Mi esposa follada por dos mulatos

 



Somos una pareja extranjera radicada en Cancun Quintana Roo, viajamos a la frontera con Belize hace unas semanas hsbiamos decidido vivir una aventura swinger pero en nuestro país somos muy conocidos y no queriamos quemarnos,contactamos una supuesta pareja en Corozal belice ciudad a una hora de chetumal a mi esposa le consegui un permiso especial por unas horas ya que no cuenta con pasaporte la idea era ir coger y regresarnos antes de las 12 de la noche hora que se vencia el permiso ,nos hospedamos en un pequeño hotelito, mi esposa se vistio bien sexi con un vestido muy entallado y transparente de la parte de arriba y de abajo demasiado corto y amplio que con trabajos le cubria las nalgas y cualquier movimiento enseñaba el comienzo del culo mi esposa aunque es muy bajita de estatura 1.57 tiene muy bonito cuerpo de piel blanca piernudita ,culo alargado y bien paradito , su mayor atractivo son un par de hermosas tetas,redondas blancas de pezones y aurelos rojizas, de cara mas o menos,como dijera un amigo amigo supestamente vacilando tu esposa tiene una cara de puta que no puede con ella , pero en el fondo yo se que es verdad... Para finalizar ella tiene cabello rubio. 


 despues de bañarnos y vestirnos pedimos un servicio de copas al cuarto para esperar la llegada de la otra pareja ,el tiempo pasaba y no aparecian por mensaje nos decia aue ya venian y no llegaban la espera se hizo larga mienrras mi esposa y yo seguiamos bebiendo al ver que no llegaron entre enojados y frustrados decidimos regresarnos, miesposa decidio no cambiarse y regresar con el vestido que se habia puesto , no olvido la cara del recepcionista al entregar el cuartoy ver a mi esposa vestida asi pues claramente se le veian las tetotas a traves de la transparente tela eso nos excito un poco y durante el camino nos venimos manoseando los dos incluyendo sexo oral porparte de mi esposa lo que hizo que me detuviera un poco en el camino me la mamo tan rico que no wueria venirme rapido alargando el placer vi el reloj y aun faltaba media hora para que se venciera el permiso de regreso y ya estabamos cerca de la frontera , deslues de venirme en la boca de mi esposa llegamos a migracion el agente de migrscion vio con morbo y descaro a mi esposa y con una especie de sonrisa burlona le dijo a mi esposa que no podia dejarla pasar y tendria que quedarse detenida porque el permiso habia vencido yo reclame pues aun faltaban unos minutos el agente nos hizo ver que olvidamos que alla es una hora de diferencia por lo que el tenia razon ,llamo a otro agente mientras el nos llevo a una oficina posterior donde metio a mi esposa y luego salio hablar conmigo me dijo que le tomaria datos y veria la posibilidad con su jefe de dejarnos pasarera sabado por la noche y de no ser asi hasta el lunes podriamos arreglar.


El negro aquel volvio a entrar dejandome afuera ,yo desesperado no sabia que hacer al ver que pasaban los minutos me asome por una rendija entre las cortinas de las ventanas vi a mi esposa parada en una pared donde le matcaba su estatura mientras el agente le tomaba fotos de frente de perfil y de espaldas luego le pidio a mi esposa se quitara el vestido para checar si no tenia tatuajes o alguna seña particular sin opcion mi esposa se desnudo completa frente a el y otra vez la puso de frente de perfil y de espaldas en posicion de firmes ,yo me percate que las fotos las tomzba con su celular y no con la camara ,despues de fotografiarle hasta el ultimo rincon la tomo por la barbilla y le pregunto que si se queria ir mientras con su otra ma.o le acariciaba las nalgas , yo imposibilitado de hacer algo vi como mi esposa movia afirmativamente la cabeza el negro aquel beso a mi esposa en la boca sin pensar que solo una hora antes en esa boca me habia venido la sigio besando de una manera sucia lasciva mientras le apretujaba las nakgas haciendola parase de puntitas pues era mucha la diferencia de estaturas entre los dos yo afuera era invadido por una gran calentura de ver a mi esposa asi sus pezones endurecidos la delataban que estaba caliente vi como le desabrochaba el uniforme mientras besaba el pecho de aquel tipo quien bajo su pantalon yo siempre pense que la fama de vergudos de los negros era mentira pero ahi comprobe que era cierto el tremendo vergon que saco el negro con trabajos le cupo en la boca a mi esposa quien se prendio a mamar esa gran verga negra palpitante mientras el agente la filmaba con su cel era sumamente excitante ver a mi esposa tan blanca y pequeñita hincada frente aquel animalon tratando de devorarlo golosamente unos pasos que se acercaban me hicieron sentarme rapidamente y fingir que dormitaba sin darme cuenta lo que pasaba adentro solo de saber a lo que iba el otro mi cuerpo se estremecio y latigazos de placer recorrian mi cuerpo, asome itra vez solo para ver como mi esposa con las piernas bien abiertas se daba de sentones sobre la verga de uno mientras el otro se la metia en la boca mi cuerpo temblaba de placer mi verga me dolia de la terrible ereccion que tenia ereccion que se hacia mas fuerte con los gemidos ahogados de mi esposa al ser penetrada con fuerza cuando la acomodaron para metersela los dos al mismo tiempo mo aguante mas y me empeze a chorrear manchando el piso nervioso me quite rapidamente el pantalon y la trusa con la cual limpie mi leche y me puse el pantalon incapaz de aguantar las dos vergotas sin gritar alaridos y gemidos llegaron a mis oidos una vez mas vi como uno le clavaba la verga por delante mientras el otro intentaba metersela toda por atras para evitar que yo escuchara los gritos de mi esposa uno de los tipos le metio la tanga de mi esposa en la boca desde mi lugar podia ver claramente la cara de mi esposa distorsionada por la lujuria el placer y el dolor de la cogida que le estaban propinando era super excitante ver como aquella cosita tan chiquita pero tan golosa devoraba esas sendas vergas a cada arremangada que le daban la veia temblar de doñor y de placer los chasquidos de su vagina completamente chorreada de jugos vaginales llegaban claros a mis oidos sin importar que la escuchara solita saco la tanga de su boca gritando y gimiendo como una loca lo que provoco que aquellos negros bufando como toros se vinieran dentro de ella mientras ella se derramaba una vez mas ,quedando palida, sudorosa agotda sentada sobre la verga de uno de ellos mientras con su lengua limpiaba la verga del otro para luego zafarse y hacer lo mismo ,esa acciln tan asquerosa pero a la vez tan excitante hizo que me viniera una vez mas mientras aquellos tipos ya satisfechos se vestian me volvi a sentar como sin nada y uno de ellos salio con unos papeles en la mano diciendome que dejaria ir a mi esposa si pagaba ” una multa” de 100 dolares beliceños los cuales pague un ratito mas salio mi esposa de regreso volteo picaramente y me dijo gracias mi amor me gusto mucho espero lo hayas disfrutado tu tambien me senti sorprendido y un poco cohibido pero al bajar en casa y ver las manchas de leche en el vestido de mi mujer me volvi a prender y la empece a coger sin iportar que batir la leche que eso cabrones le dejaron adentro y con mis metidas entre sus piernas y sus nalgas ella se empezó a correr.


Hotwife visita la base militar

 


No soy un gran escritor, pero deseo compartir una experiencia de la cual me enteré por mi primo, quien es militar.


Desde hace un tiempo mi esposa y yo practicamos los tríos hmh en los cuales siempre estuve presente, hace unos meses por motivos de trabajo me ausente de casa y ella recibió llamadas y mensajes de mi primo, con el cual solo había tenido una seción de sexo oral dónde el le lleno la boca de leche....


En esos mensajes le decía que fuera a visitarlo al cuartel pues llevaba bastante tiempo encuartelado y no había desfogado correctamente. Ella me platico de la situación y yo, complaciente, la convencí para que accediera.

Se pusieron de acuerdo en día y hora, ella me mensajeaba para mantenerme al tanto de los hechos y por unas dos horas o más no recibí noticia de ella.....


Pasado ese tiempo me manda un mensaje, diciendo que regresaba a casa, que las cosas no habían salido como se esperaba, que por la hora y el lugar donde mi primo hacia guardia no había pasado mucho, me platico que el (mi primo) le había presentado un compañero y que sabía a lo que había ido ella. Que estaban platicando en el área de visita ( un lugar con medias bardas y grandes ventanales por así decirlo ) entre la plática llegaron a lo sexual y que el amigo le había tocado las tetas sobre la ropa, para después bajarse el cierre y mostrar su pene erecto, ella a pesar de los nervios no tardó en engullirlo completo y tras cinco minutos recibir la leche del amigo..... En ese corto tiempo, según me contó, mi primo no se apareció en lo absoluto y ella se retiró del lugar, descontenta y frustrada.......


La verdad es que tanto tiempo sin saber que había pasado y su relato bastante flojo me desánimo, estaba pensando en esa situación cuando mi celular suena, mi primo me mandaba mensajes de lo bien que se la había pasado con mi mujer..... Le pregunté el porque le había platicado sobre lo pasado entre el y ella a alguien más y me dijo, vamos primo, son de mente abierta no? Y en platicas con tu mujer me platico sobre ciertas fantasías, crei que sabías sobre ello, en fin, vistas las circunstancias me parece que tú mujercita no te es muy honesta... Que te platico? Le respondí resumidamente lo que ella me había texteando y el sonriente en un audio me dijo, Hermano!!! Tu mujer es la zorra más insaciable que me he encontrado, te contaré sin exagerar lo que pasó, que aún no lo creo del todo y eso que lo viví......

A la hora que la cité llegó muy arregladita con minifalda y una blusita bastante pequeña, ( ella es algo llenita sin ser gorda, buenas tetas y piernas gruesas, nalgas paraditas y bastante firmes );. Regresando al relato.....




Efectivamente la pasé al área de visita platicamos unos momentos de cosas triviales, mientras ella, nerviosa supongo, cruzaba con insistencia las piernas o las abría y cerraba, varias veces me olvidé de lo que platicábamos al querer adivinar si traía ropa interior o no. Un rato despues me acerque lo suficiente para besarla y manosear su cuerpo, mientras ella volteaba para cerciorarse de nos ser vistos ahí en ese lugar comprobé que no traía sujetador y que su concha solo era parcialmente cubierta por una diminuta tanga, acaricie fugaz su entrepierna percatandome de su humedad, ella tampoco estaba quieta, de manera constante acariciaba mi paquete sobre el pantalón, no la deje sacarlo pues debía atender también mi puesto, así que, por muy caliente que estaba me ví obligado a dejarla ahí, fue cuando envié a mi amigo para hacerle compañía y paso lo que ella te platicó, no tardó en regresar mi amigo al puesto de vigilancia y contarme lo rico que mama la verga tu mujer...


