ORGIA CON TRES MULATOS CALIENTES

 


Verónica era una mujer de esas que más que inspirar deseo lo que dan es ganas de amarla, por lo refinada, culta, y tener un cuerpo que aunque no era despampanante, tenía un no se qué que la hacía verse siempre hermosa. Tenía doce años de casada, dos hijos y un esposo que la amaba con locura, al igual que ella a él, Verónica era una mujer moderna, profesional, con una buena carrera, trabajaba como asesora en bienes raíces de una corporación hotelera, lo que hacía que tuviera que estar viajando constantemente; en esta ocasión le correspondía ir a ver unas tierras en una isla caribeña, de su informe dependía que la corporación se decidiera o no por instalar un hotel en aquella isla. Como siempre, ella también se hacía asesorar de gente que residiera en el lugar, no sólo se dejaba llevar por las impresiones personales, le gustaba conocer de la cultura y la historia del lugar, en fin, esta vez hizo contacto con un negro que le habían recomendado, su nombre era Albert, apenas llegó a la isla se puso en contacto con este hombre, quien al conocerlo le llamó la atención por lo hermoso, ya que era un tipo corpulento, mediría un metro noventa, tal vez un poco más, de un color negro azabache, brazos fuertes, se notaba que en su cuerpo no había una gota de grasa que le sobrara, de sonrisa amable, en fin, se podía decir que era un digno ejemplar de su raza. Albert le indicó que no podrían ir a ver la propiedad en ese mismo día, ya que se trataba de una finca que estaba ubicada en una isla vecina, que si no le importaba podían ir al día siguiente, pero que tendría que llevar a dos socios, ya que se encontraban en temporada de pesca de langosta y habían dejado las trampas muy cerca de ese lugar. Aquello lejos de perturbar a Verónica más bien le agradó, ya que nunca había visto como capturaban a esos animalitos, así que quedaron en que al día siguiente saldría con ellos para ver como hacían esa faena, y luego se irían a ver las tierras.


No eran ni las cuatro de la mañana cuando ya se habían hecho a la mar, Verónica llevaba puesto un bikini que dejaba ver su bella figura, tenía un cuerpo menudo, mediría un metro cincuenta y cinco a lo sumo, sus tetas eran grandes pero aún se conservaban firmes, su culito respingado, de piernas sin bien torneadas, aunque era muy blanca su cabello era de un negro profundo, y sus ojos eran azules, una mujer realmente hermosa. Con la emoción del zarpe y la oscuridad no pudo distinguir muy bien al otro par de compañeros, sin embargo pudo notar que ambos eran hombres curtidos por el mar, sabían desenvolverse muy bien en el bote, y aunque eran rudos en su trato, no por ello podía decir que fueran vulgares, se notaba que ambos eran mucho mayores que Albert, sin embargo era éste quien impa que casi no tenían espacio para llevar más langostas, así que Albert le dijo a Verónica que por hoy el trabajo había terminado, que si quería podían ir a bucear a unos arrecifes que habían cerca, y luego irían a ver las tierras, que por el tiempo no había que preocuparse, ya que la isla disponía de un chalet total mente equipado, el cual estaba a la orden de Verónica con alimentos y bebidas, ya que el dueño así lo había dispuesto. Esta oferta le agradó a Verónica, ya que el buceo era un pasatiempo que a menudo disfrutaba con su esposo, además Albert le indicó que traía el equipo completo para ella y para él. Cuando llegaron al arrecife la visión que tuvo Verónica era la de encontrarse en un paraíso, el agua era de color turquesa, totalmente transparente, tendría una profundidad de escasos diez metros y desde el bote se veía que la fauna era realmente abundante, Verónica no lo pensó dos veces, sin más se dispuso para zambullirse, por su parte Albert hizo lo mismo, colocándose la mascarilla y el resto del equipo para lanzarse al agua, no sin antes advertirle a Verónica que ella tendría que estar siempre detrás de él, ya que aunque las aguas eran poco profundas, habían corrientes que podían ser peligrosas, Verónica asintió y sin más ambos se lanzaron al agua.


Al principio Verónica se mantenía extasiada viendo aquell


as maravilla, había vida por doquier, los colores eran intensos, en fin, todo le resultaba increíble, así fue transcurriendo el tiempo, siempre yendo detrás de Albert, sin embargo, después de una hora su atención se fue posando en aquel trasero que llevaba delante, Albert llevaba puesto un pantaloncillo sumamente holgado, por lo que se le hacían bolsas de aire, al principio Verónica no prestó atención a ese hecho, pero en una de las sumergidas, algo le llamó la atención, al inicio no supo que era lo que captaba su atención, pero después de un rato se percató de que lo que había visto era nada menos que el pene de Albert. Cada vez que Albert salía a tomar aire, su pantaloncillo se le subía, era ese momento cuando se le salía el pene, al principio Verónica creyó que era algún mecate o algo por el estilo que llevaba el hombre, pero en una de las oportunidades en que ella salió de segunda, pudo ver con todo detenimiento ese tronco, realmente quedó asombrada, mediría unos veinte centímetros de largo y su grosor sería como el de su muñeca, nunca había visto algo así. Al principio Verónica quiso olvidarse del asunto, pero Albert continuaba sumergiéndose con la intención de enseñarle cuevas, conchas o algún bicho y cada vez que se sumergía o emergía, podía verle aquella verga que realmente era de concurso. Sin que se lo propusiera sus pezones se fueron poniendo cada vez más duros y su rostro se fue sonrojado, la verdad era que a Verónica cada vez le agradaba más ver aquella verga que lo que había en su entorno, esto no pasó desapercibido para Albert, ya que en una de las emergidas notó como Verónica se quedaba aguantando la respiración debajo de él, y sus ojos se desorbitaban cada vez que se le salía la verga. Cuando salieron sus amigos se quedaron viéndole las tetas a Verónica, ya que por más que disimuló no pudo evitar que sus pezones la delataran. Albert se colocó al final del bote con la intención de secarse al sol mientras hacía un cálculo de la cantidad de langostas que habían recogido, mientras tanto Verónica se puso una toalla en podía verle perfectamente la verga, si en el agua la había visto grande ese tronco, ahora que estaba a escasos dos metros distancia podía notar que era realmente de concurso. Al despertase Albert lo primero que vio fueron los ojos de Verónica, los tenía totalmente abiertos, y su cara era realmente de asombro, casi estuvo a punto de preguntarle que si algo la estaba asustando, pero en eso calló en cuenta de que lo que estaba viendo era su riel, disimuladamente se levantó para estirarse, Verónica inmediatamente se hizo la dormida. Momentos después Albert la llamó, ya que estaban a punto de llegar a la isla, Verónica no tuvo más que levantarse, y una vez más todos pudieron ver aquel par de pezones queriendo liberarse del sujetador. No más tocar tierra los socios se dispusieron a guardar las langostas en unos sacos, mientras tanto Albert llevó a Verónica al chalet con el objeto de que la conociera e hiciera un recorrido para ver si todo se encontraba en orden y a su satisfacción. Eran cerca de las cuatro de la tarde y todos tenían hambre, así que el mayor de los socios le indicó que les haría unas langostas al estilo isleño por lo que al unísono, tanto Albert como el otro socio se dispusieron a buscar leña. La cocina fue exquisita, todos dieron cuenta de más de una langosta, las cuales habían sido preparadas con mucho limón y unas especias que el viejo llevaba en una bolsa. Luego del almuerzo todos quedaron somnolientos por lo que Verónica les dijo que si la disculpaban un rato, ya que estaba sumamente cansada y quería hacer una siesta y que si querían se podían marchar, que ella estaría bien, todos asintieron, pero Albert le dijo que en esta época también llegaban a desovar las tortugas verdes, que si quería ellos se podían quedar a dormir en la isla y así en la noche la acompañarían para que pudiera ver esa maravilla. Verónica se sintió aliviada, ya que en el fondo no tenía muchas ganas de quedarse sola en aquella isla, y mucho mejor aún, si además podía ver un fenómeno como ese, algo que ella jamás había visto en su vida, así que agradecida les dijo que la despertaran a eso de las nueve de la noche para acompañarlos.


