Me llamo Pablo, tengo 44 años, físicamente normal en todo, incluida mi polla, muy normalita pero le daba buen uso. Mido 1m 75. Juego todas las semanas a fútbol, para que la tripa no se me eche a perder. Los de mi alrededor dicen que soy un tío abierto, simpático y un punto bromista.
Mi esposa se llama Begoña y tiene 42 años. Mide 1m 70. Físicamente muy bien y no es que lo diga yo solo, cuando muchas veces viene a recogerme después del fútbol, me hago el loco pero veo cómo la miran el culo y si lleva escote el mostrador que enseña, que es magníficamente hermoso y grande. Se quedó así después de un parto doble.
Soy un consumidor ávido de relatos y videos porno. Poco a poco se me metió en la cabeza que quería ver a mi mujer bien follada, pero no por cualquiera, por un tío que estuviera bien y que tuviera un señor POLLÓN. Soy persistente y tenía que conseguir que mi mujer aceptara ir a un local de parejas, a un sex shop o con alguien a la aventura.
Empecé con suavidad, conocía a mi esposa y no quería que se asustara. Quise que leyera relatos, que viera alguna película conmigo pero pasaba. Teníamos baches de convivencia, no que nos peleáramos, nuestros trabajos eran muy normalitos, algunas veces aparecían gastos imprevistos, la ponían de los nervios y había pocas ganas de juerga, además estaban los niños, que ya se enteraban de todo y eso a Begoña la cortaba muchísimo.
De todas maneras empecé a introducir en nuestros encuentros sexuales, pinceladas de que alguien que la había visto me había dicho que cada día estaba más buena. Que era una pena que con ese cuerpo nada más la pudiera follar yo. Que se imaginara que otro tío mientras me la estaba follando le acercaba un pollón a la boca. Me decía que no le gustaba que dijera esas cosas, pero se ponía chorreando y sus orgasmos eran mayores que cuando lo hacíamos normal.
A los tres meses ya la tenía en el bote y un fin de semana dejamos a los niños con la familia. Fuimos a un sex shop, fue un desastre porque a ella no le gustó, decía que se sentía un trozo de carne. Jugué bien mis cartas y fuimos a un local de parejas, según internet el mejor valorado de donde vivimos. Otro fracaso y lo paso mal, no se quedó bien.
Sin decirle nada me puse a buscar por anuncios a un tío que reuniera las condiciones, me llovieron los correos y todos dispuestos a follar ya, eso fue lo que me mosqueo, nada de preámbulos ni nada. Sabía que no le gustaría a Begoña. Mis intentos eran un paso hacia delante y dos o tres hacia atrás. Porque Begoña tampoco quería que nadie se enterase, tenía muchos miedos. Lo bueno es que todos los tíos aceptaban sin rechistar mis condiciones y las de mi esposa.
Para situarnos lo que voy a contar sucedió cuando tenía 39 para 40 años y mi esposa 38 recién cumplidos. Al equipo de fútbol uno de los amigos trajo a un chavalote imponente, un armario empotrado. Se llama Ángel y era más joven que todos nosotros. Estaba haciendo el MIR, me pareció entender que el primer año. La edad exacta no la sabía, pero quien lo trajo nos comentó que era un cerebrito, que aprobó todo a la primera y con unas notas acojonantes. En principio parecía seco hasta decir basta y jugando, en las entradas, cuando te chocabas con él, era como darse contra un muro.

Una vez que nos conocimos y vimos que era un cachondo y a todos nos caía bien. No era de nuestra ciudad y no la conocía bien. Por mi trabajo yo era como un taxista, no me hacía falta GPS, conocía la ciudad como la palma de mi mano. Todos se cambiaban en los vestuarios menos yo, que como no vivía lejos, prefería darme la ducha en mi casa. Hasta que un día por cuestión de prisas, me tuve que duchar en los vestuarios porque luego no me iba a mi casa.
Ese día vi a Ángel desnudo de espaldas, un culo perfecto, unas patorras musculadas y se metió en la ducha, cuando salió me quedé atónito, su polla en flacidez era más del doble de la mía y el primer tío que veía con los huevos depilados. Esa visión me trastorno porque me vino a la mente Begoña. Hasta que llegue a mi casa no deje de pensar en esa polla empalmada que mediría.
Desde ese día a mi esposa no dejaba de hablarle de Ángel y del pollón que tenía el pájaro. Me pregunto la edad y cuando le dije lo que creía, me soltó que ni de coña se iba a acostar con alguien 14 años más joven. Se cerró en el no. De todas maneras mi persistencia la convencería y había que tener todo preparado para cuando ella accediese por lo menos a conocerlo. Cada vez me fui acercando más a Ángel que eso por mi profesión es fácil y tengo un don. Pensaba que ya era el momento de tener esa conversación con él.