Mientras ellos estaban en lo suyo, acondicione un poco la caseta de vigilancia la cual ocupamos para descansar por turnos los cuatro elementos que estamos asignados a ella, es tan pequeña que solo cabe un catre para dormir, un par de sillas y una mesita con un horno de microondas, afortunadamente del exterior no es visible el interior y brinda algo de intimidad, regrese con ella lo más pronto posible y a escondidas y con la complicidad de mis compañeros la metí al la caseta, ya adentro la puta se bajó la blusa y abrió las piernas, mostrando sin pudor la mancha de jugos en su tanga, fui hacia ella para por fin succionar sus tetas y meter mis dedos por su concha, varias veces le tape la boca para que no la escucharán afuera, sin más, recorrí por completo su tanga y con los pantalones en los tobillos la penetre, debo reconocer que fui brusco, pero ella lo recibió con agrado, la penetre una y otra vez, apreté sus tetas con fuerza mientras al oído le decía lo apretada que está, ella bufaba, enviando su cadera al encuentro de la mía, no aguante gran cosa en minutos senti próxima mi venida y se lo hice saber, apreté aún más sus tetas y trate de sacar mi verga para llegar afuera, debido a las prisas no me coloque protección pero ella, rodeando mi cintura con sus piernas no me permitía salir, así que enterré lo más que pude mi verga y entre bufidos le descargue toda la leche adentro, quedamos exahustos y sudorosos, en un abrazo plenamente sexual, cuando logré zafar mi cadera ella, se arrodilló frente a mi y con la lengua limpio a conciencia la mezcla de sus jugos con los míos....... Satisfecha? Le pregunté. Ella sin asomo de pudor, me dijo convencida - aún estoy caliente, estará en condiciones tu amigo?.


Sali de la caseta para pasar el recado a mi amigo quien presuroso entro a la caseta, por un pequeño hueco fui testigo de como la ponía de a perro y la penetraba con fuerza, ví rebotar una y otra vez sus tetas con violencia mientras disimulaba frente a la gente que entraba y salía del complejo.... 10 minutos bastaron para que recibiera una nueva carga de mocos en su interior. Al salir mi amigo, sonriente y satisfecho me dijo que hace mucho no se cogía a una mujer tan duro como a mi "prima" que era bien puta y que de no ser por el trabajo se la volvería a dollar sin dudarlo.


Tarde unos 15 minutos en entrar de nuevo a la caseta, esperaba verla vestida y casi me voy de espalda al verla aún con las piernas abiertas, sobando su concha, con las tetas erguidas y sus pezones muy duros, ven aquí me dijo al entrar, estar aquí me pone muy muy caliente y NECESITO verga, cogeme de nuevo, nervioso, no sabía exactamente qué hacer, mientras ella bajaba mi cierre y se comía mi verga semi erecta, la luz se hizo en mi mente, primita, no puedo desaparecer tanto tiempo de mi puesto y ya abuse de los descansos asignados, incluso tome tiempo de mis otros compañeros.... Si estás dispuesta.... Deje la pregunta en el aire... -Que? Pregunto ella sacando mi verga un instante. - si estás dispuesta puedo enviar a mis compañeros...... Se lo pensó un par de segundos y me respondió que si, que quería regresar a casa bien llena, tremenda puta tiene mi primo, la agarre del cabello y la obligue a engullir por completo mi verga, mmmm que delicia, la trago con gula, prácticamente folle su boca unos minutos haciéndola mojar hasta mis bolas de tanta saliva que soltaba, su rimel corrido le daba un aire de puta barata y me exitaba mucho el usarla así, sin delicadeza jale más su cabello y la empine sobre el catre, en unos momentos te mando a mis compañeros puta, pero no quiero que prueben este agujero antes que yo, abribsus nalgas lo más que pude y aprecie sus agujeros bien lubricados, apunté a su recto y me tomé solo el tiempo para introducir el glande, con esa visión maravillosa, coloque una mano sobre su cabello, acomodandolo a manera de cola de caballo, saque el glande y volví a meterlo un par de veces, despacio, disfrutando de la vista y la sensación........ Ahora era yo el que salivaba anticipando el placer de empujarsela toda y así lo hice, empuje con pasión, hasta topar mi pelvis con sus nalgas, ella se mordió los labios para contener el grito, sin duda ya lo esperaba pues ya le había platicado mi deseo de romper su culo, la jale más del cabello, tratando de meterme lo más posible, empuje sin retroceder un instante mientras le susurraba que la rompería completa, con mi mano libre me apodere de una teta y retorci un pezón, toma perra, que se siente no poder gritar con esto, así puta, recibe mi verga, la presión de su culo era mucha, la verga me ardía e imagine lo que ella sentía, no me importo lo más mínimo y comencé a entrar y salir de ella, por completo, para penetrarla hasta el fondo, una y otra vez, ella llego a morder su brazo para ahogar sus gemidos, su voz era muy baja, pero me pedía no parar, eso bastó para comenzar a cogermela con un ritmo bestial del que no me creía capaz, hasta explotar de nuevo dentro de ella, admito que la cantidad de leche fue poca, pero no menos el placer que sentí al follarmela de esa manera, apenas saque mi verga de su culo la puse de rodilla y ella sola engullo de nuevo mi verga, dejándola de nuevo limpia....


Ya no le dije nada, salí a decirle a mis compañeros que una putita los esperaba.......


Imaginaras que ellos vieron en parte como me follaba a tu puta y le dieron un tratamiento muy parecido, está vez por partida doble, así que déjame decirte primo, que tu mujer es muy puta y quizá le de pena contarte lo que hizo con nosotros, cierto que la usamos como la peor puta. Pero fueron sus deseos...... Me despido carnalito y ponte a pensar como se regreso en transporte público pues su tanga la dejo de recuerdo y va muy llena de leche, espero que encuentre un baño y pueda limpiarse.... Ah por cierto, estaré en servicio 8 días más y tu esposa volverá a visitarnos.

 creditos al autor. 

La pelirroja y el mulato en el centro nocturno

 


Este contenido se crea con fines de entretenimiento y no debe ser tomado en serio ni utilizado como fuente de información confiable.


Juliana abandonó apresurada el club nocturno, molesta y decepcionada con su novio que decidió no ir tras ella. Al salir se topó con dos hombres de seguridad, altos y de buen cuerpo los cuales hicieron un intento por llamar su atención, pero fue en vano, la joven veinteañera estaba furiosa, al borde de la erupción cual volcán y lo único que deseaba era desaparecer de aquel lugar.


Al salir al exterior se sintió invadida por el frío clima que tanto le incomodaba. Recordó lo que un pretendiente le dijo una vez: «las pelirrojas son más sensibles al frio, también al calor». Quizá el joven tenía razón, el frio la incomodaba demasiado, además, iba muy ligera: un vestido corto de color verde, con tirantes; zapatos deportivos blancos sin calcetines.


Con el pasar de los minutos se dio cuenta de que «el muy estúpido» de su novio no iba a salir a encararla lo que la llevó a maldecir para sus adentros. Acababan de pelearse, le había visto flirtear con otra, motivo suficiente para entrar en cólera. Cuando este se vio descubierto hizo el típico gesto de «¡joder! acaban de pillarme», ella se quedó mirando desde la distancia, luego se marchó segura de que él iría tras a ella a buscar el perdón.


Decidió irse a casa, el desinterés de su novio confirmaba una vez más que la relación iba de mal en peor; al llegar a casa le llamaría para romper con él. «Es un imbécil», pensó.


El local era pequeño, ubicado en una de las calles del centro de la ciudad, frente a un pequeño edificio residencial. Había una fila de autos estacionados en ambos sentidos de la calle, una pareja se daba amor recostados al capó de uno de estos. Llamó a su mejor amiga para que viniera a buscarla, pero la llamada no cayó, era un poco más de la medianoche, debía estar durmiendo. Decidió entonces caminar hasta llegar a la avenida.


Al verse sola se habló así misma mientras esperaba que apareciera un taxi.


—Ya no te soporto, Eugenio. ¡Lo único que sabes es meter la pata y no es la primera vez que me haces esto, así que basta!  ya estoy hasta el gorro, esto se acabó, ni una más.


Hacía más de cuarenta minutos que Frank daba rondas por las calles del centro de la ciudad, pero aún no daba con su presa, todo parecía indicar que no tendría suerte esa noche. Decidió tomar la avenida principal e ir lentamente, observando hacia ambos lados en búsqueda de una posible víctima. Fue entonces cuando vio a unos 50 metros a una jovencita de cabello largo que daba pequeños pasos de un lado a otro y que parecía hablar sola.


Disminuyó la velocidad y se fue orillando hacia el lado donde estaba la joven, lentamente, esperando que esta le hiciera señas, ya que su vehículo llevaba un casquete de taxi.


Al llegar a ella se detuvo, pero la joven no hizo señas a pesar de notar su presencia entendiendo así que la muchacha no estaba a la espera de ningún taxi.


Miró hacia los lados, observó por el retrovisor, vio hacia adelante. Estaban a solas, completamente a solas, no había personas a los alrededores, no había autos ni delante ni detrás ni alejándose ni aproximándose. «Perfecto», dijo para sí mismo.


Bajó del automóvil con rapidez y total seguridad de lo que haría, se aproximó a la joven que se le quedó mirando al ver que venía hacia ella y a pesar de que tuvo una leve sospecha de que algo no andaba bien se quedó inmóvil mientras el hombre alto y de piel oscura se acercaba cada vez más a ella mirándole directamente a los ojos sin vacilar.


Entonces sucedió. El hombre se abalanzó sobre ella rodeando su cintura con el brazo, y con una de sus grandes manos le tapó la boca con tal fuerza que ella sintió dolor al tiempo que se vio imposibilitada de emitir sonido alguno de auxilio.


Sintió tanto miedo que le sobrevinieron unas ganas inmediatas de hacer pis, el corazón latió más fuerte, parecía que emergería del pecho cual alien. En cuestión de segundos se vio en una lucha inútil intentando evitar que el hombre la introdujera en el auto, pero él era más fuerte y ágil.


Una vez que el hombre la arrojó en el asiento trasero la amenazó:


—Si gritas te mato —le advirtió apuntándole a la frente con un revólver y despojándola del teléfono móvil.


Tal frase le infundió un terror más grande que el que había sentido un minuto atrás cuando se vio minimizada siendo llevada en brazos hasta el auto.


Juliana temblaba de miedo, sentía el corazón a mil y las ganas de orinar le presionaban la entrepierna, pero se contuvo de gritar, aterrada por la amenaza de su raptor y la imagen fresca del revolver apuntando su frente.


Velozmente, el hombre ya se había acomodado en el asiento delantero encendiendo el auto. Juliana intentó escapar quitando el seguro, pero se dio cuenta de que sería imposible ya que la puerta estaba sellada y sintió miedo de probar con la otra puerta por donde la había introducido el hombre que ahora ponía en marcha el automóvil llevándosela a rumbo desconocido.


Temió por su vida, adivinando las intenciones de su raptor. Lo tenía más que claro: iba a violarla, luego la mataría.


Irónicamente, el hecho de saber que ese podría ser su final hizo que pasara de la sensación de pánico a una aparente sensación de tranquilidad, había que manejar la situación, debía calmarse y buscar la forma de salir con vida.


—Por favor, no vayas a hacerme daño, ¿a dónde me llevas? —le tuteó ella.


Juliana entendió que debía entablar una conversación con su raptor, conocer sus verdaderas intenciones y llegar a un acuerdo que beneficiase a ambos.


—Qué voz tan dulce tienes, muñequita —dijo el hombre, mirándole a través del retrovisor—. Te llevo a mi casa y no te preocupes que no te voy a hacer daño. ¿Qué edad tienes?


Era un hombre alto, de piel muy oscura, su rostro no era agraciado, su cuello era grueso, su nariz destacaba, tenía los labios grandes, unos ojos negros, brazos musculosos llenos de venas, manos grandes, dedos largos y ásperos al igual que la palma de las manos.


—Veintitrés.


—¿En serio? —preguntó sorprendido—. Te había calculado 19. Eres muy bella y te ves mucho más joven.


«Gracias», pensó decir ella, pero se abstuvo, no tenía sentido agradecerle un cumplido a un hombre que acababa de raptarla.


