Mi compañero de trabajo me hizo hotwife.

 


Hola, soy Sady. Quisiera compartir con ustedes una de mis experiencias más morbosas. Mi pareja, durante mucho tiempo, me insistió en que le añadiéramos algo de picante a nuestra relación. Me confesó que una de sus grandes fantasías siempre fue verme penetrada por un hombre rudo y varonil, es decir, un macho. Así le gusta llamarlos cuando fantaseamos en la cama. Me decía que era mucha mujer para un solo hombre y que merecía ser «empotrada» por un verdadero semental. Al principio, evidentemente, no le creí, pero fue tanta su insistencia que lentamente fui entrando en su juego.


Bueno, la cuestión es que, a medida que nuestros juegos, que tan solo eran fantasías, iban aumentando de intensidad, iba buscando mentalmente quién podría ser ese amante que tanto buscábamos. No es que me faltaran candidatos; tenía el celular lleno de mensajes de hombres pidiéndome salir. Algunos incluso sabían que tenía novio y lo conocían. Necesitaba discreción y no estaba segura de que me la pudieran proporcionar.


Una tarde cualquiera, uno de mis compañeros de trabajo, con el cual tenía cierto trato, me comentó que tenía problemas con su ex pareja y no lo dejaba ver a su hijo. No me sorprendió; hasta me parecía lógico. Se lo notaba bastante estresado en ocasiones. Lo que me sorprendió es que hubiera tenido un hijo siendo tan joven, pues ambos no pasábamos de los veinticinco. Le pregunté desde hace cuánto tiempo se habían separado y me confesó que desde hace seis meses. Le hice una broma y le dije que tenía que darse prisa en encontrar una pareja porque el músculo que no se usa se atrofia. Él solo rio ante mi comentario y me dijo que tenía razón, pero que por su nueva condición de soltero su pantalón estaba a punto de estallar todo el tiempo. Esa simple frase me hizo imaginar su miembro erecto eyaculando, y ya no lo vi de la misma forma desde entonces.


Lo comencé a desear; era corpulento, algo pasado de peso, tal vez, pero para mí era el hombre más deseable del mundo. Mi compañero debió notarlo también porque se me arrimaba mucho sin necesidad, y yo, claro, me dejaba acariciar. No obstante, no éramos directos con nuestras intenciones, como si decirlo arruinara el juego. Mi novio, que estaba al tanto de nuestro juego, me incitaba siempre a dar un paso más allá.


Un día que sabía que iba a ir a una discoteca con un amigo, asistí a la misma discoteca con el permiso de mi novio; iba acompañada de una amiga. Cuando llegamos, él ya estaba algo pasado de copas. Me hablaba al oído y me acariciaba sutilmente. Mi amiga, que no estaba al tanto de nada, de inmediato me dedicó una sonrisa cómplice al notar todos estos gestos para conmigo.


– Amiga, tiene como veinte centímetros y cuarenta kilos más que tu novio. No vas a poder caminar mañana – dijo mi amiga, y aunque deseaba eso, me hice la tonta. – Nada que ver, es un amigo – dije. Mi compañero y un amigo suyo nos sacaron a bailar a ambas. Mi compañero, totalmente desinhibido por el alcohol, ya actuaba como mi pareja. Me tenía agarrada de la cintura y me restregaba el paquete cada vez que el baile se lo permitía, y yo hacía lo mismo con mi cola. Mi amiga, siempre cómplice, reía bastante al verme así.


– Ni loco dejo salir a una mujer así sola a la noche – me dice él al oído. – Tuvimos una discusión – miento. – Que mal, alguien podría aprovecharse de eso – dice él y me besa en el cuello. Me mordisquea; estoy segura de que me está dejando chupones para marcar su nuevo territorio, pero él no sabe de mi juego. Sin pudor, ya me derrito de gusto. A esta altura de la noche, ya estoy bastante segura de lo que va a suceder. Así que voy al baño con mi amiga para reportarme con mi novio, que debe estar ansioso por tener noticias mías. Me encierro en uno de los cubículos para mensajear: «¿Estás seguro de que quieres esto? Ahora ya lo estoy deseando también, amor». Escribo.


«Si, claro que sí, amor. Le deseo demasiado. ¿Qué pasó?» responde.


«Nada aún, pero me toca, me restriega el paquete. Estoy mojada, amor. Quiero sentir cada centímetro de su paquete dentro y su leche caliente dentro de mí», le digo.


«Golosa, me prendes. Quiero que goces, mi putita», me responde.