Un día le comente que a la hora de comer estaría cerca del hospital donde trabajaba y me dijo que le avisara para comer juntos, que así era menos aburrido. Lo que quedamos le llame, me dijo en el bar donde esperar y allí me fui a coger mesa. Estaba bien y era un sitio de los que había menú del día, mejor imposible. Escogí la mesa más apartada. En los postres ataque y eso que estaba muy nervioso, pero la excitación me daba el valor suficiente.
+ Lo que te voy a contar te parecerá una locura. Lo único que te pido que la conversación quede entre nosotros dos solos.
+ Adelante, seré una tumba.
+ No quiero que piense que no amo a mi mujer, ni que estoy loco. Mi mujer ha disfrutado poco del sexo, aparte de mí. Quiero que lo pase bien con alguien más y se me ha ocurrido pensar en ti.
+ No me esperaba que fuera esto, creía que era un préstamo o algo parecido. Pues me halaga pero no sé qué pensar, qué contestar. Porque tengo mis gustos o manías en el sexo y lo mismo no coinciden con las vuestras.
+ Eso se puede hablar. Pero qué opinas de la propuesta.
+ Sinceridad por sinceridad. No sería la primera vez que participo con una pareja. Antes tendría que ver cómo es tu mujer, porque por el primer sitio que entran las personas es por la vista.
Para ese momento había preparado en mi móvil unos juegos de fotos de Begoña, con ropa, insinuando y alguna desnuda, casi todas esta de la visión de su culo. Ángel no disimulo le gusto lo que vio. Vino la parte en que me pregunto la opinión de mi mujer y le dije la verdad, que todavía no estaba todo bien cocido. Ángel se quedó pensativo, quería decir algo, pero se lo pensaba, no quise interrumpir sus pensamientos.
+ Pablo vamos a suponer que todos estamos de acuerdo. ¿ Hay alguna condición?
+ Si claro.
+ Pues expón esas condiciones.
+ Si Begoña dice en algún momento de parar se acabó. Nada de llamadas a ella sola. Para cualquier cosa que se haga tenemos que estar los tres presentes. Una vez acabo el sexo, si nos encontramos en la calle, como si no hubiera pasado nada. Siempre preservativo. Como ella y yo lo tenemos todo muy hablado, no nos ocultamos nada, digamos que soy el maestro de ceremonia y quien indica cómo se van haciendo las cosas. Nada de secretos hablando bajo, todos nos enteramos de todo. Ahora me dices que te parece?
+ Estoy de acuerdo contigo al 100% en que si ella dice se acabó, se acabó sin ninguna réplica. En el resto poco o nada de acuerdo y a lo que me niego es a que tu seas quien dirija.
+ Podemos hablarlo y buscar un punto de acercamiento.
+ Ahora sí creo que es vuestra primera vez. Para mí ya te he dicho que no lo es. Con los principiantes y no te molestes, ocurre siempre más o menos lo mismo. Os envalentonáis permitiendo a vuestras mujeres follar con otro, pero controlando hasta el milímetro y eso no lo hace un cornudo, porque amigo eres un cornudo a falta de la titulación.
+ Yo no lo veo así. No hay que ser intransigentes, podemos hablarlo, tú cedes yo cedo y nos encontramos a mitad de camino.
+ Tienes mucha labia y se te da bien. Pero no hay encuentros a mitad de camino. Si lo tienes fácil, tu sigue buscando y ya verás cómo el 99,99% de los que encuentres te dirán si a todo y luego cuando estéis enrollados acabáis medio peleados o peleados enteros. Tu mujer se ve que está muy buena y tú la quieres ver conmigo, por ejemplo, es porque ves en ella algo que te indica que le va más la marcha y que la necesita. Es como una botella de champán, está contenido y cuando sueltas un poco el tapón, estalla y eso es lo que tú quieres ver. Pero no lo vas a ver actuando así.
+ Entonces qué propones tú?
+ No propongo nada, eres tú quien te tienes que dar cuenta de lo que en realidad quieres, pero si quieres mi participación, los dos seréis dóciles, haré lo que quiera de vosotros para que hagáis como el tapón de champán y sobre todo tú serás muy obediente, eso sí participando en todo momento.
+ Es que no creo que mi esposa aceptase esos términos.
+ Pues a seguir jugando al fútbol y tomarnos una caña cuando se tercie y esta conversación se queda entre nosotros.
A la semana de esta conversación me vino a recoger Begoña y se lo presenté, aunque disimulo a Begoña le gusto, algo normal. Aunque Ángel no le presto mucha atención o me pareció así. A partir de ese día en nuestras sesiones amatorias, Ángel estaba siempre presente y ella ya no se molestaba. Acabábamos exhaustos y como no me gusta tener secretos con mi esposa, le conté toda la conversación con Ángel. Ella me apoyo en todo. Porque éramos lo que habíamos hablado siempre.