—Seré sincero contigo, preciosa —dijo el hombre—. Escúchame atentamente. No tengo interés alguno en hacerte daño a menos que no te apetezca colaborar conmigo, te hagas la lista y me hagas molestar. Solo quiero disfrutarte por un momento, en otras palabras: quiero hacerte mía, solo mía. No opondrás ninguna resistencia, dejarás que me deleite con tu hermoso cuerpo, pondrás de tu parte para dejarme satisfecho y luego, prometo que volveré a llevarte yo mismo al lugar donde te rapté.


Juliana no daba crédito a sus oídos, pero a pesar de saber lo que le esperaba se sentía tranquila. En muchas de sus fantasías, sueños húmedos o pesadillas, había vivido escenarios en los que sufría un rapto y la consiguiente violación a manos de su captor. En ellos se veía luchando, gritando aterrada intentando liberarse de las manos de quien la deshonraba hasta saciar sus más oscuros pensamientos, pero ahora que la pesadilla se tornaba real la situación era totalmente diferente. No estaba gritando, ni llorando, ni aterrada porque iban a violarla ni mucho menos pensando en luchar contra su raptor. Había tomado una postura sumisa, dispuesta a colaborar con tal de salir viva, había aceptado su desafortunado destino.


Frank llevaba un buen tiempo raptando a jovencitas en distintas partes de la ciudad y en diferentes horarios, cada una reaccionaba de un modo distinto al momento del rapto, unas más enérgicas e impulsivas que otras, luchaban con todas sus fuerzas, pero ninguna logró tener éxito ante él. Todas terminaban en el asiento trasero. Se vio en la obligación de amordazar y atar a las que más ofrecieron resistencia, pero el destino fue el mismo para todas las anteriores a Juliana.


—No eres la primera —le hizo saber—, y créeme que cuando digo que es mejor que colabores conmigo es por tu bien ya que hubo algunas que quisieron pasarse de listas y les fue muy mal. Solo tendremos un momento de intimidad, esta noche serás mi mujer, quieras o no quieras y va a depender de ti volver a estar en el lugar donde te he raptado. ¿Entendido?


Juliana asintió con la cabeza, mirando hacia sus zapatos.


Recordó que hacía menos de 30 minutos estaba con su novio dentro del club, bailando, tomando licor, se culpó a sí misma por ser tan impulsiva y haber abandonado el lugar y caminado sola hasta la avenida conociendo los riesgos. Luego cambió de idea, no era su culpa, era la culpa del idiota de su novio por ser un imbécil mujeriego que cada tanto tiempo le montaba una escena desagradable con otras mujeres, por su culpa ahora estaba a punto de ser violada por un negro desagradable que iba a hacer con ella lo que le diera la gana.


—Maldito!


—¿Qué dijiste? —dijo Frank aun sabiendo lo dicho por ella


—Mi novio es un imbécil, por su causa estoy aquí


—Tranquila, nena, todo pasa por algo, el destino te ha traído a mi, ya verás que la pasaremos tan bien que olvidarás a tu noviecito. ¿Cómo te llamas?


Juliana guardó silencio.


—Bueno, ya estás comenzando mal, luego no te quejes si...


—Juliana —interrumpió ella alzando el tono de voz—, me llamo Juliana.


—Hermoso nombre para tan hermosa mujer.


Una vez más Juliana pensó en agradecer el cumplido, pero prefirió guardar silencio al tiempo que miraba por la ventana percatándose de que estaban entrando a una zona de la ciudad conocida por su aguda pobreza y actividad delictiva.


El terror invadió nuevamente a Juliana al suponer que el hombre que iba a violarla era sin ninguna duda un delincuente, tal vez el cabecilla de una banda de rateros, roba bancos o secuestradores o peor aún, un violador y asesino serial.




¿Qué tal si el hombre estaba mintiendo y la violarían en grupo? ¿Debió luchar contra él? ¿Debió intentar escapar cuando tuvo la oportunidad de hacerlo? Ya era tarde, pensó. Sus ojos se llenaron de lágrimas y una de estas descendió por la mejilla.


—Dios, guárdame de todo mal —dijo con voz débil y triste.


Las calles transitadas en el barrio al que acababan de ingresar lucían oscuras, la mayoría de los postes reflejaban una luz muy leve y mortecina, otros simplemente estaban en pésimo estado, con los faros rotos. El asfalto lleno de baches, había basura tirada en el suelo de casi todas las aceras, se oían perros ladrar por todos lados, Juliana nunca había estado en un lugar como tal, solo había oído comentarios y visto noticias por la televisión.


Llegaron a un callejón en el que Frank detuvo el auto e inmediatamente se acercaron a él un grupo de hombres de diferentes edades, unos descalzos, otros sin franelilla, dejando al descubierto sus cuerpos flácidos, llenos de tatuajes, había un grupo que jugaba dominó en una mesa y se oían los gritos eufóricos cuando una de las parejas salía vencedora, otros bebían licor y fumaban recostados a la acera, uno de ellos tenía un arma.


Uno a uno se fueron acercando a la ventana a saludar a Frank, todos se percataron de la presencia de Juliana en el asiento trasero.


Oyó las pláticas, hablaron de ella casi todos, dijeron cosas desagradables, se rieron, felicitaron a Frank y le decían:


—No te olvides de compartir


Juliana sabía que se referían a ella, habían notado su belleza, habían hecho comentarios sexuales. Juliana cerró los ojos, deseando despertar de una pesadilla que aún no comenzaba.


—Son mis amigos —dijo Frank girándose hacia ella.


Juliana abrió nuevamente sus ojos y se dio cuenta de que todos los hombres se habían alejado del auto.


—Ahora saldremos del auto, vendrás conmigo a casa. Ya sabes, si te pasas de lista te va a ir muy mal. Mira a todos estos hombres flácidos y desaliñados, tienen hambre de ti. Lo único que les impide llegar a ti soy yo. Así que piénsatelo bien antes de hacer algo que no me vaya a gustar. Estás en la boca del lobo. Saldrás conmigo y te comportarás como mi mujer.


Juliana volvió a temblar de miedo y entendió que estaba en manos de un enfermo y que sus esperanzas de volver eran casi inexistentes. Se encontraba a merced de ese hombre y probablemente cuando este se cansara de ella la entregaría a sus amigos. La única esperanza que tuvo de sobrevivir a lo que supuso que vendría a continuación fue encomendarse a Dios.


El hombre bajó del auto, luego le abrió la puerta trasera a la joven y le hizo seña para que saliera.


Juliana se encontraba arrinconada a la puerta sellada, pero obedeció de inmediato a su raptor, tenía mucho por perder si elegía rebelarse, fracasaría en cualquier intento de huir, pensó.


Una vez fuera del auto, él la tomó de la mano y dio unos pasos hacia la puerta trasera, el maletero. Allí empezó a manosear a Juliana con mucha delicadeza. Juliana temió lo peor e intentó mantener la calma. El hombre continuó manoseándola, ahora le deslizaba sus ásperas manos por sus desnudos brazos, sus hombros, el cuello, hasta que ella sintió que una mano hurgaba en su entrepierna.


—Por favor —rogó ella en voz muy baja, que solo él le oyera—, aquí no, no delante de esta gente.


No se atrevió a mirar a su alrededor, pero podía sentir al grupo de hombres acercarse a ellos, estos comenzaron a hablar entre sí del espectáculo que Frank pretendía obsequiarles.


—Se la va a culear —dijo uno


—Maldición, es una preciosidad —dijo otro


Se fueron acercando uno a uno hasta quedar a pocos metros de la pareja mientras proferían vulgaridades entre risas y se desenfundaban el pene.


Frank se colocó detrás de ella y continuó hurgando su entrepierna por lo que Juliana quedó frente al grupo de hombres que les rodeaban y se jalaban la polla. Ella intentaba disimular la incomodidad que le generaba la mano del hombre que hurgaba su sexo, ya que había metido la mano por debajo de la tanga, pero el negro sabía muy bien lo que hacía.


De repente y de un tirón vio como su captor bajó su tanga roja hasta los tobillos y le subió el vestido hasta la ingle quedando su entrepierna al descubierto.


Ella gimió del susto y del desacuerdo por haber sido despojada de su prenda íntima entonces se cubrió el sexo con ambas manos


—No me hagas molestar, preciosa —le susurró Frank al oído—, aparta tus manos ya mismo.


Ella obedeció dejando a la vista de todos, su vulva totalmente depilada.


Se escucharon aplausos y gritos en aprobación por lo que acababan de presenciar


—Vamos! rómpele el culo ya a esa puta


—Sí, venga, voy segundo


—Yo tercero


—Cuarto


—Quinto


Uno a uno fueron anunciando su turno


—Diecisiete —dijo el último de ellos


Juliana fue recostada al maletero del auto, un auto de los años 80, con un amplio maletero, tan amplio que fácilmente Juliana podía recostar completamente el torso pero no fue esta la posición en la que quedó. Estaban ambos de pie, Juliana posó sus manos encima del auto y en cuestión de segundos sintió su sexo invadido levemente por el pene de su captor.


Las risas y obscenidades volvieron. Frank se había desprendido de sus pantalones hasta los tobillos y empezaba una pausada penetración a la joven que fijaba su mirada en el vidrio trasero del auto.


Juliana notó que el pene que invadía su sexo no era cualquier cosa, se sintió llena y adivinó su grosor y longitud, pues, la cosa cada vez se hundía más en ella, adhiriéndose con mucha presión a las paredes de su vagina. Pensó en suplicarle que se colocara un condón, pero tuvo miedo de que el hombre se molestara. Se encomendó a Dios que aquel hombre no la contagiase de una rara enfermedad.


Fue penetrada durante un par de minutos en esa pose mientras oía todo tipo de obscenidades, aquellos hombres alentaban a Frank a ser más violento con ella.


Este dejó de penetrarla y le hizo señas con el dedo índice, pero al ver que la joven dudó, Frank le dijo:


—Agáchate, nena. Chúpame la verga.


Juliana pudo ver por primera vez la monstruosidad de pene que tenía frente a ella y que segundos atrás había ocupado toda la extensión de su conducto vaginal. Era inmenso y grueso, había superado sus expectativas.


—Qué puta, mira cómo se queda observando —dijo uno


—La mía también es grande, muñeca, ya verás cuando me toque mi turno —dijo otro


A Juliana no le quedó otra que obedecer. Se sentía humillada, quería salir corriendo, gritar a los cuatro vientos en busca de auxilio, pero sabía que sería en vano y no le costó entender que al primer intento de salir corriendo le iría peor, además, a dónde huiría, estaba en una barriada peligrosa, llena de delincuentes y gente de mala vida, si lograba escapar de estos probablemente se toparía con otros con las mismas o peores intenciones.


Cuando Juliana se agachó para succionar la oscura polla de su raptor, tan oscura que parecía un chocolate, incluyendo el glande, este intentó desprenderla del vestido, pero ella se resistió y empezó a rogarle:


—No, por favor, no me desnudes más


Frank se quedó a medio camino, con sus manos jalando del vestido y mirándole directamente a los ojos


—Obedece, muñeca, obedece


Entonces Juliana rendida y con rostro triste levantó las manos lo que facilitó que Frank pudiera despojarla con facilidad de su vestido verde. Juliana quedaba completamente desnuda ante aquellos hombres hambrientos de sexo.


—Qué perra tan divina


—Virgen santísima, qué pedazo de culo


Juliana empezó a succionar el oscuro pene de Frank que gimió al primer contacto con la boca de la joven. Al principio lo hizo con timidez y asco para luego concentrarse en dar placer al hombre. Era inmenso, apenas lograba succionar una cuarta parte del miembro, un poco más y le produciría arcadas, pero al ser ella quien llevaba el ritmo eso no sucedió.