Eran exactamente las nueve de la noche cuando Albert fue a despertarla, Verónica se sentía como otra persona, el descanso le había hecho bien, al salir pudo notar que sus amigos ya habían hecho una fogata y cocinaban algo en ella, al acercarse se dio cuenta que se trataba de una sopa de cangrejo que estaba preparando el socio mayor, Albert le ofreció un tazón, tómalo, te caerá bien, además no encontrará una sopa mejor en todo el mundo le dijo Albert, efectivamente, aquello era como un vuelve a la vida, estaba simplemente exquisita, además le ofrecieron a que bebiera un aguardiente que llevaban, al principio Verónica no quiso, pero la noche se había puesto fría y lo único que llevaba puesto era su bikini así que aceptó, cosa que después agradeció, ya que la bebida también la reanimó. Después de dar cuenta de la suculenta sopa y de una botella de aguardiente, tomaron rumbo hacia el lugar donde desovaban las tortugas, Albert le indicó al Verónica que sería bueno que llevara un buen par de zapatillas para caminar, ya que tendrían que atravesar la desembocadura de tres ríos, los cuales aunque no eran profundos, tenían muchas piedras en su lecho que podían lastimar los pies, Verónica respondió que lamentablemente las que tenía las había dejado en el hotel, ya que no sabía que esa noche la pasarían el esta isla, por lo que Alber Verónica, pero al tener que doblarse bastante para que no cayera bruscamente también hizo que se le subiera la mano y le alcanzara la misma teta, otra vez ambos soltaron una risa y sin más continuaron el camino. Al llegar al segundo río Albert volvió a realizar la misma maniobra, esta vez tuvo el cuidado de no tomarla de la teta nuevamente, pero aún así su mano casi la tomó desde abajo, por lo que inmediatamente volvió a colocarla en las costillas de Verónica, esta vez Verónica con una sonrisa le dijo que por favor la próxima vez la tomara con más suavidad, ya que había estado a punto de reventársela, Albert sonrió también y se disculpó, Verónica le dijo que no tuviera cuidado, al llegar a la orilla también se repitió la situación anterior, pero esta vez ninguno de los dos dijo nada, mientras tanto ya el socio mayor los estaba esperando con la botella de aguardiente, ambos tomaron un buen sorbo y siguieron el camino, al llegar al tercer río ya se habían acabado la segunda botella de manera que ya todos iban un poco alegres, esta vez al tomarla en sus brazos Albert tuvo cuidado de no tomarla de la teta, hecho que Verónica festejó mientras Albert reía, sin embargo, el río era bastante ancho así que sin querer Verónica se fue bajando un poco de la posición original, hasta que Albert sintió que otra vez estaba rozando la teta de Verónica con su mano, esta vez ninguno de los dos dijo nada, al llegar a la orilla la mano cubría totalmente la teta y Albert podía sentir perfectamente como el pezón se la había puesto como piedra, por suerte para Albert la noche estaba bien oscura, de otra forma todos hubieran notado como llevaba la verga de empalmada, sin embargo esta situación no pasó desapercibida para Verónica, ya que estando a su lado era inevitable que pudiera dejar de ver semejante erección. Finalmente pudieron ver unas diez tortugas desovando, mientras hacían eso dieron cuenta de otra botella de aguardiente, para cuando regresaron ya todos venían cantando y contando chistes, algunos bastante pasados, cuando llegaron al primer río Verónica les dijo a los socios que se adelantaran un poco ya que tenía que hacer pis, los dos socios se fueron no sin antes hacer algunos chistes, Albert aprovechó y también se alejó unos metros para hacer pis, cuando regresó ya Verónica lo esperaba a la orilla para que la pasara, esta vez la tomó de la teta con todo el descaro sin que Verónica diera muestras de desagrado, como el río era bastante ancho aprovechó para masajearle la teta al punto que cuando llegaron a la orilla ya le había liberado la teta del sujetador, Albert la tomó de la cintura para besarla, a punto estaba cuando escucharon la voz de los amigos que los llamaban, 




Verónica se acomodó la teta y siguieron como si nada, al llegar al segundo río otra vez se volvió a repetir la escena, pero esta vez los amigos pudieron ver lo que Albert estaba haciendo ya que no se habían alejado tanto como la vez anterior, ninguno dijo nada pero ambos se volvieron a ver con cara de complicidad, el socio gordo les increpó diciendo que se apuraran, ya que no veía el momento para llegar a dar cuenta de las otras botellas de aguardiente que había traído, todos rieron de buena gana, de hecho Verónica hizo amago de correr mientras todos lo que veían era como se movía aquel culito, al llegar al tercer río el socio gordo se ofreció para pasar a Verónica pero Albert le dijo que no se preocupara, que él la había llevado y él también se encargaría de llevarla de vuelta, todos rieron, así que Albert la tomó en sus braz botella, luego el socio gordo y luego fue dando vuelta hasta acabarse, por lo que apareció otra botella, para ese momento Albert ya no dejaba de verle las tetas a Verónica, quien a su vez no dejaba de notar como Albert tenía aquella verga totalmente empalmada, la situación se fue volviendo realmente descarada, ya que Albert por su erección y lo holgado de su pantaloncillo no podía disimular más la tremenda erección, para colmo al hacer un movimiento para doblar su pierna hizo que el tuvo de la pierna se le fuera hasta abajo, por lo que su pene saltó, todos vieron aquel tremendo tronco, sobre todo Verónica que no le perdía vista a la entrepierna. Esta vez fue Albert el único que no se enteraba de que su pene estaba al aire, sin embargo nadie dijo nada, por una lado Verónica estaba como hipnotizada viéndole el falo a Albert, y por otro lado, los socios se estaban dando gusto de ver los pezones de Verónica que estaban a punto de salirse. Al final Albert se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, para ese momento ya los huevos le dolían de la presa de semen que tenían, así que sin miramientos le dijo a Verónica que se fuera a la habitación, que él no tardaría, Verónica no supo que contestar, aquel hombre que había conocido tan solo un día atrás le estaba diciendo, enfrente de otros dos que también eran unos perfectos desconocidos, que se fuera a la habitación a esperarlo como si se tratara de su amante, y lo que es peor, como si eso hubiera sido una orden y ella simplemente obedeció, ahí mismo se levantó, mientras veía como el socio gordo y el anciano la miraban con todo descaro y se relamían del gusto de verla, esta situación le gustó, por vez primera se sentía como si fuera la única hembra en todo el mundo, la más bella, la más deseada, en realidad, aquello era una fantasía que había tenido toda su vida, y ahí estaba ella, sola en una isla, con tres hombres que no conocía, sintiéndose la mujer más deseada de todo el mundo, como si se tratara de una ceremonia de iniciación se fue levantando, primero se estiró levantando sus bellos brazos hacia el cielo, luego dio una vuelta quedando de espalda hacia los hombres, quería que aquellos tres hombre viera n toda su hermosura, luego se sacudió la arena blanca que tenía pegada en sus nalgas, con el mayor descaro se hizo a un lado la parte derecha del bikini y se terminó de sacudir la arena que le quedaba de ese lado, luego se lo acomodó para continuar con el lado izquierdo, luego de que hizo la misma operación se llevó los dedos al frente del bikini, y como si estuviera sola en la bañera se lo jaló hacia delante haciendo que el bikini se enterrara en la raja de la vagina, los labios de su vagina quedaron a la vista de los tres, sin el menor pudor se sacudió la arena y acto seguido se fue hacia la casa, entró a la habitación dejando la puerta abierta de par en par yendo directo hacia la cama, ésta estaba al lado de una gran ventana desde donde se podía oír la riza y comentarios jocosos que hacían los tipos, se deshizo del bikini y sin si más se tendió en la cama, no habían pasado más de treinta segundos cuando escuchó unos pasos, desde su posición veía el umbral de la puerta, no se inmutó, esperaba a un hombre, no importaba ya quien fuera, sólo quería tener a un hombre entre sus piernas. Albert no se hizo de esperar, al ver a Verónica tendida en la cama se quitó el pantaloncillo, su verga saltó, era realmente descomunal, primero caminó alrededor de la cama, quería que Verónica lo viera desnudo, sabía que tenía una tranca de co con un solo brazo aprovechó para empezar a prepararle el culo a aquella mujer, primero le metió uno de sus enormes dedos, luego le fue introduciendo dos y tres hasta que pudo ver que tenía el esfínter totalmente dilatado, Verónica no lo podía creer, se encontraba de cabeza mamándole la verga a aquel negro, sus rodillas las tenía encima de los hombros de Albert, se daba cuenta perfectamente de que la estaba sodomisando, su esposo jamás la había clavado por el culo, y sin embargo, aquel negro se estaba dando lujo jugar con su agujero en la primera oportunidad, Albert la volvió a colocar en la cama, la puso boca abajo y sin miramientos empezó a taladrarle el culo con su tremendo leño. 