«Lo haré, amor.»


«Escribe cuando puedas.»


Cuando salgo del cubículo, mi amiga ya me está esperando frente al espejo.


«Ya veo que tu amigo es de esos con derecho. ¿Qué escondido te lo tenías?» me dice juguetona.


«La verdad es que hasta hoy tan solo era un amigo. Tienes que saber guardar este secreto, amiga. Solo será por hoy.»


«Lo dudo mucho, amiga. Seguro vas a querer repetir. Está bueno, la verdad. Si es como lo pienso, dudo mucho que te vuelvas a sentir satisfecha solo con tu novio. Se le marca un paquete de aquellos.»


Río ante su comentario y salimos del baño. Apenas nos encontramos con los chicos, mi amiga decide retirarse y pide un taxi. Mi compañero se ofrece a llevarme a casa, pero es solo una tonta excusa para estar a solas finalmente.


Después de despedirse de su amigo, nos vamos hasta el auto. Durante el trayecto, siento acelerado el pulso. Cuando llegamos al auto, casi me come la boca a besos. Él también está muy acelerado y solo parece calmarse cuando le pido que me lleve a su departamento. De camino, pongo al tanto a mi novio por mensaje.




Subimos como autómatas hasta su cuarto y allí, bastante nerviosa, le pido que hagamos las cosas a mi manera. Me desvisto hasta quedarme en bragas y me siento en el borde de la cama, con un gesto le pido que se acerque. Da unos cuantos pasos hasta quedarse frente a mí. Él ya está con el torso desnudo. Desabrocho su pantalón, que cae al suelo. Puedo oler su miembro, que desprende un olor a semen.


Cuando bajo el bóxer, me encuentro con un pene bastante grueso que sale expedido, golpeándome levemente en la cara.


«Por fin lo conozco», digo. Lo tomo en mi mano y lo engullo lentamente.


«Ohhhh, qué rico», dijo él mientras aceleraba la mamada. Me encantaba su pene en mi boca; era delicioso. Lo sacaba de mi boca y le daba muchos lametazos porque no me cabía todo en la boca, y lo volvía a meter. Lo trataba como si fuera un caramelo. Él estaba totalmente estregado al placer que le estaba proporcionando.


Comenzó a gemir fuerte y su pene daba como saltos. Me sujeto de la cabeza cuando comenzó su descarga; era caliente y en grandes cantidades. No tuve más opción que tragarla; sentí que hacerlo lo haría aún más feliz.


Cuando terminó, casi perdió el equilibrio.


«Ohhhhhhh, Sady, eso fue increíble. Aún no puedo creer que esto esté pasando», dijo.


Le sonreí, aunque no estoy segura de que lo haya visto, porque me dediqué a limpiar cualquier rastro de semen en su pene con mi boca. Estaba muy satisfecha conmigo misma y entendía que debía dejar que se repusiera después de tal descarga.


Pero cuando me di la vuelta para ocupar uno de los lados de la cama, él me sujeto de los pies y me trajo hacia él, de modo que me quedé en posición de perrita.


– ¿Dónde vas? Todavía tengo energía de sobra y no puedo esperar para hacerte mía. En un rápido movimiento, me quito las bragas y las olisqueó. Me dio pena porque estaba hecho un charco por tantos fluidos. Bajé mi pecho hasta tocar la cama con él y levanté la cola para facilitarle la entrada. Yo también estaba deseosa de sentir ese pedazo de carne dentro de mí. Inmediatamente después, él mojo su glande en la entrada de mi vagina y hizo un círculo con él. El preludio casi resultaba insoportable y tuve que rogarle que lo metiera ya. Comenzó a meterlo lentamente y, mientras entraba, sentía que todas mis paredes se ensanchaban; gemí como nunca de placer.


– Ohhh, mi amor, cuidado, cuidado – le decía, estaba fuera de mí por el placer.


– Shhhhh, te va a gustar, bebe. Primero tengo que hacerme espacio; eres como una virgen para mí. Veo que tu ex no me llega ni a mis talones – dijo confiado y me la metió bien profundo; di un gritito por el susto. La dejó bien profundo para que me acostumbrara a su tamaño y luego comenzó un vaivén que casi hizo que me desmayara por tanto placer.


– Es mi novio – dije inconscientemente.


– Después de esto, va a ser tu ex.


Luego de decir eso, solo se escuchó un plass, plass, plass, producto del choque de nuestros cuerpos.


– Di que eres mía – dijo, reduciendo la velocidad.


– Soy tuya.