Todos observaban a la joven succionar tal monstruosidad de polla, larga, gruesa y que ahora brillaba debido a los lametones y chupadas de la hermosa pelirroja.


—Ya deseo eyacular sobre su preciosa carita


—Se la voy a hundir hasta la campanilla


Juliana recordó que hacía minutos tenía unas ganas inmensas de orinar, aunque habían disminuido, quizá esa sería su salvación así que le dijo a Frank:


—Quiero orinar, estoy que me hago encima


—¿Qué dijo? —preguntó uno de los que estaba más cerca a ellos


—Sí, ¿Qué dijo la hermosa putita? quiero saber —dijo otro.


—Quiere orinar —dijo Frank mirando hacia al grupo.


Se oyeron risas


—Eso es por la follada que acabas de darle


—Préstame a esa zorra y verás cómo la hago cagarse encima


Hubo carcajadas esta vez.


Frank se hizo a un lado de la joven y le dijo:


—Orina, estos sádicos quieren observar cómo meas. Ahí mismo, agachada como estás.


Hubo risas y aplausos


—Sí, orínate, perra


—Venga, nunca he visto a una pelirroja orinar


—¿Qué esperas, que salga roja? —dijo uno en tono burlista


Las risas continuaron.


Juliana se arrepintió de haberle notificado al negro que deseaba orinar y no tuvo más remedio que complacerlos. Breves segundos después, una línea de orina caía en el asfalto mientras Juliana se mantenía con los ojos cerrados.


Nuevamente se oyeron risas, pero esta vez el centro de atención fue Miguel, uno de los tantos hombres que formaba el grupo. Este se había excitado tanto por ver a la joven orinar que terminó eyaculando y todos se dieron cuenta.


—Hija de puta —dijo mientras eyaculaba al borde de la acera—, mira lo que generas, zorra.


Las carcajadas se acentuaron


—Maldito precoz, no aguantas nada —le dijo Frank desde la distancia.


Miguel fue motivo de burlas durante unos segundos, incluyendo Juliana, aunque para sus adentros. Su novio tenía el mismo problema, aguantaba poco y siempre que llegaba al orgasmo caía rendido de agotamiento y sueño.


Frank decidió que era suficiente espectáculo, no tenía pensado compartir a la preciosa muchacha con sus compinches, a menos que la joven le decepcionara. Tomó el vestido que había quedado encima de la puerta del maletero y se lo entregó a Juliana.


—Vístete, nos vamos.


Los hombres oyeron y empezaron a quejarse al tiempo que veían a la joven subirse de nuevo la tanga y ponerse nuevamente el vestido.


—Venga, Frank, qué pasa, hombre, no seas aburrido


—Sí, Frank, no seas aguafiestas, comparte a esa preciosura con el grupo.


Todos reclamaron, pensaron que sería una noche interesante en la que iban a disfrutar de todos los orificios de la bella muchacha. Frank era el jefe de todos ellos y en ocasiones anteriores había llevado a un par de chicas raptadas a las que violaron en grupo, eso sí, siempre vigilados por él que se aseguraba de que no fueran a extralimitarse.


—Puede que más tarde, aunque no les aseguro nada —les dijo Frank.


Le tenían un enorme respeto. Frank era un hombre inteligente, bien hablado, tanto que no encajaba entre ellos, casi todos flácidos y de mal aspecto, drogadictos, dados al licor y malolientes. Era el cerebro de los delitos que solían llevar a cabo y en todos habían tenido éxito, gracias a él.


Tomó a Juliana de la mano y se encaminó con ella por una vereda despidiéndose del grupo.


Ella caminó junto a él, cabizbaja, agradeciendo a Dios en silencio, pues, sentía que era Dios quien la había sacado de aquel foso de leones hambrientos, aunque seguía en manos de su captor sin saber a dónde la conducía. Recordó lo que le había dicho este durante el trayecto en el auto: «No eres la primera», «hubo algunas que quisieron pasarse de listas y les fue muy mal». Ya sabía a lo que se refería con eso. Su grupo de amigos. Si ella no era la primera y a otras les había ido mal no significaba otra cosa que ser violadas por esa manada de degenerados antisociales.


—Ahora conocerás mi guarida y recuerda lo que te dije: si me haces molestar no dudaré en entregarte a estos desadaptados.


Juliana guardó silencio y cual sumisa se mantuvo tomada de la mano de su captor, como dos enamorados. Caminaron un poco más a lo largo de la vereda, una mujer adulta reconoció a Frank y le saludó desde la puerta de su pieza, lo mismo hizo un hombre de avanzada edad del otro lado de la vereda. Saludó a ambos y luego entró con la joven por un pasillo hasta dar con una puerta de hierro.


—Aquí vivo —dijo el negro.


Quitó el seguro a la puerta metálica y la invitó a pasar. Juliana muy obediente ingresó a la pieza, Había una cama matrimonial al fondo, un pequeño refrigerador, una cocina, una lavadora y demás cosas de uso personal. Hacia la derecha había una puerta de madera, la del baño.


Era una habitación de aspecto muy humilde, típico de las personas que residen en barriadas. Ella era una joven de clase media, acomodada, nunca en su vida había estado en una habitación de gente de bajo strato social, la diferencia era considerable.


Oyó el ruido de la puerta cerrarse y al darse la vuelta hacia él este la tomó del vestido y se lo quitó nuevamente lanzándolo a la cama, lo mismo hizo con la tanga y ella no ofreció ninguna resistencia a tal humillación.


Se quedó frente a ella observándola de arriba abajo.


—Eres una belleza de mujer. Qué buenas caderas tienes.


Juliana no supo que decir, pero se sonrojó por el cumplido, nadie le había hablado de ese modo, nadie la había mirado como ese hombre lo hacía.




Empezó a manosearla nuevamente, mordió levemente sus hombros, lamió su cuello y al llegar a su boca la besó profundamente y ella se vio obligada a corresponder al beso. El hombre besaba demasiado bien, tanto que el beso le produjo una leve excitación, pero este apartó su boca y continuó explorando su cuerpo. Chupó sus pechos al tiempo que los amasaba con sus grandes manos, luego se los pellizcaba mientras volvía a besarle profundamente. Literalmente se tragaba su boca, pues, la boca del negro era grande y amplia.


Le hizo señas y ella entendió, se agachó y empezó a succionar el enorme pene. Esta vez lo hizo mucho mejor, dedicándose a satisfacer al hombre, no quería vivir la humillación de ser violada en grupo así que comprendió que lo mejor era complacer al jefe, ese era el menor de los males.


Se afanó en chuparle bien la verga, se produjo arcadas ella misma con toda la intención de agradar a su raptor y que este se desentendiera de la idea de compartirla con sus desagradables amigos.


—A la cama —le hizo señas


Ella se levantó y se dirigió hacia la cama recostándose boca arriba.


Frank se inclinó hacia ella y metió toda su cara en su sexo.


—Mira como me como tu coño sabor a orina, a dioses, a sexo, tienes un coño delicioso.


Los siguientes minutos Juliana experimentó un gran placer, el negro se destacó chupándole el coño de todas las formas posibles lo que generó en ella satisfacción absoluta.


—Gime con libertad, entrégate al placer —dijo el negro en una pausa.


No se detuvo hasta que sintió que la joven se estremecía alcanzando un leve orgasmo.


En ese momento se levantó, se subió a la cama y la penetró con brusquedad.


—Por favor —suplicó ella


—Dime


—Ponte condón, te lo pido


—¿Es en serio, preciosa? No pretenderás que voy a privarme de disfrutar tu coño al natural. Voy a metértela a pelo, solo relájate.


Juliana gimió nuevamente y notó que el grueso pene del negro entró con absoluta facilidad en su coño, se sintió completamente llena a pesar de que aún quedaban centímetros de pene fuera.


El negro la penetró a un ritmo alocado haciéndola gemir sin descanso. Quedaron cara a cara, ella abierta de piernas recibiendo las embestidas del musculoso hombre que disfrutaba y gemía placenteramente.


La puso a cuatro patas, ahí mismo en la cama y volvió a penetrarla con ímpetu. Juliana la estaba pasando bien con el negro, tanto que deseó el orgasmo y lo consiguió. Semejante polla la violentaba como ella siempre había deseado, con fuerza, con determinación, llenándola completamente, produciéndole sensaciones que nunca antes había experimentado con sus amantes. El negro la tomó de la cintura con fuerza y estrellaba su verga dentro del coño de tal forma que ella sentía que le golpeaba el mismísimo estómago. El ruido del vaivén de semejante verga en su coño la excitaba, el golpeteo de la ingle del negro en su amplio trasero era la música de fondo en aquella humilde habitación.


Juliana se estremecía cada segundo transcurrido, su vagina nunca se había mojado tanto, se oían los chasquidos producto de los fluidos, de la fricción entre sexos, del contacto repetitivo entre ingle y nalgas.


El negro era una máquina, no paraba de abusar de ella y de generarle gran placer a la muchacha que olvidó por un momento su humillante situación, el placer se apoderó de ella, experimento una cadena de pequeños orgasmos, uno tras otro. Perdió la noción del tiempo, aunque sabía que habían pasado varios minutos y la bestia que abusaba de ella parecía no conocer el agotamiento.


Se acostó en la cama y la invitó a cabalgar sobre su verga a lo que ella reaccionó con naturalidad. Comenzó a cabalgar la grosera verga y en esa posición volvió a correrse, esta vez su orgasmo fue mucho más agudo que los anteriores. El negro disfrutó del bello rostro de la muchacha estremeciéndose por completo y gimiendo como una perra en celo.


—Vuelve a correrte —le dijo el negro.


Juliana continuó cabalgando al negro que de vez en cuando tomaba el control cuando ella sentía agotamiento.


Ambos sudorosos con el cuerpo brillante decidieron cambiar de posición, ahora actuaban como dos enamorados, siendo cómplices de las posturas. La volvió a poner en cuatro y la embistió con fuerza una vez más. Juliana gemía de placer, agradecida de que semejante bestia la estuviera llevando al mismísimo cielo en cada embestida.


—Dilo, admítelo. Nadie te había hecho sentir tan mujer como yo.


Juliana guardó silencio, aunque le dio la razón al negro. El desgraciado era un buen polvo.


Este continuó embistiéndole durante otro rato más, Juliana le sobrevenían temblores de placer, pero el negro no se detenía, cada vez la penetraba con más violencia sabiendo que la joven estaba en la gloria.


Volvieron a cambiar de pose, sería entonces la última. Quedaron nuevamente cara a cara en la cama, él encima de ella clavándola sin misericordia, esta vez la enorme verga entró completamente produciéndole dolor y placer a la muchacha que disfrutó la agresiva penetración.


Fue en esa intensa y violenta penetración en que el negro no aguantaría más y adivinó que en pocos segundos terminaría eyaculando así que sin detener las embestidas la besó profundamente una vez más hasta que sintió que se corría. Se levantó ágilmente, buscó el rostro de la muchacha y le bañó la hermosa cara de abundante semen. El negro gemía del dolor que le producía la desmesurada eyaculación, la cara de la pelirroja quedó tan embadurnada de semen que no pudo abrir los ojos.


—Dúchate —le dijo—, debo llevarte de vuelta.


Juliana obedeció. Mientras se duchaba rogó a Dios que el hombre no estuviera mintiendo, le aterraba la idea que al salir de allí él la entregara a sus amigos que sin ninguna duda estarían esperando por ella.


Cuando estaban a punto de abandonar la habitación ella, ante la duda que le carcomía el pensamiento le preguntó:


—¿Me entregarás a ellos?