Verónica sintió un poco de dolor con la entrada de la cabeza, pero poco a poco se fue relajando hasta sobreponerse para luego pasar a sentir sólo placer y lujuria, cuando Albert sintió que el culo se había adaptado a su riel, empezó a bombear con rapidez, era como una bestia dándole por el culo a su hembra, la cama empezó a traquear y su respaldar a pegar fuertes golpes contra la pared, desde afuera los socios podía escuchar aquel escándalo, si no era el traquetear de la cama era el golpe de ésta contra la pared, y si no, los gemidos de Verónica por el goce de aquella tremenda verga, como era de esperar, tanto el viejo como el gordo se fueron empalmando, el primero en levantarse fue el viejo, quien se deshizo de las pocas prendas que llevaba y de una vez empezó a manosearse la verga, la cual era tan grande como de la Albert, el gordo hizo lo mismo, su tronco no era tan grande, pero si era igual de grueso, sin mediar palabra ambos tomaron rumbo hacia la casa. Mientras tanto Albert ya había hecho que Verónica tuviera dos orgasmos, le metía la verga tres o cuatro veces seguidas para luego sacarla y así poder ver aquel culo totalmente expuesto, de vez en cuando le metía cuatro dedos y luego continuaba con su verga, Verónica con su hombro y cara pegada a la almohada sostenía las embestidas mientras con sus manos se agarraba las nalgas para así poder abrirse más el culo, Albert sintió la pasada de un breve calambre, sabía que estaba a punto de regarse, así que decidió cambiar de postura para pasar a bombearle la concha de Verónica, el tronco se lo fue metiendo poco a poco hasta que sintió que la cabeza tocaba fondo, le había hundido más de la mitad de la verga, desde su posición Verónica miraba aquél tremendo falo como le entraba y pegaba con el fondo de sus entrañas, jamás se había imaginado que una verga de ese calibre pudiera acomodarse dentro de su cuerpo. Mientras tanto Albert seguía extasiado viendo aquel culo totalmente dilatado, tomó la mano derecha de Verónica y se la dirigió al hoyo, Verónica pudo introducir su mano entera y así continuar estimulando su clítoris desde esa posición, su puño entero le cabía, sentía las paredes de su propio ano, todo aquello era una explosión de sensaciones nuevas, sus orgasmos no se hicieron esperar como tampoco el de Albert. Cuando Albert sacó la verga un chorro de semen se deslizó por las piernas de Verónica, Albert la puso de espaldas y sin más se dispuso a hacer un sesenta y nueve, Verónica limpió todo el semen del tronco de Albert mientras éste le mamaba la concha y le esparcía el semen por las piernas, luego fue Albert quien se acostó de espaldas animando a Verónica para que se sentara en su tronco, ésta no se hizo de rogar, aunque el tronco de Albert estaba un poco flojo no por eso dejaba de sentir placer de tenerlo en sus entrañas, así que continuo cogiendo mientras Albert veía como momento, es que ninguna de las vergas se le fuera a escapar, el primero en venirse fue el gordo, soltó sendos chorros en la boca de Verónica, y esta para su asombro, tragó hasta la última gota que salía de esa verga, cosa que hasta ese momento le había parecido siempre repugnante, sin embargo en esa ocasión, a pesar de que le estaba mamando la verga a un tipo feo y de que su verga olía a orina, eso no le importaba, sentía aquello delicioso, el viejo no se hizo esperar, pero al igual que su amigo prefirió la boca de Verónica como recipiente, así que sacó su verga e inmediatamente la introdujo en aquella bella boca, Verónica esta vez sintió un leve olor a mierda y orina, pero sabía que la mierda era la de ella misma, de todas formas eso tampoco era un asunto que le importara en ese momento, como antes se tragó todo el semen, mientras tanto Albert volvió a regarse en las entrañas de Verónica. Por un momento sólo se escuchaba la transpiración de las cuatro personas en la habitación, nadie cambió de posición, Verónica continuaba engullendo el semen del viejo mientras el gordo le rozaba la verga por toda la cara y Albert continuaba con alguno que otro espasmo. Después de unos minutos fue el gordo el primero en alejarse, tenía sed así que se fue a la cocina en busca de agua, el viejo tomó una de las tetas de Verónica quien soltó un suspiro de gozo y Albert al fin se quedó quieto. Ven con migo, le dijo el viejo a Verónica, ésta le siguió hasta donde estaba la fogata, ahí el viejo tomó una botella de aguardiente y sin miramientos hizo que Verónica se tomara un buen trago para luego hacer lo mismo. 




Para ese momento Verónica ya estaba totalmente ebria, le dijo al viejo que quería hacer pis, el viejo le dijo que lo hiciera en su cara, al principio Verónica creyó que era un juego, pero el viejo la hizo sentar en la arena a la vez que le abría totalmente las piernas, inmediatamente metió la lengua en la chucha, vamos dijo el viejo, dame esos orines, Verónica no se hizo de esperar, lanzó en tremendo chorro de orín del cual buena parte dio cuenta el viejo, el resto lo recogió con ambas manos para luego hacerlo esparcido por el cuerpo de Verónica, aquel calor y el olor a miados la excito, se sentía que era una verdadera cerda, estaba en eso cuando escuchó la vos del gordo, mira, los miados le gustan a la putita, sin aviso tomó su verga y la dirigió a la cara de Verónica quien se preparó para recibir la meada del gordo, esta no tardó mucho, el chorro fue a dar directamente a la cara, el viejo también tomó bríos e hizo lo mismo, Verónica no supo por que, pero abrió la boca y empezó a tragar orina de aquel par de negros, la que no lograba tragar se la esparcía por su hermoso cuerpo, para cuando los dos negros terminaron de orinar Verónica ya estaba totalmente cubierta de miados, aquello excitó al par de negros y sin más empezaron a mamarle la chucha a la vez que le metían cada uno un dedo por el culo, la orgía continuó, esta vez era el viejo quien le daba por la chucha mientras el gordo la clavaba por el culo, al cabo de una media hora los tres se vinieron casi al unísono. Al terminar los tres se dirigieron al mar, todos estaban además de ebrios totalmente cubiertos de arena y orina, así que tomaron un buen baño juntos. Cuando regresaron al chalet ya Albert les estaba esperando con la verga empalmada, Verónica se sentía ya extenuada, además de que el agua había hecho que se le bajara un poco la borrachera, pero eso no le importó a Albert, simplemente la tomó de la cara e hizo que se la ma entrañas la mano de cada uno de esos tres negros recién conocidos, al igual que cada uno de ellos también sabía la que era sentir la mano de Verónica en el culo: al igual que cada uno se había encargado de sodomizarla a su manera, Verónica también se había dado el gusto de hacer lo mismo con cada uno, les había mordido y pateado los huevos, lamido el culo, metido las manos hasta tocar las entrañas, se les había orinado en la cara de cada uno, los había puesto a culiarse entre ellos mismos, a mamarse haciéndose un sesenta y nueve mientras los miraba, les había metido pepinos por el culo y había hecho que cada uno se comiera el pepino con el que había sodomizado a su amigo; en fin, cuando el sol salió se pudo ver en la habitación los resultados de la noche de desenfreno, habían tres hombre y una mujer totalmente desnudos en medio de un fuerte olor a semen, orina y mierda. De regreso a la oficina Verónica recomendó aquel sitio como un paraíso, la empresa construyó una cadena de hoteles, en cada uno el platillo principal es el camarón. Verónica regresa a esa isla una vez al año, ella siempre viene sola sin que nadie haya podido descubrir donde pasa la semana, sólo se sabe que Albert y otros dos negros la recogen en el aeropuerto, y que siete días después esos mismos negros la vuelven a llevar para que tome su vuelo de regreso.


Autor: Anonimo

Vacaciones de infidelidad y pasión (Esposa Liberal)

 


Soy Aria cuando llegué con mis hijos a la hermosa playa del mediterráneo.

Una vez que nos bajamos del tren, mis hijos y yo, continuamos nuestra aventura, caminando por una calle hermosamente animada, hasta que encontramos un taxi, que nos llevó por unos cuantos Euros a la casita de Don José, la cual, resultó ser un acogedor chalet a la orilla del mar.


—Qué hermoso lugar... ¿les gusta niños? —busqué la aprobación de los chicos.


—Si mami, yo quiero jugar a los castillos —señaló Sebastián


—No, yo quiero jugar con la pelota —respondió Enriquito.


—Vamos, vamos, jugarán a todo, pero conste que yo me tumbaré en la arena a tomar el sol y a leer —les dije anticipándome a sus demandas.


—Si mamita, nosotros jugaremos... vente Sebastián, no te portes mal que ya tienes cuatro años.


Sonreí con orgullo maternal, con la actitud madura de Enriquito a sus escasos seis años.


La playa era muy bella y en esa parte, había muy poca gente. Noté qué más adelante estaba instalada una tienda de campaña en donde unos jóvenes iban y venían del mar a la playa. Seguramente, estaban acampando por vacaciones...


—Bueno chicos, prepárense porque nos vamos a instalar en aquel lugarcito de la playa —dije, invitándoles a ponerse sus bañadores y tomar las toallas.


Preparé todo y procedí a ponerme el bikini. Como había muy poca gente, elegí el pequeño, el micro, según palabras de Enrique.


De verdad me quedó sensacional. El top apenas alcanzaba a cubrir la mayor parte de mis pechos y no podía evitar que se notaran los pezones que aumentaban su tamaño con la brisa del mar. Sentí muy rico cuando la tela de la parte inferior del bikini tocó el área de mi sexo, sin una sola huella de vello púbico. Al verme en el espejo, noté que se notaba el surco de mi sexo por entre la delicada tela. De cualquier manera me queda muy bien —pensé—.


Me puse una toalla alrededor de la cintura y, toda la familia, salimos del chalet, dispuestos a disfrutar de algunas horas de sol y playa, hasta el momento en que llegara Enrique por nosotros.


Caminamos y dejé que los niños corrieran alegremente hasta donde llegaban las tranquilas olas del Mediterráneo. Yo me quedé un poco más alejada y, ante la atenta mirada de los chicos de la "tienda de campaña", me quité la toalla, la extendí en la arena y me dispuse a untarme las respectivas cremas y un poco de aceite.


Los jóvenes se habían quedado con la boca abierta y, ahora, hacían comentarios sobre mi presencia. Yo decidí, no hacerles caso y seguí con la tarea, sin prisas... disfrutando la sensación de la brisa del mar en mi cara. Despreocupadamente, abrí mi libro, "La Ruta de la Seda" de Colin Falconer, y me concentré en su lectura.