– Quiero que seas solo mía desde ahora.


– Tengo novio.


– Termina con él.


– No – dije con un tono de voz confiado y casi autoritario.




– Veo que va a ser un desafío – dijo, aumentando la velocidad de forma alucinante. El plass, plass, plass, plass era acompañado de mis gemidos. «Ahh, ahh, ahh», gemía, totalmente empapada de sudor. «¿Eres solo mía?» dijo, y aceleró un poco más el plass, plass, plass, que esta vez también emitía un ruido extra producto del sudor. Él estaba a punto de eyacular. «Nohhh, nohh, tengo novioooo», dije mientras su semen caliente me llenaba las entrañas. Casi me volví loca de placer. Él, totalmente rendido, cayó a un costado de la cama para recuperar el aliento. Amaba a mi novio, sin duda no lo dejaría, pero no estaba segura de poder dejar este nuevo placer. Bueno, si les gusto y quieren escuchar más de mis historias, háganmelo saber en los comentarios. Me encantaría leerlos. Gracias

Me volví un cornudo en mi primer trío y me encantó

 



¡Hola! Hoy les quiero contar sobre la primera vez que mi mujer aceptó hacer un trío conmigo y un desconocido y cómo eso nos llevó al mundo cuckold como siempre quise.


Antes que nada quiero decir que esto sí es real. Y lo que les contaré tanto en este como en otros relatos será 100% real. Lo único que cambiará un poco son los diálogos porque no todos los recuerdo a la perfección y, por supuesto, el nombre de los implicados.


Nosotros somos de México. Yo 28 y ella 26. Vivimos en un lugar con playa, así que nuestra vida es muy tranquila. La vida no es tan cara al sur del país, así que con lo que ganamos vivimos bastante bien. Llevamos actualmente casi cuatro años juntos y esto que les contaré sucedió hace dos años.


Ella es chaparrita 1.53cm. Es delgada con unos pechos no tan grandes pero un culo gigantezco. Es enorme su culo. Además, es extremadamente caliente. Demasiado caliente. Solo quiere coger y coger y la verdad es que yo no puedo satisfacerla como ella quisiera.


Por mi parte soy delgado. Mido 1.65 cm y mi verga mide 15cm. Bastante cumplidora pero nada espectacular para ella.


A ella, por motivos de seguridad, la llamaremos Mayra y yo Jorge.


Yo llevo cinco años consumiendo contenido cuckold. Primero no quería aceptar que este mundo me gustaba, pero desde que conocí a Mayra y nos casamos, supe que eso es lo que quería hacer. Quería compartirla. Quería compartir su culo con todo el mundo posible, pero no sabía cómo hacerlo.


Afortunadamente siempre hemos tenido mucha confianza para hablar, así que en algún momento le comenté lo mucho que me gustaba este mundo y que no esperaba que ella quisiera hacer algo sobre eso, pero que me encantaría.


Ella me dijo que no lo haría nunca, pero que me agradecía por compartirlo con ella. Y terminó esa noche.


Sin embargo, poco a poco la fui envolviendo en mis juegos para que sucediera lo que tanto anhelaba.


Una noche mientras cogíamos me dijo:


– «Máltratame»


Supe que era en ese momento o nunca para comenzar a sembrarle la idea de acostarse con otra persona, así que como buen cornudo, le empecé a pegar cachetadas, le escupía, le jalaba el cabello y todo eso la excitaba. Cuando ya estaba demasiado excitada le dije:


– «Ahora sí, puta. Tienes mi permiso para ser aún más puta. Ahora quiero que con esa misma cara de puta, me cuentes alguna ocasión en la que alguien te haya cogido que te hayas sentido así o mas puta como te sientes ahorita, ¿entendido?»


Ella estaba muy agitada, sólo me dijo que sí con la cabeza y me comenzó a contar una vez que se la cogieron en la playa, pero esa es historia para otro momento.


Después de que me vine en su carita y su boca, le pregunté si le había gustado y me dijo que, para el momento, había estado bien.


Pasaron unas semanas y nada había pasado en cuanto a eso, hasta que en otra noche, me atreví a proponerle que hiciéramos un trío. Sabía que esa sería la entrada a tener esos cuernos que tanto había soñado.


Ella estaba encima de mí. Me estaba montando y estaba muy caliente. Yo le estaba chupando las tetas para que se encendiera aún más y pasó lo siguiente:


– ¿Te gusta que te chupe las tetas mientras te meto toda la verga, mi amor?