—No —dijo él, seriamente. No lo haré, confía en mí.


Salieron tomados de la mano, caminaron desde el pasillo a la vereda, de la vereda al callejón donde aún permanecía el grupo de hombres tomando licor, algunos se habían marchado a sus casas.


Cuando se percataron de la presencia de Frank y de la pelirroja se pusieron alerta esperando la invitación de este, deseando que se las ofreciera, pero no sucedió. Frank abrió la puerta del auto a la joven como todo un caballero, luego subió al auto y se marcharon. Sus amigos no dijeron nada, solo dieron la espalda decepcionados de que la la larga espera había sido de balde.


Juliana se había librado de una violación en masa, tenía la corazonada de que el hombre cumpliría su palabra y la llevaría de vuelta al lugar donde la había raptado.


—Ojalá la próxima vez no tenga que raptarte —le dijo él cuando ya estaban a metros del lugar—. Sí, lo sé, soy un degenerado, te he raptado y no has tenido otra opción que someterte a mí, pero sé que disfrutaste mucho, demasiado diría yo. Este es mi número —le dijo, entregándole un papel-, dudo que me llames, pero si lo haces me aseguraré de que pases la segunda mejor noche de tu vida.


Habían llegado al lugar, Juliana esbozó una sonrisa forzada y bajó del auto, incrédula de que el hombre que acababa de violarla la hubiese traído de vuelta. El hombre se marchó y Juliana siguió pensativa, no dando crédito a lo que acababa de experimentar. Acababan de abusar de ella, lo había permitido sin ofrecer resistencia alguna, lo había disfrutado y por absurdo que le pareciera sintió extrañar a su raptor.


Al día siguiente había superado el síndrome de Estocolmo que la mantuvo en vela durante la madrugada. Era cierto que había disfrutado, había experimentado con él el mejor polvo de su vida, pero a pesar de ello no iba a permitir toparse de nuevo con él. Tocaba guardar el secreto y seguir adelante con su vida. Le sería imposible borrar tal experiencia de su cabeza, una experiencia humillante, aterradora y al mismo tiempo placentera. Le tomaría un buen tiempo digerir lo que le aconteció aquella noche, tiempo en el que Frank continuaría con sus fechorías saliéndose con la suya.

AUTOR: LEGAL MORBO 

Mi esposa preñada por un mulato /relato cornudo

 


Este es un relato que vi posteado aqui y nunca mas lo volvi estuve buscando encontre el respaldo que tenia asi que lo comparto con ustedes


Mi nombre es John y mi esposa se llama Janine. Estamos casados desde hace 10 años. Ella tiene 33 y yo 36. Mi esposa es una linda mujer, aunque muy bajita, sólo mide 5 pies de altura. Tiene pelo lacio color castaño claro por debajo de los hombros, ojos verdes y una sonrisa dulce y delicada. Eso es: ella es toda delicada. Tiene unos pechos suaves (a pesar de tener un hijo de 2 años) con pezones rozados, una pancita de mujer treintañera y una concha apretada y poco profunda, con labios rozados y con un denso triángulo de pelo marrón en su pubis.


Ella es una madre tierna y un ama de casa joven. Una esposa responsable y una reciente profesional de la psicología.


Ella es psicóloga de niños, dada su dulzura y delicadeza siempre fue su vocación y es el trabajo perfecto para ella. Es una chica conservadora e inteligente.


Yo fui su primer hombre y traté de enseñarle todo en el sexo si bien tampoco tuve demasiada experiencia previa. Hacemos el amor dos o tres veces al mes, sólo después de que su menstruación se retira y está en sus días de mayor fertilidad y calentura. En esa etapa sus senos se hinchan levemente incrementando su sensibilidad. Y sus pezones oscurecen unos tonos su color en señal de que su cuerpo está dispuesto a ser fertilizado.


Como ella aún no quería tener otro hijo –dado el tiempo que le dedica a su profesión- usamos condones para hacer el amor, aunque se que tengo una baja cantidad de esperma fértil. De hecho, para tener nuestro hijo intentamos durante 6 años, hasta que finalmente lo logramos.


El médico que consultábamos nos dijo que ella es muy receptiva porque ovula apenas termina su menstruación y durante 12 o 13 día su vagina permanece muy expuesta, así que sería fácil de que la embarace si yo tuviera una cantidad normal o alta de esperma potente. Pero como no es así, los condones son más que suficiente para que no haya riesgo alguno de embarazo. Además la cantidad de semen que eyaculo es muy poca porque –según el médico- mis testículos son muy pequeños.


Mi pene también es bastante chico: menos de 4 pulgadas y, a pesar de que Janine tiene el útero muy bajo porque su cavidad vaginal es muy corta y su canal cervical también, la cabeza de mi pene no llega a tocarlo.


Siempre fui un poco fantasioso y después del nacimiento de nuestro hijo y con lo ocupada que estaba mi esposa con su trabajo empecé a ver videos y fotos en Internet. A veces me masturbaba frente a la PC mientras veía pornografía. Siempre tuve cuidado de que mi esposa no descubriese mis "prácticas" hasta una noche en que ella estaba indispuesta y hacía más de veinte días que no teníamos sexo. Yo estaba excitado y necesité descargarme mientras leía una historia erótica de un matrimonio en el que la mujer era infiel a su marido con un hombre más grande, alto, fuerte y mejor dotado. Janine me descubrió tocándome:


-"¿Qué es lo que estás haciendo John?, muéstrame lo que estás viendo".


Yo minimicé la pantalla, pero me olvidé de borrar el historial de navegación, y más tarde, cuando yo dormía, mi esposa vio la historia que había estado leyendo.


Al otro día me dijo que era un pervertido y un "pajero de mierda", estaba muy enojada y me dijo que no tendríamos sexo por un tiempo porque le causaba rechazo lo que había pasado.


Llegó el fin de semana y me anunció que, el viernes por la noche, saldría a cenar con su amiga Laura. Yo arreglé para llevar a nuestro hijo a la casa de mis padres y quedarnos ambos a dormir allá para regresar a nuestra casa el sábado al medio día.


Janine estuvo de acuerdo y me dijo:


-"Fantástico, buena idea, así puedo quedarme más tiempo con Laura y ponernos al día de nuestras cosas".


Yo le pregunté:


-"A dónde irán con Laura", ella respondió "A cenar a African Food, un nuevo lugar que ella conoce". Yo quise averiguar un poco más y le pregunté si quedaba muy lejos, y me dijo que no sabía exactamente, pero que era en el barrio donde vive Laura, una zona céntrica de la ciudad distante a unos 30 minutos desde nuestro vecindario suburbano, familiar y de clase media.


-"¿Van con el auto de Laura?", pregunté


-"Si mi amor –dijo ella- quédate tranquilo que ella me trae a casa después de cenar. Vos anda a lo de tus padres y nos vemos mañana al medio día"


Yo no pude evitar tocar el tema de los días anteriores:


-"Estás enojada por lo del miércoles".


-"Ya se me va a pasar –ella me dijo- pero me dolió mucho lo que hiciste."


-"Perdoname por favor –le rogué- es que tengo ganas de hacer el amor y vos estás con poco tiempo y encima estás indispuesta y…."


-"Está bien, pero dame unos días para que se me pase. Voy a cenar y tomar unos tragos con Laura y mañana hablamos"


Yo la veía cómo se arreglaba para salir con su amiga y vi que no protegía su vagina con una toalla íntima. Me comento que su menstruación se había retirado el jueves… Estaba tostada por el sol porque llevaba a nuestro hijo a la piscina, y tenía la marca de su bikini totalmente marcada en su cuerpo. No usa bikinis pequeñas, pero me encanta como se presenta la mata de pelos marrones en su piel blanca que no ha sido quemada por el sol.


Se puso una pollera de seda bordó que le marcaba sus muslos, cola y el montículo de su pudis. También se puso una remera escotada blanca al cuerpo que marcaba su pancita, y unos suecos blancos de mediana altura.


-"Shit!!!!!!" Pensé. Ayer empezó su etapa de ovulación y –por consiguiente- de mayor receptividad para el sexo.


Me fui con nuestro hijo a la casa de mis padres con el auto a las 7 PM. Laura pasaría a buscar a Janine a las 8.30 PM.


Cuando llegué a la casa de mis padres cenamos y busqué en Internet la dirección del lugar African Food. La Web Site rezaba "Para cenar y bailar como en Africa".


Era un lugar para cenar que luego se convertía en Dance y se bailaba música Africana, desde luego.


A las 11 pm la llamé por telefono ceular a Janine y me dijo que ella y su amiga se iban a quedar un poco más porque iba a haber un espectáculo de baile africano y que quería verlo. Me dijo que le quedaba poca batería en su aparato y que no me preocupe, que no regresaría muy tarde: "John, nos vemos mañana a las doce am en casa, quédate tranquilo y disfruta allí".


El niño se había dormido y mi padre y yo veíamos un partido de tennis. Mi padre también se acostó y me quedé solo. Eran ya las 0.30 AM cuando decidí acercarme al lugar donde estaba mi esposa. Tomé el auto y salí rápidamente hacia el centro de la ciudad. Llegué allí en 20 minutos.


Entré al lugar y era realmente enorme. Había una pista central donde estaban bailando matrimonios y parejas blancas, pero también había muchos hombres negros que pertenecían al staff de bailarines y músicos que tocaban unos tambores.


A la izquierda había unos reservados muy oscuros para las parejas que deseaban hacerse algunos mimos.


Más hacia el fondo había una gran barra de bebidas. Allí, perdiéndome entre la multitud vi a Janine, sola, sentada en un taburete y con un codo apoyado sobre la barra y con su mando izquierda tomaba una copa de vino blanco, espumante y dulce. Siempre que lo tomamos se pone mareada y lo usamos como un plus para nuestras relaciones sexuales. Ella se distiende y le hace olvidar sus obligaciones de mamá joven y profesional responsable.


-"Pero, ¿dónde está Laura?", pensé.


Me escondí detrás de una gran columna muy cerca de ella y veía como los hombres se le acercaban y ella los rechazaba diciendo: "estoy con mi marido", y mostrando su alianza de casamiento de oro mientras sostenía su copa de vino blanco.


De repente se acercó a ella un enorme hombre negro. Alto, muy alto, fácilmente mediría 7 pies y era negro, negrísimo como el carbón. Tendría unos 45 años y pude escuchar que su voz gruesa se dirigía a mi mujer:


-"Hola, soy Modou Moussa, de Nigeria, ¿puedo acompañarte con una copa?".


Janine puso cara amable para no parecer una racista, pero le dijo: -"Estoy esperando a mi marido que fue al baño, gracias".


Mi esposa casi nunca había hablado con un negro y menos con un africano auténtico, y como toda mujer blanca de clase media sentía un poco de miedo porque en las noticias siempre son los negros los que delinquen (aunque sabemos que no es así).


-"Se que no estás con tu esposo aunque muestres con orgullo tu anillo de casada. Viniste con tu amiga Laura, que está por ahí con amigo mío blanco llamado Josh. Sólo te acompaño y conversamos mientras tu amiga está divirtiéndose".


Janine, no supo que decir cuando vio a Laura rumbo a los reservados de parejas junto a un chico blanco de su edad. Laura es soltera y era evidente que con tanta diversión encontraría compañía masculina.


Modou sonreía y Janine le dijo que usaba esa técnica para sacarse a los "moscardones" de encima. Se rieron y Modou –si pedir permiso a ella- pidió una botella entera del vino que Janine estaba tomando. Esta fue la primer muestra de su firmeza y condición de macho dominante, de hecho, Janine no se atrevió a decirle que no al verlo tan decidido.