Después de aproximadamente una hora, decidí dar una vuelta hacia donde jugaban los pequeños. Dejé mis cosas al lado y me levanté arreglándome el top que estaba a punto de dejar escapar uno de mis pezones.


Caminando hacia los niños, no dejé de notar las miradas insistentes y los comentarios de los jóvenes campistas.


—Hola chicos, ¿qué hacen?


—Hola mamita, mira mi castillo! ¿Te gusta? —expresó Sebastián.


—Dile a mamá que yo te ayudé a hacerlo, no seas presumido —comentó Enriquito.


—Qué hermoso! Es un castillo precioso y me encanta que lo hayan hecho entre los dos, les voy a dar un beso grande como premio —les dije, atrayéndolos hacia mi y abrazándolos con ternura—, los quiero mucho queridos hijos, son el mejor regalo que me ha dado la vida.


—Nosotros también te queremos mucho mamita —dijo Enriquito.


—Bueno queridos, voy al mar, sigan jugando —les comenté mientras me disponía a caminar hacia las aguas del hermoso mar Mediterráneo.


Sentí la frescura del agua, cuando me introduje hasta los hombros. No quise evitar la sensación de erotismo que recorrió, como electricidad, cada parte de mi cuerpo, cuando percibí la sensación de humedad en mi sexo. En forma natural, hice la tanga a un lado, me llevé mi mano al surco de mis genitales y me acaricié por entre los pliegues internos. —mmmmmmm, ricoooooo.... —expresé con sensualidad, mientras mi dedo medio estimulaba de arriba abajo mi clítoris, que rápidamente se puso más grande y turgente.


Disfruté de las delicias de masturbarme dentro del agua. Me sentía ardiendo... temblaba de excitación. Estaba disfrutando la sensación entrecerrando mis ojos, cuando me percaté que uno de los jóvenes, de la tienda de campismo, se había metido en el agua y ya estaba muy cerca de mi...


Dejé de autoestimularme y regresé la tanga a su lugar... Pacientemente esperé que fuera breve la desagradable interrupción.


—Hola, me llamo Ricardo ... La vi con sus hermanitos en la playa, ¿de dónde sois? —me dijo despreocupadamente.


—No son mis hermanitos, son mis hijos y evidentemente no somos de aquí—respondí un tanto fría y molesta por la interrupción, que esperaba fuese breve.


—¿Son sus hijos? Vaya que es extraño —dijo


—¿Por qué?


—Pues, porque usted es una belleza de mujer y, la verdad, no pensé siquiera que pudiese estar casada —expresó acercándose cada vez más a mi.


—Pues si, son mis hijos y también estoy casada, ¿tengo que ser gorda y fea para que me creas? —respondí, mientras me alejaba hacia la playa.


—Oiga, oiga, perdóneme si la he molestado, ¿me puede decir su nombre? —escuché la pregunta cuando estaba a punto de salir del agua.


—Aria —respondí con desinterés y sin voltear la cara.


—¿Cómo?, ¿cómo dijo? Me gritó desde lo lejos.


—ARIAAAA!!! —levanté la voz.


—Me encanta el timbre de su voz Aria, además tiene un nombre hermoso como usted!!! —escuché su grito que se desvaneció con el viento.


La verdad, no se por qué, todos me dicen que les gusta el timbre de mi voz, a mi me parece bastante común. En fin, llegué al lugar donde estaba tendida mi toalla y me propuse olvidar: el incidente, mi frustrada masturbación y mi reprimida excitación. Así que me recosté boca abajo a seguir con Falconi. Sin embargo, no pasó mucho tiempo cuando, a mis espaldas, escuché la voz del insistente campista.


—Hola otra vez, Doña Aria —expresó el cabezota del tal Ricardo.


Moví mi cabeza hacia él y aprovechando que no veía mis ojos, los cuales se ocultaban por mis lentes obscuros, dediqué un momento a observar su silueta. No era tan jovencito, calculé que era un poco menor que yo. Además, no puedo negar, que experimenté una sensación en mi clítoris que recorrió mi cuerpo, cuando vi que a través de la tela de su tanga se proyectaba una polla enorme. "Madre mía!!! Sabes lo que portas querido", pensé. Así, dadas las circunstancias, me pareció divertido seguir con el juego.


—Hola... si, soy Aria, soy una mujer casada y los pequeños de allá son mis hijos, ¿algo más? —expresé con ese desdén que a veces me sale tan natural.


—Oiga señora bonita, lo único que quiero es intentar ser su amigo. Si no lo desea, solo dígamelo y de inmediato regreso por donde vine —me dijo con honestidad y firmeza... Me gustó esa actitud.


—Ahora la que se disculpa soy yo, no creas que soy una maleducada... Mucho gusto Ricardo —dije, adelantando mi mano, la cual lucía un bello anillo de compromiso y sortija de matrimonio, que uso en la mano derecha, al contrario de lo habitual—. Como te dije, soy Aria y toda mi familia estamos de vacaciones, un poco más tarde llegará mi esposo... Ah!, por favor, no soy tan vieja para que me trates de "Usted"... —le comenté coqueteando abiertamente.


—Vaya que no eres vieja ni mucho menos, honestamente, estás muy hermosa, permíteme expresarlo —dijo.


El tal Ricardo de verdad me gustaba y lo menos que quería era que se fuera. Ahora me estaba divirtiendo y pensaba disfrutarlo.


—Sabes Aria, tu espalda, además de bella, no tiene ni una gota de crema, ¿me permites que te ayude con eso? Con todo respeto, claro —comentó.


Pensé que este Ricardo caminaba rápido, así que no puse objeción en seguirle el paso.


—Claro, ahí en la bolsa está la crema protectora, la de número 30, espero que tus manos sean suaves —dije coqueta, mientras me recostaba boca abajo sobre la toalla.


—Te prometo que se lo que hago, preciosa —comentó. Y vaya que si sabía.


Abrió el frasco y se untó un poco en sus manos. Luego, en mi espalda roció un poco y empezó a distribuirla poco a poco. Levantándome el cabello, se detuvo en mi cuello. Sentí riquísimo cuando su mano recorrió delicadamente la parte media de mi espalda. Apreté los labios para resistir una expresión de placer...


—mm... —seguí haciendo esfuerzos para no expresar las deliciosas sensaciones que provocaban sus manos en mi espalda.


—¿Te gusta?


—Te recuerdo que se trata de untarme la crema, no más, ¿vale? —le dije sin mucha convicción.


—Perdón, perdón, no pensé que fueses tan delicada, por cierto, tienes una espalda bellísima, señora Aria.


—Gracias, y no me digas señora, sólo Aria.




Volvió a poner crema en su manos y continuó con mi cintura. Cada vez sentía más intensamente mi necesidad de sexo, que por las semanas de abstinencia potenciaba mis sensaciones de placer al contacto de sus manos.


—¿Puedo? —dijo al momento de desabrochar los lazos de mi top en mi espalda. Más que solicitud fue un aviso y aunque me sorprendió, dejé que lo hiciera sin protestar.


Me esforzaba para no emitir expresiones que delataran mi excitación. Era algo tan difícil ya que mi agitación iba en aumento. Cerraba mis ojos sin poder evitar los estremecimientos de placer cuando sentía sus manos recorriendo mi espalda. Percibí sus manos que subían por la curva de mi cintura y sorpresivamente, las colocó en la parte lateral de mis pechos que ahora, con los lazos del top sueltos, se mostraban desnudos aplastados ligeramente por mi posición, boca abajo.


—Oye!, ten cuidado en dónde pones las manos! —increpé con una debilísima convicción.


—Disculpa otra vez, pero te advierto que las quemaduras en esa parte son peligrosas y además, muy dolorosas, ¿confías en la verdad de lo que te digo? —comentó de manera directa.


—Bueno si, en eso tienes razón —dije, volviendo a concentrarme en mis sensaciones.


Sus manos regresaron a esa parte de mi anatomía y, ya sin encontrar resistencias por mi parte, empezó a acariciar los laterales de mis tetas de forma lenta y sin recato, como adivinando mis esfuerzos por parecer controlada.


Pienso que la naturaleza nos ha permitido a las mujeres gozar más que los hombres. Bueno, no quiero tu acuerdo, solo es un comentario al aire. Las mujeres nos excitamos con la estimulación de todo nuestro cuerpo, por ejemplo, a mi me excitan los besos los lóbulos de las orejas, atrás de las orejas, la nuca, el cuello —mmmmmm—, los hombros, la parte interior de mis brazos, la parte lateral justo debajo de las axilas, las tetas, el abdomen, el ombligo —mmmmmm— el vientre, las rodillas —mmmmmmm—, la parte interna de los muslos, las nalgas, el monte de venus, el surco de mi sexo, el clítoris, la vagina, el ano, la espalda, las pantorrillas, los pies —mmmmm—, mis labios, mis oídos, los dedos, mi antebrazo, etcétera, etecétera... Imagínate! Tal es nuestra naturaleza... por eso, ese día gozando con la follada de dos apuestos jóvenes, me sentía deliciosamente excitada. Pero volvamos al momento...


Continuó acariciandome los pechos por los lados hasta que no pude evitar una expresión de profundo placer:


—hummmmmmmmmmmmm —no pude resistirme más, para mostrar mi tremenda excitación al sentir sus manos recorriendo parte de mis tetas...


