Habilidoso era hasta decir basta, porque le quitó sus diminutas bragas en nada, Ángel me las lanzó y me dijo que las aprovechara para hacerme una paja. A Begoña le costó un poco más y le desabrocho el pantalón, como se movió, veía su muslos y su culo, pero no lo que quería ver. Vi cómo manipulaba con sus manos hasta que exclamó, “Dios bendito, Pablo menudo ojo, no te lo vas a creer” acércate” me levanté y tenía razón, sus manos que no son pequeñas no abarcaban ese pollón terrorífico.


Trate de disimular que se me notara que tenía una polla bellísima. Su tamaño, su forma y su capullo. Begoña ya no se cortaba, “que jodido eres, si te ha gustado, estas casi babeando, dímelo ¿te ha gustado verdad?” y no quería mentir a mi mujer pero no me salían las palabras y moví la cabeza afirmativamente. Se comportaba como lo que siempre había querido, como una puta y la demostración cuando me dijo, “si te portas bien te la dejare tocar y quien sabe, a lo mejor te dejo que la comas conmigo” y empezó a lamer todo su tallo desde los cojones que eran grandes y bien pegados, hasta el capullo, donde lamia más y con más ganas.


Ya no me anduve con miramientos, puse una silla pegada a ellos, sin molestar, me desnude y con las bragas mojadas de mi mujer inicie a tocarme. Begoña con mas nervios que pericia desnudaba a Ángel, cuando lo logró, le miró con cara de furcia y me gustaba verla con esa mirada. Se puso de pie y se quitó su vestido muy sensualmente mirando a su nuevo amigo. Quedó desnuda pero con algo que no había visto nunca, ahora lo veía mejor que cuando me lo enseño, era entre panty y medias con liguero, de una sola pieza y que dejaba su coño y su culo sin tener obstáculos, se la veía más imponente. Ángel con cierta fuerza, la tumbó en el sillón y metió su cabeza entre sus muslos. Begoña se volvió majara, porque gritaba, le animaba a seguir haciéndolo, me busco con su mirada y no dejaba de mirarme a los ojos, nos decíamos todo con nuestras miradas y cuando se corrió, sentí que esa corrida no era solo de ellos dos, era más de nosotros que de Ángel.


Ella quería seguir comiéndose esa polla y se fue como una loba hambrienta, Ángel ante mi estupefacción, agarró con muy mala leche la cabellera de Begoña, impidiéndole que se acercara a su polla, Begoña dio un grito porque no se lo esperaba, me quede parado, con mi polla en la mano y ver que hacían, sobre todo mi mujer, silo mandaba a tomar por culo o que, que le daba ese joven que mi mujer le decía, “te he entendido, eres quien manda y vosotros solo somos el cornudo y la puta de su mujer, haz lo que quieras” ver esa entrega hizo que me la meneara con más ganas. Se levantó y le azoto el culo, que siempre que lo había hecho yo me había “amenazado” con devolvérmelas, y le dijo que le llevara a su habitación. Parecía una reina, andando con sus zapatos de tacón y meneando ese culo como exhibición a su nuevo macho.


Se tiró en la cama, se empezaron a acariciar y besar, Ángel le susurraba cosas al oído que no podía oír, en algunos momentos mi mujer ponía risa de furcia. Una de esas veces, mi mujer respondió que le encantaría. “Cuando esté Ángel, te llamaré cornudo, ¿OK? y ahora haz los honores, coge su polla y colócala que lo voy a cabalgar” no le conteste nada a su pregunta, la hizo para que el la oyera, porque en nuestras relaciones sexuales ya nos tratábamos de puta y cornudo y más cosas. Fue lo más, primero ponerle el preservativo y agarrarla para que mi mujer se fuera sentando sobre semejante ariete. Nadie se puede imaginar el gustazo que me dio. Begoña se fue sentando despacio, y su coño se fue tragando el pollón, cuando quedó sentada del todo en Ángel, me miró, sonrió y me dijo que se sentía especial.


Se ponía fuera de sí montándole, su ritmo era frenético y Ángel se dirigió a mí, “no esperes mas cornudo, métele tu polla en el culo a tu mujer, que por fin va a tener dos para ella” se tumbó sobre él y su culo no era virgen, mi polla entra mejor que nunca, como gritaba y como nos decía que los había visto más fuertes. Estaba tan excitado que no pude aguantar lo que quería y lo que era habitual, me corrí como la primera vez de un adolescente. Lo bueno que me ponía tan cachondo ver a mi mujer follada de forma bruta, que me empalme como nunca de nuevo. Otro orgasmo más para Begoña y el tío seguía dándole caña de la buena, porque le vinieron varios orgasmos seguidos. Ángel aviso a Begoña de que no se parase que se corría y Begoña se desmonto, le arrancó literalmente el preservativo y le comía la polla hasta que me di cuenta de que se estaba corriendo. Glotona, glotona, lo que le gustaba la leche de polla.