Mi hermosa y pequeña esposa ya había tomado tres copas de vino, dos durante la cena y estaba terminando su tercera. Así que no le quedaba mucho resto en su delicado cuerpo para albergar mucho más alcohol. Sin embargo su copa fue llenada por Modou mientras le contaba que era uno de los músicos africanos que lideraba el show. Con sus 45 años era el más conocido por todos en el lugar.


-"¿Qué significa tu nombre?, Modou Moussa", -pregunto mi esposa con delicadeza, mientras acercaba la copa a sus labios-


El barman (bartender) que estaba del otro lado sonrió e hizo un gesto cómplice al negro.


-"Es una vieja historia, pero no es mi nombre de nacimiento, me pusieron ese nombre hace 15 años, a la edad de 30 antes de venir a América. No quiero aburrirte con eso, algún día lo sabrás".


-"Qué intrigante!!!! –pensó Janine para sí misma- Este negro se cree una estrella, y cree que estoy interesada por él, jajaja!!!! – pensaba ella al momento que esbozaba una sonrisa burlona sin querer. Modou percibió esa sonrisa e hizo a su vez una mucho más maliciosa.


Yo era observador y escucha privilegiado allí, detrás de la columna esperando cómo se desarrollaba la situación tan rara.


El negro volvió a llenarle la copa con vino. Ella trataba de negarse, pero él no hacía caso. Era evidente que quería dominar la situación y nada iba a impedirle hacerlo.


-"Eres muy alto Modou!" –dijo Janine mirando cómo el africano vertía el vino en su copa y sorprendiéndose por el tamaño de las manos del negro.


-"Si. Y tu, muy pequeña!"


Se rieron levemente.


Janine le contó de su profesión y hubo un ligero brillo en los ojos de Modou cuando mi esposa mencionó lo mucho que le gustaban los niños.


-"¿Cuántos hijos tienen tu y tu marido?", preguntó el gigantesco hombre.


-"Oh! Sólo uno, trabajamos mucho y, además, mi marido tiene algunos problemas con…"


Mi esposa se dio cuenta que estaba confiando algo íntimo a un hombre negro y desconocido.


"Ji ji" - se rió ella levemente y Modou iba teniendo la certeza que su plan estaba dando resultado: Mi hermosa y delicada esposa estaba ya bastante mareada y acalorada. A Modou se le habían inyectado los ojos en sangre y calentura.


En ese momento apareció Laura con el muchachito blanco diciendo a mi esposa que la disculpe, pero que Josh la había invitado a ir a "otro lado"… Mi esposa la miró con cara de súplica, pero su amiga se fue sin compadecerse de ella.


-"Bailemos un rato", propuso Modou Moussa a mi dulce princesa. "Al menos te quedas un rato, luego te llevaré a tu casa en mi camioneta", aseguró el negro.


Eran la 1.15 AM.


Janine puso cara de no estar muy convencida, pero el grandote la tomó de la cintura y con su mano la bajó del taburete con facilidad. Mi tierna esposa sintió la presión de esos enormes dedos en su espalda.


Mientras caminaban a la pista de baila central, él caminaba adelante y ella detrás agarrada de su mano. Parecía una niña a la par de él, sólo le llegaba a la mitad de su pecho. A pesar de ser un dance africano con clientes blancos, casi no habían parejas interraciales, y algunas mujeres blancas miraban a Janine con prejuicio…


Yo los seguí de cerca y traté de seguir escuchando lo que hablaban.


-"¿Y tú Modou –preguntó incrédula mi pequeña- cuántos hijos tienes?"


-"16", dijo él secamente y sin darse vuelta. Sólo cuando la tomó de la cintura y la miró hacia abajo con una mueca de maldad dijo "Viste, yo no tengo el problema que tiene tu marido"


Ella miró hacia arriba con cara de terror y asombro. Una sensación extraña atravesó su vagina, un cosquilleo. Su período de ovulación, el alcohol, y estar bailando con un hombre africano negro como el carbón y enorme como un oso le causó un calor en la vulva y en la punta de sus rosados pezones.


La música era lenta ya a esta hora y él la apretó un poco contra su cuerpo y le hizo sentir un bulto grande a la altura de las tetas de ellas. Le acariciaba la espalda con sus manos pesadas y a cada paso de baile presionaba un poco más su pequeño cuerpito contra el suyo.


Ella, en un acto reflejo, apoyo por un segundo su carita de ángel en el pecho de Modou y volvió a sentir electricidad desde sus tetas -en contacto con el bulto del negro- hasta la entrada de la cavidad de su vulva.


-"Voy un segundo al baño, Modou, y después llevame a casa, por favor". Dijo ella.


-"Ok". Dijo el negro con su voz de trueno, "Te espero sentado en las mesitas de allá"


Las mesitas estaban en la oscuridad del lugar y Modou compró otra botella de vino antes de sentarse allí.


Janine entró al baño de damas con las mejillas coloradas y acaloradas. Orinó en el WC y mientras se secaba la vagina una baba chorreó entre sus vellos púbicos, señal inequívoca de la receptividad de su vulva. Debió secarse nuevamente con más papel higiénico.


Trató de controlarse. Una mujer joven, inteligente, psicóloga, mamá de un bebé de dos años y esposa conservadora se había mojado por un enorme hombre negro 13 años mayor que ella, negro como el carbón, africano y padre de 16 hijos!!!!!!!!


-"¿Qué es lo que estoy haciendo?", pensó seriamente.


Pensó no volver con él, pero sabía que eran las 2 AM y que no tenía manera de regresar a casa.


Volvió a las mesitas "oscuras" y allí estaba Modou, esperándola con una nueva copa llena.


-"Oh no!!!, yo no bebo más –gracias Modou- ha sido suficiente para mí".


Tomó otra copa y ya era la sexta.


-"¿Estás acalorada verdad?", dijo el africano clavando la vista en la remera blanca de mi pequeña mujer, donde se dibujaba la dureza de sus pezones.


Ella trató de taparse pero él hombre se apresuró y le plantó un beso abriendo la boca de ella y metiendo su enorme lengua. Al mismo tiempo una de sus manos de simio voló a una de sus tetas y rozaba eróticamente su pezón erecto. Ella maulló casi imperceptiblemente y devolvió el beso sacando su rosada y pequeña lengua.


Su manito izquierda -portando su anillo de matrimonio de mujer blanca casada- alcanzó en interior de la camisa de él acariciándole el pecho y jugando con sus tetillas. Ella sabe muy bien lo que a mi me gusta eso. Siempre le dijo que cada vez que me hace ese jueguito con mis tetillas siento un hervor en mis testículos. Evidentemente, ella buscaba causar este efecto en el africano sin ya pensar en cómo terminaría la noche.


Sabía internamente que si no se detenía el riesgo de ser seducida sería muy algo.


Modou metió su otra mano debajo de la pollera de Janine y ella dio un respingo de su asiento. El negro acariciaba la parte interna de sus muslos y se esforzaba por abrir más y más sus piernas.


-"Basta Modou! Basta por favor! Soy una mujer casada. No quiero, Por favor!!!"


Él la tomó fuerte de la cintura mostrándole quien mandaba y le metió la mano debajo de su bombacha chocando contra el arbusto peludo de su delicada entrepierna. Corrió la bombacha y le frotó hábilmente su enorme dedo mayor en la raja.


Janine reaccionó sacando la lengua y buscando la boca de él, tenía la vulva a merced de él. Justo en su período más fértil.


Ella se detuvo de repente, intentando una vez más parar sus arremetidas. Sacó la mano del negro de debajo de su pollera y se paró…


-"Llevame a casa, esto ya no pude seguir"


-"Como quieras hermosa, te llevo a tu casa".


Salí antes que ellos, subía a mi auto y llamé a lo de mis padres. Mi madre, entre dormida, me dijo que todo estaba bien allí.


Manejé a toda velocidad a casa, casi recibo una multa por pasar el semáforo en rojo. Mi corazón se salía de mi pecho. No podía creer que mi mujer estuviese actuando así. Mi Janine, la mamá dulce, la"doctora" que comprende a los niños y que es ejemplo de todas las mujeres de nuestro vecindario cristiano y de clase media.


Dejé el auto a dos cuadras y me metí en la casa en un cuartito-biblioteca, desde donde se ve el living y la puerta del dormitorio.


Oí que estacionaba un vehículo. Era una camioneta enorme, un poco vieja. Pertenecía a Modou Moussa. Janine se perdía en la inmensidad de la PicK Up, pero al negro le quedaba chica.


Mi esposa no bajaba del vehículo y supuse que algo pasaba nuevamente. Él la estaba besando nuevamente y mi mujercita le hacía el jueguito del pecho, yo no quería pensar cómo tendría los testículos el africano si le gustaba como a mí esa caricia.


Ella daba pequeños respingos en el asiento y me di cuenta que le seguía masajeando la vulva y pensé que ya no había vuelta atrás.


Él le decía algo y ella le decía que no con la cabeza, él una vez más mostró su carácter dominante y sometió a mi pequeñita y hermosa mujer a su pedido.


A ella la había traicionado el inconsciente y le había confiado que ni yo ni nuestro hijo estabamos en casa hasta el día siguiente, y él le estaba pidiendo que lo invite a tomar un café dentro de la casa.


Mientras entraban escuché la siguiente conversación….


-"Sólo un café Janine, nos va a hacer bien luego de tanto vino y nos va a reconfortar". Insistía Modou


-"Tomamos el café y luego te vas, ok?, ya hicimos demasiadas locuras por hoy". Dijo mi mujer tratando de cerrar trato para no pasar a mayores.


Él negro le hizo una caricia en la cabecita de ella mirando desde arriba, parecían David y Goliat. Él se sentó en el sillón del living y mi mujer regresó de la cocina con una bandeja y dos cafés y azúcar.


Para Modou fue lo último de la farsa. Le sacó la bandeja de la sus manitos y le plantó el beso con el que no habría vuelta atrás. Le comió la boca y le metió la lengua sin miramientos. Además, volvió a la carga con el manoseo de las tetitas pequeñas de Janine y por debajo de su pollera. Ella jadeó resignándose, ahora sí, a que no tenía escapatoria y que iba a terminar perforada esa noche. Pero no se imaginaba lo que vendría….


En cinco minutos la desnudó y la recostó en los almohadones del sillón abriéndole las piernitas con sus poderosos antebrazos y tomando con sus manos los bracitos de ella. La tenía inmobilizada y le chupaba la vulva mientras Janina se quejaba y gemía. Le pasaba la lengua por toda la raja y le mojaba todos sus pelos alrededor de su abertura.


Modou olfateaba el aire mientras lamía la vagina de mi esposa y se daba cuenta de su estado de celo, indudablemente él recibía el olor de su concha como señal de receptividad y –sin que mi mujer lo vea- se reía y ponía una mueca maliciosa.


No la dejó llegar al orgasmo y se sentó a su lado, esperando la reacción de ella. Ella dudó, pero miró la entrepierna de él y comenzó a desabrocharle el pantalón…


-"Janine, ahora sabrás qué significa Modou Moussa", dijo el africano, "Quiere decir Semental Implacable".


Mi esposa estaba bajando sus slips y vio con asombro lo que Modou portaba entre sus piernas.


-"Me dicen así por el tamaño de mis genitales y mi escroto, y por la potencia de mi esperma", dijo calmo y con su voz gruesa e imperturbable.


Estaba aún en reposo, pero su verga era de 10 pulgadas y gruesa como una lata de cerveza. Si su cuerpo era negro carbón, sus genitales eran más negros aún.