—¿te gusta? —me repitió la pregunta.


—Siiiiiiii —mis defensas estaban desechas.


Siguió masajeándome las tetas. Y en momentos, metía sus manos por debajo buscando mis pezones. Me sobresalté cuando escuché la dulce vocecita de mi hijo:


—Mamita, ¿qué te está haciendo ese señor? —expresó cándidamente mi hijo mayor.


—Nnnnnnadaaa mi rey, me está ayudando a ponerme la crema bloqueadora para que no me queme con el sol.


—¿Así como te pone papá?


—Si querido, más o menos así —respondí con trémula voz.


—Oye mamita, ¿no te has dado cuenta que se te calló el bañador? —dijo esto, al notar que tenía desabrochados los lazos del top mientras veía con seriedad a Ricardo.


—No amor, no lo he perdido... no te preocupes mi rey, Ricardo es una amigo y después de ayudarme me voy a sentir bien y no se me perderá nada, ¿está bien querido? Ve a jugar con tu hermano, y en un momento los veré allá —le dije esperando que me obedeciera.


—Bueno mamita, ya me voy pero no te estés mucho con ese señor —comentó antes de correr hacia donde estaba su hermano.


—Si mi amor no te preocupes, dame un beso —lo esperé sin respuesta.


Una vez que Enriquito regresó con su hermanito, Ricardo continuó con su trabajo en mi espalda. Bajó hasta mi cintura y siguió más abajo. Me frotó con erotismo mis nalgas. Siguió el hilo de la tanga recorriendo el surco de mis nalgas, ahí se detuvo deliciosamente, acariciándome con su dedo los pliegues de mi culo.


—mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, —expresé sin pudor.


Las sensaciones de excitación se habían apoderado de todo mi ser, por lo que decidí cambiar de posición para mostrarle de frente mis pechos anhelantes. Me di vuelta y por segundos, dejé que observara boquiabierto mi desnudez. Noté que sus ojos brillaban de deseo. El también estaba excitado, lo noté, además, en su pene erecto que con dificultad permanecía cubierto por su tanga.


—Vamos al mar, querido —dije. Y poniéndome de pié, le tomé su mano y así, topless, le atraje con mi mano hacia el agua.


—Adonde????? —dijo nervioso.


—¿Tan pronto perdiste tu seguridad? —le dije acariciándole levemente su mejilla—Vamos a meternos al mar.


—¿Al mar? —comentó de manera por demás infantil.


—Si al mar, ¿por qué repites todo lo que digo?... Aquí solo son caricias y quiero más... —le dije con una expresión llena de promesas y, por supuesto, dejándole sin habla.


En el trayecto nos encontramos a mis hijos jugando en la arena con su pelota.


—Mamita, ¿te vas a meter al mar? —dijo Sebastián.


—Si mi cielo


—¿Con ese señor?


—Si mi amor, voy a estar un ratito en el agua, quédense ustedes aquí —les dije, sin dejar de caminar.


—Oye mami —gritó Enriquito— Se te calló una parte de tu bañador!


—Si mi rey, en un momento lo busco, no te preocupes —el niño se quedó muy serio viendo a su madre con las tetas al aire y acompañada de "un señor".


Nos metimos hasta la cintura en el agua y me puse frente a Ricardo. Le acaricié su pelo y sin pudor, le tomé su cabeza y acerqué su cara a mis pechos que le ofrecía para que los mamara. En ese momento, no pensé que mis hijos pudiesen estar viendo la escena. Estaba ardiendo y empezaba a sentir que mis jugos vaginales humedecían los pliegues internos de mi sexo.


Levanté mis brazos y le ofrecí mis labios anhelantes. Acercó sus labios y nuestras lenguas se buscaron mutuamente, explorándose con excitación. Mientras me besaba, yo le acariciaba su pelo, sus hombros y su espalda. Me fascinaron sus músculos que denotaban un hombre joven y deportista. El, poseído por una tremenda pasión, empezó a masajearme mis pechos, deteniéndose en mi areola, la cual, se notaba de un rozado más intenso. Luego me chupó y mordió delicadamente los pezones.


Con mi mano izquierda dentro del agua, le abrí su bañador y, con la derecha, le saqué su polla. La tomé con mi mano y apretándosela, empecé a masturbarlo con movimientos de arriba hacia abajo. En un momento, abrí mi mano y, pegando mi mano a lo largo de su pene, le acaricié el frenillo y el anillo del glande con mi sortija de compromiso y mi argolla de matrimonio, tal y como le gustaba a Enrique —fue un impulso, a mi esposo le gusta sentir en su pene los símbolos de nuestro matrimonio, como una muestra de que soy su esposa y que le pertenezco solo a él... ahora estaba ofreciéndole esa caricia tan íntima a un hombre que acababa de conocer—. Seguí masturbándolo y ya sin pudor, me propuse gozar al máximo de esa experiencia de trasgresión a mis deberes como esposa y como madre y no me importó estar entregándome como una vulgar prostituta, casi delante de mis hijos.


Seguí gozando las caricias y para intensificar la estimulación, doblé hacia abajo mi dedo medio, rodee con mi dedo índice y pulgar su pene y seguí estimulándolo de arriba abajo, dejando en cada movimiento la cabeza de su verga libre de su cubierta de piel. Primero suavemente, después con rapidez.


—hummmmmm, que rico, hermosa —susurró, besándome deliciosamente el lóbulo de mis orejas.


Con la mitad de nuestro cuerpo dentro del agua, me hice a un lado el bañador y expuesto mi sexo, acerqué su pene a mi clítoris y, con él, me empecé a estimular. Desesperadamente recorría el surco de mi sexo con su polla parada, abriendo mis piernas para dejar al descubierto mi feminidad y permitir que llegara hasta mi vagina.


—ahhh, ahhhh, ahhhh, mmmmmmm, que ricooooooo, amor —expresé ya sin pudor.


Ricardo, me tomó por la curva de mi cintura y me atrajo hacia él. Puso sus manos sobre mis nalgas y, después, poco a poco empezó a buscar mi sexo para penetrarme.


—Mi amor, estás depilada! —Dijo mientras su pene estaba a punto de entrar en mi vagina. Yo, agarrando su erecta verga, me estimulé con ella mi clítoris y, finalmente, yo misma la coloqué a la entra de mi vagina y me la introduje poco a poco en mi vagina. Grité de placer, Si, así!... no podía dejar de gemir y gemir, mientras su polla entraba y salía de mi lubricada vagina. No tardé mucho en percibir la llegada de un exquisito orgasmo.


—ahhh, ahhh, ahhh, mi cielo, que ricoooooooo, me voy a venirrrrrrrrrrrrr, mmmmmmmm —gemí con erotismo.


Sentí que todo mi cuerpo temblaba cuando sentí llegar el primer orgasmo en muchos días, lo abracé con todas mis fuerzas y levanté mis piernas rodeándole su cuerpo, mi espalda se arqueaba y disfruté de la deliciosa sensación. En ese momento sentí que Ricardo explotaba dentro de mi. Placenteramente sentí que su pene me llenaba completamente mi vagina y me llenaba de su leche caliente. En ese momento solo era la hembra poseída por un macho poderoso que con energía la transporta a regiones de infinito placer.


—papacito, qué ricura —expresé mientras disfrutaba de la culminación de su corrida dentro de mi. Me apreté hacia él para evitar que se saliera su pene y por minutos esperé a que todo volviera a la calma.


—No me la saques —le pedí con suavidad.


El siguió dentro de mí acariciándome. Me sorprendí cuando me di cuenta de que la flacidez que percibí poco después de su corrida, dio paso a una nueva erección... Madre mía!!! Estaba de nuevo excitado y dispuesto a seguirme follando!.


—¿Te puedo pedir algo mi cielo? —le dije al oído


—Si señora bonita, lo que quieras, ahhhhhhhh, siiii —me respondió.


—Vamos a tu tienda de campaña a terminar con esto ¿quieres?


—Lo siento Aria, allá está mi amigo Manolo y pues... tu sabes... no creo —dijo vacilante.


—Querido... puede participar, si te apetece —expresé con indecente atrevimiento y moviendo mis caderas para intensificar la sensación de su pene dentro de mi vagina.


—¿Participar?... Cla... claro, por supuesto —siguió perplejo, pero metiendo y sacando la verga dentro de mi.


—Bueno mi amor, ya sácamela y caminemos al chalet —dije, aprovechando los ultimos movimientos que hacía para introducirme más y más su verga en mi apretada y chorreante vagina—. Y por favor, deja de repetir todo lo que digo —comenté, mientras trataba de cubrir con la minúscula tanga mis genitales que aún escurrían de semen.


Al salir del agua, le tomé de la mano y juntos empezamos a caminar hacia su tienda de excusión. No pudimos evitar dar el espectáculo a los mirones de alrededor.


Llegamos a la entrada de la tienda y sin sorprendernos encontramos a Manolo dentro, con su pene en la mano. Él, sin decir nada, se quedó como hipnotizado viendo que entrábamos al pequeño espacio.


—Hola, soy Aria, ¿te pillamos? —le dije sentándome a su lado.


—S, s, si, claro, es que entráis así tan de pronto, que...