– Me encanta, mi amor. Métemela toda.


– ¿Sabes qué me encantaría aparte de seguir metiéndote toda mi verga, amor?


– ¿Qué, amor?


– Me encantaría hacer un trío contigo, ¿te imaginas que otra persona y yo te estuviésemos cogiendo al mismo tiempo?, ¿o que se le estés chupando a alguien mientras yo te la estoy metiendo?


– Cállate, amor. No pasará


– ¿Y por qué tu vagina se mojó más, amor?, ¿te gustó la idea de imaginarte a alguien más metiéndotela por el culo mientras yo te la meto por la vagina?


– Quizá un poquito, mi amor. Pero no lo voy a hacer


Ahí terminé, me vine adentro de ella y dejamos el tema, pero cada vez que cogíamos tocaba el tema. Le decía que se imaginara a alguien más cogiendo hasta que un día que estábamos de viaje. Una noche, más bien, estábamos cogiendo en casa de mis abuelos que viven en un rancho y le dije:


– Vámonos al monte.


Ella me obedeció. Nos brincamos la ventana y nos fuimos al monte. Ahí sí comenzaron a crecer mis cuernos por primera vez:


– ¿Entonces qué, mi putita?, ¿ya vas a dejar que te cojamos entre dos o qué?


– Cállate, mi amor.


– No seas zorrita. Sé que lo quieres, mira como está tu culo y tu vagina, ¿te gustaría tener otra verga en la vagina, en el culo o en tu boca?


– Bueno, sí, mi amor. Sí me gustaría. La verdad no te quería decir nada pero si se me antoja.


Yo no podía asimilar del todo lo que estaba escuchando. Mi esposa la santa, la que no rompe un plato, teniendo mi verga adentro diciéndome que quería otra verga fue espectacular, así que aproveché.


– Me gusta escuchar eso putita, ¿entonces cuando regresemos a la ciudad quieres que busque a alguien para que también te coja?


– Sí, amor.


– ¿Sí qué?


– Sí quiero.


– ¿Sí quieres qué? Dímelo pinche putita.


– ¡Qué sí, mi amor! Sí quiero sentir otra verga. Quiero que me cojas tú y alguien más hasta que ya no pueda más. Quiero sentir dos vergas para mí solita.


– ¿Segura, mi amor? No te puedes arrepentir


– ¡No, mi amor! Sí lo quiero. Quiero sentir tu verga y otra más, por favor. Pero eso sí, solo la tuya quiero en mi culo.


Esa noche terminé como enfermo. Saqué un chingo de leche que dejé adentro de mi esposa que ahora sabía que sería una puta en cuanto se liberara y yo podría tener los cuernos que tanto quise.


De regreso a la ciudad no quise perder más tiempo y comencé a buscar en Twitter a singles de mi ciudad con experiencia y vergones para que tuvieran el trío con nosotros. Quería que mi perrita disfrutara muchísimo y también quería a alguien que nos guiara.


Había tenido tríos antes, pero nunca había sido con el afán de ser cornudo.


Tardé como dos semanas en encontrar a la persona adecuada. Un hombre blanco con una verga de 21cm y gruesa. Tenía ya algunos años en el ambiente y no llegaba a 35 años, según él. Y sí, era alguien normal. No atlético, no gordo. Bien.


Le dije mi plan y él aceptó: Llegaría a tal motel, ya todo estaría pagado, entraría y trataría a mi mujer como puta y no habría problema. Quería hacerla gozar como nunca en su vida.


Hablé por última vez con ella sobre el tema. Sin estar excitados. Sin coger. Le pregunté que si estaba segura de esto y me dijo que sí. Que lo iba a hacer por mí y me dio un beso.


Así estuvimos hasta que llegó el día deseado.


Ese sábado el día estaba nublado. Yo me sentía demasiado nervioso y ansioso. Una parte de mí no sabía si sí quería esto o si me iba a arrepentir de hacerlo. Me sentía excitado pero temeroso.


¿Y si a ella no le gustaba?, ¿y si le gustaba mucho?, ¿yo iba a soportar ver a mi esposa con otra persona? Habían demasiadas preguntas en mi mente pero no se había cancelado nada.


Hablé por última vez con ella:


– Amor, ¿estás segura que quieres esto? No quiero que lo hagas por mí, quiero que lo hagas porque realmente lo quieres.


– Sí, amor. En gran medida lo hago porque te amo, pero también quiero experimentarlo, entonces está bien.