Janine, muy asustada, la tomo con una de sus manos y notó lo pesado que era ese garrote. Lo pajeó un poco y comenzó a crecer. Lo levantó y vio el resto del espectáculo: Realmente impresionante. Sus testículos descansaban entre sus piernas dentro de su escroto, que colgaba hasta la mitad de sus largos muslos. Cada una de sus bolas era del tamaño de una bola de pool y se veían pesados y vaya a saber con cuánta carga de esperma dentro de ellos.


Él se paró junto al sillón y Janine hizo lo mismo. Él le mostró el tamaño de su escroto y hasta dónde colgaban. Fácilmente el saco de su escroto descendía 8 pulgadas. Janine, en silencio, los comparó con mis testículos que apenas superan el tamaño de las aceitunas. Casi sin agacharse levantó la verga y le pasó la lengua por la punta suavemente. Modou gruñó. Ella, con su otra manito, tomó uno de sus testículos y se sorprendió por la alta temperatura que emanaba de ellos, en señal de la aptitud fertilizadora del esperma que contenían.


-"Hace dos meses que no estoy con una mujer", le dijo el negro al oído agachándose y acariciándole nuevamente la vagina peluda. Su raja babeaba en señal de su estado de calentura y receptividad.


La verga del africano creció hasta las 12 pulgadas con los lenguetazos delicados de mi mujer y su grosor se incrementó un 10 %. Los huevos también se le hincharon más aún. De la cabeza de la verga chorreaban gruesos hilos de líquido pre seminal, una cantidad mucho mayor a cualquiera de mis acabadas, y Janine pasaba su pequeña lengua rosada


-"Vamos al dormitorio Modou –dijo mi esposa- allí tengo condones de mi marido".


Él sonrió y fue de tras de ella que lo tomaba de la mano.


El negro se paró al lado de la cama y Janine subió como un gatito pequeño al colchón abriendo el cajón de la mesita de luz para encontrar "el único condón que allí había".


Ella abrió el sobre y comenzó a tratar de proteger la inmensa verga del gigantesco negro. Maniobraba con esfuerzo para desenrollarlo pero el grosor del choto era demasiado


-"Debes usar un condón Modou. Es mi período más fértil. Estoy ovulando y tenés los testículos muy hinchados"


Siguió maniobrando y calzó un poco del condón en el glande, pero cuado intentó desenrollar el resto, el preservativo se abrió a lo largo. De punta a punta quedó una rotura.


-"Sólo la meteré unos instantes y luego nos descargaremos de otra manera", dijo el negro con una sonrisa maliciosa y los ojos inyectados en sangre. Janine dio la última respuesta equivocada de la noche.


-"Pero tienes mucho líquido pre seminal. Estoy en mi etapa más peligrosa Modou". Contestó ella.


-"Sólo un instante. Nada pasará".


Ella pensó un momento, miraba la verga babeante y los terribles testículos de Modou, que estaba de pie frente a la cama. Estaba pensativa, pero el estado receptivo de su vulva la traicionaría una vez más. Y aceptó que trate de metérsela un instante.


La recostó sobre la cama y la montó. Con sus enormes antebrazos abrió las piernas de ella, y con sus manos de gran simio tomó los diminutos brazos de mi mujer afirmándola contra la cama. Luego presentó la cabeza del pene frente a la vulva de Janine y de un empujón le enterró la mitad. El grito de mi esposa se debe haber escuchado a una milla de distancia. Le abrió la vagina enormemente dado el grosor anormal del aparato.


Con sólo la mitad de la terrible poronga, Modou había atravesado el canal cervical de la vulva de mi esposa y su cabeza –del tamaño de un limón- quedó alojada en el útero fértil de ella.


Los testículos quedaron a apoyados contra el colchón. Se los veía más grandes y duros. Eran, literalmente, dos bolas de pool por su color negro y por los pesados y duros que eran.


-"Agrhhhhhh, ochhhhhhhhhhh. Retírala, retírala por favor que duele. Es demasiado gorda! Agggrrrrrrhhhhhh!!!!!!".


Él no hizo caso a las súplicas, sin retroceder un centímetro la afirmó más aún y los músculos de su culo y espalda se impulsaron y dando un gruñido de búfalo en celo le sepultó todo el aparato. La cabeza del pene se aplastó contra la pared más distante del útero de Janine y el escroto dio un golpe contra las nalgas de ella y contra el colchón, dado su enorme tamaño.


Mi esposa estaba clavada totalmente y se quejada ahogadamente, sin aliento.


Modou comenzó a bombear con dificultad, el pene arrastraba las paredes internas de la vulva apretadamente y los vellos públicos de mi esposa entraban y salían junto al garrote. Aceleró el ritmo y sus huevos de toro comenzaron a golpear en las blancas nalgas de Janine y en el colchón. El sonido del saco escrotal contra mi esposa era similar al de una bolsa de arena golpeando contra una pared.


- "No me acabes a dentro Modou. Retírala ya por favor. Recuerda que estoy ovulando OUCHH, OUCHH", entre embestida y embestida del negro.


Él le retiro la monstruosa poronga con esfuerzo porque su cabeza estaba totalmente incrustada en el útero de mi esposa. Logró desengancharse y Janine dio un chillido. La levantó en el aire a mi mujer con una facilidad asombrosa. Se acostó de espaldas con mi esposa en andas de un de sus brazos. La tomó fuertemente de la cintura sólo con una mano y con la otra apuntó la cabeza de la negra herramienta a la inflamada vulva mi pequeña esposa. La empujó hacia abajo y volvió a sepultarle hasta el tallo ese grueso tronco.


Mi esposa quedó de espalda a mí y la visión de la vagina tan extensamente abierta recibiendo ese grosor y del escroto colgando de la base era impresionante.


También noté el contraste extremo de la piel de mi esposa y de la del negro y la marca de la bikini de mujer casada en su cola redonda y carnosa.


Subía y bajaba a mi mujer con una mano. Le retiraba un poco más de la mitad de la longitud y volvía a enterrársela toda. Mi mujer disfrutó algo más en esta posición aunque chillaba con los dientes apretados. En un momento se quedó quieto con la verga clavada en el útero de mi mujer y ella tiró su mano izquierda hacia atrás para acariciar de a uno los terribles testículos. En su dedo anular brillaba su anillo de casamiento.


Con su mano derecha acariciaba el pecho de él.


-"Que testículos enormes Modou. No acabes dentro mío por favor".


Ella retiró la mano izquierda y observé que los enormes huevos de Modos latían dentro de su saco escrotal, en señal del aumento de semen dentro de ellos. Su tamaño era increíble y ya superaba el de una bola de pool.


Bombeó la vagina de Janine unos minutos más y comenzó a retirar nuevamente la extensa longitud del choto del interior de mi mujer.


Ella se desmontó del negro apretando los dientes cuando se desengancho de la verga. Y se sentó al costado del cuerpo negrísimo del africano para comenzar a pajearlo y hacerlo acabar. Observó nuevamente con asombro el grosor de la verga del negro y su longitud y la manera de latir de las enormes bolas que contenían la pesada carga seminal de Modou. Volvió a acariciar el saco escrotal y se inclinó contra el gigantesco pecho del africano pasando la lengua por las tetillas. Su cuerpo emanaba un fuerte olor a macho negro en celo y de la cabeza de la gruesa verga continuaban saliendo pesadas gotas de líquido pre seminal transparente.


El negro acariciaba la pequeña espalda de Janine con su enorme mano, la que cubría en su totalidad, hasta que la tomó contra su cuerpo y se reincorporó de la cama mientras le dijo:


-"Voy a meterla unos instantes más en tu vulva".


-"Oh no Modou. No tomo pastillas anticonceptivas, ya te diste cuenta cuando quise proteger tu miembro con el condón. Estoy ovulando y son mis días más riesgosos".


Él volvió a mirarla seriamente y con ojos penetrantes mostrándole que él era el macho que tomaba las decisiones.


Tomó un almohadón y la puso sobre la cama. Ubicó a mi delicada Janine boca abajo con el almohadón debajo de su pancita. De esa manera la cola de mi esposa quedó hacia arriba y su vagina quedó expuesta para ser asaltada desde atrás por el gigante africano. Él le acarició la vagina peluda desde atrás.


Luego se subió a la cama y se puso en cuclillas detrás de ella. Con una mano la tomó fuertemente del culo y con la otra se apoyó pesadamente en la espalda de mi esposa. Era increíble ver a ese hombre negro tan grande en comparación con la miniatura de muñeca de mi mujer.


Presentó nuevamente la cabeza del tamaño de un limón en la raja de mi mujer.


Ella sabía que en esa posición estaba más expuesta que nunca y trató de moverse pero él la afirmó contra el colchón y empujó mortalmente con el peso de su cuerpo hacia abajo y adelante sepultando toda la verga en la vulva de Janine y clavando la cabeza en la pared más lejana del útero. El empujón fue tan fuerte que el cuerpito de mi mujer se fue casi 2 pies hacia delante con la embestida, y dio un chillido terrible.


Él volvió a afirmarla del culo y de cuello y comenzó a bombear fuertemente. Su saco escrotal ahora golpeaba contra el pubis peludo de Janine y también llegaba a golpear contra parte de la pancita de ella. Esos huevos eran enormes.


Luego paró unos instantes y lentamente retiró casi toda la longitud del pene. Mi esposa creyó que se la iba a retirar por completo, pero inmediatamente él volvió a empujar con una rudeza desproporcionada dándole un puntazo con el que enterró nuevamente la verga hasta el tallo y e taladraba el útero fértil. Volvió a retirar lentamente y volvió a clavar con violencia. Hizo esto varias veces y Janina dio una lastimero y ahogado grito cada vez.


Luego volvió a bombear rápidamente por espacio de cinco minutos hasta que sus testículos se expandieron al máximo en su saco escrotal y Modou comenzó a gruñir como un animal a cada embestida. Janine sabía o que se avecinaba y rogó una vez más entre gemido y gemido.


- "No me acabes a dentro Modou. Te lo ruego. ARGHGGHH, OUUCCCHHH, AAAYYYY. Me vas a embarazar!!!!!".


- "Si pequeña –le gritó Modou con su voz de trueno- vos a plantarte un enorme hijo negro en tu útero fértil de mujer casada".


- "No, por favor. No, qué va a decir mi familia, OCUHHHH, GGGGRRRRRRRR, ARAAARRRRRRGGGHHHH, Retírala por favor. No lo hagas.".


Modou bombeaba con el poder de su cuerpo y hacía golpear la pesadez de sus huevos contra Janine. Ella sabía que allí estaba alojada la bestial carga de Moduo.


-"No me llenes Modou. Te lo ruego, retírala de mi vulva. OOOOUCCHHHHH. Qué pene enorme que me sepultas hasta la matríz!!!! OOOOOOHHHHH, Qué testículos descomunales portas Modou, AAAARRRRGGGGG, Retírala, estoy casada".


El negro enorme aceleró el ritmo al máximo gruñendo como un animal hasta que la tomó fuertemente de la cintura y de la nuca. Sus dedos rodeaban toda la circunferencia del cuello de mi mujer.


Mi dulce esposa intentó escapar hacia delante antes de que Modou Moussa acabe, pero el negro afirmó contra la cama.


-"Quédate quita", ordenó el negro a mi esposa.


Le bombeó fuertemente la vagina hasta que con todo el peso de su cuerpo dio una estocada potentísima que machacó fuertemente la matríz de Janine. Su cuerpo se tensó y sus testículos comenzaron a disparar potentes chorros de semen espeso y altamente fértil.