—Tenemos la visita de esta señora bonita, Manolo, nos la mandó el cielo ¿qué te parece? —dijo, observándome con lujuria.


—¿Visita?


—¿Por qué siempre repiten todo? —comenté— Ven acá querido —Me acerqué y le di un beso, pasando mi lengua por sus labios y buscando penetrar en su boca en busca de la suya.


Mientras tanto, Ricardo se acercó y me empezó a besar las nalgas y el culo, jalando los lazos de mi tanga. Yo sentía delicioso, había tenido un orgasmo en el agua, pero necesitaba más, mucho más.




Intempestivamente, Ricardo me agarró de las caderas y me puso en la posición de "perrito". Mientras me quitaba la tanga, yo cogí la verga de Manolo y se la empecé a mamar. Estaba poseída por la excitación, le pasé lentamente mi lengua por el glande, seguí por los lados, por el tronco... lentamente. Posteriormente, se la empecé a chupar, metiéndomela en la boca lo más que podía, hasta que la sentí en mi garganta... la saqué de mi boca un segundo para lubricarla con mi lengua y de nuevo, me la metí en la boca tratando de abarcarla hasta los testículos.


—schluppppp, sgluppppppp...


Manolo, me metía sus dedos entre mis cabellos, temblando por la excitación, al sentir su polla en mi gasrganta. Mientras, que Ricardo, me lamía el culo y pasaba su lengua por mi vagina, húmeda, anhelante... Yo estaba en el paraíso, sentía tan delicioso que me olvidé de mis hijos y de que estaba en medio de una playa pública.


Seguí chupándosela a Manolo con deleite. Sentía las venas de su polla y saboree los fluidos densos que anteceden al orgasmo. Mientras tanto, Ricardo se irguió y me penetró por la vagina húmeda y deseosa de placer.


—Si mi amor, penétrame más... méteme la verga... hazme rico... fóllame —me sentía super caliente.


Con cada embestida, yo sentía que su pene llegaba hasta el cuello de mi útero y por supuesto, me apliqué para apretar con mi vagina cada milímetro de su riquísima verga, que toda mojada con mis fluidos vaginales entraba y salía. Por supuesto, no olvidaba que también Manolo gozaba de la tremenda mamada que le regalaba. Y así, en esa pequeña tienda, los dos chicos me follaban con desesperación.


Seguimos follando en esa posición, hasta que sentí la llegada del orgasmo de Manolo, por lo que sugerí que todos nos viniéramos juntos. La verga de Manolo se hinchó y empezó a llenarme de semen mi boca, me la sacó y continuó vaciándose sobre mi cara y mi pelo. Gotas densas recorrieron mi mejilla, mis labios y mis tetas... tremendamente rico. Por su parte, Ricardo se corrió, inundándome la vagina y mezclando sus fluidos con los míos dentro de mis entrañas. Mientras explotaban dentro de mi, desde mi vagina y clítoris, surgió una ola de placer que irradió todo mi cuerpo, haciéndome temblar y gritar como poseída.


—Qué ricoooooooo, ahhhhhh!!!!!!!!!!!!, ahhhhhhhhhh!!!!!!, máaasssssssssss!!!!, ssiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!, mmmmmmmmmmmmmmgggggggggggggggnnnnnnnfffffffffff!!!!!,


No podía controlar el temblor de todo mi cuerpo, mi espalda se arqueba y no podía evitar las convulsiones de mis manos y piernas con ese inmenso orgasmo. En medio de la más deliciosa sensación de sexo, percibí que Manolo y Ricardo se fundían en mi, abrazándome y besándome con pasión. Los amé con exaltación en ese momento...


Pensé que todo terminaría ahí. Sin embargo, después de un momento, me di cuenta que los chicos querían más y aún chorreando mi vagina con los fluidos mutuos, Ricardo me besaba la parte interna de mis muslos y las tetas.


—¿Queréis seguirme follando? —pregunté ingenuamente.


—Aria, ahora tu eres la que pregunta... hace tiempo que el cielo no nos manda a una diosa como tú y queremos aprovechar este maravilloso regalo —dijo el chaval, utilizando una jerga pagana.


—La verdad yo también deseo más, queridos —respondí


Me recosté y abriendo mis piernas le mostré a Ricardo mi vagina abierta y, un poco más abajo, el orificio de mi culo anhelante.


—Métemela por el ano papito, no te detengas.


—Hueles delicioso Aria, te voy a romper el culo, mamacita —Ricardo estaba fascinado con lo que le ofrecía con mis piernas abiertas y, como siempre, el aroma que enloquece a los hombres que me han poseído.


Con mis piernas sobre sus hombros, sentí como su polla erecta me rasgaba mis tejidos anales. Pensé detenerlo, sin embargo, pronto empecé a sentir las delicias de la penetración anal que tanto me gusta. Así, disfrutando la follada por el culo, sentí que Manolo se estaba masturbando y pensaba correrse sobre mis tetas.


—Espera un poco amor, no te precipites —le pedí.


—Ricardo, ¿porqué no le compartes mi trasero a tu amigo?


—Claro!!! ¿Quisieras correrte en el culo de Aria, Manolo? Yo ya disfruté de su deliciosa vagina y un momento con mi polla dentro de su ano—expresó Ricardo


—Claro me fascinaría llenarle el culo con mi leche —dijo Manolo quine solo se había corrido una vez dentro de mi boca.


Se intercambiaron de posición, abrí de nuevo mis piernas, las levanté y las coloqué sobre los hombres de Manolo para que me penetrara por el ano. Luego, le pedí a Ricardo que de pié y a mis espaldas acercara su polla a mi boca para mamársela. Disfruté minutos de esos dos placeres, por la boca y el ano, hasta que sentí que Manolo iba a explotar dentro de mis entrañas.


—Corrámonos otra vez juntos por favor —les pedí excitada.


Seguí mamándo y sentí la llegada de su orgasmo, mientras movía mis caderas de arriba abajo y en círculos, para apurar la corrida de Ricardo y la mía propia. En un momento los tres explotamos en maravillosos orgasmos. El semen de Ricardo me llenó la boca y mi cara, mientras que Manolo me inundó el culo con su leche. Yo sentí que explotaban dentro de mi decenas de globos de placer.


—ahyyyyyyyyyyyyyy!!!!!!!!!! Ricooooooooooooooo...!!!Mmmmmmmmmmmm, ssiiiiiiiiiiiiiiiiiii, ahugmmmmmm, mmmmmmmmmm, ahhh, ahhhhh, siii, siiiii, siiiii, maaaaaaaaassssssssssssssssss —no podía contenerme de gritar, estaba explotando en un tremendo orgasmo y el placer me inundaba por completo......


—Hugmmmmmmm, aughmmmmmmmmmm, —escuché el gemido gutural de mis dos chicos. Eso me acompañó por los largos momentos en que sentía el placer más enorme que no recordaba haber sentido antes.


Durante momentos que me parecieron eternos disfruté ese orgasmo. Fue realmente increíble, pensé que nunca iba a dejar de sentir las explosiones de placer dentro de mi. Hasta que extenuados, los tres nos recostamos en las bolsas de dormir, desnudos. Uno a cada lado, me abrazaba con ternura. Seguían acariciándome, uno mis muslos, vientre y ombligo, el otro, mis tetas... los dos, delicadamente y con infinita ternura, recorrían mi cuerpo con sus manos pegando su cuerpo al mío. Sus penes, completamente mojados, descansaban ya de su trabajo. Noté que tenían restos de semen mezclados con mis fluidos vaginales. Eso, me impulsó a darles las gracias por la hermosísima experiencia... así, besé de nuevo a cada uno en sus labios con ternura.




—Estás muy hermosa Aria, tienes una piernas divinas y un culo riquísimo —comentó Ricardo mientras me acariciaba.


—Estoy de acuerdo con Ricardo, que regalote nos has dado preciosa —dijo el otro, dándome un beso en la mejilla.


—Creo que todos gozamos... son ustedes un encanto de hombres —al decir esto les di otro delicado beso en sus labios, primero uno, luego al otro.


Nos invadió poco a poco un estado de satisfactoria relajación. Cerré mis ojos y percibí el aroma de nuestros cuerpos y el sonido de nuestra acompasada respiración. Me sentía muy rico, desnuda y cariñosamente abrazada por mis dos amantes. Hasta que, al cabo de media hora, llegó el momento de regresar.


—Me tengo que ir amores —dije, mientras me sentaba para recoger la tanga. Con ella en mis manos, limpié los líquidos que corrían por la parte interna de mis muslos.


—no te vayas Aria, por favor —dijo Ricardo.


—Estoy muy a gusto con ustedes, pero por desgracia no puedo quedarme más, mis hijos están cerca y mi esposo está por llegar —comenté y mientras me colocaba la tanga les mostré mi mano con la sortija y la argolla matrimonial diciéndoles —recuerden que soy una señora casada y tengo que atender a mi familia.


—Aria... ¿me regalas tu tanga? —solicitó Ricardo.


Por un momento, dudé en dejársela, pero de inmediato tomé la decisión. Levanté mis piernas, me quité la tanga y se la di.


—Claro, cielo, guárdala como recuerdo —dejando que la tomara con sus manos.