La cita era a las 7 pm, pero ella y yo llegamos desde las 6 pm para poder tomarnos unas cervezas, fumarnos un par de cigarros e ir poniéndonos a punto para cuando nuestro invitado llegara.


Comenzamos a besarnos, cuando sentí ya estaba bien mojadita, tanto que mis dedos entraron bien fácil, le hice sexo oral y también ella me la chupó. Ambos estábamos nerviosos.


No le metí la verga. Solo le chupé la vagina y le metía los dedos para estar apunto. Y justo en ese momento mi celular sonó:


– Ya llegué, ¿qué habitación es?


Ambos nos pusimos muy nerviosos. Le puse a Mayra una venda en los ojos que era parte del trato y bajé a abrirle a nuestro invitado.


Cuando abrí me sorprendió la persona que llegó. Un chico alto, blanco y atlético. Las fotos no le hacían justicia. Le dije que estábamos un poco nerviosos y que queríamos que él nos fuera guiando para que esta fuera una gran experiencia para los dos y que mi esposa ya estaba preparada en la parte de arriba.


Él ya sabía que a ella le gustaba ser dominada y que, en parte, yo quería sentirme humillado, así que entró vio a mi novia desnuda, acostada en la cama y se empezó a quitar la ropa ya sabiendo lo que iba a hacer. Parecía que tenía cada movimiento controlado.


Desde que se quitó la ropa ya estaba con la verga dura. El tamaño estaba descomunal. Mi verga se veía demasiado pequeña al lado de la de él y sabía que eso estaba perfecto para que, la que se iba a convertir en una perrita en ese momento, la disfrutara a la perfección.


Cuando terminó de desvestirse pasó lo siguiente:


– Tu -agarrando la cara de mi esposa- ponte en cuatro y tú -mientras me veía a mí- métesela en la boca. Vamos a hacer que esta puta disfrute.


Yo me quedé en shock, no sabía qué hacer y no sabía que iba a hacer mi esposa. Ella también se quedó unos segundos como petrificada y luego se acomodó en cuatro sin chistar. No preguntó. No se quejó. Sólo se puso en cuatro.


Cuando ya estaba en cuatro le pegó una nalgada y le dijo


– Así me gusta, puta. Hoy sí vas a disfrutar como deberías.


No sé mi esposa, pero yo me sentía en shock. Alguien que no era yo la estaba tratando como puta y ella no estaba poniendo resistencia. No decía nada. Sólo obedecía y yo también.


No quise tardar más tiempo. Ella ya estaba en cuatro, así que agarré mi verga que después de escuchar a Ramiro, nombre del single, se me puso dura y me senté frente a ella para que se la comenzara a comer. Mientras ella me comía la verga a mí, el semental se puso atrás de ella y no tocó nada, solo se hincó, acercó su boca al culo de Mayra y se lo empezó a chupar.


Primero vi que solo le pasó la lengua por solamente por su ano y ella se sorprendió y se hizo hacia adelante, pero luego ella solita regreso a la misma posición para seguirme chupando la verga y sentir como alguien que no era su esposo le estaba comiendo el culo.


El tipo estaba encantado comiéndole el culo a mi esposa, pasaba por su culo, bajaba a su vagina, le metía la lengua por todos lados, le pegaba nalgadas y Mayra estaba comenzando a excitarse tanto que ya ni siquiera estaba pudiendo concentrarse en chupármela. Sólo me la estaba agarrando porque estaba muy concentrada en como Ramiro estaba chupándole todo.


Así siguió Ramiro por unos 15 minutos hasta que las piernas de Mayra comenzaron a temblar, empezó a gemir muy fuerte, me soltó la verga, ya ni con la mano me la estaba agarrando, siguió gimiendo y tuvo un súper orgasmo. Él se la dejó de chupar y dejó que Mayra descansara como un minuto en lo que dejaba de temblar.


Yo nunca había visto a Mayra temblar así, venirse así, estaba emocionado, excitado y preocupado. Sentía cosquillas en la panza y seguía muy nervioso, pero estaba disfrutando mucho verla así.


En cuanto dejó de temblar Ramiro le dijo:


-Ya disfrutaste tú, perrita. Creo que nunca habías tenido un buen orgasmo, ¿verdad? Ahora ponte en el piso. Híncate. Quiero que me la chupes, ¿quieres tener dos vergas para ti o solo la mía?Yo no sabía qué demonios estaba pasando, ¿este tipo estaba diciéndole a mi esposa que si quería dejarme afuera? Yo volteé a ver a Mayra hincada en el piso con la venda puesta y escuché que dijo:




– No, quiero tener las dos vergas, por favor.