Ángel tuvo una temporada sin aparecer pero era por acumulación de trabajo, hablábamos de vez en cuando por WhatsApp, nos dábamos algún tirito y no mucho más. Me corría por mi cuerpo mucha rabia, un tío que estaba muy bien, que tenía experiencia, que eso era importante y aun estando cerca era un imposible. Pasaba el tiempo y mi firmeza en las condiciones iban mermando. Me retumbaba lo de que los dos seriamos dóciles y además tendría que ser muy obediente. Sabía dónde vivía y no correspondía un sitio así con lo que se gana de MIR, hice indagaciones con el amigo que nos lo presentó. Su padre murió no hacía mucho y le quedó una buena parte de la herencia. Lo suficiente para vivir a todo tren. La vida que hacía no era de todo tren, trabajo, estudiar, deporte y casa. Tenía la teoría de que cuando acabase el MIR se iba a dar la gran juerga, que iba a durar meses. Se veía que era responsable. Durante varios días trate de hacerme el encontradizo, hasta que por fin lo conseguí un día. Me invitó a subir a su casa, que por cierto la cocina era como toda mi casa. Me ofreció una cerveza y nos sentamos a hablar.
+ Ángel todo eso que me cuentas me parece muy interesante, pero quiero saber una cosa, has cambiado en tu opinión?
+ Si te refieres a lo que hablamos, no he cambiado y es una pena porque mira, los resultados de una analítica que dicen que estoy de puta madre y sin ninguna ETS.
+ Hay algo de lo que hablamos que me martillea en la cabeza, eso de ser dóciles y sobre todo que yo sería obediente.
+ Pues porque te haría entrar de lleno en tu papel de cornudo participativo.
+ Eso qué quiere decir?
+ Amigo, eso no lo sabrás nunca, perdiste tu oportunidad de saberlo y yo de enseñártelo.
Retomo la conversación anterior y prácticamente no le estaba escuchando, hasta que no pude aguantarme más, tuve que decírselo, ya en mi se había convertido en una necesidad que no quería reconocer.
+ Has ganado, accedo a que se haga como tú dices.
+ Y tu mujer?
+ Tratare de convencerla aunque no sé cuánto me llevará.
+ Sé sincero y será más fácil.
Begoña cuando se entere me iba a montar un pollo de mucho cuidado, por decidir sin ella. En un mes era mi 40 cumpleaños un día especial y un fiestón de cuidado. Coincidía en que era sábado el día perfecto. Comida por la mañana con familia y quería hacer un fiestón por la noche pero solo para tres. Soy transparente, nada más llegar Begoña me preguntaba qué me pasaba, que me encontraba raro. Le hice una seña por estar nuestros hijos y que después hablábamos, ella lo único que quiso saber si era un problema preocupante, le dije que no era ningún problema.
+ A ver qué has hecho esta vez.
+ He hablado con Ángel y le he propuesto que podemos intentarlo sin condiciones.
+ Pero estas tonto o que. Yo no pinto nada? Cómo te atreves a tomar una decisión así por ti mismo.
+ Espera no te precipites. Le he hecho la propuesta pero con el aviso que eres tú la que tienes que dar el sí.
+ Da igual, antes lo tenías que haber hablado conmigo y no quiero hablar más me voy a dormir.
Se marchó muy cabreada y me quede viendo la tv, para dejarla tranquila y no hacer más gorda la pelota. Me quede dormido en el salón sin darme cuenta y me desperté por la mañana cuando Begoña me despertó. No estaba cabreada, estaba como cualquier otra mañana, metiéndonos prisa a todos que llegábamos tarde. Había que dejar pasar unos días y retomar todo. Me sorprendió esa noche cuando después de acostar a los niños, pasó de su programa favorito de la tv y quiso hablar detenidamente.
+ Creo que es hora de dejarse de niñerías y hablar de todo, no como siempre lo hacemos, sacando lo que llevamos más adentro de nosotros, porque no valen ya las tonterías. Qué es lo que quieres de verdad?
+ Pues quiero verte con otro, quiero que disfrutes lo que nunca has hecho de verdad. Quiero hacerlo por ti.
+ Ves Pablo, así no hay manera, coño, que parece que soy una ninfómana que necesita que le den caña. Es como si me estuvieras haciendo un favor y no es así. No te he pedido nunca nada de eso, ni tampoco te lo he insinuado. Y así no, Pablo.
+ Es la verdad, es así, no te miento.