—Gracias, preciosa, será un divino recuerdo de ti —expresó, llevándosela a la nariz, percibiendo su aroma con un mohín de satisfacción.


Salí de la tienda totalmente desnuda y me dirigí al mar. Ahí, disfruté por un momento sus aguas antes de salir corriendo a buscar mi toalla para cubrir mi desnudez. Noté que había más personas que, turbadas, no se perdieron la escena cuando corrí por la arena desnuda. Tampoco faltaron los comentarios en corrillos.


Llegué a mi pequeño campamento y rápidamente, me cubrí con la toalla, sequé la humedad de mi cuerpo y tranquilamente me puse el bikini extra que tenía en la bolsa. Demoré la urgencia de ponerme crema en mi vagina y en mi ano, a pesar de que sentía mucho ardor por las fuertes penetraciones. Por eso, decidí tolerar la sensación y me encaminé a encontrarme con mis hijos que sin preocupación jugaban con la arena de la playa.


—Mami, mira, Enrique se peleó con aquellos niños porque le dijeron que su castillo es feo.


—No es cierto, solo les dije que los de ellos son más feos. —respondió Enriquito.


—Bueno, chicos, no discutan y sigan jugando —dije sonriéndoles —voy a estar allá para esperar a su padre que no ha de tardar mucho en llegar.


—Si mami... oye mamita te ves muy bonita con ese bikini también —comentó Enriquito. Le guiñé un ojo como respuesta a su piropo. Además, me percaté que notó mi cambio de bañador.


Estaba con mi lectura de Falconi, cuando escuché a mis espaldas la voz de Enrique.


—Ya estoy aquí querida, ¿tuviste alguna dificultad? —preguntó Enrique.


—Ah, hola... no querido, aquí se está muy bien, es una playa maravillosa y a ti ¿cómo te fue?


—Bien, por fin terminamos el trabajo. Estoy libre para disfrutar de mi familia por dos semanas —comentó con satisfacción. —¿nos vamos a comer, estoy hambriento?


—Y que lo digas, yo también —respondí mientras me ponía de pié para recoger las cosas y colcarlas en la maleta de playa.


—Te ves preciosa con ese bikini, Aria. Me complace que hayas decidido ponerte ese y no el otro, con el que, además, te hubieses arriesgado a que te faltaran al respeto.


Sin decir nada, sonreí al comentario.


Los niños corrieron a encontrar a su padre y lo abrazaron con cariño. Comentándole atropelladamente lo que habían hecho en la playa. En eso Enriquito, observó que Ricardo y Manolo, desde su tienda, se despedían...


—Mira mami, son tus amigos —comentó Enriquito.


—¿Tus amigos, Aria? —repitió Enrique, con expresión de interrogación.


—Ah si, querido, esos chicos se acercaron para ofrecernos su ayuda por si fuera necesario y se quedaron un momento a platicar —le dije con seguridad.


—Vaya, estos españoles si que son "amables" —observó Enrique con un dejo de ironía.


—Si papi y le ayudaron a mamá para que no se quemara la espalda —informó Sebastián.


—¿Para que no se quemara? ¿a qué se refiere el niño, Aria? —preguntó Enrique.


—Ya ves como son los niños, los chicos me ofrecieron ponernos una sombrilla y regalarnos aceite bronceador, pero, rehusé y punto.


—Pues insisto que estos españoles son demasiado... serviciales.


—Pues si, no puedes dejar de reconocer que los españoles son los europeos más cálidos, guapos e inteligentes— defendí con firmeza mi convicción.


—Bueno, bueno, no sigamos con eso, Qué... ¿acaso no tiene hambre? —dijo Enrique.


—Si!, si! Yo quiero comer!... —y juntos en familia caminamos hacia la animada calle...


Antes de salir de la playa, busqué con la mirada a Ricardo y Manolo. Los vi desde lo lejos de pié, frente a su tienda. Alcé mi mano para despedirme, besando mi dedo índice y dirigiendo hacia ellos el simbólico beso... con cautela. Ricardo levantó mi tanga y se la llevó al corazón, Manolo cruzó sus brazos dirigiéndome un último adiós...


No los volví a ver... pero tengo la esperanza de que lleguen a leer este relato y recuerden, como yo, esta maravillosa experiencia



Mis inicios como cornudo (relato caliente)

 


El presente relato es la continuación de la historia en la que relato cómo con mi mujer empezamos a vivir nuestra vida erótica de una manera poco convencional (en aquellos momentos mi novia, hoy mi esposa). Para entender toda la historia, les recomiendo leer la parte 1.


Los días posteriores a lo sucedido aquella noche entre Aníbal y Vanesa me sentía muy raro. Me sentía mal conmigo mismo, inseguro de mi chica y, en otro nivel, no podía dejar de excitarme al recordar cada instante de lo sucedido. Me hubiese encantado poder charlar con ella, sacarme la duda de si había consentido lo que ocurrió, si lo disfruto, o, en cambio, simplemente fue el juguete de aquel hombre que abuso de su estado de borrachera. La cuestión era compleja, yo no podía planteárselo abiertamente porque habiendo estado ella inconciente no tenia forma de explicar porque me había quedado observando como un tipo entraba a su cuarto y abusaba de ella sin yo interceder en lo mas mínimo . Por su parte, como podía ella sincerarse y confesarme que había accedido a ser el juguete erótico de otro sin temor a mi reacción.


Así paso el tiempo. Cada vez que me asaltaban esos recuerdos no podía mas que buscarla para poseerla violentamente o, en cambio, para masturbarme. Empecé a contactarme con gente con fantasías o experiencias como las mías (swingers, parejas con experiencia en tríos, orgías), estaba realmente obsesionado. Además, ella estaba mas hermosa que nunca, para esa época comenzó a usar ropa mas provocativas y yo no podía dejar de excitarme al verla con un profundo escote, unos entalladísimos micro shorts, o las lascivas miradas que le dedican los hombres que tenían la dicha de cruzársela (sin importar edad, de 15 a 99 años) .


Gozaba con ella, me excitaba, como no hacerlo con semejante hembra, pero necesitaba mas. Debo confesar que al inicio no fui muy imaginativo, hice lo que todos con esta fantasía; me ponía a ver videos con temática swinger intentando que ella se interese, le comentaba de un amigo de un amigo que con la esposa………., le preguntaba por sus fantasías mas oscuras……….clásico. Tuve algún avance cuando comencé con la táctica de sacar el tema durante el sexo, ella allí donde reaccionaba a algunas de las fantasías que yo le presentaba, sobre todo en las que hablábamos de incorporar a un tercero, pero, en frío no me daba chance de realizar mis fantasías. La fantasía le gustaba, pero se ponía muy nerviosa y se negaba a avanzar en firme


Un día me propuse dejar de lamentarme y pasar a la acción. Me tomo un tiempo idear un plan con cierta chance de éxito, pero tenia una carta y quería ponerla en juego.




La fecha me quedo marcada por siempre, fue un 14 de febrero. En esa época trabajaba en la división de exportaciones de una empresa de artículos de cosmética. Por mi trabajo cotidianamente estaba en contacto con personas de todo el mundo y a veces, cuando algún cliente visitaba nuestro país, me tocaba la obligación de hacerle un pequeño tour por la ciudad a nuestro visitante. Esa semana nos visitaba Dante, un Italiano de unos 35 años que había venido a Buenos Aires como enviado de su empresa. Dante era un tipo muy agradable en el trato, y, no me cuesta admitirlo, mucho mas atractivo que yo en lo físico.


Por lo general les algo un tour por los clásicos lugares de Capital durante el día y los dejo que se arreglen ellos solos a la noche, pero esta oportunidad, le comente a Vanesa que el me había pedido que lo lleve a cenar a Puerto Madero. La idea de Dante me “parecía tan aburrida como ineludible“, por lo que le pedí a Vane que me acompañara, y ella, tan gamba como era, no me dijo que no. Claro, ella no sospechaba que con Dante venia hablando hace meses de mi fantasía y estaba interesadísimo en “ayudarme en lo que le fuera posible”. El plan estaba en marcha.


No se si es un detalle o no, pero les voy a contar como estaba esa noche: se había puesto una especie de remera blanca sin mangas con un escote “asesino”, una pollera bien ajustada de esas que empiezan por encima de la cintura (mas altas que las comunes) y terminaba varios centímetros por sobre las rodillas y unos zapatos de taco altísimos. No usaba medias, sencillamente porque con las piernas que tenia no las necesitaba; morenas, sin celulitis, bien marcadas…………..perfectas.


La cena fue bizarrísima, Dante hablaba además de Italiano, un pobrísimo castellano y un correcto ingles. Yo dominaba a la perfección el ingles, pero Vane lo manejaba en el rudimentario nivel de una chica que no lo usaba desde la secundaria (en ese entonces teníamos 25 años). La charla era difícil, pero Dante tenia una simpatía a prueba de balas y mechaba un cocoliche con Ingles que resultaba divertidísimo, mas con el alcohol que comenzaba a fluir en la cena (me preocupe toda la noche en que la copa de Vane estuviese rebosante de vino).