Me sentí aliviado. Todavía tenía preferencia en ese trío. Me sentí, hasta cierto punto, tranquilo.


Mayra ya estaba hincada, así que Ramiro y yo nos acercamos. Primero agarró mi verga con la mano y después empezó a buscar la verga de Ramiro comenzando desde su estómago y fue bajando la mano hasta que encontró la tremenda verga que estaba a punto de probar.


En cuanto le agarró la verga a Ramiro, me soltó la verga a mí y se quitó la venda de los ojos. Su cara era de sorpresa total. Su cara no podía creer lo que veía, se quedó como hipnotizada al ver el pene de ese tipo.


Como Mayra y yo nos quedamos hipnotizados. Ella por el tamaño de la verga de Ramiro y yo porque no sabía qué hacer, él tomó la batuta y nos dijo:


– Tú -viéndome a mí- ve por tu teléfono y graba. Lo que va a pasar lo vas a querer ver más adelante.


– Y tú -mientras le daba cachetaditas a Mayra- despierta y comienza a mamármela en lo que ese va por el teléfono.


Justo cuando terminó de decirnos la orden, Mayra volteó a verme como pidiéndome no sé si perdón o permiso y comenzó a darle lengüetazos por la verga a Ramiro y así como vi que Mayra comenzó a probar otra verga con tanto antojo, me quité y fui por mi teléfono. No sabía qué estaba haciendo, pero sabía que sí era algo que quería ver otra vez.


Agarré mi teléfono, puse la cámara y cuando volteé, vi a mi esposa la santa, la que tenía educación religiosa, la que se supone que no rompía un plato, intentando meterse mas de 20 cm de verga en la boca. Tenía 3/4 de esa verga en la boca. Se la metía en la boca lentamente, la sacaba rápido porque se ahogaba. Ya tenía lagrimas saliendo de los ojos pero aún así seguía aferrada y con cada mamada intentaba meterla aún más adentro de su boca. Cuando ya necesitaba respirar bien, bajaba a chuparle los huevos a Ramiro. Se los comía con hambre, como si nunca lo hubiese hecho y quisiera quedar bien con nuestro invitado y cuando nuestro invitado ya se cansaba y quería metérsela en la boca a Mayra, le jalaba el cabello y la subía a su verga para que Mayra se la siguiera mamando.


Yo solo estaba viendo ese gran espectáculo a lo lejos. Yo sólo estaba viendo como Mayra se estaba comiendo esa vergota y cada vez le cabía más y más en la boca.


Me acerqué y les dije que iba a grabar. Ni me pelaron. Ninguno de los dos. Así que comencé a grabar como mi esposa se comía otra verga enfrente de mí y yo, en lugar de enojarme, estaba con la verga súper dura. Yo también lo estaba disfrutando.


Cuando Mayra se percató de que estaba ahí, me agarró la verga pero no dejaba de chupársela a nuestro invitado. Me empezó a masturbar y entonces hizo la segunda cosa de la noche que me pareció una locura:


Así hincada como estaba, se «sentó» sobre sus piernas haciendo que con su cara pudiese mirar hacia arriba de mejor manera. Agarró la verga del invitado y la puso encima de su cara. Esa verga le cubría toda la cara y ella, apropósito, la puso en su cara y luego volteó a verme…


¡Dios! Qué excitado me sentí. Ella estaba chupando esa verga con aún más hambre, tenía mi verga en su mano y no dejaba de mirarme a los ojos como diciéndome: «¿Esto es lo que querías?, ¿querías verme siendo una puta? Entonces seré una puta.»


Ahí estábamos. Ella comiéndose la verga de Ramiro ya casi completa mientras me seguía agarrando la verga y yo grababa toda la escena. A veces también me la chupaba a mí, pero eran 15 segundos con mi verga en su boca y 1 minuto intentando comerse toda la verga de Ramiro hasta que lo logró, se metió los 21 cm de la verga de Ramiro a la boca, sacó la lengua y alcanzó a chupar los huevos, también. Luego se sacó la verga de la boca súper despacio y cuando se metió toda mi verga, ni la sintió. Su garganta ya estaba abierta. Ya no había vuelta de hoja. Comenzó a chupar esa verga como sabe que me gusta que chupe la mía. Se metía toda a la boca y luego sacaba toda y así hizo lo mismo varias veces. Tenía el maquillaje corrido por las lagrimas pero no dejaba de mamar esa verga y su vagina estaba aún más mojada que sus ojos.