+ Pues si es así, esto se acabó y no se hable más. Pero no se hable más ni ahora ni en la cama, porque en el momento que en la cama hagas cualquier insinuación a Ángel o a quien sea, se acabó. Lo tienes claro? Porque hablo muy en serio y ya sabes que conmigo pocas tonterías.
Me parecía oír a mis tripas. Nos pusimos a ver la tv y dejamos la conversación, en mis adentros sabía que tenía mucha razón en algunas cosas, me sentía fatal y sabía que era el mejor momento, había abierto ella la conversación, dijera lo que dijera no se podía poner peor. Tragué saliva y me decidí.
+ Tienes razón Begoña. No es que no haya sido sincero, pero no lo he sido del todo. Es verdad que quiero verte feliz, pero es verdad, soy injusto lo necesito tanto como tú o más. Solo pensar en verte con otro me pone muy burro.
+ Ves así me gusta que seas de verdad un hombre valiente y sobre todo que no nos tengamos secretos. Te lo he dicho y preguntado muchas veces, va bien, lo hacemos y luego? Porque debemos tener la mente fría y saber que puede abrir una fisura en nuestro matrimonio.
+ Lo he pensado mucho, no te imaginas cuánto. Estoy preparado.
+ Has pensado en que si lo hiciéramos al verme te podrían dar celos? Que puedes pensar que él es mejor en el sexo? Que esas comparaciones pueden hacer más daño.
+ No lo dudes sé que el primer impacto será de un poco de celos pero igual que se eso, sé que lo otro será más, mucho más. Mira solo de pensarlo estoy empalmado ahora mismo.
+ Jejejejeje, siempre igual. Me da algo de miedo y tus condiciones? ¿Ya las has aparcado?
+ Serán nuestras condiciones.
+ Pablo con la mano en el corazón, eran tus condiciones y yo pues mas o menos he estado de acuerdo.
+ Es que no estás de acuerdo con ellas?
+ En la que sí coincidimos en la de que si digo ALTO, se acabó, ni Begoña piénsatelo, Begoña un poco más, NADA. En las demás una vez que se está metida en el follón, no se puede estar pensando en esto, no lo voy a hacer, esto no lo voy a decir, a ver qué hace este tío, todo para que tú no te enfades. De esa manera es imposible porque no se puede pasarlo bien. En el sexo hay que liberarse dejarse llevar.
+ ¿ Y por qué no me lo habías dicho?
+ Porque sabía que no iba a pasar nada con esas condiciones, porque no.
+ Y entonces qué?
+ Pero Pablo tú tienes asumido que si lo hiciéramos pasarías a ser un cornudo, con consentimiento o no.
+ Ya está bien, entérate, es que quiero serlo.
+ Nunca te he oído decirlo tan serio y convencido.
+ ¿ Tú quieres? ¿Te gusta alguien para estar con él?
+ Pues claro que no me importaría si tú lo tuvieras tan claro y es verdad si no fuera por ser tan joven, Ángel sería un buen candidato.
+ Qué más da la edad, está bien físicamente, tiene educación, saber estar.
+ ¿ Y si no le gusto?
+ Jejejejeje, no dudes de que le gustas.
+ ¿ Y qué tienes pensado?
+ Qué mejor regalo por mi cumpleaños.
+ Jejejejeje, nos tendríamos que poner un lacito de regalo? Jejejejeje.
+ No hace falta lacito. Lo que sí debemos tener claro, si lo hacemos, es que él será el que mande.
+ Por mí no hay problema, con decir ALTO, se acabó pero si te manda a ti hacer algo, ya sabes, imagina.
+ Estoy abierto a todo y salvo que tú protestes de momento voy con mente abierta.
+ Si que me sorprendes y a mí no me va a molestar nada, mas me pondría, Jejejejeje, lo mismo te lo mando yo.
+ Mientras llega el día, lo que tenéis que hacer es hablar entre vosotros y ver si tenéis feeling y para que veas, ni te preguntare que habláis ni espiare, de hacer algo, solo será preguntarte como va vuestros avances, sin detalles.
Quedamos de esa manera, tuvimos esa noche, una de las mejores de sexo y me quede muy a gusto en todos los sentidos, me relajo la conversación. (lógicamente la conversación no es textual porque no la recuerdo bien, pero fue más larga y se aproxima lo más fielmente posible) El siguiente paso fue hablar con Ángel, le pareció muy bien y empezó ya mandando, quiso que Begoña se pusiera en contacto con él. A Begoña no le pareció muy bien pero lo hizo, tal vez por curiosidad y mucho por satisfacerme a mí.
Mientras me dedicaba a preparar el día de mi cumpleaños, sobre todo la noche. Porque hubo más problemas para hacerlo, porque mis amigos y parte de mi familia querían venir, les convencí diciendo que había reservado un sitio muy especial para Begoña y para mí, no sabiendo nada ella, que me tenían que guardar el secreto y eso calmó las ganas de juerga de mis amigos.