Se notaba que Dante estaba embobado con Vane, no dejaba de mirarle los pechos, de hacerle bromas, se lo notaba alzadísimo. Ella, por su parte, jugaba el juego que mas le gustaba, el de seducir con la única satisfacción de saber que quien estaba frente a ella se iba a ir a dormir con unas ganas enfermas de cogersela.


Terminaba la cena y el tano nos pidió “un ultimo favor”, que lo dejemos en un boliche de moda ya que se moría por conocer la famosa noche porteña. Luego de un breve debate, nos pusimos de acuerdo con Vane y lo llevamos a destino, íbamos muy animados y, pese a la diferencia de edad de casi 10 años, hacíamos un buen grupo. Había tan buena onda, que entramos con el a la Disco a pesar de que hacia tiempo que no íbamos a bailar. El lugar explotaba de gente, Dante insistió en invitar una vuelta de Tequila y no quiso aceptar las excusas de mi novia sobre su poca tolerancia al alcohol.


Un poco de baile, algún trago mas, Vane acaparaba miradas y se movía como toda una gata, Dante la tomo de la cintura y comenzaron a bailar juntos, yo le anuncie a Vane que tenia que ir al baño y me aleje para dejarlos solos y ver como avanzaba la situación. A varios metros, desde una posición elevada me quede observándolos. El la abrazaba desde atrás, ella pegaba su cola a su pelvis y la movía lentamente y apretándose contra él. El decodifico el mensaje y redoblo la apuesta besando suavemente sus hombros y recorriendo su flaco abdomen con sus manos. Yo observaba todo sumido en una profunda mezcla de celos y excitación que no había tenido en años. Ella se entregaba, voluntariamente a ese juego sin saber que el arquitecto de ese momento había sido yo. No iba a desaprovechar el momento, espere que un cambio de música los obligue naturalmente a separarse de aquel franeleo histérico para volver a escena. Con Dante las cosas estaban claras, en la medida de que ella accediera habría acción, sino, mala suerte y a otra cosa.


Comenzaba la fase final del plan.


A mi pedido, Dante “acuso cansancio” y pidió que lo lleváramos a su hotel. Vane hizo “pucherito”, pero Dante era quien mandaba en esa situación, por lo que salimos, nos subimos al coche y marchamos al hotel. Al llegar, Dante nos pidió que tan solo por un minuto subiéramos a su cuarto, que no quería despedirse sin darnos un regalo de despedida.




La habitación era amplia, contaba de una recepción con sillones separados de la otra habitación donde se encontraba la cama. Apenas entramos, Dante te fue para el cuarto y nos dejo a mi y a Vane solos en la recepción. No recuerdo exactamente las palabras, pero recuerdo que me acerque a Vane y la bese con pasión, con una mano recorrí su muslo hasta acercarme a su entrepierna húmeda. Ella reacciono sorprendida por mi avance en aquel lugar, pero se dejo hacer. Fueron solo unos segundo, no tenia mucho tiempo, escuchaba a Dante dar vueltas por su cuarto y le plantie a Vane lo que quería:

_Que te parece Dante?- empecé

_Re bien, súper simpático.- me respondió

_Te gusta?

_Vos estas loco? -dijo entre incrédula y divertida.

_Queres que los dos estemos con vos? Mañana se vuelve a su país, nunca mas lo vemos, aprovechemos esta noche-


Se arrastraron unos segundos elásticos, larguísimos, eternos. Se me quedo mirando a los ojos sin responder. Dante reingreso al cuarto, obviamente no traía nada consigo, solo estaba a al espera de la respuesta de Vane. Ella se giro, lo miro a él y nuevamente a mi. Pasaron unos segundos mas que fueron casi como estar muerto en vida. “Sos un tarado” me dijo. Dante te acerco por detrás de ella y le beso los hombros, ella se mantuvo firme, con los ojos bien abiertos y fijos en mi. El deslizo una mano por sus pechos y otra por su vientre hacia su entrepierna, sus brazos eran largos y fuertes, la escena parecía una reedición de King Kong, donde un gorila enorme y potente te entretiene con un dulce y frágil mujer.

_Ok, lo queres, lo vas a tener, pero no vas a poder hacer nada mas que mirarnos. Va a ser en mis condiciones, no en las tuyas- Dijo.


Me senté en un sillón frente a ellos. Ella todo el tiempo tenia la mirada clavada en mi. Dante había arremangado su pollera por encima de su cintura, mientras sus dos pechos ya estaban liberados y flotaban con una firmeza hermosa y perfecta. Dante se arrodillo por detrás de ella y besaba sus muslos y sus nalgas. Recorría con sus dos manos ese culo perfecto como un obseso, lo besaba, lo mordía, lo observaba. Ella tomo una banqueta que había allí, apoyo sus manos sobre ella y sin mucho preámbulo le dijo:


_Te quiero sentir ya.


El entendió muy bien el español como para ser un Italiano, se paro y saco su pene. Habíamos hablado bastante con Dante sobre mis fantasías, pensé que lo sabia todo y la situación era dominable, lo que nunca el me dijo (ni yo pregunte) es que fuera un “deforme”. Ella no pudo verlo, ya que aun mantenía los ojos firmes en mi, pero Dante dejo asomar un miembro monstruoso. Aun hoy lo recuerdo y pienso que al tener el pene erecto le debe faltar sangre en algún otra parte del cuerpo, era algo impresionante, mas cercano a los 25 cm que a los 20. Desde mi posición no podía verlo penetrarla, pero era como si pudiera, ya que la cara de Vane era un espejo de lo que ocurría lejos de mi vista. El la penetro lentamente, pero fue evidente que Vane sintió la resistencia que hicieron sus labios vaginales a terrible trozo de carne. Sus ojos y su boca se abrieron en una mezcla de sorpresa, dolor y placer, lentamente fue cerrando los ojos mientras dejaba escapar un suspiro largo e intenso.


Dante comenzó a bombearla rítmicamente, una mano apoyada en su cintura y la otra agarrando uno de sus pechos mientras que el otro se balanceaba con cada embate. La habitación tenia un silencio oscuro que solo era interrumpido por el chasquido de su pelvis chocando su cola y los dulces suspiros que ella no podía reprimir pese a morderse los labios. Yo, a dos metros, estaba, otra vez, con los sentidos embotados, tratando de absorber para siempre cada gesto, olor, sonido o reacción de ella al permitir ser gozada, a rebajarse al nivel de mera meretriz de un hombre mayor.


Me pare, me acerque a ella y saque mi pene para que me de sexo oral. Ella negó con la cabeza y me mando a sentar.


_Sentate y mira como gozo sin vos. Este es mi momento.


Dante embestía con mas fuerza contra ella que ya había mutado sus suspiros en alaridos difíciles de decodificar en alaridos de placer o dolor.. No puedo precisar si fueron 5 minutos, 10 o 30, pero en un momento el saco su pene haciendo un esfuerzo supremo por no eyacular. Ella por su parte había tenido tanto orgasmos, casi uno continuado al otro, que era imposible contarlos. Dante te sentó en el sillón, se pene brillaba con los jugos de mi mujer. Vane permaneció un tiempo mas en su posición, aun sin el dentro de ella era como si siguiera gozando con el fantasma de el dentro de ella.


Vane sin la pollera, con los pechos al aire pero aun con sus zapatos puestos, me dio la espalda y se arrodillo frente a él. Como una gata mimosa comenzó a masturbarlo mientras con su lengua recorría sus peludos testículos. El tenia todos los musculos contracturados del esfuerzo que estaba haciendo para no eyacular.


-Dante, recorda que lo único que no podes es eyacularle en la boca - le dije.


Ella me miro, y como respuesta a mi comentario hundió su pene en su boca todo lo que le fue humanamente posible. Pasaron unos segundos y Dante no pudo mas, intento retirar sus cabeza, pero ella se mantuvo firme, acelerando sus movimientos, derramando su saliva por todo su miembro, acariciando suavemente con sus manitos sus testículos.


Dante te convulsiono, gimió como herido de muerte y pude adivinar como llenaba de semen la boca de Vane. En ningún momento se detuvo, mantuvo la presión y el movimiento hasta que el cayo rendido, como si finalmente hubiese sufrido un paro cardiaco. Ella se paro, se acerco a mi, me miro a los ojos y a centímetros de mi cara dejo escapar lentamente un hilo de su semen por la comisura de los labios.


Dante seguía vencido sobre el sillón, su ritmo respiratorio volvía a la normalidad. Vane recogió su ropa, se la acomodo rápidamente y me señalo la puerta, yo la seguí con los pantalones sucios de mi semen aun cuando ni siquiera me había tocado.


La historia tiene dos apéndices finales. Uno, que finalmente, luego de esta experiencia, Vane me confeso lo que aquella vez ocurrió en Florianópolis. Me contó la historia desde su perspectiva, como ella no lo había provocado, pero si lo había consentido y disfrutado. El otro, es que con el tiempo le blanquie la historia de Dante a Vane; no solo no era un cliente de la empresa, sino que era un profesor de Italiano que había contactado por el chat y se había copado con la idea de cumplir esta fantasía. De Italiano no tenia nada, era mas Argentino que el dulce de leche. Aun hoy nos acordamos reímos de su cara de sorpresa al ver el Facebook de Dante donde posaba a la orilla de la laguna de Chascomus con una caña de pescar y la camiseta de Banfield.