Cuando Ramiro también ya estaba muy excitado nos dijo


– A ver, puta, te vas a subir encima de mí mientras tu marido te rompe el culo. Vas a sentir una doble penetración. Sé que las estás deseando, ¿no es así?- Sí, sí quiero -dijo ella-


– Así me gusta, que contestes, putita. Ahora dile a tu maridito lo que quieres.


– ¿Mande?


– Dile a tu maridito lo que quieres sentir.


– Mi amor -me dijo mirándome a los ojos- quiero que me cojan los dos. Quiero que me la metan los dos. Tú en el culo y él en la vagina, por favor. Ya estoy muy caliente.


Yo solo asentí con la cabeza viendo como mi mujer estaba cada vez mas convertida en una puta.


Ramiro se tiró en la cama boca arriba y le tiró el condón a Mayra para que se lo pusiera con la boca.


– Pónmelo, zorra. Si ya te cabe toda mi verga, ya me lo puedes poner.- Está bien.


Mayra abrió el condón, le escupió la verga a Ramiro, se puso el condón en la boca y se lo comenzó a poner. Poquito a poquito hasta que le puso todo el condón en toda la verga solo con su boca.


– A ver, cornudito. Tengo la verga mucho más grande que la tuya, así que a esta perrita le costará trabajo metérsela toda por mas mojada que esté. Así que yo te digo cuando ya se la puedas meter en el culo. Ven, putita. Súbete en esta vergota.


Mayra solo asintió con la cabeza, agarró la verga de Ramiro y apuntó directamente a su vagina. Se la empezó a meter poquito a poco y como a los tres cuartos le empezó a doler.


– ¡Ay! Es que me está llegando muy al fondo. Me duele un poquito.


– Aguanta, perrita. Ya casi te entra toda. Ahorita tu vagina se acostumbra.


– Está bien, pero con cuidado, es que me está doliendo.


– Tranquila, puta. Ahorita te la meto toda.


Después de eso se la metió de un solo vergazo. Mayra pegó un grito/gemido gigante y yo desde atrás solo vi como esa verga se perdió entre la vagina y el culo de mi esposa. Estaba casi por reventar y Mayra no podía ni hablar, ni moverse prácticamente.


– Ven. Ya le metí toda la verga. Ahora sí métesela en el culo. Ni la va a sentir por el pedazo que trae en la vagina, vas a ver.


Parece que fue cierto. Se la metí en el culo y ni se inmutó. Estaba tumbada sobre Ramiro solamente jadeando y gimiendo. Ambos comenzamos a movernos culiándonos a mi esposa y ella solo gemía y a veces gritaba.


De repente vi algo extraño. Nunca acordamos los planes, pero yo no esperaba ver a mi esposa besar a otra persona. Tenía mi verga adentro y la verga de un desconocido también lo comenzó a besar. Hasta Ramiro se sorprendió de lo que hizo. Yo en ese momento ya no aguanté más y me vine en su culo. Chorros y chorros de semen solté dentro del culo de Mayra y ella sólo volteó a verme como con tristeza y me dijo:


– ¿Ya terminaste?


– Sí. Ya terminé. Lo siento.


– Está bien, amor. No pasa nada.


Y pensé que ahí había terminado nuestra experiencia. Me quité del culo de Mayra y ella se salió de la verga de Ramiro más obligada por mí que otra cosa. Yo me iba dirigiendo al baño y Mayra también, cuando de repente Ramiro nos dijo:


– A ver, el cornudo este ya terminó pero tú y yo aún no terminamos, putita, ¿o qué, cornudo?, ¿no vas a dejar a tu mujer tener mas orgasmos? Tú ya te divertiste es tu turno. Puedes grabar si quieres.


– Y tú, puta. No sé por qué te quitaste si no te dije que lo hicieras.


Agarró por la cintura a Mayra, se sentó primer él en la cama y luego la sentó a ella en su verga. Yo no sabía qué estaba pasando, pero supongo que mi cara de sorpresa fue mucha porque Mayra me dijo:


– Perdón, amor. Pero en serio tiene la verga muy rica y me está gustando mucho tenerla hasta adentro y eso con el pinche condón no se siente todo.


– Dile al cornudo que me vas a quitar el condón. Que quieres sentir mi verga limpia.


– Amor, le voy a quitar el condón. Su verga está muy rica y quiero sentirla así como debe ser. Perdón, pero ya no aguanto las ganas de sentir esta vergota dentro de mi como Dios manda: sin nada encima.