Durante esos días no paramos de follar, ya no era hacer el amor, era FOLLAR como adolescentes. Era por las conversaciones seguro. Cuando le preguntaba que si avanzaban, me devolvía una sonrisa excitante porque estaban los niños por los alrededores. Lo que sé es que estaba todo el día mojada y predispuesta a hacer lo que fuera. Claro le decía cómo era el desnudo y le contaba lo que le íbamos a hacer y ya llega el día que mi mujer iba a ser entregada a otro hombre.
Mi mujer se fue a la peluquería y llegó con el tiempo justo, no la notaba nerviosa y lo cierto es que yo tampoco. Ángel hizo amistad rápidamente con algunos invitados y a los del fútbol los conocía a todos. Cercanas las 6 de la tarde nos despedimos y nos fuimos. Habíamos quedado a las 9 de la noche y nada mas despedirnos, me note mas que nervioso con ansiedad y a Begoña si la note nerviosa. Quería llegar a casa y follar, me tachó de loco, porque se tenía que arreglar. Me queje porque ya estaba arreglada y me dijo que era tonto. En mi casa hay un baño en nuestra habitación y uno en el pasillo. Se metió en el de la habitación y que no la molestase.

Yo iba vestido igual, ella a las 8,30 salió de la habitación ya arreglada. Me dejó sin respiración. Llevaba un maquillaje perfecto. La boca era más apetecible. Un vestido que me encantaba, negro, espalda descubierta, sin sujetador y por delante un escote que la hacía fascinante. Porque se le veían parte de los pechos, pero no se veían al completo, aunque daba la sensación de que se le iban a ver. Su cara era de mujer fatal. Estaba previsto de que si ella me hacía una señal en concreto, nos iríamos a un hotel. Ya íbamos a salir, cuando se levantó el vestido y llevaba unas medias que nunca había visto, no llevaban liguero, pero era como si lo llevaran, porque eran como de una pieza, quedando si no llevara el tanga que llevaba, el coño al aire, no era necesario quitar las medias. Se dio una vuelta y por detrás se le veía todo el culo, llevaba una cinta metida entre las nalgas.
Quien se puso nervioso ahora era yo. No sabía cómo se iba a desarrollar la noche. Todo lo que sabía era que íbamos a cenar a un sitio a las afueras y a tomar una copa a un sitio que había buscado Ángel al igual que eligió el restaurante. Nos retrasamos un poco por el mierda del GPS, pero llegamos y Ángel que no era de aquí, había llegado antes que nosotros, el truco estuvo en que fue en un UBER, así cualquiera. El lugar era muy bonito, pero donde Cristo perdió las sandalias. Lo hizo para que nos sintiéramos más cómodos de alguien que nos pudieran conocer, todo un detalle. Si adulando y halagando, era igual follando iba a ser un éxito. Porque no paro de hacerlo con mi esposa y a ella no tenía que preguntarle, porque sus ojos brillaban.
El tío no se cortaba, cada dos por tres miraba en dirección a las tetas de mi mujer, que tenía que estar muy burra, porque los pezones empezaban a marcarse, aunque no se le veían bien por el pañuelo que cubría sus hombros y que caía sobre sus pechos. Durante la cena, estaba pendiente de ver si Begoña me hacía alguna indicación que me dejara saber lo que quería, pero no hacía nada, se limitaba a sonreír, a reír y hablar por los codos. Acabamos y como él no llevaba coche se vino en el nuestro. Se sentó detrás, a pesar de que Begoña le ofreció ir delante. Se sentó exactamente detrás de ella y se apoyó en su respaldo echándose hacia adelante y hablando con nosotros. Trataba de verle cuando podía, no todo lo que quería, porque había metido la dirección que me dio en el GPS y tenía que estar pendiente.
No habíamos estado nunca por esa zona, se veía un sitio como muy bohemio y las personas que entraban eran más de la edad de Begoña y mía que de la de Ángel. Había más parejas que hombres solos. Mujeres solas solo vi a dos. Había un quinteto tocando en directo y la vocalista era una mujer, cantaban lo que es música melancólica. Se podía hablar entre nosotros sin necesidad de gritar, estaba bien. Los lugares para sentarse eran como herraduras, y una mesa redonda y un asiento corrido que tenía una pequeña abertura, para poder entrar a sentarse. Como es razonable Begoña quedó sentada entre los dos, si quería salir a algo, uno de los dos nos teníamos que salir antes. Se quitó el pañuelo del cuello y cómo estaban sus pezones. Eso me indicaba que había muchas posibilidades. Había varias parejas bailando al son de la música, muy pegaditas. Ángel sin que nos lo esperáramos, invito a mi mujer a bailar. A Begoña le gusta bailar más que a mí.