Acabo, me miro y me dijo, “una leche de categoría, de primera clase, riquísima, ven dame un beso” me acerque y le di un beso con lengua, le sabía a polla toda su boca. Se iba a ir y mi mujer muy amable le dijo que se diera una ducha antes, que no saliera así. Me pidió que trajera una toalla de baño del mueble del pasillo. Se la iba a llevar al baño y mi mujer me dijo, “de eso nada cornudo, la llevo yo que tiene que rematar el jovencito” fue al baño y yo detrás. Dejó la toalla en una percha y se metió con él en la ducha. Por los adornos del cristal no se distinguía justo el centro de sus cuerpos. Begoña se dio la vuelta, se agarró a un soporte de la ducha y él le metía unos meneos desde atrás, que provocan, gritos, gemidos, lamentos de placer. Se la estaba follando y me daba miedo porque no se había llevado un preservativo. No era lo acordado y en vez de cabrearme, paja al canto.



Solo oía correrse a Begoña, me despistaba y como chillaba más que de costumbre ya no sabía si se corría o no. Cojones como gritaba él, parecía un toro embistiendo y berreando. Se dejó de oírles y ya solo se oía el agua. Salió, se secó, se vistió y me dijo que no hacía falta que le acompañase. Begoña salió y sin mucho convencimiento le reproche que se hubiera corrido en su coño. Se río, se dio la vuelta, se agachó, abrió sus nalgas y menudo abertura de ojete y soltando leche. Me asombre de que le hubiera entrado y mi mujer me dijo que le había gustado más que por delante. Una vez Ángel nos dejó solos, volvimos a follar y mientras lo hacíamos me entraron unas ganas terrible de follarme su culo y saber que se sentía con la leche de otro, cuando le dije que se diera la vuelta que quería darle por detrás, me sonrió, me dijo que me quería y se tumbó boca abajo, algunos de los que lo lean pensara que fue una guarrada, pero tuve un corrida distinta, única y de un placer de otra dimensión. Se quedó dormida, había sido muy agotador. Me dormí acurrucado a ella.


 

Mi primer BBC con permiso de mi marido

 


Pues sabiendo nuestra política de si yo cojo tu tampoco, mi marido en días pasados viajó a la CDMX y dentro de los representantes de marca conoció a una chica que tenía la marca de laos corazones negros, es decir era hotwife. Esa noche me contacto, acordamos que se la cogería y que ella me prestaría a su pareja que casualmente estaba de visita en Guadalajara por trabajo.

Yo no andaba de humor esa noche, era complicado así que después de ver la foto que ella tam amablemente me envió pues accedí. Era la foto del miembro de su pareja con una regla y marcaba 26cm pero como no se veía el inicio de la regla así que no lo creí pero igual estaba gruesa y venuda.


Lo contacte, platicamos y nos pusimos de acuerdo, le dije como quería que me cogiera (me gustan los temas) y nos íbamos a ver en un motel cercano al lugar donde se hospedaba. Organice todo, tome mi auto y me fui al motel y ahi lo espere.

En lo que el llegaba estábamos platicando por chat, le platique la fantasia que tenía con el y le pedi que en cuanto pasara, se pusiera el condón yo estaría con un antifaz y no lo queria ver, solo sentir.



Al llegar me avisaron de recepción, lo deje que pasar y le deje escrita una nota mas exacta sobre la escalera, siguió mis instrucciones y cuando estuvo listo me llamó.....

Con venda en lo ojos me ayudo a bajar y siguió mis instrucciones.

Nos subimos al auto, yo de copiloto llevo mi mano a su pantalón y ahi empece a tocarla, desabroche y empece a chupar, con condón claro.

Cuando ya estaba bien dura me saco del carro y subimos las escaleras, ahi me puso contra la pared, baja mi tanga a media pierna y me empezó a tocar mis senos y mi clitoris, cuando ya estaba super mojada levanto un poco mi falda y puso su pene entre mis piernas, justo a la entrada de mis labios y lo empezó a mover despacio muuuy despacio, con la mano sentía como tocaba su verga y mi clitoris y poco a poco empezó a meter la puntita.


Practicamente me partió en dos, intente abarcarla con mi mano pero no cerraban mis dedos pulgar y medio sobre ella y se sentia!!! Ufff...le pedi que fuera gentil y me la dejara ir de golpe y así lo hizo, me dolió, me ardió no podia moverme porque me dió un calambre pero no me entro toda. Se me salió una lágrima entre placer y dolor.

Mordisque desde cuello y espalda hasta mi culito y clitoris y subimos al cuarto.

Me quito la ropa, me puse en cuatro y no me detuve hasta que estuvo toda adentro, de ahi en adelante todo fue historia, en algún momento mientras me estaba dando verga se rompió el condón asi que cuando se vino me llenó y cuando me la sacó pues me quede estilando me levante y fuí a bañarme y su semen ya llegaba a mis rodillas. 


No me dejo bañarme, quería que sus mecos me lubricaran y asi fué todo el tiempo lo hicimos en muchas posisciones y quede como cream Pie.

Muy rico, espero volverte a ver mi negro, sentí lugares en mi cuerpo que no sabia que existían y todavía siento que tu verga palpita dentro de mi.