Yo no dije nada. Solo, sorprendido, vi como Mayra se levantaba de esa verga y le quitaba el condón con las manos. Esa verga se veía brillosa con sus propios jugos y la saliva de Mayra. Le quitó el condón y se la mamó unos minutos más para dejarla bien lista para su vagina. Se volvió a sentar en ella y conforme la verga iba entrando, ella sólo gemía mas y mas fuerte mientras yo estaba en frente sin saber qué hacer o qué decir.


Estaba viendo como mi misma esposa decidió quitarle el condón a Ramiro y ella solita se la metió en la vagina. Estaba muy confundido y excitado.


Luego de ella estar sentada encima de él y de un mete y saca súper profundo, Ramiro agarró a Mayra y la puso boca a abajo con una almohada en el vientre. Así le siguió metiendo la verga hasta que entre gemidos y gritos, escuché a Mayra decir:


– Ya, ya no aguanto. Rómpeme el culo de verdad. Enséñale a ese cornudo como una buena verga me rompe el culo. Métemela toda, por favor.


– ¿Estás segura? Si te la meto por el culo y te duele, a diferencia de tu maridito, yo te seguiré rompiendo el culo.


– ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! Enséñale a ese cornudo cómo tratar a una puta como yo. Cógeme el culo y hazlo duro.


– ¿Sí? Pues dile a tu marido lo que quieres que te haga para ver él qué opina.


– Amor. No me importa lo que opines. Tú me trajiste a esto y sabías que esto podía pasar. Ahora me voy a dejar romper el culo por esa vergota y si quieres grabar, graba porque este cabrón va a matarme a punta de verga.


Yo obedecí. Saqué mi teléfono y comencé a grabar cómo Ramiro le empezó a romper el culo a Mayra. Primero apuntó su cabeza a su ano. Empezó despacito pero Mayra ya quería toda la verga adentro así que ella misma se empujaba para que entrara más la verga de Ramiro. Así vi como la verga de Ramiro se perdió en el culo de mi esposa. Mayra gritaba de dolor y de placer por lo que le estaba pasando. Ramiro le decía que era una puta y le pegaba nalgadas y cachetadas que hacían que Mayra se sintiera aún más zorra.


El culo de Mayra aceptó muy bien la verga de Ramiro y al poquito rato ya entraba y sacaba toda la verga del culo de mi esposa. Mayra ya no gritaba, solo gemía hasta que Ramiro ya no aguantó más y se vino en el culo de Mayra. Segunda carga de leche en el mismo culo, pero esta vez la leche le escurría hacia la vagina por el culo tan abierto que le dejó.


Mayra estaba adolorida y me volteaba a ver con una sonrisa pícara como diciendo «Me gustó lo que acabamos de hacer. Esto aún no termina.»


– Ramiro, ¿aún tienes mas verga para esta puta? Quiero que me la sigas metiendo.


– Sí tengo mas verga pero sólo te voy a permitir una metida más. Te la voy a meter una vez más solamente para que te quedes con ganas de más y me vuelvan a buscar. Así que ven, siéntante, zorr4.



Mayra a regañadientes obedeció. Se fue sentando en esa verga muy despacio. Muy lentamente. Sintiendo cada centímetro de verga que entraba en su vagina. Cuando llegó al final pegó un gemido gigante y se quedó ahí sentada sin moverse. Solo disfrutando de la vergota que se estaba metiendo. Cuando se la estaba sacando fue lo mismo. Fue muy despacio sacándose esa verga, poco a poquito para seguirla disfrutando hasta que salió y con ello el último gemido de Mayra.


Ramiro fue al baño, se cambió y antes de irnos sólo nos dijo que esperaba nuestra llamada de nuevo.


Mayra se quedó tirada en la cama y yo estaba sentado en una silla intentando asimilar lo que había sucedido.


– ¿Te gustó lo que pasó, mi amor? Me encantó como me cogieron.


– Creo que sí amor. Pasaron mas cosas de las que esperaba pero creo que sí me gustó.


– ¿Vas a querer repetir esto? Me encantó, pero si tú no quieres, no pasará nada de nuevo.


– Sí…


Y desde ese momento mi vida cambió. Mayra se convirtió en una puta y yo en su cornudo. Comenzó a cumplir todas las fantasías que en algún momento le conté, pero esas serán historias para otros relatos.


Gracias por leerme. Esta es la primera historia que cuento sobre Mayra y yo. Espero que les guste. Y si les gusta, les contaré las demás historias, también.