Begoña siempre tan segura, dudo, me miro y esperaba que dijera algo, pero me pasaba como a ella, me quedé en blanco. La cogió por su mano y se la llevó. Esa fue la primera sensación de celos y de excitación, sensación cruzada. Porque me la imaginaba pegada a él y ella notando como iba empalmándose y ella notándolo, porque si crecía en proporción a lo que vi, se notaría mucho. Aunque el sitio de por si era oscuro, se les podía ver. Al principio Begoña tenía colocado sus brazos de tal forma, que era imposible pegarse a ella y además veía los labios de ambos moverse, por lo que hablaban. Poco después ya no hablaban y estaban muy pegados. Trataba de fijarme en las manos de él, que empezaron a mitad de la espalda y ya estaban en el inicio de sus nalgas. De un poco de celos pase a estar con una erección de caballo. Volvieron a la mesa y Begoña pletórica. Mi mujer sin hacerme ninguna señal.
Podía ser que se estuviera calentando y luego simplemente vuelta a casa y desahogarnos entre nosotros. Pedimos otra consumición y quien le hizo la seña a mi mujer fui yo y ella no se dio por aludida. Hasta que por fin Ángel dijo que iba al aseo, sería mi oportunidad de hablar con Begoña, no sé si Ángel lo hizo a posta, pero me venía muy bien.
+ Que pasa, ¿todavía no tienes claro lo que vamos a hacer?
+ No lo tengo muy claro, aunque el sí.
+ ¿Estas segura de que el sí?
+ A ver cómo te lo cuento, en el coche ha pasado su mano derecha por detrás y me ha estado tocando el pecho derecho sin darte cuenta y aquí bailando, se ha puesto muy contento y se le ha notado algo muy duro.
+ ¿Entonces qué?
+ Pues creo mejor esperar a una segunda salida.
+ Te dije que no insistiría, pero, vale lo que tu digas.
+ Por eso será mejor que nos vayamos cuanto antes. Hazlo por mí por favor.
Pues otra vez seria, me sabia muy mal, porque ya me había ilusionado. Ángel venía tan sonriente y el pobre no sabía lo que le esperaba. Me levante a pagar y los deje solos, por si mi mujer cambiaba de opinión y no me daba prisa por pagar. Los vi hablándole Ángel al oído, ella sonriendo, con la mirada un poco perdida y en cuanto me vio, le dio un manotazo, cariñoso, para que se apartara. Y me tocó decir que nos íbamos. Mientras caminábamos a donde estaba el coche aparcado, iba pensando cómo decir, sin que sonase brusco, que cada uno se iba a su casa y tratando de que entendiera que quedaba una puerta abierta.
Begoña de nuevo le ofreció ir delante y ella detrás, esta vez aceptó. Abrió muy gentilmente la puerta a Begoña mientras yo abría la mía y una vez que Begoña se sentó él se metió con ella. Me quedé asombrado y no dije nada. Por el retrovisor vi la cara de Begoña que denotaba el mismo asombro. Arranque y cuando iba a echar marcha atrás y de paso preguntarle a Ángel que donde le dejábamos, se besaba con Begoña, que al principio hizo amago de no dejarse y al final lo atrapaba bien con sus brazos. les deje y sin quitar ojo empecé a conducir lentamente y esperando que pararan para preguntar. Oía a Begoña jadear profundamente y aunque no podía verlo estaba seguro que la estaba metiendo mano.
Hice una pregunta tontísima si lo pienso ahora. Les pregunté que a donde íbamos y jadeando Begoña, casi enfadada me respondió, “a donde vamos a ir mi amor, qué preguntas tienes, a casa, a casa que te voy a regalar unos buenos cuernos por tus 40 años” estaba fuera de sí, la conozco bien y lo sabía, segunda pregunta incorrecta por mi parte y contestación que casi me hace correrme, le pregunte si íbamos a un hotel mejor, “que hotel ni que tontería, a casa, a nuestra cama, que el regalo sea por todo lo grande, en nuestra propia cama” acelere porque tenía la necesidad de llegar cuanto antes.
Veía a mi mujer recostada contra el respaldo, los ojos cerrados, haciendo gestos con la boca, bien la abría o la cerraba apretando sus labios, mordiéndoselos, dejándolos abiertos, su pecho que subía y bajaba cada vez más acelerada. Hasta que estando cerca de nuestra casa estalló en un resonante orgasmo, que aunque quiso ser comedida, en un habitáculo tan pequeño, hizo que resonara en mis oídos y estuve a punto de perder el control del coche, de cómo me puse. A Begoña no era fácil hacerla tener un orgasmo con los dedos y mucho menos en tan poco tiempo, por lo que quería decir o que yo era muy torpe o Ángel tenía mucha experiencia con las manos. Menos mal que nos metemos en el parking de la casa, porque ver a mi mujer salir sería un poco sospechoso.