Janine abría los ojos y gritaba a cada descarga que el africano le daba. Su vulva fértil estaba recibiendo las potentes eyecciones Modou.


A cada dosis que el negro le servía en la vagina a mi mujer sus testículos ascendían dentro del enorme saco escrotal, esos tanques enormes impulsaban fuertemente la leche a través del interior del cañón de la enorme verga, y era depositada contra la pared del útero fertilizándolo.


Fueron al menos 24 enormes descargas a lo largo de un minuto, hasta que el negro comenzó a retirarse del interior de mi esposa. La cabeza estaba más incrustada en su vulva que las veces anteriores y mi mujer chillaba a medida que el negro tiraba hacia fuera.


Cuando sacó finalmente la cabeza una espesa y gruesa soga de semen comenzó a chorrear desde la raja de mi esposa, descendían por su arbusto peludo y caían hasta las sábanas formando un gran charco.


Modou se quedó un momento parado al costado de la cama. Su verga seguía inflamadísima sus testículos habían reducido su tamaño aunque eran igualmente enormes sin su carga de semen dentro.


Janine se reincorporó lentamente y hacía un gesto de dolor y preocupación por la cantidad de potente semilla de macho que Modou le había depositado directamente en la matríz.


Modou hizo una sonrisa maliciosa y fue a vestirse al living. Unos minutos después se retiro de nuestra casa.


Yanina quedó preocupada porque sabía que Modou la había embarazado.


Retiró las sábanas que estaban repletas de manchas del potente esperma del negro y las lavó.


Luego higienizó su vulva, que estaba muy dolorida y untó una crema cicatrizante porque los labios y el interior de la vagina estaban irritados.


Yo salí por la puerta de servicio y caminé como zombi una cuadra hasta donde tenía estacionado el automóvil. Regresé a la casa de mis padres e intenté dormir, pero no lo logré.


Decidí no decir nada a Janine de que había presenciado todo.


Pero una semana más tarde confesó lo ocurrido y poco después vimos que su período menstrual no se presentó.


Estaba embarazada de Modou Mossa. Su potente esperma africano había hecho honor a su apodo y mi mujer fue su víctima número 17.


Me convertí en Hotwife a petición de mi esposo

 



Qué tal, me llamo Lynda Angélica, pero mis amigos y conocidos me dicen Angie. A mis 33 años tengo el cuerpo delgado, soy de tez clara, mido 1.65, con el cabello por debajo de mis hombros y oscuro, bonitas facciones por lo cual me considero bonita. Tengo unos pechos medianos pero paraditos a pesar de haber tenido un hijo, con las areolas cafés que rodean mis pezones, mi mayor cualidad y lo que en realidad define mi figura son mis piernas torneadas con un trasero redondo y respingón sin llegar a exagerar, mis caderas son algo anchas debido a mi embarazo. Después de mi embarazo regrese al gym para tonificar piernas y moldear mis glúteos quedando redondos y duros. Soy originaria de Mérida, Yucatán, al sur de México, actualmente vivo en un grupo de fraccionamientos al norte de la ciudad con mi hijo de dos años y mi esposo con el que me case hace cinco años.


Yo trabajo como contadora en un despacho contable desde hace dos años, mi esposo trabaja en una startup de programación de aplicaciones en el que le va bien, ya que ambos tenemos buenos trabajos nos ha permitido vivir cómodamente.




Después de haberlos dejado en contexto, pasare a contarles lo que me paso hace aproximadamente año y medio, poco tiempo después de que entre a trabajar en el despacho. El horario de mi esposo es más cómodo, por su trabajo a veces no es necesario que asista a la oficina y de ser posible atiende a sus clientes o colaboradores mediante videollamadas, muy contrario a mi horario que si tengo un horario fijo y algunas veces he tenido que quedarme a trabajar hasta tarde en la oficina o incluso asistir a hacer revisiones de cuentas los fines de semana. Yo trabajó directamente con un contador que se llama Ricardo, que me delega las tareas contables, él es un hombre mayor de buen ver a pesar de su edad, elegante en su vestir y en cómo se expresa al hablar, todo una caballero como dirían, Arturo siempre se portó respetuoso conmigo, pero lo había sorprendido muchas veces viéndome el escore o el trasero, eso me provocaba algo de excitación.


Siempre me adulaba en la oficina con piropos o haciendo comentarios de lo guapa que me veía y siempre me decía que el embarazo me había sentado bien, ya que se me había formado un cuerpo apetecible, como él bien decía, literalmente. A veces era muy común que él me llevara de regreso a la casa, me dejaba en la puerta y saludaba a mi esposo. Siempre me he dado a respetar en mi trabajo, incluso solía vestirme de modo formal, como si de una ejecutiva se tratara, con faldas o pantalones ceñidos a mi cuerpo, blusa blanca y un saco del mismo color a mi falda. Cada que Don Arturo me llevaba a la casa, mi esposo siempre hacía comentarios del porque Don Arturo me llevaba a la casa, que si yo le gustaba y por qué tenía tantas atenciones conmigo y cosas así, me sorprendía el hecho que los comentarios no eran en tono molesto o poniéndose celoso, al contrario, los comentarios los hacía como si de una amigo se tratase, es decir, como si fueran en forma de en broma, yo empecé a tomar más atención a eso, creo que por que esperaba que mi esposo se pusiera celoso y me hiciera un drama.




También pude notar que cuando salíamos de compras o de paseo y si alguien se quedaba mirándome, me lo hacía notar y en ningún momento le molestaba, eso empezó a generarme molestia pensando que yo no le importaba pero también me di cuenta que cuando alguien me morboseaba en la calle o cuando mi jefe me llevaba a la casa, mi esposo se ponía más cachondo de lo normal, me hacía el amor de una forma diferente, se excitaba más de lo normal y cuando me penetraba en esas ocasiones era de una forma diferente, estaba completamente excitado más de lo normal y mientras me hacía el amor, me decía cosas como “Viste como te morboseaba el chico de la farmacia, no quitaba el ojo de tu escote mi amor. ¿Te gusta que traiga tu jefe verdad? Como si fuera tu noviecito y tú una adolescente que la llevan a su casa” y cosas por el estilo.


En el acto yo no le decía nada, en varias ocasiones me quedé con la duda de por qué le prendía tanto que otros hombres se morbosearan a su esposa o incluso pensar que yo siendo su esposa, tendría algo con mi jefe. Cierto día, deje mi computadora en la oficina y necesitaba revisar el correo del trabajo por un contrato que me mandarían, entonces le pedí prestado su computadora mientras él se metía a ducharse, revise mi correo desde su computadora y de repente vi que en su historial de búsqueda había consultado un foro de internet sobre hombres que compartían a sus esposas y contaban sus experiencias, además había visitado un sitio de porno con un video que se titulaba “Compartiendo a mi esposa” y en el video se veía una escena de un hombre grabando con su celular a su esposa mientras un moreno con un pene grande se penetraba a su esposa en posición de en cuatro.


Al ver eso, me sentí confundida, me sentía enojada, por un lado quería confrontar a mi esposo y por el otro pensaba que todas las reacciones que tenía cuando mi jefe me llevaba a la casa o alguien de la calle me morboseaba lo ponía muy cachondo, al pasar eso por mi cabeza lejos de enojarme me puse cachonda e hizo que se mojara mi entrepierna. Quería tener la certeza de que estaba pasando con mi esposo, entonces no le dije nada y espere hasta la noche para ponerle una prueba.


Llegada la noche, ya en nuestra recamara le dije a mi esposo que se pusiera cómodo que le tendría una sorpresa. Entre al baño y me lleve un conjunto sexy para ponérmelo: una tanga roja diminuta que se perdía en mi par de nalgas con unas medías de malla y un bra con copa semi trasparente que levantaba mis senos, me puse unas zapatillas negras de tacón de aguja, me pinte los labios y un poco de maquillaje.


Salí del baño y mi esposo nomás en verme se sentó sobre la cama, tome un pañuelo que tenía al alcance y le vende los ojos, le bese en la boca y note que mi esposo se prendía más, nunca le había vendado los ojos y el haberlo hecho lo tenía bien caliente, lo rodee del cuello con mis brazos pasando mis piernas sobre las suyas quedando mi esposo entre mis piernas nos besamos, ambos estábamos disfrutando la sensación, lleve mis labios a su oído y aproveche para morderle el lóbulo de la oreja al momento que le decía al oído “Mi amor, quiero que imagines que a tu esposita la toma su jefe sobre el escritorio de su oficina”. Pude notar que su verga quedaba más dura “¿Te gusta mi amor, te lo estás imaginando?”. Mi esposo me dijo "Que rico, mi amor, no sé, pero me prende mucho imaginarte que alguien más te la mete".


Mis sospechas se estaban confirmando, al escuchar eso también se me mojo la entrepierna y mi nivel de cachondez subió al máximo, mi esposo estaba vestido solo con sus calzoncillos, le bese el cuello y fui bajando por su pecho, me puse de pie y le baje los calzoncillos y seguí diciéndole "Mi amor, ahora imagínate que la verga de mi jefe esta en mi boca". El nivel de excitación de mi esposo creció mientras tenía su verga en mi boca, le chupaba la verga bien rico “Mi amor, eres una puta, quiero que tu jefe te meta la verga, quiero que seas la puta de otro hombre”. Eso de alguna manera me puso más cachonda “si mi amor, quiero ser la puta de otro hombre, quiero hacerte cornudo mi amor”.


Bastó eso para que mi esposo se venga suelte un chorro de semen dentro de mi boca, estaba bien caliente, se quitó el pañuelo de los ojos me tomo de las manos, hizo ponerme de pie y se postro detrás de mi, me empine sobre el colchón poniendo mis manos sobre el colchón de nuestra cama, mi esposo jaló mi tanga hacía un lado sin quitármela y me penetro, su verga entro fácilmente por lo humedecida que tenía mi coño, me daba arremetidas fuertes y me daba nalgadas, me estaba cogiendo de una manera riquísima e exquisita como nunca “Dame más mi amor, méteme tu verga papi, soy la que te hará cornudo”. Estaba bien cachonda que me vine enseguida en un rico orgasmo, tenía la verga de mi esposo dentro pero en la mente pensaba en la verga de mi jefe, mi esposo eyaculo por segunda vez casi al mismo tiempo que yo, llenándome mi interior de su semen.


Caímos sobre la cama, nos abrazamos y estuvimos así unos minutos sin decir nada, yo tome la iniciativa y le dije:


-En verdad aceptarías que intimide con otro hombre.


-Lo que sí puedo asegurarte es que me prende mucho imaginarte con otro hombre, sé que suena raro pero si quieres, yo estaría de acuerdo.


-Sé que te sonará raro esto que hice, pero tenía que comprobarlo, vi que has visitado un foro de hombres que comparten su esposa.


-Si fíjate que he visto muchos testimonios de hombres Cuckold que disfrutan mucho sabiendo que sus esposas están con otros hombres y son conscientes de eso.


-Pero yo te amo y te quiero mucho, si haría esto que me estas pidiendo solo lo haría para complacernos a los dos, nunca para serte infiel y solo si tú quieres.


-Si nena, piénsalo bien no quiero presionarte, lo que si te puedo decir es que tienes mi completa autorización, solo con una condición que me lo hagas saber y me cuentes todo.


-Está bien amor, lo haré.




Ese día habíamos quedado en mutuo acuerdo que yo estaría con otros hombres para darle más pasión a nuestra relación.


En mis siguientes relatos les contaré como fue mi primer encuentro con otro hombre con el consentimiento de mi amado esposo.

CREDITOS: AL AUTOR O AUTORA.