Subimos en el ascensor muy formales y sin hablar, aunque Begoña llevaba la cabeza medio agachada. Estaba nerviosa y muy cachonda. Ya estábamos en nuestra casa, Begoña me mandó al salón con Ángel, mientras ella iba al baño y a despejar la habitación, que era verdad, habían quedado cosas por encima de la cama. No sabía ni que decirle a Ángel, lo que se me ocurrió para entablar conversación, “bueno que tal” y Ángel muy expresivo y señalándose a la bragueta, “pues mira cómo me ha puesto tu mujer, menuda mujer que tienes, vaya suerte, tocarla ha sido un placer, que bien lo vamos a pasar si no se echa atrás en este rato” mire su bragueta y me aturdí, porque parecía que tuviera un tubo metido en sus pantalones, que se marcaba hacia su lado izquierdo, pero de una manera exagerada.
Al ver que Begoña tardaba, me disculpé con Ángel mientras le servía una coca cola que es lo que pidió y fui a la habitación. Ya salía Begoña, la pare y no la deje salir, la bese y le metí mi mano para tocarla y estaba más mojada que nunca. “Me tenéis como un burro, ¿lo sabías? Y le he visto la montaña que marca su pantalón y parece más grande de lo que pensaba, tengo ganas de verla en tu boca” Begoña, me acarició la cabeza, “lo veras, lo veras, como veras como te crecen los cuernos de golpe y ya sé que estás cachondo se te nota, que guarro estas empalmado, esta noche descubriremos si vas a ser un buen cornudo o es todo de boquilla” le respondía mientras me tocaba mi polla, con más sinceridad y complicidad que nunca “te voy a amar más y quiero hacer todo lo que te haga a ti más feliz y todo lo que te ponga mas cachonda” me remato al punto de que casi me corro cuando me dijo, “pues no hagamos esperar a mi nuevo macho”
No la había visto así nunca, tan suelta y resuelta, con ese lenguaje que en vez de molestarme me gustaba. Ángel estaba sentado en el sillón de tres piezas, Begoña se sentó junto a él y cuando me iba a sentar en el mismo, Ángel me dijo que en el otro tendría mejor visión. Poco tardó Ángel en empezar a besar a Begoña, que le respondía como una quinceañera, al principio nerviosa y después como una puta desorejada. Ella solo le tocaba el pecho, mientras él la acariciaba por todas las partes. Habilidoso era hasta decir basta, porque le quitó sus diminutas bragas en nada, Ángel me las lanzó y me dijo que las aprovechara para hacerme una paja. A Begoña le costó un poco más y le desabrocho el pantalón, como se movió, veía su muslos y su culo, pero no lo que quería ver. Vi cómo manipulaba con sus manos hasta que exclamó, “Dios bendito, Pablo menudo ojo, no te lo vas a creer” acércate” me levanté y tenía razón, sus manos que no son pequeñas no abarcaban ese pollón terrorífico.
Trate de disimular que se me notara que tenía una polla bellísima. Su tamaño, su forma y su capullo. Begoña ya no se cortaba, “que jodido eres, si te ha gustado, estas casi babeando, dímelo ¿te ha gustado verdad?” y no quería mentir a mi mujer pero no me salían las palabras y moví la cabeza afirmativamente. Se comportaba como lo que siempre había querido, como una puta y la demostración cuando me dijo, “si te portas bien te la dejare tocar y quien sabe, a lo mejor te dejo que la comas conmigo” y empezó a lamer todo su tallo desde los cojones que eran grandes y bien pegados, hasta el capullo, donde lamia más y con más ganas.
Ya no me anduve con miramientos, puse una silla pegada a ellos, sin molestar, me desnude y con las bragas mojadas de mi mujer inicie a tocarme. Begoña con mas nervios que pericia desnudaba a Ángel, cuando lo logró, le miró con cara de furcia y me gustaba verla con esa mirada. Se puso de pie y se quitó su vestido muy sensualmente mirando a su nuevo amigo. Quedó desnuda pero con algo que no había visto nunca, ahora lo veía mejor que cuando me lo enseño, era entre panty y medias con liguero, de una sola pieza y que dejaba su coño y su culo sin tener obstáculos, se la veía más imponente. Ángel con cierta fuerza, la tumbó en el sillón y metió su cabeza entre sus muslos. Begoña se volvió majara, porque gritaba, le animaba a seguir haciéndolo, me busco con su mirada y no dejaba de mirarme a los ojos, nos decíamos todo con nuestras miradas y cuando se corrió, sentí que esa corrida no era solo de ellos dos, era más de nosotros que de Ángel.
Ella quería seguir comiéndose esa polla y se fue como una loba hambrienta, Ángel ante mi estupefacción, agarró con muy mala leche la cabellera de Begoña, impidiéndole que se acercara a su polla, Begoña dio un grito porque no se lo esperaba, me quede parado, con mi polla en la mano y ver que hacían, sobre todo mi mujer, silo mandaba a tomar por culo o que, que le daba ese joven que mi mujer le decía, “te he entendido, eres quien manda y vosotros solo somos el cornudo y la puta de su mujer, haz lo que quieras” ver esa entrega hizo que me la meneara con más ganas. Se levantó y le azoto el culo, que siempre que lo había hecho yo me había “amenazado” con devolvérmelas, y le dijo que le llevara a su habitación. Parecía una reina, andando con sus zapatos de tacón y meneando ese culo como exhibición a su nuevo macho.
Se tiró en la cama, se empezaron a acariciar y besar, Ángel le susurraba cosas al oído que no podía oír, en algunos momentos mi mujer ponía risa de furcia. Una de esas veces, mi mujer respondió que le encantaría. “Cuando esté Ángel, te llamaré cornudo, ¿OK? y ahora haz los honores, coge su polla y colócala que lo voy a cabalgar” no le conteste nada a su pregunta, la hizo para que el la oyera, porque en nuestras relaciones sexuales ya nos tratábamos de puta y cornudo y más cosas. Fue lo más, primero ponerle el preservativo y agarrarla para que mi mujer se fuera sentando sobre semejante ariete. Nadie se puede imaginar el gustazo que me dio. Begoña se fue sentando despacio, y su coño se fue tragando el pollón, cuando quedó sentada del todo en Ángel, me miró, sonrió y me dijo que se sentía especial.
Se ponía fuera de sí montándole, su ritmo era frenético y Ángel se dirigió a mí, “no esperes mas cornudo, métele tu polla en el culo a tu mujer, que por fin va a tener dos para ella” se tumbó sobre él y su culo no era virgen, mi polla entra mejor que nunca, como gritaba y como nos decía que los había visto más fuertes. Estaba tan excitado que no pude aguantar lo que quería y lo que era habitual, me corrí como la primera vez de un adolescente. Lo bueno que me ponía tan cachondo ver a mi mujer follada de forma bruta, que me empalme como nunca de nuevo. Otro orgasmo más para Begoña y el tío seguía dándole caña de la buena, porque le vinieron varios orgasmos seguidos. Ángel aviso a Begoña de que no se parase que se corría y Begoña se desmonto, le arrancó literalmente el preservativo y le comía la polla hasta que me di cuenta de que se estaba corriendo. Glotona, glotona, lo que le gustaba la leche de polla.
Acabo, me miro y me dijo, “una leche de categoría, de primera clase, riquísima, ven dame un beso” me acerque y le di un beso con lengua, le sabía a polla toda su boca. Se iba a ir y mi mujer muy amable le dijo que se diera una ducha antes, que no saliera así. Me pidió que trajera una toalla de baño del mueble del pasillo. Se la iba a llevar al baño y mi mujer me dijo, “de eso nada cornudo, la llevo yo que tiene que rematar el jovencito” fue al baño y yo detrás. Dejó la toalla en una percha y se metió con él en la ducha. Por los adornos del cristal no se distinguía justo el centro de sus cuerpos. Begoña se dio la vuelta, se agarró a un soporte de la ducha y él le metía unos meneos desde atrás, que provocan, gritos, gemidos, lamentos de placer. Se la estaba follando y me daba miedo porque no se había llevado un preservativo. No era lo acordado y en vez de cabrearme, paja al canto.
Solo oía correrse a Begoña, me despistaba y como chillaba más que de costumbre ya no sabía si se corría o no. Cojones como gritaba él, parecía un toro embistiendo y berreando. Se dejó de oírles y ya solo se oía el agua. Salió, se secó, se vistió y me dijo que no hacía falta que le acompañase. Begoña salió y sin mucho convencimiento le reproche que se hubiera corrido en su coño. Se río, se dio la vuelta, se agachó, abrió sus nalgas y menudo abertura de ojete y soltando leche. Me asombre de que le hubiera entrado y mi mujer me dijo que le había gustado más que por delante. Una vez Ángel nos dejó solos, volvimos a follar y mientras lo hacíamos me entraron unas ganas terrible de follarme su culo y saber que se sentía con la leche de otro, cuando le dije que se diera la vuelta que quería darle por detrás, me sonrió, me dijo que me quería y se tumbó boca abajo, algunos de los que lo lean pensara que fue una guarrada, pero tuve un corrida distinta, única y de un placer de otra dimensión. Se quedó dormida, había sido muy agotador. Me dormí acurrucado a ella.